La colección de los Cuatro Fantásticos desapareció el año pasado, tras 54 años de publicación (1961-2015), debido a la pelea por los derechos cinematográficos de los personajes que mantienen 20th Century Fox (actual propietaria) y Marvel-Disney (que quiere a sus personajes de vuelta). Y también, todo hay que decirlo, a una bajada de las cifras de ventas.
Todos sabemos que no tardarán mucho en volver a tener su propia colección pero, de momento, Mr. Fantástico está en Los Iluminati, la Mujer Invisible con Shield, La Antorcha Humana con Los Vengadores y La Cosa con Los Guardianes de la Galaxia.
Mientras se mantiene esta absurda situación, no hay nada mejor que volver a los inicios, a la colección con la que Stan Lee y Jack Kirby renovaron el cómic de Superhéroes. Y es que Panini publica Marvel Gold - Los Cuatro Fantásticos: Génesis; un cómic que recopila los primeros 21 números de la colección que cambió la historia de los cómics, así como el primer anual y Los relatos del Vigilante, publicados en la colección Tales of suspense. Unas historias que siguen siendo la base de uno de los universos de ficción más influyentes de los últimos 50 años, y en el que vemos la aparición de personajes tan importantes como el Dr. Muerte, el Hombre Topo, el Amo de Marionetas, Alicia Masters, el Hombre Imposible, El Vigilante, el Pensador Loco, los Skrulls, o el Hombre Molécula. Sin olvidar la recuperación de Namor.

El Origen de la Primera Familia Marvel
Hoy en día, el Universo Marvel es conocido en todo el mundo gracias a las exitosas películas de Superhéroes. Y en 2014 celebró su 75 aniversario, que rememoraba la publicación del tebeo Marvel comics (1939), que contenía la primera aparición de Namor y de la Antorcha Humana original (y que terminaría por dar nombre a la compañía).
Pero ese 75 aniversario no habría sido posible sin el éxito de Los Cuatro Fantásticos en 1961. Ese año, Marvel (una pequeña editorial que entonces se llamaba Timely Comics), sobrevivía adaptándose a las tendencias del mercado. Si el dueño, Martin Goodman, veía que se vendían los tebeos de ciencia ficción, se los encargaba a Stan Lee (Director artístico y guionista). Si la tendencia era románticos o del oeste, pues lo mismo. Y en 1961 hubo un resurgir de los cómics de superhéroes con el éxito de La Liga de la Justicia (Dc Comics). Así que Goodman encargó a Lee que crease su propia Liga de la Justicia.
Para ello el plan era traer de vuelta a la Antorcha Humana Original, Namor y el Capitán América, con algún añadido. Pero Lee estaba hasta las narices de tener que “imitar” los éxitos de otros y decidió dejar el mundo de los cómics. Aunque antes quiso entregar a Goodman un cómic que fuese realmente original y rompedor. Con unos superhéroes que fueran muy humanos y que se pasaran el día discutiendo entre ellos. Total, no tenía nada que perder.
“Había muchísimos superhéroes retozando alegremente con sus coloridos calzoncillos largos antes de que Los 4F aparecieran, pero prácticamente ninguno tenía problemas personales ni que preocuparse por ganarse la vida; ni tampoco discutía ni perdía los nervios con otros superhéroes, no hasta que llegó nuestro encantador cuarteto” (Stan Lee).
Así nacieron Los Cuatro Fantásticos: Reed Richards (Mr. Fantástico), Susan Storm (La Chica Invicible), Johnny Storm (La Antorcha Humana Original) y Ben Grimm (La Cosa), que en un principio no parecían tener nada de originales. Si nos fijamos son los cuatro elementos (Tierra, aire, agua y fuego); además de que La Antorcha era una actualización del personaje de los años 40 y La Cosa podría ser uno de los monstruos que Lee escribía para las series de Timely dibujadas por Jack Kirby y Steve Ditko. Sin olvidar que en sus primeros números se enfrentaban a monstruos (como los del Hombre Topo) y a extraterrestres (los Skrulls).

Pero el concepto, los personajes y las relaciones entre ellos eran totalmente novedosas. Para empezar, los Cuatro fantásticos eran una familia, y se pasaban gran parte del día discutiendo, por lo que sus historias familiares eran casi tan interesantes como las peleas con los villanos de turno. Y eran tan humanos y creíbles que los lectores se podían identificar con ellos (algo que Lee llevó al extremo, poco después, en Spider-Man, consiguiendo que todos quisiéramos ser Peter Parker).
Además, no tenían identidades secretas (algo que también era revolucionario en el género); no tenían uniformes de superhéroes; y tampoco vivían en universos ficticios como Gotham o Metrópolis, sino en Nueva York, en la Gran Manzana. Y por primera vez un monstruo (La Cosa) se convertía en un superhéroe (y en el personaje más popular del cuarteto). Sin olvidar que cada uno tenía una personalidad muy definida y hablaba de una manera diferente (marca de la casa de Stan Lee); Por ejemplo, la famosa frase de la Cosa antes de iniciar una pelea: ¡Es la hora de las tortas!.
Un proyecto que terminó de cuajar gracias a la incorporación de Jack Kirby, el dibujante definitivo del género de superhéroes, que aportó su dinamismo y espectacularidad, además de su imaginación sin límites para crear muchos de los iconos del cómic mundial.
"¡El Mejor Cómic del Mundo!"
El éxito fue inmediato, hasta tal punto de que en su tercer número ya llevaba en su portada la etiqueta de ¡El mejor cómic del mundo! (Una de esas argucias publicitarias que tanto le gustaban a Stan Lee).
Parte de ese éxito se debió también a la capacidad de Stan Lee para comunicarse con los lectores a través de los correos o de su famosa columna de opinión. Lo que le permitía saber en dónde acertaba y en qué se equivocaba. De ahí que, atendiendo a las peticiones de los lectores, pusiese uniformes a los protagonistas a partir del tercer número (los famosos pijamas azules que, con variaciones, han estado presentes durante más de 50 años).

Por supuesto, gracias a ese éxito Stan Lee no sólo no abandonó el mundo de los cómics sino que en la década de los 60 (la de su mayor creatividad) construyó todo un universo (el Universo Marvel) junto a artistas como Jack Kirby (Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla X, El Hombre de Hierro, Thor…), Steve Ditko (Spider-Man, El Doctor Extraño) o Bill Everett (Daredevil).
En Los Cuatro Fantásticos, el tándem Stan Lee y Jack Kirby permanecería hasta el número 102, todo un récord que tardaría años en ser superado, hasta que el dibujante dejó Marvel por no estar de acuerdo con la política de derechos y por creer que Lee le restaba méritos. En sus cómics en solitario seguiría demostrando una capacidad inigualable para crear conceptos y personajes, pero siempre le faltó esa chispa que hacía tan especiales sus creaciones junto a Lee.
Juntos, Lee y Kirby crearían clásicos del cómic como los recogidos en este volumen o la etapa que iniciaron en el número 48 de la colección, y que está considerada una de las mejores de la historia del noveno arte, ya que en apenas unos números encadenarían la llegada de Estela Plateada y Galactus (el dios del Universo Marvel), la aparición de los Inhumanos; y la de Pantera Negra (el primer superhéroe afroamericano de la historia).

Un cómic que demuestra la grandeza de un género, muchas veces denostado y ninguneado, que nos ha dado obras maestras como estos Cuatro Fantásticos, que han influido en los tebeos del último medio siglo. Mientras esperamos el inevitable regreso de los 4 Fantásticos, confiamos que en plena forma, nada mejor que volver a echar un vistazo a sus orígenes y a los del Universo Marvel, en este imprescindible volumen. Por cierto que la portada de este volumen (la del nº 1 de los 4F) es una de las más homenajeadas y versionadas de la historia del cómic.
La Saga de los Cuatro Fantásticos a Través del Tiempo
Hubo un tiempo (hace quince años, pero parece toda una vida) en que Marvel Comics aún no había perdido el mote de “La Casa de las Ideas”, en que en muchas colecciones imperaba la sorpresa -y para bien-, en que no se publicaban cómics innecesarios ni escritos con el piloto automático. Hablamos de una época en la que Joe Quesada y compañía redefinieron la palabra hype. Sus cómics eran la leche porque estaban a cargo de autores brillantes, pero es que, además, la maquinaria propagandística de la editorial funcionaba a todo trapo, creando en el lector la necesidad imperiosa de leer esas historias.
A veces eran tan solo pinceladas de lo que estaba por venir; otras, promesas de sucesos muy importantes. Es cierto que el guionista aún no tenía la fama de arquitecto que ostenta hoy en día, pero ya se le veían trazas de narrador de época. Y volviendo al hype… la editorial lanzó una noticia que nadie podía creer: en una historia que abarcaría Fantastic Four #583 al 587, moriría uno de los integrantes del grupo. De ahí que el título de dicha historia fuese “Tres”, en alusión a los miembros originales que quedarían tras el suceso. Todo ello se vería coronado con un emotivo epílogo en Fantastic Four #588.
El caso es que Hickman desplegó sus dotes de planificador y comenzó separando los caminos: Reed y Sue, por un lado; Ben y Johnny, por otro. Tras su día (y noche) de chicos, y al volver a casa, se encontraron con un nuevo intento de Annihilus de invadir la Tierra cruzando el portal que la conectaba con la Zona Negativa. Esa escena en la que Ben y Johnny se despiden antes de que este salte a la batalla quedará para siempre grabada en mi retina.
Hubo un tiempo en el que el seguimiento de las aventuras de los empijamados de la casa de las ideas no era tarea sencilla. Entre la desaparición de las distintas encarnaciones de Vértice y la consolidación de Forum hubo un periodo en el que los héroes marvelianos fueron dando tumbos por editoriales como Montena -bien recordada por quienes fuimos niños durante los setenta y ochenta del siglo pasado- o Bruguera -la otrora poderosa empresa del gato negro-. Esta última tiene en su haber algunos de los formatos más chapuceros de cuantos albergaron este material, como los infames Pocket de Ases, mas si pasamos a sus grapas el resultado era igualmente nefasto: mala rotulación, traducciones creativas -en las que Spider-Man mencionaba a Fofito o Milikito- y una selección de materiales sin orden o concierto alguno.
Fue precisamente en la cabecera que Bruguera dedicaba al lanzarredes blaugrana que leí mi primera aventura de los Cuatro Fantásticos y conocí a uno de sus mayores enemigos, el Doctor Víctor Von Doom. A decir verdad, ya había visto al cuarteto anunciado en las páginas de otros tebeos editados por la casa del gato negro. En aquellos tiempos, Bruguera era un gigante de pies de barro que reunía bajo su logo publicaciones de Marvel y de DC, algo que no se repetiría hasta cuatro décadas después y de la mano de Panini Comics, pero ya me estoy yendo por las ramas.
Para lo que aquí interesa, toca repetir que la familia Richards estaba confinada a ser la comparsa de las andanzas del trepamuros y en aquel número rescatado en el pueblo de mi niñez y de una librería que ya no existe encontré a un Reed Richards que volaba a Latveria para rescatar a sus camaradas y batirse contra un Doctor que tenía el plan de ceder la corona y el poder a su hijo. Susan, Johnny y Ben daban por caído a Míster Fantástico y este último, cautivo pero no roto, pugnaba por plantar cara a su captor y vengar a su amigo. El señor del país imaginario se presentaba como un soberano megalómano y terrible, amo de haciendas y vidas y pese a ello, Richards decide arriesgarlo todo. Su encuentro con el líder de la resistencia y legítimo heredero al trono latveriano, Zorba Fortunov y sus guerrilleros le proporcionará una breve alianza, pero sus esperanzas -concretadas en la verbalizada premisa de que pese a todo su conocimiento y poder, Víctor Von Doom es un hombre y como a tal se le puede vencer- son anhelos vanos.
El monarca sabía de su infiltración y había jugado con él como el gato lo hace con el ratón, terminando el número con el cuarteto conectado a una máquina que transferiría sus respectivos poderes al vástago del buen doctor. Lo que entonces no sabía era que aquella historia formaba parte de un arco argumental que terminaba en el ducentésimo número de la colección original, culminando con un enfrentamiento mano a mano entre Richards y Doom. Uno de esos momentos en los que la historia bien podía haber llegado a su fin, pero el espectáculo debía continuar.
Tampoco sabía quiénes eran los responsables de aquellas historias y tiempo después descubriría que eran Marv Wolfman, Keith Pollard y Joe Sinnott.
Ocho años después -una eternidad cuando es el tiempo en el que pasas de la infancia al final de la adolescencia- me reencontraba con los Cuatro Fantásticos gracias a uno de aquellos retapados que tan bien sentaban al bolsillo de un estudiante recién entrado en los estudios universitarios. Susan y Reed abandonaban el equipo y la Cosa se quedaba como líder, discutiendo con la Antorcha Humana sobre el enrolamiento de Crystal Amaquelín. El Doctor Muerte aparecía para intentar que la familia le permitiera utilizar a Franklin -de cuya existencia yo no tenía noticia- para enfrentarse a Mefisto y liberar el alma de su madre, cautiva en el infierno. Tenía la sensación de que aquellos ocho años de diferencia no habían supuesto cambios en los personajes. Era el poderoso entintado de Joe Sinnott, que embellecía los lápices de John Buscema como en otro tiempo había hecho lo propio con los trazos de Keith Pollard. En lugar de Marv Wolfman se encontraba un Steve Englehart que arrancaba una de las etapas más delirantemente divertidas y denostadas de la colección.
Dos historias separadas por casi diez años de aventuras. Dos guionistas de la misma generación, dos dibujantes con un estilo similar y un entintador que daba cohesión. Un punto de llegada y otro de partida, pero ambos reflejan algunos de los principales elementos definitorios de la colección: familia, aventura y unos toques de ciencia-ficción. Quizá no sean los mejores tebeos de estas seis décadas de historia del cuarteto, pero fueron los que me abrieron las puertas a un mundo fantástico, lleno de seres extraños.
El Legado de los Cuatro Fantásticos
Una de las etapas, en mi opinión, más infravaloradas en la historia de la Primera Familia sería la liderada por Mark Waid (hoy arquitecto de la DC actual) y Mike Wieringo (que en paz descanse) entre 2002 y 2005. La historia más recordada de esta etapa bien podría ser “Impensable”, el regreso a la serie, por todo lo alto, del Doctor Muerte. Y sin quitar ni un ápice de mérito a esa aventura, mi momento favorito es el que inicialmente se pensó como el final de la etapa, “El Más Allá”.
Waid había decidido volver a las esencias del grupo después, sobre todo, de la controvertida etapa escrita por Chris Claremont. “Imaginautas” era no solo la saga que lanzaba la etapa sino una declaración de intenciones, la de recuperar los 4F como familia de aventureros siempre buscando los límites de lo posible. Si el lector pensaba que, debido al estilo de dibujo de Wieringo, estos comics iban a ser historias ligeras, no podría estar más equivocado. Hay mucha oscuridad y dolor en esta etapa. En el #508, Reed acaba matando a un Ben Grimm controlado por Muerte. Incapaz de aceptar la muerte de su amigo, consigue encontrar un rastro de la Cosa en lo que definiríamos como “el cielo” judeocristiano. El equipo se embarca en un viaje, nunca mejor dicho, a lo desconocido. Un viaje que finalizará en la casa de “Dios”, un Dios que Wieringo dibujará con los rasgos de Jack Kirby y acompañado de su tablero de dibujo.
El editor Tom Brevoort convenció a guionista y dibujante para que continuaran en la serie después de esta historia y lo que vino después, por entretenido que fuera, nunca alcanzaría este nivel de excelencia. Waid y Wieringo nos devolvieron el amor por los 4 Fantásticos y nos recordaron por qué nunca habíamos dejado de creer en estos personajes.
Las palabras del Dios-Kirby no solo se aplican a los héroes, también a los lectores que no perdieron la fe tras los años de DeFalco, Lobdell y Claremont: “Te lo has ganado. En esta ocasión, que sin lugar a dudas es de celebración, quizá conviene recordar aquellos tiempos en los que el cielo no era tan azul.
Jonathan Hickman tomó las riendas de la vida de la Primera Familia allá por el año 2009, y durante más de tres años se dedicó a hacer con Los 4 Fantásticos algo de suma importancia a la hora de emprender toda labor creativa, construyó una historia que sólo él podía contar. Pero no es mi objetivo hablar de esta etapa, otros compañeros se encargarán de ello, ni tampoco estoy aquí para hablar de las dos etapas que la sucedieron. Matt Fraction primero y James Robinson después fueron los encargados de suceder una historia que había acumulado considerables acólitos y, como era de esperar, no estuvieron a la altura de esta expectativa. Aún con momentos y premisas bastante simpáticas y números que, pienso, encontrarían un recibimiento muy positivo de formar parte de la etapa actual de Ryan North, lo cierto es que estos dos años pasaron sin grandes alardes para el grupo.
En 2015 Marvel tomaba una de las decisiones más inesperadas quizá de toda su historia y cancelaba con efecto inmediato todas sus colecciones. Una decisión que tampoco resulta muy difícil de entender, al fin y al cabo, ya no había ningún universo Marvel, solo existía el Mundo de Batalla, una tierra árida en la que tendría lugar una guerra épica. Así empieza Secret Wars, así es cómo Hickman vuelve a cruzarse en el camino de Los 4 Fantásticos, ya venía escribiendo a Reed como parte de los Illuminati, pero aquí volvía a tener espacio para toda la familia. Durante esta saga, La Cosa se levantó de un largo descanso, y con él cayeron todas las fronteras de un mundo fraccionado; la Antorcha Humana ardió en una lumbre constante brillante como el mismo Sol, la Mujer Invisible recobró la vida que le fue robada y Mr. Reed, en el centro de toda la historia, vence. Y no lo hace por la potencia que hay detrás de sus puños (a pesar de acabar enzarzado en una auténtica bronca con el Doctor Muerte), ni siquiera por un uso original y poco...
Un hombre con una mente maravillosa. Afortunadamente casado con una mujer increíble y, junto a amigos extraños capaces de seguirle en sus líos, con un talento excepcional para dar forma a aventuras imposibles. Dicho así podría parecer que me refiero a Reed Richards, también conocido como Mr. Fantástico; pero como estás a punto de descubrir, esta descripción define a la perfección a Stan Lee.
Quizás por eso se le daba tan bien escribir los guiones de Los Cuatro Fantásticos. Vaya por delante que el legado de Stan Lee es espectacular y está orgulloso de sus creaciones más populares. Junto con artistas legendarios creó al asombroso Spider-Man, los X-Men, el increíble Hulk, el invencible Iron Man y muchísimos más. Sin embargo, el caso de Los Cuatro Fantásticos es absolutamente insólito. Siendo claros: es imposible entender el éxito y la identidad de la Casa de las Ideas sin Mr. Fantástico, La Mujer Invisible, La Cosa y la Antorcha Humana. En el papel han sido protagonistas y responsables de la mayoría de grandes eventos de la editorial en sus mejores etapas. Sin embargo, lo que quizás no sabías es que el guionista estrella de Marvel Comics habría abandonado el octavo arte si no fuese por la Primera Familia de superhéroes.
En VidaExtra hemos hablado de los contrapuntos de Marvel y DC y cómo hay montones de personajes de una editorial que fueron descaradamente copiados por la otra. Esto va en las dos direcciones, que conste. Sin embargo, pese a que Los Cuatro Fantásticos fue a todos los efectos la respuesta al éxito de La Liga de la Justicia, fue el talento de Stan Lee quien no solo rompió el molde, sino que estableció lo que hace especial a los personajes de Marvel y todo aquello que ocurrirá después.
Tras la Edad de Oro del Cómic los superhéroes no habían pasado de moda, pero estaban en declive. Solo un puñado de personajes sobrevivieron a una brutal criba y en el caso de DC Comics, la trinidad (Superman, Batman y Wonder Woman) tenían el privilegio de seguir contando con sus series en curso frente a un torbellino de nuevas influencias y tendencias. ¿Había futuro para los tipos con mallas? Definitivamente sí, pero había que hacerlos más interesantes. DC había encontrado un nuevo filón con Flash, el primer nuevo superhéroe en mostrar que aquellas ideas no estaban quemadas, detonando el arranque de la Edad de Plata. Sin embargo, encontró un modo de promocionar las ventas y a los personajes: juntar a los favoritos de los lectores en historias irresistibles. Marvel aguantó el chaparrón, pero necesitaba ideas nuevas y personajes con un atractivo especial.
La primera curiosidad es que la idea de elaborar su propio "supergrupo" no la tomaron prestada -y sin permiso- de los quioscos y librerías, sino de un campo de golf y de manos del propio editor de DC Comics. "Los Cuatro Fantásticos empezaron de forma curiosa. Mi entonces editor estaba jugando al golf con el de la editorial de DC Comics, aunque en aquel entonces se llamaba National Comics. Así que mi editor volvió a la oficina y me dijo: "Stan, ¿por qué no creas un grupo de héroes también, para que tengamos un grupo que se venda bien?". Pensé: "Bueno, ese era mi trabajo, hacer lo que él quería", y creé Los Cuatro Fantásticos.
A partir de aquí posiblemente estarás pensando que Marvel Comics hizo lo mismo y se sacó de la chistera a Los Vengadores; pero todavía quedaba mucho por delante para que se reuniera el equipo original (y todavía más para que se descongelase al Capitán América) con lo que Stan Lee tomó la idea de juntar varios personajes excepcionales y, a partir de ahí, la moldeó a su modo. Lo interesante aquí es que, a diferencia de La Liga de la Justicia, en Los Cuatro Fantásticos habría un vínculo insólito entre los componentes.
Mi único encargo era crear un equipo de superhéroes. No sé por qué hice cuatro miembros en el grupo. Podrían haber sido tres, cinco o seis, pero decidí que quería un héroe, un hombre que fuera el líder. Ese era Reed Richards, el Sr. Y luego quería que tuviera novia, y esa novia era Sue Storm. Pensé que sería divertido si tuviera un hermanito. Ese era Johnny Storm. Y luego quería a alguien totalmente diferente en el grupo. Quería una especie de semimonstruo que fuera muy adorable. Parecía una tontería, pero presentía que podría lograrlo. Y pensé: "Bueno, con eso tengo suficiente".
Si somos justos, técnicamente Marvel Comics ya tenía una Antorcha Humana. No se parecía demasiado a la de Stan Lee. Que se crease al personaje de Johnny Storm para ser la nueva versión en lugar de aprovechar al original no solo obedecía al hecho de integrarlo de pleno en lo que será la primera familia de superhéroes, sino de darle un rol específico en su dinámica y hacer que sus aventuras sean más divertidas de leer.
A partir de aquí las dos siguientes preguntas se hacen solas ¿Hasta qué punto funcionó aquella idea y qué la hacía diferente? Como admitió Stan Lee, aquello fue un exitazo instantáneo. "Así que, por alguna razón, elegí a esos cuatro. Los Cuatro Fantásticos sentaron las bases, supongo, para varios equipos de héroes, en el sentido de que cuando otras editoriales, escritores y el público vieron el éxito del cómic y lo divertido que era leerlos, decidieron crear más grupos.
Con todo, el genio de Marvel Comics se alegraba porque, de cara a su editor, así no tenía que sacarse personajes de la manga y probar suerte con ellos, sino que podía juntar a los que ya había en sus oficinas. Eso fue lo más fácil. No tuve que crear nuevos. Simplemente tomé superhéroes que ya existían. Y luego hice a los X-Men, que era otro equipo. Claro, era un tipo de equipo totalmente diferente.
El primer número de Los Cuatro fantásticos llegó a las estanterías en noviembre de 1961. Si atribuimos su personalidad a Stan Lee, lo justo también es concederle el correspondiente mérito a Jack Kirby, cuyo talento con los pinceles fue decisivo para cimentar ideas complejas como el aspecto de La Cosa o plasmar la evolución del romance de Reed y Sue. Dicho esto, y visto desde la retrospectiva, pese a que los Cuatro fantásticos siguieron la estela de ofrecer un cómic con varios protagonistas asombrosos de La Liga de la justicia, la verdadera clave del éxito no estaba tanto en los poderes o el ensamblar un supergrupo, sino en darle al lector "algo más que un equipo".
La mayor diferencia de Los Cuatro Fantásticos con cualquier otro superequipo de la época no eran sus poderes o los dibujos de Jack Kirby, aunque esto tenía un peso especial, sino en la dinámica entre ellos que Stan Lee supo imaginar. Un tipo de vínculo que iba más allá de la lealtad, los ideales o el compartir un objetivo común. Una dinámica en la que, pese a ser personajes con superpoderes excepcionales, existe una química que funciona de maravilla entre sus componentes, derivando no solo en grandes momentos entre aventuras y acción, sino también en un tipo de relación entre ellos que daba pie a momentos de genuina diversión.
"Cuando tienes un solo superhéroe, ¿con quién se identifica? Lo hace un poco más difícil. Porque después de todo lo que diseñé, Reed era el padre de la familia, por así decirlo. Y entonces la heroína realmente sabía quién era. No había ninguna identidad secreta. Y estaba comprometida con él. Y Johnny Storm, su hermano, una vez casados, sería su cuñado. Así que, para mí, eran una familia muy unida, creo que esa es la palabra, en lugar de ser solo un equipo que sale a luchar contra los malos.
De hecho, un aspecto esencial de Los Cuatro fantásticos es cómo permanecen unidos, como familia, a sabiendas de que con sus increíbles habilidades son personas que se equivocan y, en según qué caso, sus errores tienen consecuencias que el resto sufre de manera personal. Pero también alegrías, emociones y momentos que con un significado e importancia no se podían replicar en otras historias de superhéroes. Lo cual no quita ese lado tan humano que Stan Lee insufla a sus personajes. Esos defectos o rasgos que, en cierto modo, hacen que el lector empatice con uno o varios a la vez. Como las veces en las que Mr. Fantástico parece prestar más atención a sus investigaciones que a su mujer o ese sentimiento de culpa por haber convertido a su mejor amigo en un monstruo.
¿Y qué podría ser más profundo que ver a Reed, el líder del grupo, sintiéndose culpable porque el miembro que se vio terriblemente afectado, que se convirtió en un semimonstruo, se debió a un proyecto que Reed había promovido? Y su amigo, la Cosa, que era un amigo increíblemente cercano, habrían dado su vida el uno por el otro. Así que pensé que eso también le dio al grupo una dimensión y una sensación de realidad.
Dicho esto, de poco serviría un grupo así sin unos villanos a su altura. Y ante este desafío, Stan Lee y posteriormente en Marvel Comics se coronaron dándoles a Los Cuatro fantásticos algunos de los mejores y más icónicos malhechores de la editorial. Así, la primera familia se enfrentó desde el casi irreductible Galactus al favorito de Lee: ¡el Dr. Doom! Un maníaco peligrosísimo que, por cierto, tenía inmunidad diplomática al ser el rey de su propio país. "Me llevaría semanas decir qué es lo que más me gusta del Dr. Doom. Es mi villano favorito. Una de las cosas es que, hasta donde sé, nunca ha habido un villano que fuera rey de su propio país. Ahora bien, cuando llegó a nuestro país, tenía inmunidad diplomática. La otra cosa es que, si lo piensas, lo único que quería el Dr. Doom era gobernar el mundo. Ahora bien, podrías cruzar la calle imprudentemente o tirar basura, y un policía podría darte una citación. Ya sabes, si se te cae un papel en la calle o si cruzas la calle corriendo con el semáforo en rojo. Pero podrías acercarte a cualquier policía, agente del FBI o de la CIA y decirle: "Disculpe, quiero gobernar el mundo". Eso no es un delito. Así que aquí estaba el villano más peligroso y poderoso del mundo, que quería gobernarlo todo. No podíamos hacer nada al respecto.
Stan Lee no se llama Stan Lee. Bueno, técnicamente sí, pero su verdadero nombre es Stanley Martin Lieber y firmaba como un pseudónimo porque quería reservar su verdadero nombre para cuando lograse algo verdaderamente importante. El problema: tal y como él mismo contó, como guionista básicamente se limitaba a complacer a su editor y no estaba realmente contento con lo que hacía. "En un momento dado llegué a pensar en dimitir. Entonces, mi mujer me dijo: "Antes de que lo dejes, por que no le das la vuelta a cómo estás haciendo las cosas y creas una historia del modo en el que realmente quieres. Lo peor que puede pasar es que te despidan, pero de todos modos ibas a dimitir". [Aquel cómic] fue el primero que escribí del modo en el que realmente quería escribir. Hasta entonces lo que hacía era básicamente complacer a mi editor. Y lo que me decía era, a grandes rasgos, algo como "Simplemente dales acción".
Stan Lee decidió hacer las cosas a su manera con Los Cuatro fantásticos y decir que disfrutaba de su propio trabajo es quedarse muy cortos. Su carácter pícaro y su imaginación funcionaban de maravilla con aquella dinámica de familia que había creado para la ocasión. "Me resultó fácil escribir todos los personajes de los Cuatro Fantásticos porque, si sientes que conoces a un personaje, es fácil escribirlo. Creía conocerlos a todos. Y siempre me enojaba con él. ¿Y no se puede decir algo como un ser humano normal? Y disfrutaba de la antorcha humana, Johnny Storm, siempre gastándole bromas a la Cosa y, luego, él tratando intentando vengarse. Disfruté del pequeño romance de Sue Storm con Reed antes de casarse. Y luego, cualquier pequeño problema doméstico que pudiera surgir entre ellos después de casarse. Y disfruté mucho todo de Los Cuatro Fantásticos. Porque la mayor genialidad de Los Cuatro Fantásticos, el secreto siempre a la vista de su gran éxito y aquello que más los distingue de otros cómics superhéroes es que, pese a la adversidad, son una familia y, como tal, también tienen problemas familiares.
"He escrito historias sobre los Cuatro Fantásticos, donde iban a ser desalojados de su cuartel general porque Reed había perdido mucho dinero al tomar el dinero de una recompensa e invertirlo en acciones. Y luego la bolsa se desplomó. Y Ben Grimm se enojó mucho por eso y demás.
Con el paso de los años la primera familia de superhéroes ha pasado de todo. Algunos han salido de la formación dejando el hueco a otros, otras veces se ha rediseñado el grupo al completo y, llegado el momento, la familia creció de manera natural con la llegada al mundo de los hijos de Reed y Sue. Porque, quizás, Los Cuatro Fantásticos no sean los héroes más poderosos de la Tierra; pero sin ellos no existirían los Vengadores en el sentido más literal.
Cincuenta años después, el legado de los Cuatro Fantásticos sigue vivo, influenciando a generaciones de lectores y creadores, y consolidándose como una de las piedras angulares del Universo Marvel.
El Origen de los 4 Fantásticos
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