El Viaje de Farnat: De la Soledad a la Fortaleza Inquebrantable

La vida de Farnat estuvo marcada por la ausencia de sus padres, quienes, debido a sus ocupadas vidas de soldados, apenas estuvieron presentes. Fue criado por su hermano mayor, Guo, y desde joven luchó con la adaptación y la socialización. Su tamaño reducido para su edad y la incapacidad de hablar, comunicándose solo a través de señas, lo sumieron en una profunda soledad. Sin embargo, Guo le brindó esperanza al llevarlo a presenciar sus habilidades de combate en un torneo militar.

Perdido entre las afirmaciones del torneo, Farnat fue sorprendido por el estruendo de la campana que marcaba el inicio de un intercambio de habilidades. Se apresuró a observar a los retadores, cautivado por un espectáculo completamente nuevo. No solo la ferocidad de los golpes, sino la explosión de adrenalina lo mantenían absorto. Se preguntó cómo algo ajeno a él podía evocarle tanta emoción, y antes de darse cuenta, la tensión lo había llevado a tamborilear frenéticamente los dedos.

El torneo prosiguió sin perder la chispa. Los luchadores variaban su estilo de combate: algunos confiaban en su fuerza bruta, otros portaban armas de corto alcance, y los más avanzados utilizaban el ki, una energía que solía materializarse. La raza de Farnat prefería acumularlo dentro de sus músculos para potenciar los golpes, una práctica que requería un control absoluto. De hecho, una de las contiendas había terminado en tragedia cuando el antebrazo de un participante explotó por una mala ejecución de la técnica.

Ilustración de un torneo de combate con guerreros utilizando energía ki.

Tras las pruebas, y con su hermano siendo tomado como discípulo por un soldado, Guo le mencionó a Farnat que, si decidía entrenar para ser soldado, lo tomaría como alumno. "Si hago todo al pie de la letra, no tardaré muchos años en volverme soldado", especuló. "Y cuando eso pase, tú tendrás la edad suficiente para volverte mi escudero". La mirada del menor se llenó de gozo; intentaba expresar su alegría con las runas, pero sus dedos tambaleaban torpemente. "No tienes que sentirte solo".

A partir de ese momento, Farnat se esforzaría en entrenar arduamente para volverse más fuerte. Sus entrenamientos eran precarios, utilizando únicamente los elementos naturales a su favor y retándose a sí mismo. Ese día, tenía planeado hacer un banquete para Guo, quien llegaría al anochecer tras un largo tiempo fuera del planeta. También planeaba acercar a sus hermanos: en el tiempo que había vivido solo con Harbin, el hijo del medio, notó su gran trabajo en tareas de las que ni Farnat ni el resto de su familia tenían idea, como la gastronomía o el cuidado de animales.

Parecía un comportamiento lógico, tomando en cuenta lo disfuncional de su círculo familiar. Sin embargo, Farnat se hacía una idea de dónde venía este conflicto. Harbin había nacido con buenos dotes para el combate, era más robusto que sus hermanos y bueno manejando armas pesadas. Aun así, nunca tuvo interés en el combate y prefirió el camino de la agricultura, ayudando a mantener las cosechas y la salud del suelo.

Harbin se negó rotundamente, así que Farnat escapó para obligarlo a que lo siguiera. Su plan funcionó, y Farnat lo esperó en la cueva de una criatura hasta que lo vio llegar con armamento de caza, algo fácil de conseguir en una casa donde los soldados guardaban sus herramientas. Su compañero acudió rápidamente, sacando los pocos elementos que quedaban en la bolsa. Con una soga anudada, la lanzó hacia una de las esqueléticas patas y tiró lo más fuerte que pudo, intentando darle tiempo al chiquillo. Al final lograron matarlo, y al regresar, Harbin regañó severamente a Farnat, al punto de casi golpearlo. Aun así, Farnat quiso hacerle saber que sus intenciones no eran malas y estaba arrepentido de su error.

Tiempo después de haberse retirado de la sala principal, Harbin se dio un tiempo para observar a la gigante criatura, preguntándose por qué habían llegado a todo eso. Encontró allí mismo la respuesta a su duda. Su compañero de vivienda no sabía dibujar bien, así que solo se veían palos con cara, pero con características lo suficientemente específicas para reconocer de qué se trataba: se veían a los dos hermanos mayores tomados de la mano, con Harbin sosteniendo lo que parecían ser utensilios de cocina y un plato de comida bastante precario. Los detalles infantiles lo obligaron a soltar una carcajada, pero luego quedó reflexionando.

"¡Farnat, ven aquí!" Al instante sintió los pasos apresurados del guerrero, y luego de sonreirle amistosamente, lo tomó de la espalda, se sentó y apoyó al menor cabeza abajo en su regazo. Alzó la mano, y con la palma abierta, repartió varios golpes en el trasero del pequeño, que parecía querer llorar. "Cachorro malo, muy malo. No vuelvas a hacer eso". Lo soltó luego de unas cuantas repeticiones, dejándolo sollozar mientras se frotaba la retaguardia.

Se encargaron de cocinar la carne del monstruo y terminaron a tiempo para la llegada de Guo. Farnat se sintió satisfecho cuando el primogénito le hizo un cumplido, y la velada transcurrió normalmente. El guerrero le contó sobre sus aventuras fuera del planeta e hizo alarde de una misión importante a la que sería asignado junto con su padre, quien lo entrenaría para la misma. Farnat, que conocía al estricto maestro de su hermano, se extrañó y se lo planteó. Guo solo dijo que se había molestado y renunciado -tenía fama de estar loco-. A Farnat no le convenció e hizo otra pregunta sobre qué tan peligrosa era dicha misión.

Imagen de un guerrero contando historias a un niño.

Posteriormente, llamó a entrenar a su hermano, con tal de mostrarle su progreso y poder sacarle algún consejo o aprendizaje. No duró mucho, sin embargo, debido a la condición de su brazo. Entonces Guo le propuso darle una medicina que utilizaban los soldados para curarse rápidamente; tras aplicársela en la zona del dolor, Farnat cayó dormido en minutos por el alivio y efectos placebos.

"Parece que Farnat quiere que nos llevemos bien".

"No veo eso posible".

"Tienes toda la razón". Prosiguió: "No me caes en gracia, pero hiciste un buen trabajo cuidando de Farnat y te estoy muy agradecido". Colocó una mano en el hombro contrario. "Cuidalo mucho".

"Lo haré pase lo que pase". Prometió.

"Prometo intentarlo".

Unos meses más tarde, Farnat habría logrado progresar en su relación con Harbin, y ahora eran más cercanos. No obstante, el más joven se encontraba preocupado por su hermano mayor, que aún no había vuelto de su misión, la cual se había retrasado. Entonces, lo vio, y su corazón dejó de palpitar.

Los singani, colonizadores por naturaleza, solían visitar planetas que no estaban bajo el régimen de nadie o no poseían gran esperanza de supervivencia. En un principio, trataban de tomar el poder pacíficamente, pero si la negociación no prosperaba, se veían obligados a tomarlo por la fuerza. La mayoría de estos mundos aceptaban a la primera, por el miedo que les causaba su raza, o porque el trato era bueno.

Mapa estelar mostrando rutas de colonización.

Tras una introducción de los singani como una raza colonizadora por naturaleza, y las guerras que los habían estado debilitando en los últimos años, la narrativa nos sitúa en la situación actual de Farnat: destrozado por lo que había sucedido. No solo porque sus lágrimas no salían, sino que no era capaz de sentir nada ante la muerte de su padre. Se sentía vacío, ya no tenía deseos de formar parte del ejército y, sin ninguna meta, había perdido toda su voluntad. La única familia que le quedaba era su hermano, ya que su madre había desaparecido tras escuchar la noticia, y lo más seguro era que muriese al igual que su padre.

Harbin trató de levantarlo, alentarlo a seguir, y con el paso del tiempo, logró que Farnat formara parte del equipo de agricultura. Pese a que había adoptado una actitud holgazana y desanimada, de a poco se fue adaptando a ese estilo de vida, hasta estar lo suficientemente a gusto. Con el paso de unos años, se fue acostumbrando a este estilo de vida.

Farnat era ya un puberto, más cerca de la adultez, y se encontraba pasando un rato ameno con su hermano, demostrándole su fuerza en un juego de pulseadas que termina ganando. Se conservaba bien físicamente ya que seguía entrenando a escondidas, solo por hábito. Aquí se ve que ya es capaz de dominar la Sobrecarga de Ki, y es interrumpido por un hombre ciego, que al principio no reconoce, pero se da cuenta que se trata del antiguo maestro de su hermano, aquel que se rumoreaba le faltaba un tornillo.

Tienen una pequeña charla, donde este le cuenta su versión de los hechos, recalcando que su hermano carecía del potencial que tenía él. Ya había escuchado hablar sobre su habilidad y métodos más rústicos de entrenamiento, y ahora que lo observaba por sí mismo, quería ofrecerle ser su maestro, pese a que se encontraba ya retirado. Le da tiempo para pensarlo, y al regresar a casa, encuentra a un Harbin preocupado, al que decide confiarle su historia luego de que este confiesa que sabe de sus entrenamientos secretos.

Por último, y lo que había estado omitiendo por un rato, le tocó despedirse de su hermano.

"¿Ya debes irte?", preguntó Harbin, estando enterado de su situación. A lo que Farnat asintió con la cabeza. "Entiendo". Acercándose, envolvió al menor en un abrazo que más tarde fue correspondido. "Cuídate allá afuera, y... Farnat", dijo, cortando el gesto para mirarlo directamente. "Prométeme que no morirás; solo así podré quedarme tranquilo".

¡Hazan se ha reunido con su familia! - Mar Negro Capítulo 184 | Fugitiva

Farnat y su maestro llegan a un planeta desierto, totalmente envuelto en un clima helado, ideal para proseguir su evolución, aunque no era del agrado del friolento joven, ya que su pelaje no estaba del todo desarrollado. Allí entrenó sobre todo su mente, logrando dominar su cuerpo a través de sus mismas emociones; todos los días debía retarse a salir de su zona de confort, acostumbrándose a bañarse en agua helada y soportando el frío sin algún tipo de abrigo, cazando su propia comida, y pudiendo descansar únicamente una parte del día al refugiarse en una cueva donde la tormenta no le diera de lleno.

Cuando había pasado alrededor de un año siguiendo este régimen, su maestro comprendió que estaba listo para enfrentar su última prueba. Pero antes, y por el cariño que le había tomado a su estudiante en ese tiempo, se vio obligado a preguntarle por sus sentimientos respecto al camino que había decidido tomar hasta ese momento. De estar conforme, podrían proseguir con lo planeado, de otro modo, no tenía porqué obligarse a continuar.

"Antes de irnos, Farnat, tengo una pregunta para ti", añadió el maestro, caminando hacia la nave. "¿Estás completamente satisfecho con las decisiones que has tomado hasta ahora en tu vida?". La expresión turbia del muchacho ante la repentina pregunta era comprensible, así que trató de explicarse. "Has pasado por mucho para llegar aquí, pero una vez que lleguemos a nuestro destino, no habrá marcha atrás, créeme. Quiero que pienses un momento si sientes que el camino que has tomado merece cualquier pena". Viendo que solo había logrado estresar más a su alumno, decidió suavizar sus palabras.

El singani relajó los hombros, quitándose todo el peso que había estado cargando desde que comenzó su entrenamiento.

Por un lado, Ron cuenta cómo en sus años como soldado, se había topado con un planeta inhóspito junto a su tropa. Decidieron descender en este, viendo que el lugar estaba bien cuidado y era imposible que nadie viviese ahí. Son atacados por un habitante, al cual matan sin problema, y encuentran en su cadáver un curioso signo representando una pirámide invertida. Uno de los reclutas reconoce dicho signo y asegura que tiene relación con los dioses y una raza guardiana de los mismos. Se mofan de él y sus conspiraciones místicas, y siguen adelante con la intención de acabar con aquellos seres.

Gracias a su olor, los encuentran, sin embargo, son más duros de matar de lo que hubieran pensado, y Ron terminó siendo el único sobreviviente de su tropa. Había pensado que lo matarían, pero lo dejaron huir justo luego de que se había resignado a su muerte, únicamente destruyeron su nave. Pasó un tiempo largo sobreviviendo en el planeta, y se dio cuenta de lo duro y salvaje que era ese lugar. Un día, los habitantes del planeta lo encontraron. Al principio, Ron pensó que lo atacarían, pero fue llevado a una cueva infiltrada entre la vegetación, donde pudo ver la habitación donde se realizaban los rituales y comprender la existencia de los dioses, y junto a lo que había aprendido en el planeta, darse cuenta de la magnitud de la situación. "Creí que había entendido todo, hasta que lo vi. Con eso, el rompecabezas estaba completo; estaba en lo cierto, todos nos habíamos vuelto débiles, y nuestro universo se encontraba condenado por eso, pero existía una salida, y la tenía frente a mí. Dediqué el resto de mi vida a buscar a la persona indicada; gané una mala reputación por eso, todos comenzaron a creer que mi viaje me había hecho perder la cordura y me vi obligado a dejar el servicio varias veces."

Símbolo de pirámide invertida.

En contraste, se mostraría el presente, donde Farnat pasa sus días tratando de superar las adversidades de aquel planeta, dándose cuenta con el paso del tiempo que la naturaleza del mismo parece ir en su contra. Sería atacado por criaturas superiores a los monstruos de su hogar, y el clima lo pondría a prueba nuevamente, esto sumado a que la falta de alimentos vegetales lo obligarían a cazar y gastar energías con regularidad, y dejar de hacerlo por ciertos periodos para recuperar fuerzas o evitar una sobreexplotación de recursos. No podía quedarse demasiado tiempo en un lugar por temor a ser atacado mientras dormía, así que estaba en constante movimiento.

Estos eventos lo llevaron a la misma cueva que antes vio su maestro, y comenzaron un ritual de fuego donde su pecho fue traspasado profundamente por un cuchillo, formando tres marcas que representarían una pirámide invertida. Posterior, la agonía emergería en el singani, y es ahí donde el ritual daría inicio. No era solo el dolor, sino voces resonando en su cabeza, imágenes sin sentido pasaban una detrás de otra, solo para incrementar su tormento.

Farnat se dio cuenta de que los Guardianes habían desaparecido, y deduce que se debe a que ya habían cumplido con su labor, y pensó lo mismo de su maestro, quien tan prolongada vida había tenido. Allí se reencuentra con su hermano, y se pone al día con este; pese a tratar de ser sincero, el semidiós se encontraba incómodo y perdido, omitiendo detalles importantes. Fue al lugar donde el ejército festejaba sus victorias.

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