José Escobar Saliente, conocido universalmente como Escobar, es una figura cumbre en la historia del cómic español. Su prolífica carrera abarcó múltiples facetas: funcionario de correos, autor teatral de éxito en el circuito independiente, preso político tras la Guerra Civil, humorista, pionero de la animación en España y, sobre todo, un historietista de inmenso talento. Su legado perdura, en gran parte, gracias a una pareja de críos gamberros que han divertido a varias generaciones de lectores: Zipi y Zape.
El cómic era para Escobar, que dibujaba desde la niñez, una faceta más de su rica personalidad artística. Sin embargo, fue su incursión en la mítica revista Pulgarcito la que le catapultó a la fama, dando vida a los hermanos Zapatilla, quienes lo convertirían en uno de los autores de tebeos más célebres de España.
Los Orígenes y la Inspiración de Zipi y Zape
Los orígenes de Zipi y Zape se encuentran en las historietas mudas de "Max und Moritz" de Wilhelm Busch, creadas a mediados del siglo XIX. Rudolf Dirks adaptó esta idea en 1897 como "The Katzenjammer Kids", una tira sobre dos gemelos revoltosos publicada en el "New York World". Escobar recogió esta premisa y, con gran agudeza, la impregnó de un tono costumbrista que la hizo perfectamente identificable para el público español. La peculiaridad del sistema educativo de la época, donde los suspensos equivalían a "calabazas", añadía un toque de autenticidad a las peripecias de los gemelos.

A esta base, Escobar sumó su estilo particular, heredero de la "línea clara" predominante en Francia y Bélgica. El ilustrador Paco Roca destaca el "trazo elegante" de Escobar, aunque señala que poseía un punto irregular que, en ocasiones, daba lugar a obras maestras.
Más Allá de Zipi y Zape: Carpanta y Otros Personajes
Si bien Zipi y Zape son sus creaciones más icónicas, Escobar dio vida a una treintena de personajes entrañables. Entre ellos, destaca Carpanta, un personaje singular siempre hambriento, nacido casi a la par que Zipi y Zape. Carpanta reflejó como pocos la miseria de la posguerra española, y Paco Roca lo describe como "un punto amargo, como una especie de Chaplin". Otros personajes inolvidables incluyen a Petra, la criada para todo, el perro Toby y Doña Tula Suegra, quienes poblaron las páginas de Bruguera a lo largo de medio siglo.

La Sombra de Ibáñez y el Reconocimiento Tardío
En 1958, la revista Pulgarcito comenzó a publicar las historietas de Mortadelo y Filemón, creados por Francisco Ibáñez. A partir de entonces, la comparación entre Escobar e Ibáñez, autores que desarrollaron carreras paralelas en Bruguera, se volvió inevitable. Incluso en el centenario de Escobar, que coincidió con el 50 aniversario de Mortadelo y Filemón, la sombra de Ibáñez se proyectaba sobre su memoria.
A pesar de esta eterna comparación, Zipi y Zape contaban con seguidores incondicionales. Paco Roca elogia la ternura y el "punto de aventura" de sus historietas, considerándose seguidor de Escobar incluso por encima de Mortadelo y Filemón. Alberto Vázquez, otro dibujante, resalta la relevancia de Escobar como uno de los "pioneros" cuyas obras enseñaron los códigos esenciales del lenguaje del cómic a varias generaciones de dibujantes españoles.
Un Anacronismo Encantador
La universalidad de las historietas de Escobar es notable, considerando que estaban inspiradas en el contexto específico de la posguerra española. Elementos como "las calabazas", el aceite de ricino o "el cuarto de los ratones", aunque obsoletos, seguían funcionando y conectando con los lectores. El lenguaje de sus personajes, a veces anclado en los años 20, se percibe hoy como parte de su encanto particular.
Paco Roca, quien comenzó a leer a Zipi y Zape en los años 80, confiesa que, aunque sentimentalmente ocupa un lugar destacado, con el tiempo relee más a "Superlópez" de Jan, un personaje definitivamente más moderno. Sin embargo, los gemelos gamberros de Escobar lo consagraron entre los grandes del cómic español.
Un Creador Multidisciplinar y Visionario
Josep Escobar fue un autor culto, un creador multidisciplinar y un trabajador incansable, desbordando creatividad e imaginación. Su padre, funcionario de correos, fue destinado a Granollers, ciudad que se convirtió en el hogar familiar. El propio Escobar trabajó en el servicio de correos, compaginando esta labor con su carrera artística. Inició su andadura publicando en revistas catalanas como Virolet y En Patufet en la década de 1920. No dejó de dibujar hasta poco antes de su fallecimiento en 1994.
Tras pasar un año en prisión y ser depurado como funcionario por su pasado republicano, en 1941 inició su trabajo como animador, actividad que ejerció hasta 1950. En 1947, comenzó a colaborar en la revista Pulgarcito, dando inicio a su etapa más conocida para el gran público con sus trabajos para la Editorial Bruguera. Creó series emblemáticas como Carpanta (1947), Zipi y Zape (1948), Doña Tula, suegra (1951), Petra, criada para todo (1954), Profesor Tenebro (1957) y Toby (1967), entre muchas otras.

En 1957, junto a otros dibujantes, abandonó Bruguera para fundar su propia revista humorística, Tío Vivo. Dos años después, tras el fracaso de esta iniciativa, regresó a Bruguera. A partir de 1970, Escobar se dedicó a dibujar tanto historietas cortas como diversas aventuras largas de Zipi y Zape, personajes que llegaron a tener su propia revista semanal en 1972. Tras el cierre de Bruguera en 1986, Escobar fichó por la nueva revista Guai!.
Escobar también demostró ser un inventor. En 1942 desarrolló un sistema de proyección doméstico llamado Cine Skob. Además, fue un prolífico dramaturgo, escribiendo obras teatrales de éxito como "Ensayo general" y "La otra cara de la luna", galardonada con el premio Lluís Masriera de teatro aficionado en 1965.
Pablo Escobar. Biografía del Canal Historia
José Escobar fue uno de los grandes dibujantes que hicieron posible el mejor tebeo español, un pilar fundamental del entretenimiento infantil y juvenil desde mediados del siglo XX. Sus personajes y ambientes retrataron la sociedad española de posguerra en una crónica tan llena de humor como de crítica social.
Sus creaciones, como el siempre hambriento Carpanta y los traviesos gemelos Zipi y Zape, se convirtieron en un reflejo de la época, abordando temas como el hambre, la lucha contra la censura y la rigidez educativa con una habilidad excepcional para esconder guiños antifascistas en sus viñetas.
En 1977, junto a Francisco Ibáñez, recibió el premio Aros de Oro, otorgado por los niños a sus ilustradores preferidos. El Ayuntamiento de Granollers, su ciudad adoptiva, ha honrado su memoria con el Premio Josep Escobar de Cómic y una exposición dedicada a su obra.
El legado de Josep Escobar perdura, con expresiones icónicas como "¡Cronch!" y "¡Plas!", y sus personajes siguen formando parte de la memoria cultural de varias generaciones. Su obra no solo proporcionó diversión, sino que también ofreció una soterrada crítica social, dejando en ridículo la censura de la época y convirtiéndose en un modelo a seguir para futuros creadores.
En definitiva, Josep Escobar no solo fue un maestro del noveno arte, sino también un trabajador incansable, un emprendedor honesto y un hombre de familia, cuyo talento y dedicación lo consagraron como una figura indispensable en la cultura popular española.