El alma de Meliodas, aún atrapada en las profundidades del Purgatorio, experimenta un despertar emocional. Inicialmente, confunde a Ban con una mera ilusión, una manifestación efímera en su sombrío confinamiento. Sin embargo, la revelación de Ban, quien le confirma ser el verdadero Meliodas, rompe las barreras de la desconfianza. El abrazo que comparten está teñido de lágrimas, un torrente de emociones reprimidas durante siglos de soledad y resignación.
Meliodas confiesa la profunda apatía que lo consumió durante su prolongada estancia en el Purgatorio. Desde que su cuerpo cedió ante la abrumadora oscuridad, se había resignado a un destino inmutable en aquel lugar. La pregunta que surge de esta confesión es crucial: ¿existe una vía de escape? Meliodas, con una chispa de esperanza renovada, inquiere a Ban sobre tal posibilidad. La respuesta de Ban, sin embargo, es desalentadora: él tampoco conoce un camino hacia la libertad.
Ante esta cruda realidad, Meliodas propone una nueva meta para su tiempo compartido: buscar juntos una manera de salir del Purgatorio. Esta determinación marca el inicio de una alianza forjada en la adversidad, un pacto para desentrañar los secretos de su prisión dimensional.

La conversación se adentra en la naturaleza del Purgatorio y sus habitantes. Meliodas explica que existen dos tipos de criaturas en esta dimensión infernal: las "extranjeras", aquellos seres que, al igual que ellos, cayeron en el Purgatorio y quedaron atrapados, y las "nativas", seres que nacieron y evolucionaron en esta dimensión, adaptando sus cuerpos a sus duras condiciones a lo largo de los años.
Ban, reflexionando sobre su propia experiencia, comparte las dificultades que enfrentó durante su primer siglo en el Purgatorio. A pesar de sus extraordinarias habilidades regenerativas, le costó adaptarse y mantener la integridad de su ser. Es en este momento de introspección que la criatura nativa que intentaban capturar se acerca a ellos, impulsada por la curiosidad ante la presencia de los dos guerreros.

Aprovechando la oportunidad, Ban lanza un golpe certero y efectivo contra la criatura. Ambos, con ingenio y determinación, utilizan la piel del ser abatido para fabricar ropa rudimentaria y se alimentan de su carne, asegurando así su supervivencia en este entorno hostil. La necesidad agudiza el ingenio, y la unión hace la fuerza.
La conversación entre Meliodas y Ban toma un giro más estratégico. Ambos encuentran sospechoso que el Rey Demonio haya permitido que su propio hijo deambulara libremente por el Purgatorio sin aparente preocupación por una posible fuga. Esta reflexión los lleva a una conclusión unánime: la salida del Purgatorio debe estar custodiada por el mismísimo Rey Demonio, una barrera final que solo él puede imponer.

EL GRAN POWER UP DE BAN EN EL PURGATORIO
La revelación de la posible custodia de la salida por parte del Rey Demonio añade un nuevo nivel de desafío a su búsqueda. No solo deben encontrar un camino, sino que también deben prepararse para enfrentarse a la figura de mayor autoridad en el inframundo.