El Manga Yaoi y la Segunda Guerra Mundial: Un Vistazo a Representaciones Controversiales y Reflexivas

El manga, como medio artístico versátil, ha explorado una amplia gama de temas, incluyendo conflictos históricos como la Segunda Guerra Mundial. Dentro de este vasto universo, el género yaoi, que se centra en relaciones románticas entre hombres, ha abordado este período bélico de maneras diversas, a menudo explorando temáticas controvertidas y reflexiones profundas sobre la naturaleza humana, la sociedad y las consecuencias del conflicto. En este análisis, nos adentraremos en cómo el manga yaoi ha representado la Segunda Guerra Mundial, desde narrativas más suaves hasta exploraciones más oscuras y polémicas.

Manga yaoi con temática militar

La ambientación militar en el manga BL (Boys' Love) trasciende la mera obediencia, la comida desagradable, los disparos y los madrugones. Si bien no pueden faltar hombres atléticos vestidos con trajes de oficial, complejos de superioridad, castigos a los menos obedientes y ejercicio físico a altas horas de la noche, los BL de ambientación militar poseen un hilo argumental variado y tratan temas muy controvertidos. No se reducen solo a la filosofía de “vamos a entrar en la mili porque allí se liga seguro”.

Explorando Diferentes Enfoques en el Manga Yaoi Bélico

Comenzaremos con una obra que se presenta como más suave en cuanto a contenido sexual y polémico: Ilegenes, de Mizuna Kuwabara. La serie comenzó con dos novelas ligeras escritas por Kuwabara y con ilustraciones de Nanae Chrono. Unos años después, Kuwabara, acompañada por la ilustradora Kachiru Ishizue, retomó la serie en forma de un manga de 5 tomos, que sirve de precuela a la novela. La obra narra cómo Jaques conoció en la academia militar a Fon, un chico con magníficas dotes oratorias y unos increíbles ojos azules pavo real. Fon está ansioso por acabar con el mercado negro de seres manipulados genéticamente además de querer vengar la muerte de sus padres. Al finalizar el quinto tomo, el dúo volvió en 2010 con otros 3 tomos adicionales que profundizan más en los días de los alumnos en la escuela. Se trata de un manga shônen-ai de ciencia ficción, categorizado como shôjo, recomendable tanto para lectoras como lectores.

El siguiente manga, Toxic, creado por Ryo Takahashi, carece de escenas sexuales pero es bastante más macabro. Su historia se desarrolla tras la Tercera Guerra Mundial, ganada por un tal Führer (no se llama ni se parece físicamente al dictador del siglo XX pero todos sabemos a quién hace referencia). Este posee un séquito de guardaespaldas llamado Black Rose, compuesto por montones de bishônens. Louis Ogami es uno de estos guardianes, quien ve con preocupación la entrada de su hermano pequeño, Luka, en el cuerpo Black Rose. Aparte de las claras alusiones al Tercer Reich y a las SS, siempre está presente la represión de los deseos sexuales. Está prohibido mantener relaciones homosexuales, básicamente para no volver celoso al Führer. Aparecen personajes con desviaciones como el incesto e incluso la necrofilia, aunque no hay nada explícito. Si no se es sensible a estos temas se puede leer, pues engancha con su misterio y erotismo implícito.

Representación de oficiales nazis en manga

Continuamos con una autora especializada en yaois militares: Shin Mizukami. Su serie más larga es Datenshi, manga que sigue la relación amorosa de los integrantes de la división del coronel austríaco Rosenberg. La pareja principal está formada por el propio Rosenberg y Hans, un chico ultra religioso huérfano al que se había comprometido a cuidar. Aunque pueda contener escenas explícitas, no tiene contenido polémico, salvo la edad de Hans, quien no ha cumplido todavía los 18. Sin embargo, Mizukami tiene títulos de militares con escenas más fuertes, refiriéndonos a sexo forzado y shotacon.

Terminamos con las obras de Inariya Fusanosuke, una de las autoras Boys’ Love más conocidas, sobre todo por Maiden Rose. Se trata de una historia de amor entre Taki, un aristócrata japonés al mando del ejército, y Klaus, su fiel guardaespaldas alemán. Quizá el primer encuentro entre ambos puede echar para atrás a las mentes más sensibles, debido a la violencia con la que trata Klaus a Taki. La serie ha sido adaptada al anime en forma de dos OVAs estrenadas en Japón en 2009. La autora además realizó varios doujinshis de su obra en los que ilustra a Klaus en versión chibi con orejas y cola de lobo y a Taki como un adorable gatito.

Aparte de Maiden Rose, Fusanosuke creó numerosos one-shots protagonizados por soldados, como Rakuen no Izumi y Blue Nathaneal, ambos shônen-ai con toques de ciencia ficción. También es autora de Chrystalis, historia sobre un ex-soldado y un fotógrafo en el bosque tropical. Giglio versa sobre un sacerdote y un piloto italianos con un final agridulce. Adicionalmente, en la obra Hari no Hana Fusanosuke experimentó con el shônen-ai histórico ambientado en la era Heian, donde relata una historia entre un monje pelirrojo y el hermano gemelo del heredero al trono de Japón. La historia incluye muchos espíritus y exorcismos y cuenta con una precuela titulado Seinenki Abenoseimei Ibun Reimei no Hana, centrado en la figura de Abe no Seimei.

Sin embargo, Fusanosuke tampoco se ha podido resistir a los soldados nazis, dando como resultado unas obras con alta dosis de contenido polémico. Una de ellas es Paldias, un one-shot corto sobre un oficial alemán y su cocinero lituano, aunque éste es bastante inocente en cuanto a contenido erótico. Pero la obra más fuerte de Fusanosuke es sin duda Zion no Koeda, en el que un médico judío rapta y maltrata física y sexualmente a un soldado alemán, quien había sido como su padre adoptivo, tras el final de la II Guerra Mundial. Por su representación glamurosa de los oficiales nazis, es improbable que alguien se atreva a publicar las últimas obras de Fusanosuke. Estas provocarían indignación en países como Alemania, Polonia, la República Checa, Italia o Francia, que han vivido las atrocidades del ejército nazi, incluidos los campos de concentración.

El Manga como Reflejo de la Historia y la Sociedad Japonesa

Respecto a la posibilidad de adquisición de estos títulos, los cinco primeros tomos de Ilegenes están editados en Francia e Italia por la editorial Soleil y GP Publishing, respectivamente, y que se pueden encontrar fácilmente a través de Amazon. Los demás títulos no han llegado más allá de las fronteras niponas debido a su temática controvertida, exotismo o simplemente por la falta de popularidad de las obras.

¿Podemos entender Japón desde el prisma de sus mangas para adultos? ¿Qué retratos de sí mismos han confeccionado los autores japoneses de su propio entorno, de su presente y pasado? A través del manga creado para un público adulto, el denominado Gekiga, viajamos al Japón de los últimos setenta años. El punto de partida es la traumática Segunda Guerra Mundial y la prolongada posguerra, pero siempre con un vistazo puesto a la cultura antropológica japonesa y a la configuración de la sociedad desde un prisma religioso. Para ello utilizaremos a un puñado de maestros manga y a un determinado grupo de obras maestras; trabajos que marcan por sí mismos un canon creativo sobre el noveno arte nipón.

La posguerra en Japón fue un periodo de reflexión y reconstrucción; la dura asimilación del terrible golpe sufrido por una sociedad tan militarizada como la nipona. Los salvajes bombardeos de la aviación estadounidense, culminados por la ignominia nuclear de Hiroshima y Nagasaki, y la capitulación final, fueron un epílogo que permanece en la memoria de un pueblo que días más tarde comenzó una larga y penosa posguerra de la que salió plenamente a comienzos de los años sesenta, con una asombrosa transformación industrial y tecnológica. El manga propició un elemento de entretenimiento y diversión a una población exhausta de la guerra e imbuida en la escasez de productos y servicios de la posguerra. La abundancia de publicaciones propició la proliferación de mangakas, el surgimiento de una importante industria y la definitiva consagración del manga como fenómeno social. Su éxito fue inmediato y su expansión fulgurante. Muchos de los niños y adolescentes que empezaron leyendo manga en los años cincuenta se convirtieron en lectores de manga para adultos en los sesenta. En la actualidad, el 40 % del mercado editorial japonés corresponde al manga. Mientras en el mercado europeo han desaparecido las publicaciones semanales y casi la totalidad de las quincenales y mensuales, en Japón la tradición de los semanarios Shonen dedicados al público infantil y/o juvenil siguen teniendo una evidente fuerza.

Por otra parte, no existe ningún país que tenga un grado de especialidad tan afinado como el manga japonés. Un espectro que resulta demasiado amplio y que abarca no solo todas las edades, también tiene temáticas muy definidas según los gustos lectores. El pueblo nipón, educado en el patriotismo ya desde la cuna, protegido por la divinidad de su propio emperador, militarizado hasta un punto en el que se creían invencibles, recibió el más duro golpe en la Segunda Guerra Mundial. Eso no solo les supuso una cura de humildad severa, también les obligó a una serie de reflexiones necesarias respecto a su cultura guerrera procedente de su sistema feudal. La posguerra, que incluyó un tutelaje de ocho años por parte del ejército de Estados Unidos como fuerza de ocupación, sumado a una corriente generalista de expiación de las culpas propias, les llevó a un estado de derrota sociológica más fuerte que la propia militar. La obligada mirada al ombligo del país repercutió en un saneamiento social de inversión sobre el militarismo, fijando su mirada en todo aquello que les había llevado a un cruenta y desgarradora guerra mundial.

Mapa de Japón y su geografía

Obras Clave sobre Totalitarismos y la Segunda Guerra Mundial en el Manga

Algunas de las obras más destacadas sobre los totalitarismos tienen a Hitler como personaje angular de las mismas. ¿Cómo desentrañar la oscura complejidad de un monstruo humano como Adolf Hitler? A esa pregunta le dedica Mizuki (Osaka, 1922- † Tokio, 2015) todo un libro biográfico sobre Hitler, cargado de respuestas sociológicas. Más allá de su poder persuasivo y de su significativa oratoria hacia las masas, de su carácter xenófobo y su rabia descontrolada hacia las potencias ganadoras de la Primera Guerra Mundial, Mizuki centra buena parte de la obra en el periplo político de un líder, en principio minúsculo, que sortea muchas veces las reiteradas ocasiones en las que su partido -y él mismo- están a punto de desaparecer. Hubo tantas posibilidades de que Hitler no empezara o continuara su carrera hacia el poder -cárcel, prohibición y disolución del partido, atentados-, que parece que Mizuki estuviera hablando de una especie de Hydra con seis cabezas.

Adolf (Planeta DeAgostini, edición integral 2013) del maestro Osamu Tezuka (Toyonaka, 1928- † Tokio, 1989) es otra de las obras imprescindibles sobre los totalitarismos. Publicada originalmente entre los años 1982 y 1985 en la revista Shukan Bhunshun y editada en la actualidad en un solo volumen, Adolf es la obra más sugerente y original de todo este periodo, con un Tezuka que había alcanzado la notoriedad del gremio y cuya prodigiosa técnica iban a marcar una época del manga. La historia de tres hombres que se llaman Adolf, uno de ellas judío-japonés, otro germano-japonés y el tercero, el mismísimo Adolf Hitler, dentro de los avatares que ocuparon el proceso previo y la Segunda Guerra Mundial, se convierte en un alegato pacifista y anti-totalitarista de primera magnitud.

Otro de los aspectos más interesantes de este tipo de obras es configurar el proceso de transformación de las sociedades bajo el yugo de formatos dictatoriales. Tanto en Alemania como en Japón -y esto puede valer para otros países y épocas- se produjo una inversión social derivada de la propaganda procedente, tanto de las instituciones fascistas, como de los medios de comunicación que tuvieron que colaborar con el poder para no desaparecer. Ese salto al vacío va acompañado de una fuerte represión política, el uso partidista de las fuerzas de seguridad y el ejército, y finalmente, en la creación de un sistema que impone miedo a los no adeptos.

En el plano estrictamente bélico sobre la Segunda Guerra Mundial encontramos una pieza desgarradora: Operación Muerte (Astiberri, 2010) de Shigeru Mizuki (Osaka, 1922 - † Tokio, 2015). Este maestro del manga combatió en la segunda guerra mundial y trasladó su nauseabundo pesar a las viñetas en este manga impactante que narra el homicidio continuado que los mandos nipones ejercían sobre sus hombres en una apuesta de ataques suicidas sobre las tropas estadounidenses.

Hay autores que han consagrado al bombardeo nuclear, a este infausto momento de la humanidad -más bien, inhumanidad- toda o casi toda su obra manga. Es el caso de Keiji Nazakawa (Hiroshima, 1939 -2012) y su Pies descalzos. Una historia de Hiroshima (DeBolsillo, 2015) la espeluznante historia del primer ataque nuclear. El relato de un superviviente de ocho años es en realidad el propio relato de Nakazawa. El mangaka pudo salir ileso y morir de viejo gracias a que, de manera casual, se encontraba fuera del radio más peligroso de la bomba en esos momentos. Resulta interesante la parte previa a la caída de la bomba porque el autor nos muestra el carácter militarista e imperialista de la sociedad nipona de la época. De hecho, el niño protagonista, Gen Nakaoka, ha sido educado en el pacifismo por su padre, un artesano humilde que le ha transmitido los valores de la no violencia, en contra del pensamiento dominante. Aún con la firme posición del padre, el niño recibe un constante adoctrinamiento social de nacionalismo, estando dispuesto a defender a su país y honrar a su familia. Pese al horror que envuelve a Gen después de la caída de la bomba, el muchacho recoge buena parte del carácter estoico japonés. Aunque este desastre está provocado por la mano humana, los japoneses están forjados en un carácter sereno y disciplinado derivado de la impotencia y la resignación de convivir con una naturaleza tan agresiva. Japón se encuentra expuesta, en el día a día, a terremotos, tsunamis, volcanes, tifones e inundaciones monzónicas. No obstante, el horror de Pies descalzos proviene del propio ser humano y nos encontramos con un relato nuevo para los japoneses, sobrecogidos por una devastación casi total.

Si existe un pueblo que sepa de primera mano la envergadura de los desastres provocados en la Segunda Guerra Mundial, éste es sin lugar a dudas el pueblo nipón. La gran mayoría de los maestros mangakas de las islas no combatieron en defensa de los ideales imperialistas del sanguinario ejército japonés -salvo Shigeru Mizuki-, pero sufrieron en sus carnes la devastadora época de hambruna de la posguerra, desabastecidos de productos básicos.

Uno de los más destacados en el ámbito del pesimismo y el desaliento fue Yoshiharo Tsuge (Tokio, 1937). Aunque no estén centrados específicamente en la posguerra, ni se traten de obras autobiográficas al uso, trabajos como El hombre sin talento o La mujer de al lado -ambas publicadas en España por Gallo Nero- reflejan como pocas la intrínseca unión entre obra, autor y país. El hombre sin talento fue publicada en Japón en 1985 y algunos años más tarde se convirtió en una de las piezas maestras del manga. Pese a que el autor llegó a trabajar en el estudio de Shigeru Mizuki, la vida de Tsuge es un compendio bastante descorazonador sobre la derrota social y el nihilismo personal. Narra la vida de un autor manga -un alter ego del propio Tsuge- de escaso éxito, depresivo, que intenta desaparecer de su propio arte como creador y, de paso, desaparecer de todo lo que le rodea. Además de una ruinosa experiencia vital, Tsuge reflexiona sobre el choque entre la tradición japonesa y el empuje de los tiempos modernos; también en el anhelo hacia una naturaleza que va desapareciendo ante la industrialización salvaje de las grandes ciudades que la rodean -tema que lo conecta con Jiro Taniguchi-; al igual que la melancólica visión del pasado nipón, una perdida tanto social como histórica situada en un punto de no retorno. Como si la milenaria cultura proveniente del Confucionismo, el Budismo o el Sintoísmo, caracterizada por la pobreza como engrandecimiento del espíritu, la humildad como metodología social o el yo empequeñecido frente a la imparable fuerza de la naturaleza, estuvieran en peligro o en aras de desaparecer. Pero si Tsuge comparte algunas obsesiones con Taniguchi, quizá sea el propio arte, el hecho de haber sido autor manga, el que surge en la cúspide del relato final como apunta en el epílogo de éste manga el especialista Álvaro Pons. En el relato, un librero -también rayano en la indigencia- y su mujer le instan a seguir con el manga, pero el personaje niega que sea un buen autor, o un autor a secas, para finalmente negar el arte como tal. Tsuge acabó abandonando el manga. Fue una elección propia enmarcada en una vida repleta de escasos momentos de normalidad, llena de devastación personal, y marcado por una posguerra cargada de dificultades.

En el año 1956 Tatsumi (Osaka, 1935- †Tokio, 2015) creó el Estudio Gekiga -nombre procedente de la unión de Geki (drama) y Ga (dibujo)-, como estandarte del cómic para adultos. Tatsumi perfiló una tipología inhabitual de manga, alejada de la línea adolescente imperante. A partir de entonces, Tatsumi se empleó a fondo en infinidad de historias cortas que en Europa se han publicado recopiladas en varios números: Infierno, Goodbye (La Cúpula, 2004) o Venga, saca las joyas o La Gran Revelación (Ponent Mon, 2004). Este autor es un compendio de la cara b de la sociedad japonesa de los años sesenta y setenta, la que despegó económicamente en esta época, con una nómina de personajes imbuidos en la pesadumbre y el malestar vital que alcanza cotas jamás vistas en ningún otro autor nipón: Jubilados que rechazan los convencionalismos matrimoniales cuando ya es demasiado tarde, ex soldados imperiales que desearían haber muerto en la guerra porque desprecian en lo que se convirtieron en su vida civil, voyeurs que obligan a sus mujeres a prostituirse, matrimonios rotos por falta de dinero o moralidad, mendicidad propiciada por un sistema productivo en el que muchos ya no tienen cabida. Todos ellos derrotados por la sociedad, desencajados de un mundo que les ha dado la espalda. Pero Tatsumi siempre es capaz de generar un discurso con cierto grado de estoicismo, el propio del carácter japonés. Es decir, puede que la partida personal esté perdida, pero sus personajes -excepto los que se suicidan, algo también muy japonés- caminan sus miserias con cierta dignidad; asumen, aunque no de buen grado, que la cosa ha acabado para ellos.

Como en muchas otras creaciones de autores manga, el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki está presente en la obra de Tatsumi. En concreto, en su pieza Infierno, donde un soldado nipón es mandado por sus superiores a cubrir fotográficamente los desastres causados por las bombas atómicas lanzadas por el gobierno de Harry S. Truman. La fotografía que el soldado realiza de la sombra de un hijo que masajea a su madre, sombra que se ha quedado impregnada en una pared a causa de la exposición de luz de la bomba, es el punto de partida de una historia increíble que saca a la luz la escasez moral de algunos de los personajes que suelen surcar las páginas de sus historias.

Quizá para entender la obra del tan excelente como prolífico Jiro Taniguchi (Tottori, 1947-† Tokyo, 2017) sea preciso trasladarnos al comienzo de la industrialización de la Era Meiji (1896-1912). El proceso, que se asemejó al formato industrial europeo, provocó unas consecuencias a medio y largo plazo que impactaron en la geografía social de Japón. Las ciudades niponas empezaron a crecer de manera descontrolada y las fábricas se situaron cerca de la mano obrera que en masa llegaba del sector primario. Los pueblos empezaron a perder su mano de obra, que sumado al de por sí ya deficitario porcentaje de suelo agrícola -13%- disponible en las islas, derivó en un encarecimiento de los productos agrícolas de gran demanda en las ciudades. El desarrollo industrial no fue acompañado de un desarrollo urbanístico. De ahí que muchas ciudades y barrios japoneses sean un laberinto difícilmente transitable. Jiro Taniguchi conoció a fondo la época Meiji gracias a su trabajo en los siete volúmenes de La época de Bochan (Ponent Mon, 2005), con guion de Natsuo Sekikawa, donde acentúa la crisis de identidad cultural japonesa. Por otra parte, Taniguchi no sentía un gran apego por las grandes ciudades niponas, superpobladas y, en cierta medida, deshumanizadas. A lo largo de la fructífera e inigualable obra de Taniguchi, los tres temas que siempre subyacen en sus trabajos son: la naturaleza y la relación del ser humano con ella, la perdida de los valores culturales japoneses ante la expansión económica proveniente de occidente y, finalmente, una melancólica visión de un pasado -personal y nacional- que ya no regresará jamás. Taniguchi fundamentó y, en la gran mayoría de casos, fusionó toda esta temática, de manera que quedó interrelacionada, con amplios conocimientos de ornitología y etnobotánica, con el ser humano como paradoja final. Un creador de emociones ilustradas, de captación y difusión de los sentidos, como El olmo del Cáucaso (Ponent Mon, 2004) un manga de relatos basad...

C5N CÓMICS: el MANGA tras LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Notas Históricas sobre la Segunda Guerra Mundial

La II Guerra Mundial fue un conflicto a escala global que transcurrió entre el 1 de septiembre de 1939 y el 2 de septiembre de 1945. A diferencia de la I Guerra Mundial (que muchos conocen como “La Gran Guerra” o, simplemente, como “La Guerra Europea”), esta vez se vieron inmersas la mayor parte de las naciones mundiales, que se agruparon en dos bandos: Los Aliados y El Eje. Por ahora, es la mayor guerra de la Historia, ya que se movilizaron más de 100 millones de soldados, y supuso que prácticamente toda la actividad económica, productiva y científica se pusiese al servicio de los intereses bélicos, difuminando así hasta lo inapreciable la distinción entre recursos civiles y militares.

Además, es un evento histórico en el que sucedieron hechos de horrible repercusión que conllevaron la muerte masiva de civiles con clara intencionalidad de infundir terror y contribuir a la derrota del enemigo por presión de la opinión pública: el Holocausto, los bombardeos masivos sobre ciudades, y el uso, por primera vez, de armas nucleares, por citar solo los más conocidos. En esta guerra se documentó una mortandad equivalente al 2,5% de la población mundial (dependiendo de la fuente, hasta más de 70 millones de víctimas, dado que muchas de ellas no pueden documentarse).

Así que, como en Akira Cómics nos encanta el medio, y también que sirva para que aprendamos todo lo relativo a nuestra Historia, vamos a recomendaros varios cómics al respecto. Y, como en los demás posts, me permito recordaros una vez más que este redactor bebe fundamentalmente del cómic europeo, que es de donde voy a tirar fundamentalmente. Así que no se me molesten los seguidores de la estupenda serie “Battlefields”, de mi querido y seguido Garth Ennis, por poner un ejemplo. Y sí, ya sé que Garth Ennis es irlandés del norte, pero en este caso su narrativa es más americana que europea... y tengo ejemplos más europeizados de sobra.

Ilustración de soldados en la Segunda Guerra Mundial

tags: #manga #segunda #guerra #mundial #yaoi