La Tierra de los Hijos: Un Cómic Post-apocalíptico de Gipi

La Tierra de los Hijos es la más reciente obra de Gipi, seudónimo de Gian Alfonso Pacinotti, un reconocido historietista y director de cine italiano nacido en Pisa en 1963. Esta novela gráfica, publicada originalmente en Italia en 2016 y editada en España por Salamandra Graphic, marca la incursión de Gipi en el género de la ciencia ficción para narrar una historia pos-apocalíptica.

El planeta parece haber sido arrasado por los elementos y por la locura de los pocos hombres que quedan. La Tierra de los Hijos es una historia de supervivencia en un futuro cercano en una tierra pos-apocalíptica. Un género y un planteamiento visto en infinidad de ocasiones, pero Gipi consigue ir un paso más allá de las típicas historias que surgen de estos planteamientos, sobre todo en la primera parte de la novela gráfica. Estamos ante un libro sin concesiones, duro, honesto y terrible, de esos que tras su lectura tienes que tomarte un tiempo para volver a respirar porque te ha golpeado en el estómago. Algo que es marca de autor, sus historias siempre nos muestran la realidad de manera cruda sin ningún edulcorante.

La obra se sitúa en un futuro indeterminado, que no parece muy alejado del presente, en el que la sociedad ha sucumbido. En este contexto, un padre trata de sacar adelante a sus dos hijos. No les ha enseñado a leer y les prohíbe las caricias o palabras como amor, en un deseo de endurecerles para que sobrevivan. La historia se desarrolla de manera convencional, con un principio que propone el escenario, un detonante de la acción, un desarrollo y un desenlace más o menos esperanzador.

A pesar de haber afirmado que no lee cómics, Gipi crea potentes constelaciones gráficas. Su caso es el de un ave extraña que planea en solitario, desgajando trabajos de distinto orden, pero que conservan las mismas sensaciones. En La Tierra de los Hijos, disponiendo de unas nuevas reglas, pero sin abandonar ese trazado más expresivo que preciso, Gipi dinamita, o intenta darle un vuelco, a su estilo. Sin zafarse del todo de lo que ha creado, queda de nuevo instalado en la mancha gráfica que ha dibujado.

En lo que parece ser de nuevo una historia sencilla, La Tierra de los Hijos es un dispositivo que, en medio de lo que le sucede a un padre y dos hijos analfabetas encerrados en un entorno que limita con La Carretera de Cormac McCarthy, el autor italiano hace su versión de lo que ha quedado después del fin (no sobre el fin, como lo escribe en el inicio, porque “después del fin ya no se escribieron más libros”).

La ventaja de esta obra sobre el resto es que estamos ante una historia más redonda y mejor estructurada, que no avanza a trompicones como sucede con otras obras suyas. Es una historia de género, y como tal, respeta los lugares comunes que tienen este tipo de historias: no se sabe el porqué del apocalipsis, hay tribus de humanos que han descendido hasta convertirse en salvajes, los protagonistas son solitarios y duros hasta que alguien les hace mostrar sus sentimientos, aparecen mutantes, etc… Todo eso lo encontramos en muchas historias, sin embargo lo que hace distinta a esta es la relación paterno-filial, lo duro de la historia y la reflexión sobre la sociedad en la que habitamos pero sobre todo el dominio del lenguaje del cómic del que hace gala Gipi.

Como en casi todas sus obras los protagonistas son adolescentes que viven en un entorno hostil, en este caso el más hostil posible. La presencia de la religión es una constante en La Tierra de los Hijos, no solo por el título y las frases extraídas de la Biblia, sino que el padre de algún modo es como la figura de Dios, que lega un libro con reglas pero que los hijos no pueden leer. El libro se convertirá en la pieza básica de la historia y en la forma que el padre tutela el paso a la madurez de sus hijos. Incluso se acaba convirtiendo en una especie de Biblia que dará comienzo a nueva religión transformando el Apocalipsis en Génesis.

El motor de la acción es el deseo por parte de Lino, uno de los hijos, de averiguar qué es lo que ha escrito su padre en el cuaderno y, especialmente, qué es lo que su padre ha escrito en el cuaderno sobre él. Lino, este niño-adolescente, se encuentra torturado por la impresión de que su padre le desprecia, y teme que el cuaderno confirme este extremo. El lector, por su parte, deberá indagar sobre si la estrategia seguida por el padre, la severidad y el destierro de la ternura para endurecer a sus hijos en un mundo cruel, es acertada.

En el apartado gráfico, Gipi se aleja del color de otras de sus obras, dejándonos un dibujo puro y desnudo de todo artificio, ya que estamos ante una historia que pide blanco y negro. Lo primero que llama la atención es el aspecto gráfico, austero en los medios, pero muy expresivo. Aunque en obras anteriores Gipi se caracterizó por un excelente uso del color mediante las acuarelas, en esta ocasión utiliza únicamente el lápiz en blanco y negro, sin recurrir ni siquiera al entintado. A partir de ese momento, las únicas palabras que aparecen son los parcos diálogos de los personajes, compuestos por frases extremadamente breves, creando la sensación de que nos encontramos en un mundo fundamentalmente silencioso. Este deterioro del lenguaje adopta particularidades dependiendo del grupo de supervivientes que nos encontremos. Estas limitaciones impuestas en los apartados gráficos y narrativos se han puesto al servicio de historia, que indaga en la relación paterno-filial de los protagonistas.

Narrativamente es soberbia dejando todo el peso de la narración en el dibujo prescindiendo de casi todos los textos, demostrando un perfecto control del tempo de la historia sabiendo cuándo acelerar y cuándo parar. La composición de página es muy sencilla con tres tiras por página y nunca superando la seis viñetas en cada una. Sus personajes son muy expresivos y están muy bien caracterizados. Gipi dibuja toda la novela gráfica con un trazo nervioso y con líneas muy finas, jugando con las luces y sombras y brillando sobre todo en las escenas nocturnas.

Portada del cómic

La edición de Salamandra Graphic es de calidad, con un papel de buen gramaje que impide que se transparente aunque la reproducción no es todo lo buena que debería. La Tierra de los Hijos es, para muchos, la mejor obra de Gipi hasta la fecha, demostrando su maestría en la narrativa gráfica y su capacidad para abordar temas profundos a través de historias crudas y conmovedoras.

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Gian Alfonso Pacinotti, conocido como Gipi, comenzó a publicar en abril de 1994 ilustraciones y relatos breves en la revista satírica Cuore, pero fue en Blue, una revista erótica, donde publicó su primera historieta completa. Ha recibido numerosos premios por su manera tan especial de contar la vida cotidiana en Italia y su obra goza de un enorme prestigio tanto en Europa como en Estados Unidos. En España se han publicado obras destacadas como Los inocentes, Exterior noche, El local, S, Mi vida mal dibujada, Apuntes para una historia de guerra (Premio a la Mejor Obra en el Festival Internacional de Cómic de Angulema 2006) y unahistoria (Salamandra, 2014).

La Tierra de los Hijos es una crónica gráfica postapocalíptica, una historia de supervivencia en la que el autor italiano Gipi profundiza en las relaciones de familia. Sobre las causas y los motivos que condujeron al fin habrían podido escribirse capítulos enteros en los libros de historia. Pero después del fin ya no se escribieron más libros.

Viñeta representativa del estilo gráfico de Gipi en

El autor de novela gráfica más admirado de Italia y uno de los talentos más relevantes del género a nivel mundial, regresa con una obra sobre un padre, dos hijos, una madre que ya no está y un cuaderno que los niños no pueden leer. Una historia de familia que es una crónica del fin del mundo. Ambientada en un futuro posapocalíptico que no es más que un reflejo deformado de nuestro presente, Gipi dibuja un final de la civilización plagado de cadáveres y peligros. Entre los pocos supervivientes de una catástrofe cuyo origen el lector desconoce se hallan un padre y sus dos hijos, que luchan a diario por sobrevivir a orillas de un lago. Su soledad es desesperante, pero los encuentros con otros seres humanos, lejos de traerles consuelo, pueden ser fatales. Todas las noches el padre escribe en su cuaderno. Los hijos quieren aprender a leer, saber algo sobre su madre y sobre su pasado, pero el padre les niega el conocimiento.

La crítica ha dicho: "Gipi se enfrenta a situaciones extremas, bárbaras, elementales. En sus libros no hay respuestas fáciles, sino más bien páginas intensas, diseñadas todas ellas como si fuesen la última."

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