La popularidad de Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba ha alcanzado niveles estratosféricos en los últimos años, consolidándose como un fenómeno cultural no solo en Japón sino a nivel mundial. Tal es su impacto que incluso ha captado la atención de la más alta esfera política del país nipón. Fumio Kishida, el nuevo Primer Ministro de Japón, ha revelado ser un gran admirador de esta aclamada franquicia, prometiendo además tomar medidas para mejorar las condiciones de la industria del anime y manga.
Kishida, quien recientemente asumió el cargo de centésimo Primer Ministro de Japón tras ganar la Elección Presidencial del Partido Liberal Democrático, confesó en una entrevista su afición por el manga Kimetsu no Yaiba. A pesar de no haber visto la adaptación animada, el político ha leído todos los tomos de la obra, declarando que su personaje favorito es Akaza, la Tercera Luna Superior de los demonios.
"No he visto el anime, pero he leído todos los tomos de Demon Slayer: Kimetsu No Yaiba. Mi personaje favorito es Akaza", afirmó Kishida.

Esta declaración no solo subraya la influencia cultural de Demon Slayer, sino que también genera expectativas sobre el futuro de la industria del entretenimiento en Japón. Kishida ha manifestado su intención de impulsar este sector, buscando aumentar los salarios y mejorar las condiciones laborales de los artistas y creadores que trabajan en el ámbito del manga y el anime. Esta promesa surge en un contexto donde han surgido denuncias sobre explotación laboral en estudios de animación, lo que hace que la iniciativa del Primer Ministro sea vista como un paso favorable para una industria en constante expansión global.
La pasión de Kishida por Kimetsu no Yaiba se remonta a su lectura completa de los volúmenes del manga. Su personaje predilecto, Akaza, es conocido por su fuerza y su compleja moralidad, un personaje que protagoniza momentos cruciales en la trama, como la emotiva pelea en la película Kimetsu no Yaiba: Mugen Train. De hecho, una de las frases más resonantes de la película, pronunciada por Kyoujurou Rengoku, el Pilar del Fuego, durante su enfrentamiento con Akaza, encapsula una filosofía de vida que parece haber calado en el Primer Ministro: "Las personas que nacieron bendecidas con mejores habilidades que los demás, deben usar su poder para el mundo, para la gente. Lastimar a los demás con el poder con el que uno fue bendecido desde los cielos, y ensuciar sus ropas con ello es imperdonable. Es obligación de los fuertes proteger a los débiles."

La elección de Fumio Kishida como Primer Ministro y su declarada afición por Kimetsu no Yaiba son, sin duda, buenas noticias para los millones de seguidores de este género. La obra de Koyoharu Gotouge ha trascendido generaciones y gustos, demostrando que las historias cautivadoras pueden conectar con audiencias diversas, independientemente de su edad o profesión.
La promesa de Kishida de trabajar para mejorar los ingresos de quienes se dedican al manga, el anime y el cine es particularmente significativa. La vida de los mangakas y animadores a menudo se caracteriza por un gran sacrificio personal y, en muchos casos, por condiciones laborales precarias. En una época dorada para la internacionalización del manga y el anime, con éxitos como Tokyo Revengers y Jujutsu Kaisen, es fundamental que Japón tome conciencia y ofrezca las condiciones adecuadas a sus creadores.
La sinopsis de Kimetsu no Yaiba narra la historia de Tanjiro Kamado, un joven cuya vida se ve truncada por un demonio, Muzan, que asesina a su familia y convierte a su hermana Nezuko en uno de ellos. Impulsado por el deseo de vengar a sus padres y encontrar una cura para su hermana, Tanjiro se embarca en el peligroso camino de convertirse en un cazador de demonios.
Kimetsu no Yaiba no debía ser un éxito
La conexión entre la cultura popular y la política se hace evidente una vez más, demostrando el poder del entretenimiento para influir y generar cambios. La admiración de Fumio Kishida por Kimetsu no Yaiba no es solo una anécdota, sino un reflejo de la importancia que el anime y el manga tienen en la identidad cultural de Japón y su proyección internacional.

El camino de Kishida en la política, ahora como Primer Ministro, abre una ventana de esperanza para la mejora de la industria creativa de Japón. Solo el tiempo dirá si estas promesas se traducen en acciones concretas y duraderas, pero el simple hecho de que un líder de tal magnitud reconozca y se comprometa con este sector es un paso significativo.