La joven y el mar: Un viaje introspectivo a través del arte, la naturaleza y la cultura japonesa

Independientemente de si es producido en USA, Europa o Japón, el cómic más mainstream es cada vez más impersonal y construido en base a supuestas fórmulas que garantizan el éxito y las ventas. Aunque en ocasiones estas condiciones de creación, en las que la libertad creativa está mucho más constreñida, consiguen que se creen obras destacadas, el resultado más habitual son obras planas que no dejan poso en el lector y se olvidan rápidamente tras su lectura. Por suerte, en el medio cada vez es más posible acceder a otras obras en las que los autores tienen una total libertad para regalarnos obras que salen directamente de sus corazones, algo que tampoco es una garantía absoluta de calidad, pero sí son trabajos personales, libres y con alma propia.

La joven y el mar nos cuenta una historia que toma como base la novela "Almohada de hierba" que Sōseki Natsume escribió en 1906, en la que un pintor viaja en busca de la belleza y la poesía en la naturaleza de Japón. Esa búsqueda de la belleza es una de las grandes constantes de la obra de la autora, que también se basa en las experiencias que vivió en su estancia en Villa Kujoyama, una residencia para artistas en Kioto, a la que acudió en busca de inspiración para seguir dibujando para este nuevo trabajo. Tomando elementos de la novela como el pintor aficionado a los haikus que conoce en su estancia, que es muy similar al protagonista de la novela de Sōseki, al igual que sucede con Nami, la misteriosa mujer que conocen en un hotel al que les llevan sus vagabundeos por la naturaleza, y de su estancia en Japón, construye una historia que reflexiona sobre la vida, el arte, la belleza y la creación.

La tercera pata sobre la que se sustenta La joven y el mar es la imparable fuerza de la naturaleza, capaz de crear los paisajes más bellos que Meurisse retrata magistralmente durante las páginas de la obra, pero también de destruirlos, como sucedió poco después de que la autora francesa abandonara la región de Kanto, que fue arrasada por el tifón Hagibis en 2019.

Un relato pausado e introspectivo en el que, a través de las conversaciones entre Meurisse y el pintor, vemos las diferentes maneras de entender el mundo entre los japoneses y europeos, lo que provoca varios choques culturales. Pero también podemos observar la manera en que conviven el Japón más tradicional con el más moderno. Un complicado juego de equilibrios que da pie a muchas contradicciones.

Esa visión de Japón desde la óptica de un occidental la hemos podido ver recientemente en obras como en los dos volúmenes de "Cuadernos japoneses" (Salamandra Graphic) y "Kokoro" (Salamandra Graphic), ambas del italiano Igort, o "El diario de Italia" (Impedimenta) de David B., una obra que, pese al engaño al que incite su título, tiene una parte que transcurre en Osaka. Al igual que esas obras, gracias a las diversas referencias que pueblan las páginas del cómic de la francesa, podemos ver la enorme fascinación y pasión que el arte japonés le despierta, una pasión que sabe transmitir al lector. Pero la obra no solo se queda en el arte, también nos ofrece una visión de su mitología y creencias religiosas, de manera que nos acompaña por un recorrido por toda su cultura y manera de entender su presencia en el mundo.

Paisaje japonés tradicional

Pese a la seriedad e importancia de los temas que trata la obra, Meurisse siempre deja espacio para su particular sentido del humor, en el que se dan cita los chistes más gamberros, mordaces e irreverentes con otros mucho más sutiles y repletos de ironía. Algo que dota de una frescura a la obra que nos recuerda que nada es tan serio e importante como para no poder hacer chistes y que el humor es parte esencial de la vida y el arte. Ya que si algo caracteriza los cómics de la francesa es la humanidad y el amor por la vida que rebosan todos ellos.

Como es habitual en sus obras, Meurisse dibuja a los personajes principales con un estilo caricaturesco que los dota de expresividad y movimiento. Pero de la misma manera que sucedía en "Los grandes espacios", en esta obra nos regala unas representaciones a página completa de los espacios naturales de Japón llenas de fuerza que reflejan su pasión por descubrirnos la belleza dondequiera que la encuentre. Esas imágenes están potenciadas por los vivísimos colores que emplea Isabelle Merlet, que hace que casi podamos oler el aroma de las flores y el rocío.

Pintura japonesa de paisajes

La edición de Impedimenta sigue el ejemplo de la de las anteriores obras de Meurisse que han publicado, con un papel de una enorme calidad y una reproducción fantástica. Además de la edición en castellano de esta editorial, también se ha publicado en catalán de la mano de Editorial Finestres.

Si Sōseki calificó la novela en la que se inspira Catherine Meurisse de "libro-haiku", no habría ningún problema en decir que "La joven y el mar" es un "cómic-haiku" en el que se reflexiona sobre la vida, el arte y la naturaleza, mientras su autora sigue con su incansable búsqueda de la belleza en medio de los paisajes más salvajemente hermosos.

El año pasado, para nuestro gusto y satisfacción, la editorial Impedimenta hizo doblete de Catherine Meurisse y, tras la deliciosa “Le ponts des arts”, publicó a finales de año “La joven y el mar”, una rica e inteligente obra, a caballo entre la fábula y la reflexión sobre la creación artística, que ha sido una de las obras más aclamadas de 2022 y que justifica de nuevo por qué es una de las creadoras más versátiles e interesantes de los últimos años.

La semilla de “La joven y el mar” hay que rastrearla hasta 2018, durante la estancia de Meurisse en la residencia para autores Villa Kujoyama, en Kioto. Allí, la autora buscaba, al igual que su alter ego en la historia, nuevas perspectivas creativas con las que ensanchar y elevar su mirada artística. No hay que olvidar que Meurisse formaba parte de la plantilla de Charlie Hebdo cuando la revista sufrió en 2015 el terrible atentado que se saldó con la vida de doce personas. Nos es imposible imaginar la dificultad de retomar, tras semejante barbarie, su carrera profesional, experiencia que plasmó en “La levedad” (Impedimenta, 16). En este sentido, me gusta pensar que esta novela gráfica, además de recoger ese viaje físico hasta el corazón de la naturaleza japonesa, supone también un periplo espiritual, tanto para Meurisse como para la protagonista, que busca, como apunta al principio, renovar su excesivamente occidental banco de imágenes mentales.

En ese viaje, la dibujante no estará sola: el azar, o el destino, pondrá en su camino a un artista japonés que desea pintar a una mujer, pero al que la inspiración solo le regala haikus. Entre la contemplación y el diálogo, entre lo natural y lo humano, entre el paisaje y el arte, entre Oriente y Occidente, ambos se sumergirán en una búsqueda que nos pone frente a frente con la idiosincrasia de los japoneses y su estrecha y compleja relación con esa naturaleza a la vez generosa y despiadada, bella y terrible, que apacigua y que desborda. Todo ello aderezado con ese humor que Meurisse domina con una soltura pasmosa y que encuentra su máxima expresión en ese mapache parlante de enormes cataplinazos que, junto a la leyenda de la Bella de Nagara, difumina, dentro del relato, las fronteras entre fábula y realidad.

Reseña "RETRATO DE UNA DAMA" || HENRY JAMES || La Pecera de Raquel

La riqueza de su estilo, vivo y expresivo, contribuye a que la lectura de La joven y el mar sea una auténtica gozada. Meurisse es divertida y tierna, didáctica y estimulante. Nos regala diálogos exquisitos y se recrea en mostrar la naturaleza japonesa con amplias viñetas y páginas enteras en las que se siente la exuberancia y textura de los paisajes. En este aspecto, es imperativo reconocer y alabar el excelente trabajo que ha realizado la gran colorista Isabelle Merlet, generando una simbiosis perfecta entre dibujo y color que pone la guinda a este maravilloso pastel que es "La joven y el mar".

Libro de historietas encuadernado en rústica de 136 páginas interiores en color más cubiertas en color que contiene la traducción del original "La jeune femme et la mer" publicado por Dargaud en 2021 para el mercado francobelga.

El nuevo y prodigioso álbum de la autora de «La levedad» y «Los grandes espacios». Una cuento filosófico «a la japonesa» que cuestiona nuestro lugar en la Naturaleza.

«Me gustaría pintar la naturaleza», confiesa una joven dibujante francesa al poner el pie en Japón. Por su parte, un artista japonés intenta «pintar una mujer». ¿Qué naturaleza? ¿La que apacigua o la que desborda? ¿Y qué mujer? ¿Nami, quizá, la que regenta la posada de baños termales donde ambos artistas se hospedan? Catherine Meurisse («La levedad», «Los grandes espacios») vivió durante varios meses en Villa Kujoyama, una residencia para artistas en Kioto. En un intento de inspirarse y retomar su trabajo bajo una nueva perspectiva, se sumergió en los paisajes japoneses. Pasado un tiempo, el tifón Hagibis devastó parte del país.

De estos dos acontecimientos, ambos amparados bajo el implacable signo de la naturaleza, musa y devastadora al mismo tiempo, nació el álbum «La joven y el mar».

Escribir sobre Catherine Meurisse es hacerlo sobre una de las autoras de cómic con más proyección de la actualidad. El trabajo de Meurisse habla por sí sólo y quienes tengan afición por el cómic y las novelas ilustradas la conocerán de sobra. Superviviente del trágico atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo - llegaba con retraso a la oficina, lo que la libró de ser asesinada -, supo reconducir esta traumática experiencia a través de lo que mejor se le da: el cómic, dando forma a través de “La levedad” a tan amarga experiencia mediante la construcción de un diario íntimo y fascinante, al que siguió “Los grandes espacios”, ambas obras editadas por Impedimenta como “La joven y el mar”.

Abrir las páginas de este libro es adentrarse en un mundo dominado por los tonos pastel y ese estilo tan particular que la escuela francesa del cómic independiente ha sabido plasmar a través de la editorial L’Association desde su creación en 1990 y que supo revitalizar el cómic francés, convirtiéndolo en un referente internacional. Quizás Meurisse no sea la gran representante de este estilo, como lo son Sfar y Blain, pero sí destaca por méritos propios y demuestra su maestría a la hora de narrar historias divertidas no exentas de una profunda belleza, un tono melancólico de añoranza por tiempos más simples y una profunda reflexión filosófica que impregna toda la historia. Y por si esto no les parece suficiente les recuerdo que “La joven y el mar” tiene como trasfondo Japón, su cultura y sus paisajes, un país con una tradición artística que conmovió y fascinó a partes iguales a innumerables artistas occidentales que quedaron fascinados por sus obras de arte del estilo ukiyo-e y que aún hoy nos sigue atrapando - ¿acaso alguien no conoce “La gran ola de Kanagawa” de Katsushika Hokusai?

En “La joven y el mar”, como en otras obras de su autora, prima una grácil sensación de melancolía que domina toda la historia, además de un particular humor muy personal dirigido a un público adulto - porque este es un libro para adultos, no porque tenga altas dosis de contenido sexual o por que emplee un lenguaje soez, sino porque está profundamente cargado de reflexiones filosóficas que exigen madurez para poder captar en su esencia el sentido de esta historia - que busca emocionar al lector a través de unos paisajes dibujados con maestría que nos transportan a una villa japonesa en la que el tiempo parece haberse detenido, por los que circulan personajes que transitan entre la ficción y el realismo con una pasmosa naturalidad.

Este libro es el resultado de las vivencias que Meurisse experimentó durante su retiro en Villa Kujoyama, un pequeño poblado para artistas ubicado en plena naturaleza, pensado para inspirar a sus huéspedes y que, en el caso de Meurisse, logró su objetivo, logrando la necesitada catarsis y superación de los traumas que vivió tras su paso por Charlie Hebdo, dando forma a uno de sus mejores trabajos tras “La levedad”. Esta obra convierte a Meurisse en un referente del cómic europeo, tan denostado en ocasiones por considerarse un arte dirigido a jóvenes, en la que demuestra que se pueden elaborar preciosas obras ilustradas dirigidas a un público adulto.

- Me gustaría pintar la naturaleza. Sería formidable renovar mi banco de imágenes mentales. Esto es, en esencia, lo que pretendía la ilustradora e historietista francesa Catherine Meurisse cuando se trasladó a Kioto. Durante varios meses se estableció en Villa Kujoyama, una residencia para artistas, cuya idea original surgió del interés del poeta, y entonces embajador de Francia en Japón, Paul Claudel. Como Centro Franco-Japonés de Intercambios y Creación, se inauguró el 5 de noviembre de 1992. Catherine Meurisse (Niort, 1980) estudió Lenguas Modernas e Historia del Arte en la Universidad de Poitiers. Pronto empieza a colaborar con la revista satírica Charlie Hebdo. En el año 2020 fue aceptada en la Académie des beaux-arts, en la sección de Gravure et dessin, siendo la primera historietista en formar parte de esta institución. Por otro lado, la ilustradora francesa ha creado unos álbumes donde la naturaleza cobra todo el protagonismo. Es el caso de su libro Los grandes espacios (Impedimenta, 2021), donde rememora su infancia en el campo: “Multitud de árboles que plantar, jardines en los que soñar y ser soñado… Cada esqueje tiene su propia historia y Meurisse observa y vive así la naturaleza por primera vez. En La joven y el mar la naturaleza vuelve a tener un papel muy relevante. A través de los pasos de la propia autora, nos adentramos en los paisajes del medio rural japonés. Tenemos la oportunidad de conocer la historia, y las costumbres de este misterioso país, pero de una forma divertida y desenfadada.

Corrección: Laura M. Formato: Rústica. 120 páginas.

tags: #la #joven #y #el #mar #comic