En las páginas de "Llegó la Primavera", el lector se adentra en la vida de dos hombres que, habiendo dejado atrás la flor de su juventud, se encuentran en el ocaso de sus vidas. Jirobê Sakura, un shinobi de cincuenta y siete años, pierde su ocupación tras el fallecimiento de su ama, a la que sirvió fielmente durante treinta y ocho años. Por otro lado, Tarôbê Koi, un dôshin (policía del estado) de sesenta y un años, decide retirarse después de muchos años de servicio en Edo, la antigua Tokio. Dos hombres que han dedicado toda su vida a un propósito leal y que ahora, desprovistos de cualquier obligación, deberán aprender a vivir libres.
Un encuentro casual une a estos dos personajes en las primeras páginas de la obra. El camino del veterano ninja Jirobe, que vaga sin rumbo y con un gran vacío en su corazón, se cruza con el de Tarobe, un hombre algo más curtido en la vida, quien le enseñará a dejar atrás su pasado para afrontar con la cabeza bien alta todo lo que le depare la vida a partir de ahora. Jirobe, durante sus treinta y ocho años de servicio como shinobi guardián, nunca se despegó de su señora, una concubina viuda del shogun cuyo estado civil le impedía salir del templo en el que hacía voto de castidad. Por ello, y desde los diecinueve años, nuestro ninja ha vivido prácticamente alejado de toda vida y contacto humano.
Estos dos personajes son la gran baza del manga, una obra realizada por el genial dúo de Kazuo Koike y Gôseki Kojima. Mientras que en la mayoría de historias son los acontecimientos los que suceden a los personajes, en "Llegó la Primavera" son los personajes los que suceden a los acontecimientos. El nivel de protagonismo es máximo, y el lector será testigo de la plena e íntima interacción de los veteranos, no solo sobre su entorno, sino también sobre ellos mismos. A pesar de acercarse a la etapa final de sus vidas, Jirobe y Tarobe son dos niños viejos a los que aún les queda mucho por vivir y aprender. El servicio al que han estado atados durante tantos años les ha llevado a perder muchas de las experiencias que deberían haber vivido siendo más jóvenes.
Como en la mayoría de historias encabezadas por un dúo protagonista, podríamos pensar que uno de ellos funcionará como héroe absoluto y el otro como compinche. No obstante, más que ante un Don Quijote y Sancho Panza (aunque muchas veces la estética y la imprevisibilidad de ambos nos llevan a pensar que estamos ante la versión japonesa del loco de la mancha y su compañero), estamos ante una particular versión de "La Extraña Pareja", con roles que van cambiando. Koike narra con elegancia y humor la convivencia y el aprendizaje vital de estos dos niños viejos a través de una serie de capítulos, a modo de historias cortas, en los que el dúo protagonista hará frente a circunstancias tan cómicas y tristes como la pérdida de habilidades, el elevado precio de la supervivencia o la eyaculación precoz. Circunstancias todas ellas que giran en torno a los estragos de la vejez, pero que no privarán a nuestros protagonistas de la ilusión de vivir.

En este primer volumen, no asistimos a grandes combates ni ajustes de cuentas, a excepción de algunos momentos puntuales. En cambio, seremos testigos de la curiosidad y el devaneo de dos personajes que intentarán hacer cosas de lo más mundanas, pero no por ello fáciles, como calmar los deseos sexuales. El libido bastante tardío de Jirobe estará presente a lo largo de todo el tomo y traerá consigo más de una situación hilarante.
Algo presente en la mayoría de títulos acuñados por estos dos autores, y que puede descuadrar al lector de hoy, es la crudeza y la realidad con la que se retratan algunos temas de la época. Si en la actualidad Japón sigue siendo uno de los países más criticados en cuanto a la incidencia del machismo, el país japonés de aquella época era absolutamente patriarcal y complaciente con el género masculino. Sin embargo, esto es algo que forma parte de una época pasada y no retratarlo como tal sería faltar a la verdad. Estaríamos ante un mal título de género histórico si sus personajes, dos hombres de más de cincuenta años del Japón de 1689, no pecaran de machistas, aunque fuera en lo más mínimo. Con esto, ojo, no se pretende normalizar esta lacra, pero sí que es importante conocer de dónde venimos, aunque sea de un pasado desagradable, para mejorar nuestro presente.
Los retratos de estas circunstancias por parte de dos autores del pasado siglo llevan a que muchas veces sus historias, por la particularidad de ciertas situaciones, sean cómicas sin querer serlo. Tal es el caso de "El hombre sediento", un manga adulto en el que la actitud algo machista y sobrada del protagonista ante cualquier situación llevaban a convertirlo en un personaje entre serio y ridículo. No obstante, la propuesta de "Llegó la Primavera" es fundamentalmente cómica, y algunas circunstancias rayarán lo absurdo de manera intencional para crear unas situaciones inocentes y planas, sin dejar de lado lo inteligente.
Además, la experiencia vital acumulada de ambos protagonistas es un torrente de enseñanzas y prácticas que no dejarán de sorprender al lector. Para cuando elaboraron esta historia en 1976, los autores ya se encontraban en plena madurez artística, y eso es algo que el lector podrá advertir en cada página. A la narrativa ya maestra de un Koike, que consigue crear "niños viejos -o viejos niños-", se suma el excelente dibujo de un Kojima, que perfila cada expresión de nuestros protagonistas con gran exactitud, ya sea cómica o dramática, según lo requiera el momento. El dinamismo de los movimientos y la belleza con la que el dibujante dibuja los cuerpos, especialmente los femeninos, es otro gran punto a tener en cuenta.

Huelga decir, como en todas las obras de este genial dúo, que los escenarios narrativos y estéticos del manga son tremendamente realistas y consiguen transportar al lector al auténtico Japón de la época. En definitiva, si bien el título que hoy tenemos entre manos no ha llegado a ser tan trascendente dentro de la producción de estos dos autores como "El lobo solitario y su cachorro" o "Hanzo", que son dos series de cierta complejidad narrativa articuladas mediante la épica solemne de la venganza o la guerra, en "Llegó la Primavera" encontramos otro tipo de épica igualmente interesante, aunque no tan grandilocuente.
Jirobe y Tarobe se enfrentan a la vida misma, ante la gloria de lo mundano y de lo humano; algo de lo que ninguna circunstancia nunca podrá privar a nadie, aunque ya sea ante el ocaso de su existencia. Una lectura tremendamente humana, con unos protagonistas atípicos que se quedan para el recuerdo. Muy interesante desde el punto de vista vital.
Llego la Primavera: Cuento de niño leído en voz alta
Jirobê Sakura (57 años), tras 38 años de leal servicio como shinobi, pierde su ocupación tras fallecer su ama. Tarôbê Koi (61 años), después de 41 años ejerciendo de dôshin en la ciudad de Edo, un día decide retirarse. Dos hombres que han dedicado toda su vida a un leal propósito.
Tras "El hombre sediento", "Kei, crónica de una juventud", "Kasajirô, el clava-tatamis" o "La leyenda de Kujaku", seguimos recuperando títulos inéditos en España de Kazuo Koike y Gôseki Kojima, responsables de obras maestras como "El lobo solitario y su cachorro" y "Hanzô, el camino del asesino".
| Nombre | Edad | Ocupación Anterior | Años de Servicio |
|---|---|---|---|
| Jirobê Sakura | 57 años | Shinobi | 38 años |
| Tarôbê Koi | 61 años | Dôshin (Policía del Estado) | 41 años (en Edo) |