El Doctor Stephen Strange, un nombre que resuena con poder y misterio, se encuentra en el epicentro de eventos que trascienden la comprensión humana. Sus aventuras, a menudo entrelazadas con las de los Vengadores, exploran no solo los confines del multiverso, sino también las profundidades del corazón humano, revelando la complejidad de las relaciones y la naturaleza del sacrificio.
Ancestral tenía razón en llamarlo egoísta, tenía razón en llamarlo orgulloso, pero tampoco podían culparlo, él tenía razones de más para serlo cuando de Christine se trataba. Christine era, por mucho, la mujer más maravillosa que pudiera existir en la faz de la Tierra y demás universos de los que él, ahora con las cosas que sabía, tenía conocimiento. Ella era valiente, inteligente, hermosa y buena. Quizá demasiado.
El Legado de la Gema del Tiempo y el Sacrificio
La gema ya no estaba en su poder, pero gracias al cielo que había logrado ver los millones de alternativas que tenían para ganar. Afortunadamente, Christine sobrevivía en todas. Metió la mano en uno de los bolsillos de su traje y el alivio trepó por su cuerpo al sentir el metal frío del reloj roto contra las yemas de los dedos. "El tiempo dirá cuanto te amo". La pequeña frase grabada en el reloj lo transportó a aquellos tiempos donde estaban juntos en esa aventura que llamaron relación. ¿Él? demasiado frío, orgulloso, altanero y presumido, ¿ella?, paciente, amable, dulce y cariñosa.
En un momento de desesperación, mientras el universo se desvanecía, Stephen se comunicó telepáticamente con Tony Stark. "Hospital especializado en neurología, a ocho calles de tu antigua torre. Christine Palmer, urgencias". Tony tardó un segundo en entender, asintió. Comenzaban a desvanecerse. Primero Mantis, luego Drax, Quill fue el siguiente. Stephen Strange podía sentir su propio fin acercarse. "No había otra manera", habló de forma normal, mirando a Tony a los ojos, una pequeña brisa de súplica tiñó los suyos. "Encuéntrala". Desapareció tranquilamente cuando Stark asintió, decidido.
El hospital parecía ambientado por un apocalipsis zombi. Algunos ventanales rotos, pisos sucios y papeles regados por doquier. Estaba desierto. "Aquí no hay nadie", declaró Tony, dispuesto a irse. "Claro que sí", Nebula lo detuvo, aprisionando su brazo. "Detecto calor humano. Piso tres". Iniciaron su camino hacia el piso tres tomando el elevador. El tercer piso estaba menos sucio. Nebula señaló un escritorio. "Está ahí". Stark se acercó y, detrás, se encontraba Christine Palmer, totalmente inconsciente. "Ayúdame a levantarla". Nebula se acercó, reticente. "No está muerta, ¿verdad?". "No". Con ayuda de Nebula, los brazos magullados de Tony lograron sentar a Christine. Tenía un golpe pequeño y ligeramente sangrante en la cabeza. "¿Cómo pudieron dejarla aquí?". "No lo sé, quizá cuando se desvanecieron la golpearon accidentalmente". Tony decidió que era hora de volverla en sí. "Busca algo de alcohol". Nebula miró alrededor. "Busca una botella pequeña que dice alcohol, allí". Nebula volvió con el alcohol y, minutos después, Christine recuperaba la consciencia. La mujer hizo una mueca de dolor y su vista se enfocó en Tony. "¿Señor Stark?". Sus ojos se abrieron como platos al mirar a Nebula y comenzó a mirar a su alrededor bruscamente. "¿Dónde están todos? Estaban desvaneciéndose, ¿quién es ella?". "Doctora Palmer, Christine, tienes que tranquilizarte", Tony trataba de calmarla. "Estoy pensando que estaba mejor inconsciente", Nebula hizo ademán de golpearla, pero Tony se interpuso. "Hazte a un lado, prometo que será un golpe suave y no tendrás que cargar con ella". "¡Nebula!". Tony se giró hacia Christine. "Mira, alguien me pidió que te buscara, ahora que te encontré, tengo que ponerte a salvo". "¿Quién? ¿Por qué?". "Alguien llamado Strange, no puedes quedarte aquí…". Christine no dejó que Tony terminara, lo cogió de las solapas de la sudadera y lo acercó a su rostro. Tony tenía que reconocer que era una mujer muy guapa, pero, por alguna razón, ella probablemente era la única persona por la que Strange había llegado a sentir algo parecido al amor. "¿Stephen Strange? ¿Pelo oscuro, ojos azules…". "Sí, él mismo". "¿Dónde está?". Tony solo la miró y negó con la cabeza. Lo siguiente que se escuchó fue el grito rasgado que la garganta de Palmer profirió. Se aferró a Tony y no lo soltó. El moreno tampoco se esforzó por quitársela de encima. Después de todo, le había hecho una promesa a Strange.

Encuentros Interdimensionales y Nuevos Poderes
Después de la última aventura vivida, el Doctor Stephen Strange había obtenido poderes psíquicos y místicos, sin embargo, aún no los controlaba del todo. Ahora tenía una buena ocasión para practicarlos. Comenzó con cosas fáciles, como rebobinar un viejo VHS o cambiar la emisora de la radio usando únicamente su mente. Cuando estas pruebas fueron completadas con éxito, Strange supo que era el momento de subir un poco más el listón, así que comenzó a abrir pequeños agujeros dimensionales. Poco a poco, estos se volvieron lo suficientemente grandes como para que una persona cupiese por ellos.
Un día, mientras tenía uno abierto, dos personas cruzaron por él sin avisar. El Doctor Strange los observó con incredulidad. Eran un muchacho de piel morena y cabello castaño; y una muchacha rubia con diadema de cuernos de demonios. "Discúlpenos señor", se disculpó el muchacho. "No queríamos molestar". Strange, con tono serio pero curioso, preguntó: "¿Qué hacíais vosotros dos ahí dentro?". "Star y yo…", pero la chica interrumpió: "Marco perdió el colgante de una amiga, y entonces decidimos ir a la dimensión Kert a conseguir uno nuevo, pero entonces el guardián nos descubrió tomándolo sin pagar y…". Dijo todo esto a mucha velocidad. Strange reformuló la pregunta: "Me refiero a cómo habéis llegado ahí, ¿no sois de la Tierra?". Marco respondió rápidamente que sí, pero su tono incómodo hizo sospechar al Doctor, que se decidió a averiguar más. Mediante sus poderes místicos, Strange los siguió hasta el exterior y vio cómo la chica sacaba unas tijeras, rasgaba el aire y abría una pared dimensional. ¿Cómo era aquello posible? ¿Acaso aquella chica era una maestra de las artes místicas? Decidió salir a preguntarles, pero al verlo se asustaron y cruzaron rápidamente el portal. Strange no se rendiría y abrió un agujero para seguirlos, así acabó en Echo Creek, frente a una casa. Los chicos se sorprendieron al ver cómo había llegado hasta allí y comprendieron que no era un hombre normal.
Poco después, el Doctor Strange estaba tomando un café como invitado. La familia de Marco Díaz era muy simpática. Charlando, el Doctor se enteró de que la muchacha, Star, no era de la Tierra, sino que pertenecía a otra dimensión llamada Mewni, pero poseía la capacidad de viajar entre dimensiones usando unas tijeras dimensionales. También, que al igual que él, ella poseía poderes, pero la fuente provenía de su varita y su libro de hechizos. Quizá aquella fuera la oportunidad de probar sus poderes, quizá aquella chica pudiera ayudarle. Pero pronto se dio cuenta de que Star Butterfly era distraída, inconsciente e incluso perezosa, así que decidió despedirse.
Sin embargo, dos días después, Marco y Star habían abierto un agujero dimensional para buscarlo. "Ludo me ha robado mi libro de hechizos", se quejó la muchacha. El Doctor no tenía ni idea de lo que Star estaba hablando. "Ludo era una especie de hombre-pájaro que quería robar la varita de Star. Al parecer, el plan original de Ludo era robar la varita, pero falló y en su lugar robó el libro de hechizos para hacerles chantaje. Al principio Strange no parecía tener intención de ayudarlos, pero cuando se enteró de lo peligroso que ese libro podía suponer en manos equivocadas, decidió ayudarles.
Los tres persiguieron a Ludo a través de un agujero que los llevó a una densa jungla. No fue demasiado difícil dar con el villano, el problema era que, ahora que tenía parte de los poderes de Star, era más difícil de derrotar. "¡Mar de Arcoiris!", recitó la muchacha su hechizo, y de la varita salió una gran cantidad de arcoíris que se dirigieron hacia Ludo, pero este se agachó para esquivarlo. "¡Ahora me toca a mí!", exclamó Ludo, y le lanzó un hechizo a Star que esta esquivó, pero rebotó y le dio a Marco. Su amiga se apresuró a ayudarlo, momento en el que el villano intentó atacarlos a traición. Por suerte, allí estaba Strange para impedirlo, que abrió un agujero dimensional a los pies de Ludo, este cayó profiriendo un tremendo alarido. Aquello le dio tiempo a socorrer a Marco, pero todavía no habían recuperado el libro, así que Strange hizo regresar a Ludo. "¿¡Qué clase de mago eres tú?!", preguntó el villano. "No soy un mago, soy un doctor", respondió Strange. "Y ahí sí, aquí has estado cayendo solo dos minutos". "¡Ahora devuélveme mi libro!", exigió Star. "¡Nunca!". Pero al ver como las manos del Doctor Strange comenzaban a brillar, el valor de Ludo se desvaneció y se apresuró a devolverles el libro. "¡Y ahora vas a ir a la cárcel de Mewni!", le amenazó ella. Pero el villano no iba a dejar que todo fuese tan fácil, y usando una bomba de humo escapó.
Poco después, los tres habían vuelto a la Tierra, aliviados de haber logrado recuperar el libro de hechizos. "Gracias, Señor Doctor. Ahora estoy en deuda con usted", le dijo Star. Aquella aventura había sido beneficiosa para el Doctor Strange, le había servido para manejar un poco mejor sus nuevos poderes, y además ahora contaba con una poderosa aliada en caso de tener la necesidad: Star Butterfly.

El Peso de la Responsabilidad y las Conexiones Inesperadas
Stephen Strange ya ha visto en un año más de lo que uno esperaría en toda su vida. Sinceramente, su vida dio un giro de 180 grados. De ser un neurocirujano pasó a ser un hechicero guardián del Sanctum Sanctorum de Nueva York. Si le hubieran dicho que este era su destino, que se enfrentaría a una entidad interdimensional, hace unos años se habría reído. Pero seamos sinceros, ¿alguien lo habría creído? Pasaron muchas cosas desde ese día. También hizo una lista de seres potencialmente peligrosos que podrían afectar este mundo. Tenía un gran poder ahora y siempre se preguntó: ¿Con este gran poder podría arreglar mis manos? Si, si podía. Pero no lo hizo. Porque ahora tenía una misión y un deber más grande que cualquier persona podría haber imaginado. Está realidad está vulnerable y más aún con la muerte de la Ancestral y la disolución de los Vengadores. Miró el lugar de su cuello donde antes estaba el Ojo de Agamotto, que, según Wong, contenía una gema del infinito: la gema del tiempo. Pero aún necesita aprender mucho más antes de considerar capaz de utilizarla correctamente. Si la había utilizado antes contra Dormammu pero con una gran dificultad y no estaba seguro si su plan funcionaría. ¿Fue un milagro? Ahora estaba convencido de que sí. No dejaba de pensar en las palabras de Ancestral: el multiverso. Dormammu era una gran amenaza. Y como ella dijo, había otras realidades, algunas llenas de benevolencia y otras de malicia. Y ahí se hacía la siguiente pregunta: ¿Habrá cosas peores o casi iguales que Dormammu allá afuera?
Un pequeño golpe lo despertó de la concentración. "Hey, para", dijo Stephen riendo. "Ya hablamos de esto". No podía enojarse con la Capa. Le había salvado la vida en más de una ocasión. "Parece que piensa que necesitas relajarte", dijo una voz que él conocía bien. "Entiendo que tengas una enorme carga en tus hombros, pero siempre recuerda que eres humano todavía". "Gracias, Wong", dijo Stephen. "Pero no dejo de pensar en qué hay más amenazas como Dormammu allá afuera. Tú mismo lo dijiste. La noticia de la muerte de la ancestral se esparcirá por todo el multiverso. ¿Qué les impide en este momento atacar?". "El hábito de la desesperación es peor que la misma desesperación". "Si, lo sé", dijo Stephen. "Necesito confesarle algo. Una vez pensé en usar el ojo de Agamotto para reparar mis manos. Miré mi pasado y ahora pienso todos los días en esas personas a las que no ayudé por mi ego y arrogancia. Era el mejor neurocirujano pero me concentré en mí y solo en mí y no pensé en los demás. Un médico que no siguió el juramento hipocrático. Ahora que lo pienso, tal vez era uno de los mejores médicos del mundo, pero todos sabían que en realidad era el peor. Todos menos yo. Siempre recuerdo las palabras del ancestro. No se trata de mí. Soy solo una pequeña pieza del enorme mosaico del universo. Ahora veo que tomará tiempo, que recorre un largo camino envuelto en tinieblas, un camino que no siempre me llevará a donde quiero ir. Pero lo haré de todos modos".
"Estoy empezando a ver que la Ancestral vio en ti". "¿Qué después de Hong Kong no lo viste?", preguntó Stephen. "Soy meticuloso", dijo Wong tomándolo del hombro. "Pero después de todo lo que hemos pasado juntos y ver cómo has cambiado de ese hombre que entró por las puertas del templo, puedo decir que serás el mejor de todos, mi amigo". "Gracias… mi amigo", dijo Stephen sonriendo. "Bueno, iré al deli por un sándwich, ¿quieres uno?". "¿Tienes dinero?", preguntó Stephen riendo. "¿Qué pasó con lo de apegarse a lo material es despegarse de lo espiritual?". Pero Wong ya se había ido. Stephen simplemente negó. Tal vez él tenía razón. Se estaba preocupando demasiado. Pensó en leer uno de los libros de la biblioteca para relajarse. Sin embargo, la curiosidad fue demasiado fuerte y decidió volver a leer otra vez el libro de Cagliostro para averiguar más sobre la gema. Era su costumbre repasar siempre una enseñanza. Toda su vida de médico le enseñó eso. Sin embargo, cuando fue a buscar el libro entre otros, había uno que nunca había visto. Era de color morado con unos patrones casi hipnóticos con un círculo en el medio. De título tenía: TERCERA MAGIA: Heaven Feels.
Stephen no entendía el porqué de esas palabras, pero por algún motivo sintió un gran poder cuando mencionó la última frase. Cuando se preparó para leer el resto del libro, este literalmente tembló en su mano. Se estremeció y la luz morada repentinamente brilló intensamente en las páginas mismas. Las páginas pasaban a la velocidad del rayo, pero nadie tenía una oportunidad de leerlas por el brillo. Sin embargo, eso no es lo que más lo sorprendió, ya que tuvo que retroceder cuando una enorme ola de poderosa energía mágica surgió del libro. Stephen no podía hacer nada cuando runas aparecieron bajo sus pies y dicha luz morada lo restringió y envolvió. Finalmente, cuando la luz se disipó, no había ninguna señal del hechicero y las runas desaparecieron como si nunca hubieran estado ahí. Lo único que quedó como evidencia de lo que acababa de suceder fue el viejo libro tirado en el suelo y ahora cerrado, como si nunca hubiera sido abierto para empezar.
La relación entre Stephen Strange y Tony Stark es compleja y multifacética. A pesar de las diferencias, existe un profundo respeto y una conexión que trasciende las palabras. Tony admira la calma y la perspectiva de Strange, mientras que Stephen valora la inteligencia y el ingenio de Tony. Juntos, navegan por los desafíos del multiverso, encontrando apoyo mutuo en sus momentos más oscuros.
COSAS SIN SENTIDO de Doctor Strange in the Multiverse of Madness por Tony Stark
Stephen Strange, un acaudalado empresario, se hizo cargo del hijo del matrimonio Stark tras su muerte. El pequeño Tony, un omega, encontró en Strange un padrino devoto que lo cuidaba día a día, mientras sus padres, Howard y María, se veían envueltos en sus propias obsesiones. Howard, obsesionado con encontrar al Capitán América, y María, en una profunda depresión, relegaron al pequeño Tony. Stephen, al ver esto, odió a sus amigos. Él no era alguien que gustara inmiscuirse en asuntos ajenos, pero todo lo que tuviera que ver con Tony era diferente. Por ese pequeño sería capaz de destruir al mundo entero. "Deberías ponerle más atención a tu familia", le reprochó a Howard. El alfa le había invitado a conocer su nueva embarcación. "Estás demasiado obsesionado con ese hombre", comentó Strange, "cualquiera pensaría que estás enamorado de ese alfa". Stark sonrió mirando al horizonte. "Steve era un omega antes de ser aceptado para el proyecto del súper soldado que lo convirtió en un alfa de alto nivel". Stephen frunció el ceño. "¿Sabías que Steve era un omega antes de ser aceptado para el proyecto del súper soldado que lo convirtió en un alfa de alto nivel?". "María te necesita, Tony en especial, ¿no lo entiendes? Él aún es un niño que requiere el amor de su papá…". "Te gusta, ¿no es así?", le interrumpió. Stark sonreía sínicamente. "La pequeña mierdecilla ha cautivado el corazón del estoico Stephen Strange", se burló. El ex cirujano le miró con odio. "Está bien, puedes tenerlo cuando pase la presentación del mocoso podrá ser tuyo", se encogió de hombros. "Es obvio que será un omega, no puede ser otra cosa con esa cara de perra en celo". Stephen sentía sus dedos cosquillear. Quería molerlo a golpes. "Como es joven te será fácil domarlo y podrá tener los cachorros que quieras". "No veo a mi ahijado de esa manera", Howard dejó escapar una risilla. "Si no lo quieres, puedo dárselo a otro socio", se encogió de hombros. "Una perra…". "¡Basta!", gritó enfurecido. Odiaba a Howard y a esas estúpidas y arcaicas leyes que seguían viendo a los omegas como fábricas de bebés o putas personales. "Es suficiente. No te expreses así de tu propio hijo". "Me voy. Llámame cuándo no actúes como un idiota". Bajó de la embarcación a paso veloz; cuándo Howard intentó alcanzarlo, Strange ya había desaparecido. Stark bufó; odiaba que hiciera eso por el simple hecho de desconcertarle.
Un día como cualquier otro, Strange visitó la torre de Tony. El hechicero llegó y le sobó la espalda como si hubiese adivinado el dolor que sentía por tanto moretón. El hombre de los iris azul verdoso le llevó en un viaje fugaz por algunas zonas del multiverso, dejando como última parada su realidad vista desde la dimensión espejo, contándole a detalle la manera en que funcionaba su poder y la conversación que mantuvo con la ancestral. "Sé que consideras imposible todo lo que está pasando, que es un maldito martirio que jamás imaginaste te tocaría a ti sufrir. Pero te tocó, Anthony; nos tocó a ti y a mí. No tengo idea de quién fue el bastardo que decidió esto por nosotros, pero sé que no fue Dios. No creo en Dios, y tú tampoco. Creería más probable que fuera el karma porque, te cuento, toda mi vida antes de ser esta especie de 'héroe' fui un infeliz que hacía su trabajo más por temor al fracaso que por anhelo al éxito. Sé que tu amigo está incapacitado, Tony, y te lo digo; si me hubieras pedido ayuda, en ese entonces te la habría negado, no me hubiera importado quién fueras tú, amigo o enemigo. Así que todo lo malo que pienses que eres tú, yo lo sería el doble. Pero somos tipos superiores de cierto modo, porque esto no se trata de quién es bueno o malo; se trata de responsabilidades. No es el momento adecuado ni el mejor sitio para decírtelo, Tony, pero no estás solo. Deja a un lado lo que sea que te esté dañando y enfócate en avanzar, en salir adelante. Ya tenemos suficiente trabajo sobre los hombros como para cargar peso innecesario. Sé que hay alguien a quien amas, yo también tuve un alguien; pero si ese alguien está aceptando la distancia y sabe que tienen caminos diferentes por recorrer, no hay mucho qué decir. En realidad no hay nada. Solo una misión por cumplir, nada más. Si no crees en el destino, Tony, está bien, pero esto es lo que nos toca. En otra realidad tú serás feliz con tu persona y yo con la mía, pero ésta es lo que es. Ni siquiera yo puedo cambiar esta línea espacio-temporal sin dañar otras tierras; eso no me corresponde. Lo que me corresponde es estar aquí, protegiendo un universo lleno de personas especiales. Eres especial, Tony. ¿Quisieras hacerme un favor? No vuelvas a dudar. No quiero verte dudar si las cosas irían mejor si no estuvieras, si se te ocurriera explotar la torre contigo dentro o tirarte por la azotea. No lo serían de ninguna forma porque, a lo mejor Anthony Stark puede ir por ahí como buen samaritano poniendo su granito de arena; pero sólo Iron Man puede hacer lo que se tiene que hacer. ¿Necesitas que te recuerde quién es el único hombre capaz de dar órdenes a una armadura que él mismo construyó, sólo con pensarlo?".
Tony quisiera decirle a Steve que está cansado de serle fiel cuando resulta más que obvio que cualquier conexión entre ellos ya se ha roto; que es difícil amarlo a cientos de kilómetros; pero sobre todo, Tony quiere decir que es complicadísimo no guardar cariño por un sujeto que, a diferencia suya, está ahí para él aún cuando físicamente no lo está. Él quería gritar que estaba harto de aferrarse a personas que lo iban a lastimar y de esforzarse por sorprenderlas con tal de recibir un "estoy orgulloso de ti" o "te amo". Ya no resistiría más eso.
Y porque no lo resistía, cayó. Cayó como siempre caía; sólo que esta vez, el suelo se sintió suave y hasta cálido. Se sintió terso y era raro, porque entre más ganas tenía de quedarse ahí tirado, más capaz se sentía de levantarse en cuanto le dieran ganas. Cayó igual que las otras veces: de cara y sin meter las manos. En un pozo profundo, una tumba que él mismo cavó, un agujero negro.
No había lugar a dudas. La mujer que había aparecido en su pesadilla era Wanda Maximoff. A pesar de no haber cruzado palabra en ninguna ocasión, la consideraba una buena aliada y compañera en los gajes del oficio. No tenía mucha información acerca de su vida antes de unirse a los Vengadores, pero sus habilidades le habían parecido, cuando menos, "peculiares" y a tener en cuenta. ¿Por qué habría de aparecer en una de sus pesadillas? Stephen se quedó pensando un buen rato mientras observaba a través del enorme ventanal circular a algunas personas caminar frente al "Sanctum Sanctorum" haciendo sus actividades cotidianas.
"¿Hay algo que te esté molestando, Strange?", Wong se había colado de momento en la habitación. "¿Por qué lo supones?", el hechicero sonrió levemente saliendo de su ensimismamiento. "Bueno, en el desayuno no hiciste el menor comentario sobre el café... era el de marca barata. Es extraño que pierdas oportunidad para quejarte sobre eso siendo tan 'quisquilloso'". Rió por lo bajo y se giró para mirarlo. "Bueno, disculpa que mi paladar no soporte el sabor a calcetín viejo". Era notorio que trataba de evadirlo. "Eso no responde la pregunta. ¿Las pesadillas de nuevo?". Caminó en su dirección.
La rareza que había caracterizado a Strange durante los últimos meses fue, por alguna razón, más prominente que nunca en las semanas posteriores a la batalla contra Thanos. Si había alguien que empezaba a conocerlo cada día más, ese era Wong, y en estos 5 años había madurado notablemente en sus capacidades como el "Hechicero Supremo", título que le fue concedido en su ausencia. Y no aceptaría una respuesta vaga. "Sí...", suspiró resignado. "Debes entender que alterar el orden natural de las cosas...". "¡Sí!", interrumpió de repente y tomó una bocanada de aire. "Sí... ya lo sé". Hizo un ademán con las manos y se tomó un poco de tiempo para formular una respuesta que lo dejara satisfecho. "Sé que rompí las reglas esa vez...". Wong alzó una ceja y lo miró con desaprobación. "Bueno... varias veces...", refunfuñó y Wong asintió de vuelta. "El punto es...", prosiguió. "...que si no hubiera hecho eso, no habríamos tenido oportunidad alguna de ganarle a Thanos...". Suspiró. "Incluso si eso significó perder la gema del Tiempo en el proceso...", admitió con un poco de culpa y caminó unos pasos por delante, dándole la espalda. Wong gesticuló con amargura. "Sí, la gema del Tiempo siempre había sido nuestra gran aliada y ahora que se ha ido... nuestro mundo será constantemente amenazado por fuerzas oscuras", sentenció.
Stephen se quedó callado unos instantes. "Entiendo las consecuencias de mis acciones...", entrecerró ligeramente los ojos. "...y no estoy tratando de que me compadezcas, Wong". Trató de sonar firme, pero en el fondo se sentía bastante vulnerable. "Lo entiendo... pero...", se aproximó a él. "...sabes que no tienes que cargar con toda la responsabilidad sobre tus hombros", dijo apoyando la mano sobre su espalda en un intento de confortarlo. "Lo sé...", giró ligeramente la cabeza. "Gracias, amigo", sonrió con tristeza. Wong sonrió en respuesta y asintió. "Bueno, sea lo que sea que te esté atormentando en este momento, sé que serás capaz de encontrar una solución". Caminó en dirección a la puerta. "Sólo...", hizo una breve pausa. "...no vayas a romper más las reglas", dijo sarcásticamente antes de salir.
Bebió un poco del café que había comprado en una famosa cadena de cafeterías y en cuyo envase podía leerse "Stephen :)". El hechicero no podía desechar la idea de que no era tan solo simple casualidad la extraña intromisión de la pelirroja en una de sus pesadillas. Y le había tomado unos minutos conseguir la información que requería. "Wanda Maximoff... nacida en el 89 junto con su mellizo, Pietro". Leyó interesado. "Huérfanos a los 10 por el ataque de un misil de... ¿Stark Industries? ¡Vaya!", se asombró y continuó leyendo. "Voluntarios en la experimentación de Hydra con la gema de la Mente...". Entrecerró los ojos con sospecha. Recordaba vagamente que Hydra era una asociación terrorista nacida por allá de los años 40 durante la Segunda Guerra Mundial. Y pensó que nada bueno podía venir de eso. "Veamos...". Posó la mano en su barbilla y prosiguió. "Telequinesis, telepatía, control mental...". Hizo una breve pausa. "Mmm... nada mal". Asintió ligeramente sorprendido, sorbió de su café y continuó bajando en el buscador.
Strange leía cada uno de los titulares de las principales fuentes de noticias. "Acuerdos de Sokovia."..."Prófuga..."- leía para sí mismo. Mucha de la información era bastante antigua y se repetía, así que decidió filtrar la búsqueda a "Más reciente" para ver si había algo más relevante que pudiera ser de su particular interés. -"Anomalía de Westview."..."Extraños sucesos paranormales"... "Cuerpo de Visión desaparecido."..."Habitantes acusan a Wanda Maximoff de torturarlos mentalmente"..."Pesadillas..."- pestañeó un par de veces ante lo último. Eso podría ser un indicio de lo que estaba buscando. Pero si quería salir de dudas, tendría que personarse en el lugar de los hechos y entrevistar a los habitantes para saber exactamente a qué se estaba enfrentando.

Loki iba caminando por los pasillos de la Torre en dirección a tu habitación donde suponía que estabas con Strange. Lo cual no sería nada raro ya que el hechicero había estado lejos por una misión y quería verte. Mientras caminaba con una taza de té en su mano, pasó por fuera de una habitación que tenía la puerta media abierta, y retrocedió un par de pasos al notar algo, o mejor dicho alguien, dos personas específicamente dentro. Se asomó ligeramente desde fuera y vio dentro de la oficina a Steve sentado en una silla tratando de escribir un reporte, y a Tony abrazándolo por los hombros y besando su cuello mientras su mano se deslizaba por su pecho hasta más abajo. Loki alzó ambas cejas y llevó la taza a sus labios para beber de ella antes de seguir caminando.
Se apresuró y llegó hasta tu habitación donde abrió la puerta y cerró rápidamente, inmediatamente viéndote recostada en la cama acurrucada junto a Stephen. "¡Loki! ¡Al fin llegas!", exclamaste con una gran sonrisa, sentándote en la cama al igual que Stephen. "Es un placer verte otra vez, reina mía", dijo con una sonrisa dejando su taza en la mesita de noche, tomando tu mano para besarla y luego tus labios donde introdujo su lengua en tu boca. Stephen rodó los ojos manteniendo su mano en tu espalda. "Ya, ya. Creo que es suficiente", dijo el hechicero apartando a Loki de ti. "Sabes que nunca es suficiente cuando se trata de mi reina", dijo acariciando tu mejilla con una sonrisa, haciéndote reír avergonzada y con las mejillas sonrojadas. "Sí, puede que tengas razón", dijo Strange dejando un beso en tu cabeza y acercándose para abrazarte aún más. "Sin embargo no fue solo eso a lo que vine, acabo de ver algo en una de las oficinas del piso de abajo", dijo con una sonrisa y tomando su té, dejando una pierna sobre la otra estando sentado en el borde de la cama. "¿Qué fue lo que viste?". Le preguntaste intrigada tomando su taza para beber un poco, y cuando Strange iba a hacer lo mismo, Loki la volvió a tomar. "Acabo de presenciar lo que es oficialmente la confirmación de nuestras sospechas sobre el Capitán y Stark", dijo con una sonrisa orgulloso de sí mismo bebiendo de su té. "¿A qué te refieres? ¿Qué fue lo que viste?". Le preguntó intrigado Strange. "¿Si recuerdas aquella vez que les viste una noche cenando en un restaurante, y unos días después les viste 'trotando' juntos sabiendo que Stark jamás iría a correr ni nada por el estilo si no hay una buena motivación?". "Si, lo recuerdo", respondió con el ceño fruncido. "Bueno... me complace anunciarles que ellos dos son la nueva pareja de los Vengadores", dijo Loki con una sonrisa. Soltaste un sonido sorprendida y llevando ambas manos a tu boca. "¡Yo sabía! ¡Sabía que estaban juntos!", exclamaste dándole un golpe a las rodillas de ambos al estar tan emocionada. "Entonces podemos asumir que eso de 'ir a trotar' no era exactamente para hacer cardio de esa manera. Era para ejercitarse de otra forma", dijo Strange con una pequeña sonrisa. "Estás en lo correcto, querido. Así es, esos dos deben llevar al menos unos tres o cuatro meses en esto. O al menos ese es el tiempo que los he visto juguetear entre los dos", dijo Loki bebiendo un sorbo de su té. "¿Pero no que Tony aún sigue con Pepper?". Les preguntaste viendo entre ambos. "Anoche se supone que fueron a una cita por lo que escuché". Comentó el hechicero.

El Doctor Extraño, a pesar de su poder, se enfrenta a dilemas morales y emocionales. Su viaje lo lleva a comprender que el verdadero poder reside no solo en la magia, sino también en la conexión humana, el sacrificio y la aceptación de las propias imperfecciones. A través de sus interacciones con los Vengadores y otros seres, Strange continúa evolucionando, demostrando que incluso el Hechicero Supremo tiene mucho que aprender sobre el amor, la lealtad y el significado de ser humano.
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