Adrián Bago: Un Héroe del Tebeo Valenciano Independiente

Adrián Bago es una de las voces más personales del cómic independiente actual. Nacido en Valencia hace 33 años, conduce en dirección contraria en el circuito del cómic de autor, ajeno a las “normas” que demandan abstracción, sencillez, masas de color y geometrías, propuestas artísticas, la imagen como único dios, lo masticable como dieta obligatoria y tochos a todo color como único formato válido.

En los tebeos de Bago hay muy poco de todo esto. Abundan los discursos eruditos y políticos -comunistas-, referencias literarias, el dibujo académico, la crónica de una precariedad sistémica, de peticiones desplazadas y de frustración, bañadas en un humor ácido en el que, con frecuencia, la mayor crueldad la ejerce contra sí mismo.

Ilustración de Adrián Bago con elementos de sus cómics

Inicios en el Cómic Erótico y la Industria Editorial

La trayectoria de Bago en el mundo del cómic comenzó al conocer a Sergio Bleda, el primer autor de cómics profesional con el que tuvo contacto. Le pasaba lo que iba dibujando a Bleda para concursos y cosas así, hasta que con dieciocho años, y en primero de carrera, Bleda le sugirió preparara una prueba para el Kiss Comix, de La Cúpula, ya que pagaban bien y podría llegar a hacer una historieta al mes.

Nunca había dibujado porno y no era un género que consumiera más allá de la necesidad onanista, así que se procuró algunos álbumes y Kiss antiguos e intentó hacer algo parecido. Las dos primeras historietas fueron un desastre, no tenía el pulso cogido y eran bastante flojas, porque no solo hay que hacer una historieta porno, sino hacer una buena historieta corta, que haya un gag o algo por el estilo que haga que el lector aguante la lectura. A la tercera, algo hizo clic y la historieta le dio la sensación de que funcionaba, que tenía gracia y no estaba horriblemente dibujada.

Se imprimió unas copias y llamó a La Cúpula, diciendo que era de Valencia y que le gustaría enseñarles una muestra para el Kiss, que le tendrían allí el viernes y así aprovecharía y pasaría el fin de semana con un colega en Barcelona. Le recibió Emilio en la antigua oficina de La Cúpula, en plaza de las Beatas. A pesar de los nervios, el miedo y el tartamudeo, Emilio se puso a mirar las muestras, comentó algunas viñetas, pidió unas leves modificaciones y le dijo que saldría para el especial de verano.

Con el Kiss no participó en ningún sarao de ese tipo. Tiempo después sí que le contactó MacDiego para una exposición de material erótico y pornográfico que organizaba en varias salas de Valencia. Por participar le dieron entradas para el salón del porno que se celebraba en esos días en Valencia. Fue una experiencia un poco rara; fue con Mik Baro a ver qué se cocía, pero la verdad es que es bastante turbio todo el rollo. Y los espectáculos de sexo en vivo daban un poco de asco, como si todo lo dirigiera Todd Solondz.

Portada de un cómic erótico de estilo similar a Kiss Comix

La Representación del Sexo y la Intimidad en su Obra

En los tebeos de Bago ha quedado parte de esa lubricidad; los chochos y pollas que dibuja siempre están chorreantes y llenos de vida. Una de las cosas que se le quedó grabada de su entrevista con Emilio para el Kiss fueron las indicaciones de la “guía de estilo”, que se pueden resumir en que todo esté húmedo, las pollas con muchas venas, y, si puede ser, que ellas lleven tacones. Así que seguro que algo se ha filtrado. De todas formas, también es un acto consciente de representación del sexo. No quiere que luzcan como los típicos polvos de tebeo indie ni tampoco con la superespectacularidad de un porno que más parece de superhéroes o gimnasia erótica. Intenta plasmar el sexo con la complejidad que tiene; hay algo de violencia, de amenaza y de fracaso en tanto placer, que le parecería una ofensa a la verdad no mostrarlo.

Evidentemente, al haber mucho de autobiográfico en su trabajo, tanto en Sicofante como en Bibelots, dicha polla es, muchas veces, la suya; y no es ni de lejos lo más íntimo que desvela. No ha ido al psicólogo en su vida y está convencido de que eso es un problema. Y lo peor de todo es que su pareja es una gran psicóloga y sexóloga; vamos, que no tiene perdón de dios. Pero de alguna forma, esa neurosis en la que vive hace de motor para los tebeos, que le acaban haciendo la función de terapia. Aunque cree que la palabra idónea es exorcismo. Ha encontrado en los cómics una saludable forma de sublimación en la que se encuentra cómodo. Es duro escribir ciertas cosas y es difícil representar gráficamente otras, pero es como uno de esos granos que están por dentro: duele mucho y luego sale sangre y se te queda herida y marca, pero, ¡joder, qué a gusto se queda!

Respecto a cómo convivir con eso, es fácil cuando uno hace tebeos y sabe que apenas va a tener trascendencia. Ve mucho más complicado cómo la gente convive con las idioteces que escribe en las redes sociales ante miles de personas.

Detalle de una viñeta explícita de Adrián Bago

El Comunismo como Motor Ideológico y Artístico

Otra constante en la obra de Bago es el comunismo. Comunismo old school, además, sin concesiones ni aperturismo. Es comunista y militante del PCE -aunque sea un opositor interno a la línea directiva que lleva actualmente-, y considera que parte de su militancia es trasladar el pensamiento a su obra. Hoy día, no hay capacidad para una verdadera transformación democrática y socialista de la sociedad, es absurdo pensarlo. Cree que ser comunista ahora implica más mantener la antorcha encendida que prenderle fuego a la mecha, por así decirlo.

El marxismo está prácticamente erradicado de la línea de pensamiento actual, de ahí esos mutantes electorales como Compromís, Podemos o la propia Izquierda Unida. El cambio no puede estar en lo electoral y, hoy día, parece que es el único escenario en el que se puede trabajar, por lo que se va jodido. Esa es una de las grandes falacias de las democracias representativas capitalistas: supuestamente. permiten una oferta electoral que hasta vaya en contra de su propia ontología, pero luego a la hora de la verdad es imposible hacer nada porque nadie puede hacer nada. No se puede legislar sobre las exigencias mercantiles de los grandes entramados económicos. Solo se puede gestionar lo que se extrae a los ciudadanos con los impuestos, ya está. Pero sí cree que antes o después se volverá a armar una masa popular suficiente para arrancar cambios estructurales.

Símbolo del comunismo integrado en un diseño de cómic

La Independencia en el Cómic y la Crítica al Mercado

En esta época en la que el mercado ha arramblado con todo es muy difícil usar las definiciones clásicas de términos como underground o independiente. Originalmente, el underground era todo aquello que no se distribuía por los canales tradicionales. Aquí en España, por la “ley Fraga”, que para imprimir cualquier cosa se necesitaba de una autorización, el underground como tal nunca existió más allá de La Piraña Divina, de Nazario, que le valió el secuestro del fanzine por la Guardia Civil y “exiliarse” unos meses a Ibiza hasta que se calmara la cosa. Pero, hoy día, todos usan Instagram, todos están en las tiendas o en FNAC o El Corte Inglés. Entonces, más que una cuestión material se trata de una diferencia más bien intelectual. Ser independiente implica más estar ajeno a las ventas o a las modas, no entender a los lectores como consumidores sino como cómplices, cómplices de discursos alternativos, de fórmulas no basadas en el típico relato burgués de introducción, nudo y desenlace o de estilos que tratan de ser bonitos.

Formato y Profundidad en la Narrativa Gráfica

El último tebeo de Bago, Bibelots, vuelve a los formatos de extensión media-breve, un formato un tanto anacrónico en el cómic actual. Él se considera un tío que hace los tebeos en papel y con pincel y plumilla; ¡si hasta rotula a mano los textos de los bocadillos! Él es el anacrónico, el tebeo, el pobre, es solo una consecuencia de su cabezonería. Pero la cuestión es que cree firmemente en que la extensión corta va de lujo para el cómic. El cómic es un medio muy dado a la relectura, y eso permite en muy poco espacio condensar muchísima información e incluso contradecirla, escribiendo una cosa en los textos y dibujando otra, por lo que se puede crear cierto entramado complejo de vaivén literario muy interesante. Le gusta hacer tebeos que esconden cosas, que cada vez que los lees descubres algo. No le interesa hacer tebeos en que el final es lo que importa; le gusta una experiencia más global de lectura. Y hay muchas obras maestras de cómics cortos, desde la mítica Master Race, de Feldstein y Krigstein, hasta el Love Strip, de Mora, García y Carlos Giménez para Las Crónicas del Sin Nombre, pasando por esa genialidad que es Caricatura, de Daniel Clowes.

Por el contrario, su anterior obra, Sicofante, sí que era un novelón gráfico si se permite la expresión. La extensión de Sicofante es larga, es un tour de force emocional que necesitaba sacarse de encima. Una vez hecho Sicofante ya puede hacer otras cosas. Pero necesitaba ese ejercicio de investigación yoica, necesitaba releer su vida reciente y vomitarla, por supuesto, con mucha ficcionalización, que nadie se tome el cómic como una autobiografía estricta. Siempre dice lo mismo: le parece más interesante en el arte la veracidad que la verdad. Y trató de hacer un tebeo veraz con todo lo que eso implica: aburrimiento, tedio, repetición, repulsión, humor, etc. Trató de hacer una panóptica emocional de su estado anímico del momento que también sirviera para los demás, puesto que cree que, más o menos, todos sufren los mismos avatares aunque se dediquen a cosas distintas. Les une mucho más la clase social que cualquier otra cosa.

Comparativa de formatos de cómic: corto vs. novela gráfica

El Proceso Creativo y la Autoexploración

El tema de los títulos tiene su intríngulis, no se crea. No es algo que le obsesione, pero le gusta que sean sonoros y que representen bien al tebeo. No los pone al empezar, simplemente va haciendo el cómic y hay un día que se le ocurre el nombre perfecto.

Además de dibujante-ilustrador, toca la batería, cosa que, cuando habla de sí mismo en sus tebeos, nunca menciona. Es una cosa curiosa que nunca salga en sus tebeos su faceta de tamborilero yeyé. No había caído en eso y la única explicación que puede dar es que la música le hace de lugar no neurótico en su vida. No aspira a ser profesional, simplemente a pasarlo bien y tocar buenas canciones y que le gusten. No tiene tanta presión como en el trabajo diario de dibujante y, al final, el local de ensayo se convierte en un búnker emocional donde poder beber cerveza con los amigos y sudar un poco, que falta le hace porque no hace una mierda de deporte. Actualmente toca en un grupo de pop psicodélico -aunque tienen ramalazos garage, porwerpoperos, …- que se llama Los Largos.

El mogollón de carteles y portadas de discos que ha hecho, llegan más por su faceta de ilustrador. Suele ser que una portada o cartel llama a otro. Alguien vio lo de Futuro Terror y pensó que cuadraría para su grupo. El margen para la incoherencia lo lleva ya de fábrica, la contradicción es parte de su esencia. Pero en general haciendo gráficas para grupos no suele pesar tanto lo económico; reconozcámoslo: si hay un sector aún más pobre que el de los tebeos es el de las bandas de música. Él solo ha trabajado con bandas más o menos modestas o alternativas; nunca una banda de estas de cartel de festival indie -que son siempre los mismos- se ha puesto en contacto con él. Y respecto a con quién no trabajaría, pues, mira, actualmente no puede elegir el desechar curros, no tiene esa capacidad. Pero, a ver, si le viene Bertín Osborne y le paga una mierda, pues se va a tomar por culo, por supuesto.

Volviendo a los temas que apenas tienen presencia en sus tebeos, están las drogas. Siendo él un mozo que no le hace ascos a nada, no recuerda en sus páginas algo más allá de alguna raya despistada, aparte del trasiego de whisky y otros alcoholes, claro. Esto es una cosa que, como lo de la música, tampoco lo tiene muy analizado. Quizá sea por cierto pudor o por no encontrar la justificación narrativa, porque tampoco quiere caer en un rollo así de mostrar el consumo de drogas por mostrar. Sí que es cierto que él, al ser medio alcohólico, pues el alcohol está muy presente en su obra, un poco como en las pelis de Cassavettes, que siempre tienen una copa en la mano, y también lo ha aprovechado casi como gag personal, y el personaje de Sicofante está construido sobre eso. Las drogas las entiende más como una cuestión recreativa y no terapéutica -un poco la labor que hace el alcohol en su persona-, que no tiene tanto rollo ridículo-decadente como el dipsómano compulsivo neurótico en el que ha convertido a su personaje.

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