¿Qué harías si de repente te dieras cuenta de que solo vives cada dos días? Esta es la premisa que nos presenta "Esos días que desaparecen", una obra que explora las profundidades de la identidad, la fugacidad de la vida y la lucha contra el tiempo perdido. La historia sigue a Lubin Maréchal, un joven acróbata de unos veinte años que se enfrenta a una realidad desconcertante: cada mañana se despierta sin recordar nada del día anterior, como si 24 horas hubieran desaparecido por completo de su existencia. Lo que es aún más perturbador es el descubrimiento de que, durante estas ausencias, otra personalidad, radicalmente diferente a la suya, toma el control de su cuerpo y vive una vida paralela.

Esta peculiar situación, que podría sonar a locura, se presenta como una plausible consecuencia de nuestro acelerado ritmo de vida, el estrés y las responsabilidades aplastantes que afloran nuevas dolencias y trastornos en nuestra salud mental. Timothé Le Boucher, autor de la obra, toma como punto de partida el estudio de los trastornos de la personalidad, pero va más allá. Evoluciona el concepto del trastorno de identidad disociativo, planteándolo como una lucha a vida o muerte entre dos personalidades por el control de un mismo cuerpo, ofreciendo un giro fresco al clásico relato de Jekyll y Hyde.
La dualidad de Lubin: Más allá del bien y el mal
La dualidad de personalidades no es un tema nuevo en la ficción, pero Le Boucher la aborda desde una perspectiva única. No se centra en la dicotomía entre el bien y el mal, sino que las dos personalidades de Lubin reflejan la tensión entre la juventud despreocupada y soñadora, y la necesidad de asumir las responsabilidades de la edad adulta, representada por una personalidad más ordenada y responsable. Es una lucha entre permanecer en una perpetua adolescencia, como un Peter Pan moderno, y la obligación de crecer y llevar una vida "ordenada" que la sociedad considera normal y productiva.
Para organizar esta extraña convivencia corporal y temporal, Lubin decide comunicarse con su "otro" a través de grabaciones en vídeo. Sin embargo, poco a poco, el alter ego va ganando terreno, poseyendo el cuerpo de Lubin durante períodos cada vez más largos, como si se estuviera evaporando con el tiempo. La narrativa sigue la historia desde el punto de vista de Lubin, permitiendo al lector descubrir lo que sucede al mismo tiempo que él, aumentando la intriga y la empatía.

Un dibujo que acompaña la narrativa
El dibujo de "Esos días que desaparecen" se describe como simplón, pero encaja perfectamente con la historia. Los suaves trazos y los tonos pasteles facilitan la inmersión en el cómic. La estructura narrativa combina planos americanos y planos medios para ofrecer una visión general del entorno de Lubin, mientras que los primeros planos se utilizan para reflejar las emociones de los protagonistas. Timothé Le Boucher evita encuadres estridentes, permitiendo que la historia fluya de manera suave y grácil.
Aunque se aprecian influencias del manga en los rostros de los personajes, la narrativa es claramente occidental. El trazo es limpio y las figuras estilizadas, acompañadas de una paleta de colores planos pero sutiles, dotan a la obra de una atmósfera onírica que se adapta a la perfección al guion. Los fondos, aunque no excesivamente detallados, cumplen su función de situar al lector sin distraer de la trama principal.
Reseña: Esos días que desaparecen | El paso del tiempo según Le Boucher
Reflexiones sobre la vida y el tiempo
"Esos días que desaparecen" es mucho más que una historia sobre dobles personalidades. Le Boucher utiliza la premisa para explorar temas profundos como la fugacidad de la vida, la elección de nuestras prioridades y la forma en que decidimos aprovechar nuestro tiempo. La obra invita a reflexionar sobre cómo nos fijamos en ciertas cosas mientras otras pasan desapercibidas, llegando a parecer días que desaparecen porque no recordamos nada importante en ellos.
La novela gráfica también aborda cómo nuestro cerebro puede protegernos de recuerdos traumáticos y la forma en que construimos nuestra propia personalidad. La historia, a pesar de su elemento fantástico, se mantiene cotidiana, mostrando las relaciones personales y profesionales de Lubin, que se ven alteradas por su extraña condición. El ritmo de la trama, que aumenta progresivamente, mantiene al lector enganchado, generando una sensación de angustia que acompaña al protagonista.
Un final agridulce y memorable
La obra culmina con un desenlace agridulce, que deja una sensación de melancolía y reflexión. "Esos días que desaparecen" es una de esas novelas gráficas que dejan marca, con un guion, personajes y dibujo que conforman una obra interesante y emocionante. Le Boucher demuestra ser un autor completo, con un estilo gráfico fino y un control minucioso de la historia, capaz de crear una experiencia literaria que resuena mucho después de haber pasado la última página.

La edición del cómic, con su encuadernación en cartoné y sus páginas interiores en color, es cuidada, permitiendo apreciar la calidad del trabajo de Le Boucher. "Esos días que desaparecen" se consolida como una obra maestra, que a pesar de la juventud de su autor, aborda temas universales con una madurez pasmosa, invitando al lector a cuestionar su propia existencia y la manera en que vive sus días.
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