La historia del cómic en España es un reflejo fascinante de la evolución social, política y cultural del país. Desde sus inicios, el tebeo, también conocido como cómic, ha experimentado diversas etapas, marcadas por la censura, la creatividad y la constante búsqueda de nuevas audiencias.
Los orígenes del cómic español se remontan a finales del siglo XIX, con los primeros relatos gráficos que aparecían en libros y prensa. Sin embargo, no fue hasta principios del siglo XX cuando el género comenzó a popularizarse. La revista TBO, nacida en 1917, jugó un papel crucial en la difusión del cómic humorístico, llegando a ser tan influyente que su nombre se convirtió en sinónimo del medio en España. Otras publicaciones de la época, como Dominguín (1915) y Charlot (1916), también contribuyeron a cimentar la industria del tebeo.
La década de 1930 vio un impulso significativo en la popularización del tebeo, impulsado por cambios sociales y el auge editorial. La introducción de material clásico estadounidense en revistas como Yumbo (1934) y Aventurero (1935) inspiró a autores locales, dando lugar a series de grafismo realista y caricaturesco. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil y el posterior régimen franquista supusieron un punto de inflexión, marcando casi 40 años de censura y restricciones.

Durante la dictadura franquista, la censura limitó severamente los temas que podían abordarse en los tebeos, afectando a la política, la religión, la sexualidad y la violencia. Para esquivarla, las editoriales recurrían a ambientar sus historias en lugares míticos o imaginarios, evitando referencias directas a España. A pesar de estas limitaciones, el tebeo infantil y de aventuras mantuvo su popularidad. Editoriales como Bruguera y Valenciana publicaron series icónicas. Editorial Bruguera, en particular, se convirtió en la editorial dominante, lanzando publicaciones como Pulgarcito (1947) y El DDT (1951), que albergaban un vasto repertorio de personajes creados por autores como Peñarroya, Escobar, Ibáñez y Segura. La serie El Capitán Trueno (1956), de Mora y Ambrós, alcanzó un éxito masivo, vendiendo hasta 350.000 ejemplares semanales.
Los años cincuenta y sesenta fueron una época de gran auge para los tebeos españoles, reflejando la sociedad de la época. Los personajes de aventuras encarnaban los valores tradicionales del franquismo, mientras que los humorísticos captaban la realidad cotidiana. En los sesenta, los tebeos femeninos comenzaron a mostrar una mujer más independiente y liberada, con historietas como Lilian, azafata del aire (1960).

La década de 1970 marcó el inicio del declive de los tebeos clásicos, con la pérdida de popularidad y la crisis de editoriales como Bruguera. Sin embargo, la llegada de la democracia a finales de la década supuso un renacimiento. La abolición de la censura abrió las puertas a la publicación de historietas prohibidas y a la llegada de obras míticas del cómic europeo y latinoamericano. Este período, especialmente entre 1977 y 1984, se conoce como el "boom del cómic para adultos" o la "edad de oro del cómic adulto español".
Revistas como Totem (1977), El Jueves (1977), 1984 (1978), Creepy (1979) y El Víbora (1979) se convirtieron en referentes, publicando obras de autores españoles y extranjeros. El ibicenco Joan Ribas ha sido un importante coleccionista y promotor de exposiciones sobre esta época, destacando la muestra dedicada a los cómics de finales del franquismo y la Transición (1973-1982). Esta exposición diferenciaba los trabajos de autores españoles de los extranjeros, muchos de los cuales no podían publicarse en España debido a las trabas de la censura.
El cómic de finales del franquismo y la Transición (1973-1982) fue un período de gran efervescencia. Surgieron cómics alternativos y reivindicativos como El Rrollo Enmascarado (1973) y El Papus, que se definía como "una revista satírica y neurasténica". El año 1977 fue crucial con la disolución del Movimiento Nacional y la anulación de las disposiciones censoras, lo que provocó un "boom" y un clima de euforia cultural. Los años siguientes (1978-1982) fueron considerados los "años de oro del cómic adulto", con la coexistencia de una veintena de revistas.

La "edad de oro del cómic adulto" coincidió con la crisis del cómic infantil y el cierre de Bruguera. A pesar de la proliferación de revistas, muchos editores y autores perdieron la oportunidad de interesar al público general. La saturación del mercado se hizo evidente en 1983, y muchas revistas de cómic adulto comenzaron a cerrar.
📖 LA PRIMERA PELÍCULA DE CÓMICS EN ESPAÑA 📖 HISTORIA del CÓMIC ESPAÑOL | Victorian Guy
A pesar de la crisis de los noventa y la sustitución del formato revista por el comic book, el siglo XXI ha traído consigo un renacimiento del cómic español. Nuevas editoriales independientes como Astiberri (2001) y Dibbuks (2005) han apostado por la producción de álbumes y novelas gráficas. Autores como Paco Roca, con su obra "Arrugas", y Miguel Gallardo, con "María y yo", han demostrado la capacidad del cómic para abordar temas serios y complejos, obteniendo reconocimiento nacional e internacional. La creación del Premio Nacional del Cómic en 2007 supuso un importante estímulo para el sector, premiando a autores como Max, Paco Roca, Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí.
Hoy en día, el cómic español goza de una gran vitalidad creativa, con autores que exploran una amplia variedad de géneros y temáticas. Aunque la precariedad laboral de los autores sigue siendo un desafío, el cómic ha ganado prestigio y se ha consolidado como una forma de expresión cultural de primer orden, presente en librerías, museos y adaptaciones cinematográficas.