La figura de Iósif Stalin, líder de la Unión Soviética desde 1922 hasta su muerte en 1953, es una de las más determinantes y terroríficas del siglo XX. Su mandato transformó un país atrasado en una potencia industrial y militar, siendo clave en la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, también instauró un régimen de terror responsable de millones de muertes, con purgas y campos de trabajo (gulags) que sembraron el miedo por todo el territorio de la URSS. Nadie estaba a salvo de sus designios.
La novela gráfica "La muerte de Stalin", obra del guionista Fabien Nury y el dibujante Thierry Robin, se sumerge en los días anteriores y posteriores al fallecimiento del dictador. Inicialmente, el dibujante Thierry Robin se embarcó en el ambicioso proyecto de crear una biografía completa de Stalin en cómic. Ante la magnitud de la tarea, que calculó requeriría unas mil páginas y varios años de trabajo, decidió abandonarla. Fue entonces cuando el reputado guionista Fabien Nury se puso en contacto con él para colaborar en una historia centrada en el fallecimiento del líder soviético.
La trama de la novela gráfica se centra en los días cruciales que van desde el ataque cerebral sufrido por Stalin el 2 de marzo de 1953 hasta la celebración de sus funerales de Estado. Nury y Robin construyen una narrativa adictiva que nos sumerge en la voraz lucha por el poder entre los miembros del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. El cómic se presenta como una obra coral, sin un protagonista definido, que utiliza la exageración y un alejamiento irónico para transmitir una profunda sensación de irrealidad.

Los personajes son uno de los puntos más fuertes del cómic. Fabien Nury y Thierry Robin recrean con acierto a los miembros del Comité Central, desde el maquiavélico Lavrenti Beria hasta el melancólico Viacheslav Mólotov. La división en dos bandos, el enfrentamiento entre Beria y Nikita Jruschov, y sus respectivas maniobras para hacerse con el poder vacante, constituyen el eje central de la acción, permitiendo al lector conocer las entrañas del aparato soviético de la época. El dibujante Thierry Robin utiliza sabiamente el símil entre el carácter de los protagonistas y las aptitudes de ciertos animales, como la rudeza de un mono, la traición del cuervo o la vileza del buitre, para caracterizar a los personajes.
Otro elemento destacable es el retrato del Moscú de la época. La ciudad se presenta gris, de corte marcial, viviendo a la expectativa en esos luctuosos días. La noticia de la muerte de Stalin causó un gran impacto en el pueblo soviético, que esperaba expectante los acontecimientos. Cada pequeño gesto se interpretaba en clave política, y nadie conocía las consecuencias reales del suceso. El apartado gráfico está muy bien resuelto: el realismo de los escenarios, los uniformes y los vehículos contrasta con el aire caricaturesco de los personajes principales, logrando una unión muy efectiva. Las composiciones de página están muy trabajadas, y Thierry Robin crea imágenes de gran belleza. El color es otro gran acierto, ya que consigue crear la atmósfera oscura que el guion requiere.

La adaptación cinematográfica de esta historia llega de la mano del guionista y director Armando Iannucci, conocido por sus comedias sobre la política anglosajona como "In the loop" y "Veep". Su película, "La muerte de Stalin" (2017), traslada su peculiar humor al Kremlin, provocando desde el principio la sensación de no dejar indiferente a nadie, una virtud poco común en el cine actual. Iannucci sitúa al espectador en un contexto de purgas y paranoia permanente. Las escenas iniciales subrayan este enfoque: el líder aterroriza tanto a un trabajador de Radio Moscú como a los más altos cargos del gobierno, aunque la representación de estos últimos es más bien caricaturesca. La reunión de colegas achispados, amenizada con bromas algo zafias, tiene un substrato inquietante.
Una vez que Stalin muere, los mismos gobernantes que medían cada palabra comienzan a moverse para posicionarse. Lavrenti Beria, jefe de la policía y figura oscura del estalinismo, intenta perpetuarse asumiendo políticas reformistas, mientras Nikita Jruschov se posiciona como su adversario en la lucha por el poder. La élite del gobierno está interpretada por rostros conocidos del audiovisual estadounidense y británico, como Steve Buscemi liderando el reparto. Iannucci prescinde de la convención de los filmes históricos de utilizar frases en ruso o acentos fingidos, optando por una mirada externa y adaptando su humor a las realidades que aborda.
RESEÑA | LA MUERTE DE STALIN (Película - 2017) Brillante sátira política. [Anónimo Opina] 📽️
La propuesta de Iannucci puede resultar muy efectiva, aunque quizá tenga más elementos de farsa provocadora que de sátira con cargas de profundidad. Los trabajos de cámara y montaje, de una cierta sobriedad, compensan la vertiente caricaturesca del proyecto. El autor ha declarado que quería respetar a las víctimas y levantar diques de separación entre la farsa y las escenas violentas, aunque no siempre lo consigue, escenificando alguna ejecución como un gag. La dificultad para encajar todas estas piezas se refleja autorreferencialmente cuando Jruschov y su mujer toman notas sobre los chistes que Stalin recibe con agrado. "La muerte de Stalin" nace como una comedia negra sobre la corrupción de toda una sociedad a causa del terror a la arbitrariedad totalitaria, y acaba emitiendo un mensaje genérico y descorazonador sobre el embrutecimiento en el ejercicio del poder.
La película, estrenada en España tras ser vetada en Rusia, Kirguistán, Azerbayán y Kazajistán, y boicoteada en Estados Unidos por acusaciones de abuso sexual de uno de sus protagonistas, Jeffrey Tambor, cuenta con un elenco de lujo. Steve Buscemi interpreta a Nikita Jruschov, Simon Russell Beale a Lavrenti Beria, Michael Palin a Viacheslav Mólotov, Jeffrey Tambor a Gueorgui Malenkov, y Jason Isaacs al mariscal Gueorgui Zhúkov. Aunque su ritmo frenético no siempre funciona igual de bien y está repleta de imprecisiones históricas, la película, al igual que la novela gráfica, resulta necesaria, demostrando que el humor no equivale a frivolidad.
La representación de estos últimos es más bien caricaturesca. La reunión de colegas achispados, amenizada con bromas algo zafias, tiene un substrato inquietante. Una vez muere Stalin, los mismos gobernantes que medían cada palabra comienzan a hacer movimientos para posicionarse. Lavrenti Beria, jefe de la policía y agresor sexual, representa el lado más oscuro del estalinismo pero intenta perpetuarse asumiendo políticas reformistas. Nikita Jruschov se va situando como su adversario en la toma del poder. La élite del gobierno está interpretada por rostros conocidos del audiovisual estadounidense y británico.
Iannucci prescinde de una convención de los filmes históricos: no hay frases en ruso o acentos fingidos que doten de una apariencia de autenticidad a la narración. Steve Buscemi lidera el reparto. La propuesta puede resultar muy efectiva, aunque quizá tiene más elementos de farsa provocadora que de sátira con cargas de profundidad. Los trabajos de cámara y montaje, de una cierta sobriedad, compensan la vertiente caricaturesca del proyecto. Su autor ha declarado que quería respetar a las víctimas e intenta levantar algunos diques de separación entre la farsa y las escenas violentas. No siempre los respeta: por ejemplo, escenifica alguna ejecución en forma de gag. La dificultad para encajar todas estas piezas quizá toma forma autoreferencial cuando Jruschov y su mujer toman notas sobre los chistes que Stalin recibe con agrado.
La muerte de Stalin nace como una comedia negra sobre la corrupción de toda una sociedad a causa del terror a la arbitrariedad totalitaria. Y acaba emitiendo un mensaje algo genérico, y más bien descorazonador, sobre el embrutecimiento en el ejercicio del poder. Todos estos altos cargos que se comportaban de manera ridícula también son capaces de realizar actos despiadados. La muerte de Stalin no finge ser lo que no es: de la misma manera que el grueso de los actores son obviamente anglosajones, no parece que Iannucci haya intentado adaptar su humor a las realidades que aborda. Su mirada es obviamente externa. Algunos críticos han destacado la valentía de la película. Y ciertamente hay detalles de incorrección política, pero no estamos ante un humor negro tan aventurado como el de aquella Four lions protagonizada por un grupo de terroristas suicidas.
La administración Putin, cómoda en el terreno del cierre de filas patriótico, ha optado por el discurso agraviado. Se ha retirado el permiso de exhibición del filme, y las salas que lo exhiban se enfrentarían a multas. Una actuación policial en un cine sirvió de aviso a navegantes. La novela gráfica apareció en Francia en octubre de 2010 en un primer volumen de sesenta páginas y concluyó en mayo de 2012, con una segunda parte de semejante extensión.
Tabla: Personajes Principales y Actores en "La Muerte de Stalin" (Película)
| Personaje | Actor |
|---|---|
| Nikita Jruschov | Steve Buscemi |
| Lavrenti Beria | Simon Russell Beale |
| Viacheslav Mólotov | Michael Palin |
| Gueorgui Malenkov | Jeffrey Tambor |
| Mariscal Gueorgui Zhúkov | Jason Isaacs |
| Svetlana Stalin | Andrea Riseborough |
| Vasili Stalin | Rupert Friend |
| Maria Yudina | Olga Kurylenko |
La película y los volúmenes originales de la novela gráfica terminan siendo complementarios pero independientes. Se puede disfrutar de la película sin haber leído el trabajo de Nury y Robin, y viceversa. El estilo visual de Robin, con sus composiciones de página y el uso del color para crear una atmósfera sombría, complementa perfectamente la narrativa. La película de Iannucci, por su parte, traslada la esencia del cómic a la gran pantalla con un elenco excepcional y un guion que, si bien se permite licencias históricas, captura el espíritu mordaz y satírico de la obra original. El humor británico, que siempre ha tratado al espécimen político con poca consideración, encuentra en Iannucci un digno representante para diseccionar las miserias del poder.