El fascinante mundo de los cómics para adultos

Desde que tengo uso de razón, leo cómics. Cuando era pequeño leía todo tipo de tebeos, desde más infantiles (cómo Don Miki o Zipi y Zape) hasta títulos más “adultos” (cómo Superman, el personaje que me hizo enamorarme del género). Entonces era lo más normal del mundo. Incluso los adultos te animaban a leer para que así mejorara tu lectura y te divirtieras… Pero entonces creces.

Cuando llegas a la adolescencia las miradas de reproche se incrementan. Muchos mayores consideran (por suerte no en mi caso) que los cómics son cosas de críos. “Ya podrías leer un libro.”, “Deja eso y haz algo de provecho” o “¿Pero eso no es para niños pequeños?” son algunas de las perlas que hemos oído más de uno. Pero pasas. Pasas porque sabes que no lleva razón, que leer cómics es un entretenimiento (y placer) tan bueno o mejor que mucho otros.

¿Que tú has viajado a una escuela de brujos de la mano de un tal Harry? Pues yo he salvado a toda una ciudad junto a un nerd al que le picó una araña radioactiva. ¿Que tú y tus amigos de la República habéis salvado la galaxia del azote de un señor oscuro? Pues mi amigo con una S en el pecho lo hace semana sí y semana también.

Y te haces mayor. Y sigues leyendo cómics. Dónde otros tiene una biblioteca, una estantería llena de DVDs o una tele de 70 pulgadas para jugar al último juego de matar bichos, yo tengo un montón de cómics que me han divertido, ilusionado y emocionado una y mil veces. Y eso no quita que me gusten y respeten el resto de aficiones. Me gusta leer un buen libro, ir al cine con mi novia o jugar a un buen videojuego (nota: el Streets of Rage Remake es la polla), pero los cómics tiene algo que me encanta por encima de todo. Es la facilidad con la que te metes dentro del personaje y que te transporta a un mundo real o fantasioso. Es cómo te estremeces cuando tu personaje favorito está al límite de la muerte y se levanta (porque siempre se levanta…).

Es el ir mes a mes a la tienda y saber que tendrás tu ración de ilusión. Pero a lo que iba. Te haces mayor y la gente… pues te mira raro. Cada vez menos, sí, pero te mira raro. Les dices que coleccionas cómics. O que trabajas en ellos. O que los escribes… O lo que sea. Y te sonríen, pero en muchos casos ves en su mirada algo así cómo “Ostia tú, si parecía normal…”.

Hay gente que te dice la frase de “Pues yo pensaba que los tebeos esos eran para críos”. Y te entran ganas de estamparles con un tomo de Predicador, Watchmen o Maus, y que te digan si eso es infantil, pero sabes que no servirá de nada.

Por desgracia, la afición de leer cómics viene de la infancia o, cómo mucho, de la adolescencia. Si el gusanillo de las viñetas no te pilló de joven, difícilmente lo hará de mayor, cuándo los prejuicios son más atenuados. Pese a todo, la afición a los cómics es cada vez más aceptada gracias a las excelentes películas y series de televisión de las que disfrutamos en los últimos años.

portadas de cómics icónicos para adultos

Yo doy gracias al día que mi primo me llevó al Mercat de Sant Antoni. Ese día me regaló mi primer cómic de Superman. Aquél cómic supuso un cambio en mi vida. El día en que se me mostró un mundo del color y fantasía que me hizo, hace y, sin duda, hará tremendamente feliz hasta el fin de mis días.

Origen y evolución del cómic.

Escrito por FRANCESC MARTINEZ, quien colaboró escribiendo artículos para Planeta DeAgostini y en el blog Bajo la mascara dirigido por Julián Clemente.

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