“¡Fuera tu hierro!”, bramaba el Guerrero del Antifaz cuando chocaba su espada con la de un enemigo. Este héroe de tebeo, siempre dispuesto a luchar contra el malvado de turno, vio publicado su primer número hace 80 años, el 24 de octubre de 1944, nacido de la imaginación de Manuel Gago García (1925-1980).
Ahora vuelve a mostrar sus músculos y a ocultar su identidad en las librerías. La editorial Dolmen ha cogido el testigo del personaje -cuyo autor se inspiró, entre otros, en Flash Gordon-, con la recuperación de sus 13 primeras entregas en un volumen en blanco y negro y formato apaisado, como el original. Además, está publicando volúmenes que seleccionan sus últimas aventuras, las de 1979 y 1980.
Gago, el creador del Guerrero, fue un niño aficionado a la lectura y a dibujar, el mayor de cinco hermanos, que había tenido que dejar los estudios para ponerse a trabajar con solo 14 años porque su padre, capitán del Ejército de la República, estuvo tres años encarcelado por el franquismo tras la Guerra Civil. Con la familia en Albacete, procedente de Madrid, en 1942 le publicaron su primera historieta, pero poco después enfermó de tuberculosis. Sus hermanos le llevaron un tablero al sanatorio y desde allí enviaba sus propuestas a editoriales de Valencia y Barcelona. “Tras salir, dibujaba en casa, en una hamaca, con un tablero encima”, recordaba el propio autor.
Con 18 años publicó el cuadernillo El Juramento Sagrado, en la Editorial Valenciana, ambientado en la toma de Granada por los Reyes Católicos e inspirado en una popular novela, Los cien caballeros de Isabel la Católica (1931), de Rafael Pérez. Era el germen de El Guerrero del Antifaz.
En un momento de escasez de papel y pocas licencias para publicar, nada presagiaba que en octubre de 1944 comenzaría una singladura de 22 años y 668 números. La censura franquista dio el visto bueno a la publicación de la Editorial Valenciana porque consideró que no atacaba “a la moral ni al régimen” ni tenía “valor literario o documental”.
En esas viñetas iniciales, ya con su popular grito de “¡Voto a bríos!”, cuando entraba en combate, había mucho texto y un trazo sencillo para contar cómo el conde de Roca vive en la desdicha desde que el malvado Alí-Kan, jefezuelo árabe, ha raptado a su esposa, embarazada. Años después, un misterioso joven anuncia al conde que su mujer fue asesinada por Alí-Kan, pero que antes de morir le reveló a él quién era. Sin embargo, el muchacho no puede quedarse con su padre porque durante años ha combatido del lado musulmán contra los cristianos. Así que para redimirse da un vuelco a su vida y decide pelear contra los moros, pero por su cuenta, porque los cristianos lo ven como un renegado, y decide hacerlo enmascarado. Ha nacido el Guerrero del Antifaz, de cuyos números más exitosos se llegaron a distribuir 800.000 ejemplares, informa Dolmen.
El tebeo, gracias a los niños de la posguerra, se convirtió en un éxito hasta el punto de que la familia se trasladó en 1946 a Valencia, donde estaba la editorial, que registró el nombre del héroe, algo que provocaría dolorosas consecuencias para Gago en el futuro. Este, como otros dibujantes de aquellos años, se multiplicaba para crear nuevos personajes, a lo que se sumó que el Guerrero pasó de quincenal a semanal.
Manuel Gago Quesada, hijo del dibujante, recuerda a su padre “pegado a su tablero desde las 9 de la mañana a las 12 de la noche, solo descansaba para comer”. Mientras que su hija se acuerda de verlo en la habitación dibujando en un tablero “colmado de lápices, plumillas, tinta china y otros utensilios” mientras ella estudiaba en una pequeña mesa a su lado. “No hablaba mucho. Tenía unas cuartillas en las que hacía dibujos y debajo ponía algo sobre el personaje”. Salazar apunta que el dibujante estaba tan afanado que hasta después de 200 números no se le ocurrió el nombre del personaje: Adolfo de Moncada.
En los sesenta, los tebeos caen en ventas en España. Según la editorial Dolmen, fue por la televisión, pero Salazar ve otra causa. “Hasta los cincuenta, el franquismo no se ocupaba de las publicaciones infantiles, pero luego empezó a catalogar si tenían que ser para niños o para público juvenil, y se censura: había que suavizar la violencia, quitar algunas expresiones...”. La hija de Gago cuenta que oía bromear a su padre: “No sé si esto lo va a admitir el padre Vázquez”. Luego supo que se refería al apellido del censor.
A esto se sumó que “a la industria del cómic le salía más económico traer material de fuera que crearlo”, añade Salazar. El Guerrero desaparece en 1966 y Gago tiene que abrir una librería y se reconvierte en representante de la venta de cromos de una editorial que había creado con sus hermanos.
En 1972, Editorial Valenciana reedita desde el primer número las aventuras del héroe, pero en color y formato vertical, y repite triunfo, a pesar de las reticencias del propio Gago. El dibujante combina las historietas de su personaje favorito con las de otros y a partir de 1979 se editan nuevas aventuras. Su actividad es extenuante.
A comienzos de 1980 le llegó una propuesta que le ilusionó: llevar al Guerrero al cine. “Vino a casa con un cheque de un millón de pesetas de anticipo”, dice su hija. “Estaba contentísimo, pero cuando lo estaba contando sonó el teléfono y era de la editorial, para decirle que ellos tenían registrado el personaje y que no se iba a hacer la película. Mi padre rompió el cheque en ese mismo momento”.
Tras ese gran disgusto, las aventuras del Guerrero terminarían con la muerte de su creador. Enfermo, Gago vuelve, como de chaval, a dibujar desde la cama del hospital, pero esta vez no se recupera y fallece el 29 de diciembre de 1980, a los 55 años. Con el material anticipado, la editorial estiró al personaje hasta el 7 de febrero de 1981. El último número se titulaba La tragedia. Eran las últimas de las 27.000 páginas dibujadas por Gago.
Desde entonces, El Guerrero del Antifaz ha resucitado varias veces con resultado dispar y ha recibido tributos, como el de Carlos Giménez, autor de cómics míticos como Paracuellos o Los profesionales, en el que retrataba, precisamente, la dura vida del dibujante de tebeos en España. Giménez escribe, en uno de los nuevos volúmenes del Guerrero, que en la posguerra española “este fue, sin duda, el personaje que más éxito tuvo”.
Los tiempos difíciles llevan consigo la necesidad de evasión. En España ese momento llegó en los duros años de la posguerra. Hubo muchísimos autores que aportaron su grano de arena a este recordado periodo de nuestra historia tebeística y cultural. Pero sin duda el más prolífico fue Manuel Gago (1925-1980), en cuyo haber figuran decenas de series de aventuras ambientadas en las más diversas épocas: la Prehistoria (Purk, el hombre de piedra, 1950; Piel de Lobo, 1959), el siglo XVIII (El Espadachín Enmascarado, 1952) o el Salvaje Oeste (El Pequeño Luchador, 1945) por nombrar sólo las más conocidas.

Más allá de su validez artística, El Guerrero del Antifaz ha servido de objeto de agrias polémicas entre aquellos que ensalzan apasionadamente sus méritos y los que lo tachan de herramienta de la dictadura y símbolo de la España más retrógrada. Así que no resulta fácil encontrar comentarios que analicen la obra con distanciamiento ideológico y sin el entusiasmo propio de la nostalgia por los sueños de la niñez.
“Una de las razones del inmenso éxito de ‘El Guerrero del Antifaz’ radica en su narrativa continua. A diferencia de obras como ‘Roberto Alcázar y Pedrín‘, donde las historias comienzan y terminan en el mismo cuaderno, ‘El Guerrero del Antifaz’ propone una saga sin fin. Este enfoque sigue la tradición de la novela por entregas del siglo XIX. Los recursos melodramáticos se utilizan de manera prolífica, atrapando al público con historias cargadas de misterio y emoción.
Aunque los primeros cuadernos eran toscos, Manuel Gago mejoró rápidamente como dibujante. Su estilo evolucionó hacia una línea firme y narrativa, influenciada por autores como Alex Raymond. Su capacidad para transmitir emociones y acción resultó crucial. El dibujo de Gago es sencillo, incluso esquemático. No encontraremos aquí escenas particularmente bellas como las que solían ser habituales en las series de Alex Raymond (Flash Gordon) o Harold Foster (Príncipe Valiente). Además, Gago consiguió superar su rigidez inicial para administrar sabiamente su economía de líneas y utilizarla para transmitir esa potencia, rapidez y dinamismo que destilaban sus figuras, y que lo hacían inmediatamente reconocible.

“El Guerrero del Antifaz es un personaje trágico” y “mal entendido, tanto en el argumento como en la historia española del cómic”. “Es un hombre entre dos mundos, el musulmán y el cristiano, y en ambos muestra que hay buenos y malos. Hay quien piensa que era un personaje franquista, pero en sus viñetas no hay ideología. Gago lo ambientó en la Reconquista, pero en seguida lo sacó de ahí y le hizo recorrer medio mundo”.
Marisa Gago, hija del dibujante, añade por teléfono que su padre “era comunista en el sentido de que lo que ganaba lo repartía con su madre y sus hermanos”. “Jamás nos habló de la Guerra Civil. Solo supimos tiempo después que mis abuelas se habían conocido cuando llevaban comida a la cárcel a sus maridos”.
En un momento de escasez de papel y pocas licencias para publicar, nada presagiaba que en octubre de 1944 comenzaría una singladura de 22 años y 668 números. La censura franquista dio el visto bueno a la publicación de la Editorial Valenciana porque consideró que no atacaba “a la moral ni al régimen” ni tenía “valor literario o documental”.
El Guerrero del Antifaz debuta, bajo la égida de Editorial Valenciana, el 24 de octubre de 1944. El secuestrador, un árabe llamado Alí Kan, siempre creyó que el muchacho era hijo suyo, y cuando escucha la confesión, asesina a la mujer. El interés romántico aparece pronto: la casta condesita Ana María, un amor imposible para el Guerrero, puesto que su clase plebeya le impide aspirar a contraer matrimonio con una noble.
Llamar histórico al entorno de las peripecias de El Guerrero del Antifaz es ser magnánimo en exceso.
En esta etapa (1979-1981), la trama incluye giros y planteamientos que hubieran sido prohibidos décadas atrás. En cuanto el régimen político cambió y la censura se esfumó, comenzaron a aparecer artículos condenatorios, atacando a la serie y los valores que representaba. No les faltaba razón. El Guerrero del Antifaz, por ejemplo, ensalza sin cesar las virtudes de la nobleza, virtudes que supone consustanciales a la ‘sangre azul’. El propio Guerrero, claro, es un noble aunque los demás no lo reconozcan como tal. Su rectitud, honradez y altos motivos lo eximen de cualquier crítica por las matanzas que comete. Por otra parte, el amor se sublima a tal extremo que se convierte en un sentimiento casi enfermizo. No digamos ya la expresión física de ese amor, que no se muestra por lado alguno: jamás se verá al Guerrero abrazando o besando a Ana María. Las motivaciones del Guerrero son también más que cuestionables: la venganza y la intolerancia religiosa justifican, en nombre de Dios y la Cristiandad, cualquier acto de violencia siempre que ésta se dirija contra sus adversarios musulmanes (retratados como viles y degenerados).
Ahora bien, ¿fue El Guerrero del Antifaz un mero reflejo de la sociedad hispánica del momento, o tanta fue su influencia que llegó a modelarla? ¿Hasta qué punto un cómic leído en la infancia es capaz de condicionar la mentalidad, la ética y el comportamiento de un adulto? ¿No es la venganza lo que impulsa a dos personajes tan distantes ideológica y temporalmente como el Conde de Montecristo o el Castigador? ¿Acaso D’Artagnan o los caballeros del rey Arturo no se batían a muerte por estúpidas afrentas a su honor? ¿No se dedicaba Flash Gordon a conquistar a las tribus de Mongo para hacerse con un reino propio mientras Dale Arden suspiraba por su casto amor perfecto? Los ejemplos de obras clásicas asentadas en tópicos hoy denostados son innumerables. Y pese a que la gente disfrutó esas obras, las absorbió y pasó a incorporarlas al panteón heroico occidental, fue capaz, al mismo tiempo, de evolucionar y progresar como sociedad, pese a que aún falte mucho por hacer. Da igual que hoy esas aventuras se quieran analizar bajo el prisma ético de los tiempos modernos ‒algo que, por otra parte, siempre es un error‒. Hay drama, acción, romances ‒muy castos‒, villanos de maldad perfecta y héroes de virtud inmaculada… Hoy los lectores exigen un mayor grado de complejidad en la construcción de los personajes y las tramas y el nivel gráfico ha ido mejorando al compás del cambio de modelo editorial y los avances tecnológicos. Posiblemente, un muchacho de hoy escogería un tebeo de los Vengadores o un manga a la humilde manufactura de El Guerrero del Antifaz.
El Guerrero del Antifaz, mítica obra creada por el vallisoletano Manuel Gago y publicada en su día por Editorial Valenciana, está de vuelta. El guerrero ha resurgido gracias a la pasión de familiares y, sobre todo, de los incondicionales del misterioso Adolfo de Moncada. Incondicionales como su sobrino, que pone el dibujo a «Las historias jamás contadas» del guerrero, así como José Ramírez, guionista y editor de la actual colección. Ramírez se confiesa un ávido lector del guerrero, y afirma que ha visto cumplido su sueño nostálgico, que seguro también ha rejuvenecido a su vez a miles de fanáticos con la nueva edición.
Una edición que se presentó esta semana en la librería Argot, y si bien presenta un aspecto renovado, es todo un homenaje a la obra original de Gago. Los cambios estéticos se limitan a la introducción del color, para aumentar el atractivo de cara a los nuevos lectores, y modificaciones en la vestimenta del guerrero, con la finalidad de tener un mayor rigor histórico, según su editor. Se mantiene el mismo formato apaisado, tan típico en los quioscos españoles de postguerra, y la portada es una réplica de la que tenía el primer número del héroe.
Un primer número que llegó a una España azotada por la postguerra, en la que la censura y el aislamiento dejaban pocas opciones para el entretenimiento. Por aquel entonces no había televisores con decenas de canales, ni tampoco internet. Así fue el nacimiento de una leyenda, muy marcada (y, por qué no decirlo, criticada) por el contexto histórico. Datos que la sitúan como una de las series gráficas españolas con más éxito de la historia, éxito difícilmente (por no decir imposible) alcanzable a día de hoy.
Respecto a las críticas de muchos de sus detractores, la historia, como pasa con frecuencia, contiene la respuesta. Su creador comenzó a crear el universo del Guerrero del Antifaz mientras sufría la tuberculosis a la edad de diecisiete años, en una España franquista con pocas fuentes de inspiración alejadas de la corriente hegemónica. Ningún contenido escapaba a la censura, por lo que no podemos analizar el contenido de una obra como esta, sin su contexto. Pocos de los que lo critican por 'derechista' conocen el curioso dato de que la única vez que Manuel pudo votar, lo hizo al Partido Comunista. Además, si analizamos la obra en su totalidad, encontramos personajes tanto honorables como deleznables en ambos bandos. Si bien es cierto que el bando cristiano suele ser el mejor parado, Gago tampoco dudo en criticar la Inquisición y la nobleza a través de algunos de sus personajes, especialmente en las últimas ediciones hechas por el dibujante. Otro de los aspectos más transgresores de la obra es la presencia de personajes femeninos independientes y con una personalidad desarrollada, un poco más alejada de estereotipos.
El Guerrero del Antifaz, por ejemplo, ensalza sin cesar las virtudes de la nobleza, virtudes que supone consustanciales a la ‘sangre azul’. El propio Guerrero, claro, es un noble aunque los demás no lo reconozcan como tal. Su rectitud, honradez y altos motivos lo eximen de cualquier crítica por las matanzas que comete. Por otra parte, el amor se sublima a tal extremo que se convierte en un sentimiento casi enfermizo. No digamos ya la expresión física de ese amor, que no se muestra por lado alguno: jamás se verá al Guerrero abrazando o besando a Ana María. Las motivaciones del Guerrero son también más que cuestionables: la venganza y la intolerancia religiosa justifican, en nombre de Dios y la Cristiandad, cualquier acto de violencia siempre que ésta se dirija contra sus adversarios musulmanes (retratados como viles y degenerados).
Si El guerrero del Antifaz y Roberto Alcázar y Pedrín fueron los héroes de posguerra, El Capitán Trueno representó el desarrollismo español de los 60.
En los 50, la época dorada del tebeo español, ser dibujante de historietas era una tarea ingrata, nunca reconocida por los editores ni por los lectores, que disfrutaban de decenas de héroes sin preguntarse quién los habría dibujado, aunque su nombre apareciera algunas veces en la primera viñeta. Dos de los más famosos héroes fueron El Guerrero del Antifaz y Roberto Alcázar y Pedrín, dibujados por Manuel Gago y Eduardo Vañó, y los niños suponían que las aventuras las escribían los mismos dibujantes. Nunca fue así. El nombre del guionista jamás aparecía. Era como un negro que ideaba, escribía los diálogos y maquinaba las mil y una formas de que el malvado Ali Kan raptara a la pobre Ana María para que El Guerrero del Antifaz la salvara de algo peor que la muerte, perder la virginidad en el serrallo de la morería.
El Guerrero del Antifaz es humano. La carne es débil. Los intentos de seducción por parte de las mujeres que aparecen en la serie no se van a limitar a lecturas entre líneas o actos de despecho, enfados ante el rechazo del protagonista con la consiguiente evolución del personaje de turno. Ya en el tercer número veremos como Nasika, compañera de Máscara de Hierro, intenta seducir al Guerrero del Antifaz, aprovechando un estado de incosciencia de este. Esto es solo un ancitipo de lo que vamos a ver en los números siguientes.
En esta edición se recopilan los nueve primeros números de las Nuevas Aventuras más la historia corta publicada en el extraordinario de 1979. Estamos ante una edición con el color restaurado, y que presenta numerosos extras, como viene siendo habitual en los integrales de Dolmen. El tomo contiene las portadas originales de estos tebeos. Contiene además un prólogo de Marisa Gago, otro de Carlos Giménez y dos textos, al final del tomo. En uno, Eduardo Salazar hace un repaso de todas las ediciones publicadas del Guerrero del Antifaz. En el siguiente texto, Antonio Domingo Gómez Rodríguez, coleccionista y miembro de la Asociación de Amigos del Guerrero del Antifaz, nos habla de la obra de Manuel Gago. Además tenemos una reproducción del original de una portada del Guerrero del Antifaz y como colofón final, reproducciones de una libreta de bocetos de Manuel Gago, con estudios sobre los personajes.
Si os gustan los tebeos de aventuras, rotundamente si. La serie original tiene cosas de su época, que inevitablemente hacen que este destinada a un público muy concreto, pero aquí es diferente.
El Guerrero del Antifaz fue un filón para la Editorial Valenciana. Como pasa con todas los tebeos de aventuras, todo tiene un final. Bueno, “finaliza” entre comillas. En los años 70, la Editorial Valenciana decide reeditar varias colecciones clásicas. De esta manera, series como El Guerrero del Antifaz, El Pequeño Luchador, esta en blanco y sepia, Roberto Alcazar, Yuki el Temerario o Purk el Hombre de Piedra, irrumpen nuevamente en los kioscos.
Manuel Gago retoma al personaje, y dibuja 343 portadas. Nuevas historias. Lo cierto es que la reedición del Guerrero del Antifaz fue todo un éxito y se recupera la sana costumbre de publicar extras y almanaques. Al llegar al número 343, en la contraportada, nos encontramos con un anuncio interesante: La publicación de las Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz. Y es que la reedición del personaje había tenido tal éxito de ventas, que se hacía necesaria una continuación de la serie. Oficialmente, el número 1 lleva fecha del 6 de Enero de 1979. Estamos ya en una época Gago se ve libre de la censura de los años anteriores y esto le va a permitir cierta libertad con el personaje.
La idea es que el Guerrero del Antifaz tenga aventuras por zonas como el Mediterráneo o el Adriático. Turcos, mongoles, piratas de todo tipo.. Ya en el primer número vemos en portada la presentación de Máscara de Hierro. En estos números de Dolmen nos encontramos, en primer lugar, con una historia en donde se nos cuenta el origen del Guerrero del Antifaz , publicada originalmente en el Album Extraordinario de 1979. Manuel Gago nos hace una revisión, actualizada, de la adolescencia del Guerrero, quien creyéndose hijo de Alí Kan, combate a los cristianos, dando muerte a muchos de ellos.
En este caso, un caballero negro lucha contra el Guerrero. Este resulta ser la hija de un noble, a quien el Guerrero del Antifaz dio muerte cuando luchaba en el bando musulmán. Una vez leída esta historia de presentación, asistimos a los primeros nueve números de la colección.
Máscara de Hierro, un pirata samurai, desembarca en las costas de Levante. Busca venganza contra el Guerrero del Antifaz. Este personaje responde a una serie de convencionalismos típicos de los tebeos de aventuras de toda la vida. Tiene una motivación, en este caso, un odio que sirve de motor en al aventura. Por otro lado, su primera irrupción está llena de fuerza. Es temible, parece invencible, aunque luego, como todos, se acabará desinflando.
El Guerrero sale a su encuentro y es derrotado, perdiendo el conocimiento y siendo rescatado por un campensino, quien le esconde en su cabaña. Posteriormente Máscara de Hierro asalta el Condado de Roca . A partir de aquí, sus amigos Don Luis y Fernando organizarán una expedición de rescate.
Al cabo de varios años, Gago introduce cambios en la serie. Nuevos personajes, y un detalle a considerar, personajes antiguos pero con cambios. Lo primero que observamos es que Ramiro, el escudero del Guerrero del Antifaz, ha cambiado. Ya no es esa copia de Goliat, el forzudo del Capitán Trueno. No estamos ante un personaje fuerte, poco inteligente y realmente sin gracia. Tenemos un escudero, bien parecido, mucho más esbelto que el original, inteligente y audaz.
Por otro lado, un personaje nuevo irrumpe en la serie: Li Chin. Siguiendo los convencionalismos típicos del tebeo de aventuras, cuando el protagonista es hecho prisionero, siempre hay una mujer que le ayuda a escapar. El reflejo más evidente de Li Chin es Zoraida. Pero claro, ahora no hay censura. Fernando, el antiguo escudero, es desplazado a mero figurante. Li Chin le quitará el sitio y apenas va a tener protagonismo.
Don Luis deja de ser el plañidero mayor del reino. El eterno enamorado de Ana María. Casado al final de la serie original con una princesa kurda llamada Sigfrida, ahora tendrá sus devaneos y amoríos.. Sigfrida, por cierto, solamente aparecerá en un número, y es mencionada en otro. Alguien que también aparece es el capitán Garcilaso.

En el último cuaderno de la serie, el núm. 111, se nos presenta un desenlace a su amor que llenó de amargura el corazón del pirata. El Pirata Negro le aconseja: «Olvidad, amigo mío. No hay amor que no muera».
Tras la muerte de Gago la reivindicación de la autoría del personaje por sus herederos fue paralela a la de otros autores respecto a Brugera. Iniciada con las 'Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz' cuyo segundo libro sale en unos días a la calle con una decena de episodios completos en color, otras historietas y numerosos 'extras' incluidos los trabajos preparatorios de Gago, en publicaciones que ahora se convierten en platos para coleccionistas 'gourmet'.
La Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballestero (Cáceres) acoge una exposición que muestra las historietas infantiles con las que varias generaciones aprendieron a leer y que se convirtieron en compañeras fieles de aventuras y sueños. Comisariada por Antoni Guiral y organizada por el Museo ABC, el visitante recorrerá desde 1917, año del nacimiento de TBO, hasta 1977, fecha en la que se publica Totem. Historietas del tebeo. 1917-1977 es la primera exposición dedicada a la historia del tebeo que se ha hecho en España y que ya pudo verse en Madrid. Organizada por el Museo ABC, un centro expositivo que tiene entre sus objetivos estudiar, difundir y promover todas las disciplinas que están en torno al dibujo y la ilustración, ha contado con la colaboración de la Obra Social ”la Caixa”.
La muestra recorre casi todo el siglo XX, desde 1917 hasta 1977, cuando el tebeo se hace adulto con la publicación de la revista Totem. Reúne publicaciones y dibujos originales que se presentan en dos recorridos: uno cronológico -con las principales cabeceras e hitos- y un segundo, temático, donde se descubren personajes tan míticos como Cuto, Capitán Trueno, Guerrero del Antifaz, Zipi y Zape, la Familia Ulises o Mortadelo y Filemón y a sus creadores: Jesús Blasco, Víctor Mora, Ambrós, Manuel Gago, Escobar, Benejam, Coll o Ibáñez, entre muchos otros. La exposición, comisariada por Antoni Guiral, es una revisión de la historia de los tebeos españoles aparecidos entre 1917 y 1977. La aparición y evolución de los tebeos, pero también del concepto de tebeo como género literario: su formato, sus rasgos identificativos… Respondiendo a las preguntas ¿cómo eran?, ¿por qué eran así y no de otra forma? ¿A qué llamamos tebeos? Los tebeos son las revistas de historietas, los cuadernos de aventuras y los monográficos del género.
El Guerrero del Antifaz, aunque pueda parecer un personaje anclado en el pasado, sigue vivo en la memoria colectiva y en las nuevas ediciones que permiten a las nuevas generaciones descubrir a este icónico héroe del cómic español.