Si en algo tiene tirón la Medicina Gráfica es en el terreno de la Psiquiatría. Una enfermedad pulmonar que te impida respirar es relativamente fácil: solo tienes que contar que un paciente se fatiga, y ya transmites esa angustia y nos pone en su piel rápidamente. Pero cuando se trata de un síntoma que te hace pensar que los demás hablan de ti o que te hace ver a tu entorno como algo extraño u hostil… la cosa puede ser bien distinta.
Las Voces y el Laberinto relata la vida, a través de cinco relatos cortos, de pacientes esquizofrénicos. En estos relatos vamos a conocer a cinco pacientes, pero cada uno tiene su propia manera de vivir la enfermedad.

Cinco Historias, Cinco Perspectivas
El cómic está dividido en cinco capítulos independientes. Una de las riquezas de Las voces y el laberinto es que cuenta con la aportación de dos autores diferentes. El cómic está dividido en cinco capítulos independientes. Una de las riquezas de Las voces y el laberinto es que cuenta con la aportación de dos autores diferentes. El tomo concluye con un epílogo del escritor del libro en el que está basado este cómic, Ricard Ruiz Garzón. En él nos cuenta un poco lo que le llevó a escribir el libro y cómo llegó el proyecto a Sapristi y a Alfredo Borés.
En el primero de ellos, Las Voces, conoceremos a Raúl, quien va viviendo el despertar de su enfermedad y es expresado en un dibujo que consigue hacer material «la enfermedad» con escenas con un dibujo tremendamente potente, como en la que cuando el pobre protagonista intenta paliar sus síntomas bebiendo vemos «la enfermedad» dentro del vaso de whiskey.
Kiosco está protagonizada por un chico al que llaman Juan, Javier y Alberto indistintamente según quien le hable. Muestra muy bien el miedo producido por un brote psicótico, y cómo desconfía de todos los que le rodean, pensando que puedan envenenarle y criticarle.
Química nos presenta a Berta, una chica que a pesar de toda la droga que la rodea consigue evitarla y cómo sus crisis llegan a confundirse con ingesta de drogas.
Mamá es probablemente la historia más sobrecogedora de todas, porque cuenta la historia desde el punto de vista de la madre de un enfermo de esquizofrenia. Muestra desde la dificultad para sobrellevar a un paciente con estos síntomas y el esfuerzo que hay que hacer para tener paciencia, a la sensación de impotencia ante un médico que te está explicando las cosas sin mirarte a la cara y tratando a tu hijo como un número.
El Laberinto es un gran cierre para esta obra, pues nos presenta a Alberto, un hombre que ha conseguido superar la enfermedad y llegar a controlarla gracias a la medicación y al apoyo de la familia.
Un Retrato Fidedigno y Empático
La obra no está escrita ni dibujada por sanitarios y no tienen más contacto con la enfermedad que el fruto de lo que han investigado. Ha sido una gran documentación la que se ha realizado, porque todos los síntomas son reales, y ninguna cae en el sensacionalismo de síntomas muy llamativos… pero irreales. Como los de la chica que he citado. Un esquizofrénico suele tener alucinaciones auditivas, no visuales, y siempre van a ser para mal.
Una obra que retrata la enfermedad de manera muy fidedigna, abordando diferentes puntos de vista, y uniendo a los diferentes personajes de manera casual al más puro estilo Vidas Cruzadas o Magnolia. Una obra sobrecogedora, que te hace vivir la esquizofrenia en primera persona, y ponerte en la piel de los familiares que conviven con este tipo de pacientes. Tiene diálogos brillantes y escenas que te agarran el corazón, y recursos visuales de una potencia rotunda que, al menos a mí, me han cogido por sorpresa.

Desde el punto de vista del paciente y sobre todo de sus familiares, Las voces y el laberinto aporta esperanza. Varias de las historias tienen lo que podríamos llamar un «final feliz», en el sentido de que la enfermedad queda controlada con una mezcla de la medicación y el estilo de vida. Otra de las aportaciones a los cuidadores es que este libro realza la importancia de la familia como uno de los puntos más poderosos para seguir adelante. Un hermano que cuida y acoge en su casa incluso a pesar de la opinión de su mujer, una madre que acompaña a su hijo en una historia llena de miedos o un padre que mira a los monstruos de su hijo de frente mientras le abraza. Aporta valor al apoyo familiar imprescindible para las personas con esquizofrenia. Deja también claro que no es un papel fácil.
La intensidad con la que se «siente» un brote psicótico o el empeoramiento de la esquizofrenia son de gran ayuda para un profesional sanitario. El acercamiento a sentir la angustia, el agobio, el rechazo, el terror del paciente ayudan a comprender mejor esta enfermedad y lo que conlleva el día a día y sin duda a aumentar la empatía.
El Arte de Borés: Un Lenguaje Visual Potente
Borés hace un trabajo espectacular en esta obra. Es un dibujo poco detallado, con rostros que nos pueden llegar a recordar al dibujo de Bastien Vivès, y comparte con el francés, una expresividad imprescindible para llegar al corazón del lector. Deseando ver más trabajos de Borés, quien puede llegar a convertirse sin demasiado esfuerzo en el Bastien Vivès español.
El uso del color es magistral. Utiliza colores sólidos y en cada hoja, no aparecen más de cuatro diferentes, dando un aspecto de homogeneidad y calma. Son siempre sobrios y con dibujos detallados. Lo interesante es que aplica el rojo, rosa o naranja a los episodios de distrés emocional o desorganización mental del personaje.
Cada página cuenta con un número variable de viñetas, casi siempre con un mínimo de cinco. Los diferentes tamaños de las viñetas forman parte de la historia, le aportan dinamismo, de manera que hacen la lectura más activa. Por ejemplo, los bordes siempre marcados de las viñetas pueden desaparecer o desordenarse y perder paralelismo cuando se describen brotes psicóticos. El autor juega con la mente del lector, que se siente involuntariamente imbuido en la mente desorganizada del personaje.
También esas voces en las cabezas de los protagonistas llegan a desvirtuar y desdibujar las imágenes utilizando distintas fuentes y tamaños. En las descripciones de los brotes psicóticos los protagonistas oyen voces que el lector es capaz de ver, sienten presencias que aparecen como sombras o salen de las pantallas y en uno de los capítulos se materializan como enormes monstruos o serpientes. El lector percibe sensaciones intensas lo cual no deja de ser sorprendente cuando lo que las causan son las percepciones patológicas de los personajes de un cómic.
Un Llamamiento a la Empatía y la Comprensión
Varias de las historias tienen lo que podríamos llamar un «final feliz», en el sentido de que la enfermedad queda controlada con una mezcla de la medicación y el estilo de vida. Otra de las aportaciones a los cuidadores es que este libro realza la importancia de la familia como uno de los puntos más poderosos para seguir adelante.
En varios puntos de la historia se deja ver el enorme estigma que rodea a la enfermedad mental, los prejuicios contra las personas que la padecen, la falta de credibilidad que a veces tienen que sufrir por el hecho de padecerla o la fina línea que la sociedad a veces marca para estos trastornos, confundiendo esquizofrenia con estorbo social o tratándolo como una forma de delincuencia.
Aparecen varios médicos y uno obtiene una imagen positiva de su trabajo en estas historias…excepto de uno de ellos que ofrece un gran ejemplo de cómo NO realizar una consulta. No levanta los ojos del papel en todo el intercambio y su juicio de valor está lleno de terribles prejuicios sociales y premoniciones devastadoras.
Las personas que padecen una enfermedad no la viven del mismo modo, porque no se manifiesta de la misma manera, y tampoco se la toman de la misma manera. En este cómic, vemos a personas que consiguen normalizar su enfermedad, algunas que desconocen lo que les pasa, otras que, se niegan a llamarla enfermedad y lo achacan a una fuerza mayor, a un control que se les escapa de las manos. Escuchamos las voces de los enfermos pero también de sus familias, de sus amigos, de los médicos. Y al final, con toda la información, podemos llegar a una conclusión: los trastornos mentales están invisibilizados y falta, todavía mucho trabajo para aceptarlos, normalizarlos e integrarlos. El trabajo que hay detrás de esta novela gráfica es maravilloso. Se nota un esfuerzo por parte del escritor, que sin duda ha conseguido mostrar con total verosimilitud una realidad tan compleja.
Lo mejor: La potencia visual. Lo fiel que es. Los diferentes puntos de vista. Para seguidores de Medicina Gráfica. Para descubrir a un talento por explotar del cómic español.
