La Pirámide Inmortal es un relato construido a partir de un hecho histórico: la noche que Napoleón Bonaparte pasó dentro de la Gran Pirámide de Giza. Qué sucedió dentro de esas milenarias paredes, qué pasó después, y qué llevó a Napoleón a esa búsqueda, son parte de las aventuras que aborda esta novela gráfica.
La obra nos sumerge en la campaña de Egipto y Palestina de Napoleón, su ascenso meteórico al poder a base de victorias militares, y las ampollas que levanta entre sus “compañeros”. Todo esto, por supuesto, rodeado de un fuerte componente de misterio y misticismo, marca de la casa. ¿Qué quería encontrar Napoleón en la tierra de los faraones? ¿Por qué insistió con una campaña en tierras lejanas que podría haber complicado sus otras conquistas? Estamos hablando de poderes que escapan a nuestro entendimiento, y de algo que anhelaba no sólo el propio Bonaparte, sino infinidad de líderes militares: la inmortalidad.
Al guión tenemos a Salva Rubio, quien ya conocimos en anteriores trabajos como “Monet, Nómada de la Luz” o “Django Mano de Fuego”. Rubio también ha trabajado en el cine, siendo nominado al Goya a Mejor Largometraje de Animación, e incluso ha publicado novela y ensayo cultural, además de ser miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.
A los lápices está Cesc Dalmases, que ya habíamos apreciado su excelente trabajo en otras obras del género como Victus, y que aquí en La Pirámide Inmortal no baja el pistón. Tiene un dibujo limpio pero detallado, personajes llenos de personalidad con rasgos grandes, y un trazo que el entintado no disimula, destacando su gran labor a la hora de realizar páginas dobles, e incluso triples (sí, hay un desplegable), plagadas de detalles.
Este cómic en formato cartoné de 96 páginas a todo color, incluye además un fantástico epílogo escrito por el propio Javier Sierra. En él, aborda parte de su trabajo de investigación para la novela en la que se basa esta obra, los secretos de las pirámides, del Nilo, de Egipto, de la meseta de Giza, y cómo grandes personalidades de la historia, no solo Napoleón, fueron huéspedes de estas estructuras arquitectónicas atemporales e inexplicables, que sirven de vínculo para muchos campos como el de la astrología, el más allá, e incluso la herencia masónica.
La obra está basada en la reconocida novela del mismo título del Premio Planeta Javier Sierra, periodista y escritor a quien le entró la vena literaria y su interés por los OVNIS durante su juventud.

Al atardecer del 12 de agosto de 1799, el aún joven general Napoleón Bonaparte se sumergió en las galerías de la pirámide de Giza para pasar la noche rodeado de piedras, tinieblas, insectos y jeroglíficos. Ni siquiera sus más allegados supieron jamás qué sucedió aquella noche, salvo que el general amaneció transfigurado. Acaso nadie planteó las preguntas adecuadas. O quizá (solo quizá) la respuesta desafía el orden natural de las cosas para acariciar uno de los grandes anhelos del género humano: la inmortalidad.
En 2014, el escritor Javier Sierra se propuso despejar algunas incógnitas en torno a aquel enigmático suceso. El resultado fue La pirámide inmortal, novela que aborda con rigor histórico y precisión militar la campaña napoleónica de Egipto, y plantea con aliento fantástico una hipótesis sobre los acontecimientos de aquella noche particular.
Javier Sierra, premio Planeta por la novela El fuego invisible, es un autor prolífico, multipremiado y traducido que salta al cómic por primera vez de la mano de Norma Editorial. La noche del 12 al 13 de agosto de 1799, cuando frisaba los 29 años, Napoleón Bonaparte pasó una noche en el vientre de la Gran Pirámide. Lo que vio o sintió allí dentro no ha trascendido, pero sí sabemos que desde ese hecho el General Francés no fue el mismo hombre.
“Para mí cualquier enigma histórico es siempre un foco de atracción, pero si además está asociado a un gran personaje, ese magnetismo se multiplica. Y cuando Napoleón dejó sin responder esa pregunta sobre lo que le pasó esa noche, también dejó el terreno abierto a la imaginación. Y ahí es donde el novelista que llevo dentro decidió construir La pirámide inmortal, para tratar de averiguar qué le pasó a Napoleón Bonaparte”, explica Javier Sierra.
Lo que está claro es que ese joven general cambió, porque muy poco después de regresar a Francia, en Noviembre de 1999, dio un golpe de Estado con el que se convirtió en Primer Cónsul. “Evidentemente le pasó algo muy serio porque esa noche se convirtió en Napoleón -asegura el Premio Planeta-. Antes era Bonaparte, un joven general de 29 años, el más prometedor de los militares de graduación de la Nueva República Francesa. Pero a raíz de su estancia en Egipto y de su noche en la Gran Pirámide, él se convierte en un personaje mucho más ambicioso. Ya no le tiene miedo a nada”.
“Mi interpretación psicológica -añade el escritor-, es que aquella noche, en el interior de la Gran Pirámide, se enfrentó al más terrible de los miedos, que es el miedo a la muerte. La oscuridad total en un ambiente lúgubre, en una tumba de 5000 años… probablemente eso le hizo conectar con con esa parte de misterio mayúsculo que es lo que nos espera después de morir. Pero él salió vivo de la Gran Pirámide y, por lo tanto, de alguna manera superó el peor de los miedos que tenemos los humanos, que es el de perder la vida. Eso lo convirtió en un personaje temerario”.

Adaptar esta novela ha sido un desafío interesante para el guionista Salva Rubio, que está acostumbrado a adaptar hechos reales. “En este caso se trataba de adaptar un libro que ha tenido miles de lectores que, obviamente, tienen que reconocer la historia. Hubo un desafío técnico, que consistió en analizar el texto, es decir, cuáles eran las tramas principales, las secundarias… qué momentos debían permanecer y cuáles podían eludirse… Y trabajar con Javier, para que él también estuviera contento y reconociese su novela”.
“En el caso de Napoleón, como con otros grandes personajes, se mezclan la historia y el imaginario popular -asegura Salva-. Como guionista eso es muy cómodo porque puedes picotear un poco lo que más te conviene del personaje. En este caso es una persona que se asoma la treintena, que es una edad muy simbólica, y que sabe que tiene mucho por hacer. Pero también es consciente de que se lo está jugando todo”.
“En esa época -continúa el guionista-, Francia barajaba invadir el Reino Unido, pero él convenció al directorio de que era mejor cortar sus rutas comerciales con Asia. Y por eso buscó un camino hacia el este en Egipto. Era una apuesta muy alta porque los europeos no se había explorado esa zona desde hacía siglos. Además, Nelson destruye sus barcos, dejándolo sin posibilidad de retirada. Por tanto, él solamente puede salir de allí muerto o en la gloria”.
“Me gusta deslizar muchas pistas en todo lo que escribo -asegura Javier-, y en el cómic incluyo el diseño que el astrónomo Charles Messier hizo de ese astro errante. En aquella época se pensaba que estos astros predecían la llegada de algún gran personaje. Y ese pudo ser Napoleón, que se convertiría en uno de los grandes dictadores de la historia. Es una curiosidad que me resultó muy útil a la hora de crear ambiente en la novela”.
Napoleón, como todos los grandes personajes de la historia, estaba obsesionado por rodearse de objetos que le dieran protección. Se cree que fue uno de los custodios de la Lanza de Longinos, la también conocida como Lanza del destino. Varios de sus generales eran masones, como Jean Baptiste Kléber. Sabemos también que Josefina, su esposa, fue miembro de una logia femenina. Y que su hermano José Bonaparte, que llegó a ser rey de España, también era masón. “La paradoja -añade el escritor-, es que no hay ni un solo documento ni un solo texto que demuestre la filiación de Bonaparte a ninguna logia. Probablemente no lo fue, porque Napoleón era un espíritu libre y es improbable que aceptara una autoridad por encima de la suya. Pero siempre se le muestra como afín y rodeado de iniciados masones”.
Salva Rubio opina que a los poderosos les preocupa la muerte física, porque saben que pueden ser asesinados en cualquier momento, como le ocurrió a Julio César; pero cree que también les importa qué se dirá de ellos después de su muerte. “Creo -añade el guionista- que cuando alguien como Alejandro Magno aspiraba a la inmortalidad, no era a esa inmortalidad esotérica de no envejecer y no morir. Creo que aspiraban a que miles de años después, su nombre, su figura, sus estatuas siguieran ahí. Lo que comúnmente se llama fama. Por eso muchos de ellos hicieron grandes esfuerzos para crear leyendas, obras de arte… como legado. Es decir, que dejaban sus estatuas o sus grandes obras, para que en un futuro se les recordase”.
Ocultura’22 – Así se hizo el cómic de La pirámide inmortal
Napoleón no solo fue a Egipto a conquistar militarmente. También quería estudiar el conocimiento de los egipcios porque era consciente de que muchos de sus conocimientos se podían aprovechar. Y también iba con la idea de llevarse a Francia todos los tesoros arqueológicos que pudiera y que acabaron engrosando colecciones como la del Louvre.
“La expedición de Napoleón a Egipto, de 1798 1799, es el punto de partida de la moderna egiptología -afirma Salva-. Egipto se había olvidado un poco desde la antigüedad clásica. Y es esta expedición la que reabre el apetito de Europa por conocer cuáles son sus raíces en el Nilo”.
“Es muy curioso -añade el escritor Javier Sierra- porque Napoleón se lleva 167 sabios de las más diversas disciplinas, junto con su ejército, para realizar un inventario de todo lo que podía ofrecer el Nilo, tanto en el aspecto histórico como incluso en el aspecto natural. Es la primera vez que se hace una radiografía de un país de esa envergadura. Y a su regreso a Europa Napoleón trae algunas de las piezas que serán definitivas para la comprensión de la cultura egipcia. Por ejemplo, la Piedra de Rosetta fue descubierta en esta campaña. Luego fue robada a los franceses por los ingleses y finalmente, gracias al estudio de Jean-François Champollion, nos permitió descifrar, por primera vez en miles de años, lo que ponía en las paredes de los templos egipcios”.

Tras levantar las pirámides, la civilización egipcia pareció tocar techo, y lo más curioso es que, miles de años después, sigamos sin tener la certeza de cómo se construyeron. “Es la pregunta del millón de euros -asegura Javier-. Y que todavía no somos capaces de responder con una explicación satisfactoria para todo el mundo. Los sabios que Napoleón llevó a Egipto hicieron el cálculo de que, si se desmontara la Gran Pirámide, se podría construir un muro alrededor de Francia de un metro de altura. Estamos hablando de más de dos millones de bloques de piedra. Y las pirámides son la única de las Siete Maravillas de la antigüedad que ha llegado a nuestros días. Y siguen sobrecogiéndonos”.
“Además -añade-, las pirámides se orientaron perfectamente a los puntos cardinales y parecen reproducir las tres estrellas centrales de la constelación de Orión en un momento determinado del pasado egipcio, porque los cielos van cambiando con el curso de los siglos. Y algunos de los conductos interiores, de 20 por 20 centímetros de ancho, pero de más de 60 metros de longitud, apuntaban con precisión a algunas de esas estrellas. Todo eso sigue excitando nuestra imaginación, abriendo mucho debate y subrayando el misterio de este colosal monumento”.
En el cómic descubrimos a unos muy especiales para Salva Rubio: los “sabios azules”, personajes misteriosos sobre los que le gustaría saber más cosas. Como de dónde salen y qué hacen, porque son una especie de marionetistas que controlan el destino de mucha gente. El cómic resume unas semanas de la vida de Napoleón, pero estos sabios llevan mucho tiempo planificando el devenir del mundo y, obviamente, saben las respuestas a muchos de los misterios que se plantean.
En el cómic, durante su aventura en Egipto, Napoleón, que ya estaba casado con Josefina, vivirá un romance con una misteriosa joven. “Mi interpretación sobre esta egipcia es que es una unión de contrarios. El principio masculino y el principio femenino, el día y la noche, oriente y occidente… y lo que pueden producir cuando se unen mediante un acto mágico como es el amor o el coito. En mi opinión es eso que busca Napoleón en todo momento, ese principio femenino que, de alguna forma, complementa al masculino”.
Antes de Napoleón, ya estuvieron Julio César y Alejandro Magno en la Gran Pirámide, demostrando su valor. Y en 1910 Harry Houdini, durante una gira mundial recabó en El Cairo. Allí unos egipcios le encerraron en una de las pirámides para que demostrase sus dotes de escapista. Una historia que Houdini narró en un relato que escribió en 1923 y que ahora sabemos que fue redactado por un “negro” que era, nada más y nada menos, que un joven H.P. Lovecraft. También pasaron la noche en la pirámide Aleister Crowley, uno de los ocultistas más célebres del Siglo XX, o John Pierpoint Morgan, uno de los financieros más famosos de la historia.
Cesc Dalmases se basó en retratos de juventud de Napoleón, como uno de Antonie Jean-Gros de cuando tenía 27 años y en el que se lo ve con el pelo largo. “Me he basado en ellos, pero pasándolo por mi filtro, intentado convertir a un personaje histórico en el héroe de una aventura, porque eso es este cómic, una gran aventura”.
En cuanto a la barba que luce en parte del cómic, Cesc comenta: “Es por una cuestión fundamental, porque nos sirve para reflejar el paso del tiempo. Napoleón no dejaba de ser un general que estaba en una campaña militar y en medio de las batallas no habría mucho tiempo para afeitarse y acicalarse. También podía ser una manera de mostrar a sus soldados que estaba muy implicado en el combate, que no perdía el tiempo acicalándose. Napoleón debió ser un general muy combativo para conseguir llegar donde llegó. La barba también nos sirve para mostrar que está madurando, que se está convirtiendo en otra persona. ¿Y además me gustaba como le quedaba!”
Cesc Dalmases piensa en este cómic casi como en una superproducción de Hollywood: “Sí, esa era la intención”.
