Antes de Internet, antes de los efectos digitales, antes de los blu-rays y los smartphones, existió otro mundo. Un mundo en que los tebeos se vendían en quioscos, en que nunca sabías qué historia encontrarías en su interior y en que cuatro chicos locos por los cómics emprendieron el camino que les llevaría a convertirse en adultos.
Julián M. Clemente se une al guionista y director de cine Helio Mira en una novela íntima, nostálgica y reveladora sobre la generación que creció leyendo, coleccionando, compartiendo y viviendo los cómics de superhéroes en la España de finales de los años ochenta, cuando no parecía haber nada más importante en el mundo.
Los chicos que coleccionaban tebeos, escrita al alimón por Julián M. Clemente y Helio Mira, ha tocado la fibra sensible de muchos lectores. Su trama va alternando dos líneas temporales, presente y pasado, y va saltando de una a otra prácticamente a ritmo de DeLorean.
El punto de partida son dos hechos que, si puestos en una balanza se compensan en importancia: el nacimiento de un hijo y el estreno de la película de Los Vengadores. Esto nos da una idea de qué es lo que nos vamos a encontrar en las páginas de este libro.
A través de sus páginas, esta novela, construida en forma de memorias con tal grado de verosimilitud que, si llega a escribirla una sola persona, se podría haber pensado que no era ficción, nos invita a recordar cómo transcurrió la adolescencia para una generación, la de los años ochenta y parte de los noventa, o al menos de una parte de ella, lo que supusieron los tebeos e, incluso, las locuras que se llegaron a hacer para conseguirlos.
Uno de los recuerdos que tengo de aquellos años, además de copiar a muchos de esos personajes que en aquel momento ya no formaban parte de Bruguera, es la de peregrinar por los quioscos en busca de los tebeos. Aunque en realidad en mi caso, al vivir en un pueblo, era probar suerte en dos quioscos y, si no llegaba lo que buscabas, te quedabas con las manos vacías.
Es por eso que me he sentido tan identificado con los personajes de la novela. A pesar de compartir una idéntica pasión por el medio, quizá me sienta alejado de los personajes por no compartir los mismos gustos.
Los últimos años de la década de los 80 fueron muy importantes para los seguidores de Marvel y de DC en España, que eran publicados respectivamente por Forum y Zinco. Fue la época en la que los lectores descubrieron Watchmen de Alan Moore, Batman: Dark Knight de Frank Miller o la Patrulla-X de Chris Claremont y John Byrne, entre otras muchas joyas clásicas. Pero también era la época en la que Bruguera estaba dando sus últimos coletazos, en la que se produjo el salto a Ediciones B, con un intento por reavivar el interés del público infantil y juvenil probando nuevas fórmulas distintas a las caducos y encorsetados caminos anteriores.

Lo que entonces conocí de superhéroes no llegó a fascinarme tanto como a los personajes de la novela, nunca me sentí más atraído por Superman que por Superlópez o que por Batman en lugar de Pafman. Ahora bien, dejando esta cuestión a un lado, tal vez sea pasión de un enamorado del género, pero comparto la visión de los autores de que los cómics, realmente como cualquier otro tipo de literatura, al final acaban siendo un reflejo de la vida.
Así, por ejemplo, el romance platónico de uno de los chavales coincide con el amorío y el posterior casamiento entre Peter Parker y Mary Jane.
En varios momentos de la novela, se recuerda la famosa frase de Jack Kirby, «los cómics te romperán el corazón». Si acaso, para desmentirla. Porque más allá de romper el corazón, los cómics suponen para los personajes una puerta para la amistad, para convertir una edad complicada, la adolescencia, en algo digno de recordar, a la que volver incluso desde la nostalgia. Compartir la emoción de la búsqueda y el placer de la lectura une mucho.
No es necesario pertenecer a la misma generación que los personajes y ni siquiera hace falta tener gustos comunes para sentirse en comunión con esta historia. Por encima de épocas y acontecimientos concretos, por encima incluso de la temática de superhéroes y del fandom, lo que destaca en esta novela es el profundo y apasionado amor hacia el coleccionismo.
Y, al fin y al cabo, poco importa el objeto de nuestros deseos, ya sea un cómic de superhéroes o una primera edición de Lorca, porque el destino de estos es el nuestro, ya que sin ellos no existiríamos como seres verdaderamente humanos. En este sentido, Grant Morrison asegura en Supergods. Héroes, mitos e historias del cómic, que «las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero, al igual que la base de un holograma, contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras, en forma de intensas miniaturas».

La novela narra la amistad de cuatro jóvenes en la década de los ochenta, en plena explosión de los cómics de la editorial Marvel y DC en España, de la mano de Comics Forum y Ediciones Zinco. Los ochenta fueron tiempos difíciles para conseguir todos los tebeos que le podían gustar a un chico, no solo por la falta de dinero y la gran variedad de publicaciones, sino porque dependiendo de donde vivieses los tebeos no solían llegar asiduamente a los quioscos. Tiempos sin Internet en que las informaciones llegaban a través de los correos de los propios cómics, en donde se crearon obras muy potentes que aún perduran y en donde las sorpresas y descubrimientos leyendo esas historias eran mucho más auténticas y marcadas.
Con 14 o 20 años las amistades son más intensas y las aventuras más vividas, si además te gustaban los tebeos, tenias ese plus de pasión y disfrute compartida o no, que no pueden entender los que no les gustan.
Los chicos que coleccionaban tebeos tiene esa magia especial de películas como Los Goonies, libros como IT, o series como Stranger Things.

En la novela, la amistad y la afición tebeística desembocan en una serie de historias y aventuras entrañables o rocambolescas, sin olvidar ese otro motor de alegrías y pesares, que son las chicas.
Julián M. Clemente y Helio Mira crean, de manera ficcionada, un relato creíble, entrañable y sensible, porque las historias que cuentan tienen base real, pero van más allá pues ponen, en cierto modo, el madurar y tratar todo ese mundo de “papel y plástico” de otra forma. Hacerse mayor es enfrentarse a las pérdidas, pero también en cómo gestionamos de forma distinta nuestro mundo de fantasía que es el cómic y todo lo que lo envuelve.
La novela hace hincapié de forma crítica y muy bien narrada de ese estancamiento que sufren algunos. Pero salvo este pasaje, que a más de uno le dará un bofetón, la novela es un divertimento nostálgico que encantará, pues no solo habla de tebeos y vivencias con estos, sino de la vida en sí en pasado y presente. Y por encima de todo, es un canto de amor a estos.
La novela se inicia en 2012. La vida de uno de los protagonistas cambia para siempre pues ha tenido un hijo, pero también está el estreno de un acontecimiento cinematográfico sin precedentes y el recibimiento de una llamada fatídica, que le hará recordar su juventud.
Calle Friki Especial Entrevista Julián M Clemente
Julián M. Clemente es el editor de Panini en España y ha creado junto a Víctor Gómez la serie de dibujos animados Hero Kids. Escribe todos los artículos de las publicaciones actuales en Panini y tiene publicados varios ensayos comiqueros. Helio Mira ha escrito guiones para series y programas de televisión, es divulgador de cómics y profesor de guión.
Ficha técnica:
- Editorial: Panini Comics
- ISBN: 9788490243626
- Idioma: Castellano
- Número de páginas: 208
- Fecha de lanzamiento: 14/03/2013
- Formato: Tapa dura