El misterioso hombre de los sueños de Sora Mukujima le dijo: "Te esperaré al borde del Abismo...". Sora llevaba una vida modesta junto a sus padres, hasta que un día, aquella apacible vida se vino abajo. Apareció una enorme torre. Su hermano, un soldado, era inalcanzable. Y los monstruos empezaron a atacar de repente. Cuando se encontraba en una situación desesperada, el hombre de su sueño apareció ante él. Y cuando despertó a continuación, se encontraba en un lugar desconocido. Era un mundo diferente llamado Abismo, tal y como el hombre lo había llamado en su sueño.
La serie "Regresé Del Abismo" contiene violencia intensa, sangre / sangre, contenido sexual y / o lenguaje fuerte que puede no ser apropiado para menores de edad y, por lo tanto, está bloqueado para su protección.

Más allá de las narrativas de fantasía, el lenguaje y la poesía nos invitan a explorar profundidades insospechadas. Hay veces que los encuentros con la poesía van más allá de las palabras y los textos. Recuerdo, por ejemplo, los momentos precisos en que leí algunos de los poemas de la escritora y artista holandesa Maria Barnas (1973). Momentos que más tarde fueron trazando una constelación propia de conexiones entre palabras, objetos, personas y países. No solo se fue dibujando un mundo, sino que este fue materializándose también.
La tarde en que me hice con la primera novela de Barnas fue a fines de los noventa: Engelen van IJs. Lo recuerdo muy bien: un libro azul claro con letras de color blanco opaco. Fue llegar a casa, abrirlo, ponerme en la hamaca y estar horas en el universo que se había tejido entre el libro y yo. Me quedé fascinada con el modo sutil en que la poeta hacía que las palabras significaran. Su obra comenzó a armarse a partir de entonces: siguieron las novelas De Baadster y Altijd Augustus y, sobre todo, me hice amante de sus poemarios Er staat een stad op, Twee Zonnen, Jaja de Oerknal, Nachtboot y Diamant zonder r, y de sus muchas exposiciones e instalaciones.
Y con eso en mente ahora ―veinticinco años más tarde― es que celebro especialmente que la editorial argentina Detodoslosmares haya publicado el poemario Ja ja, de Oerknal (Sí sí el big bang) de la escritora holandesa. El que Alejandra Szir, poeta argentina vinculada a El Nieuwe Acá y residente en Holanda desde hace mucho tiempo, sea su traductora, me hace feliz. Szir, además de traducciones construye poemas, y es autora de un libro sobre la representación de lo argentino en la obra del escritor holandés Slauerhoff. Es decir, alguien muy preparada para navegar a través de culturas in between.
Para el oerknal del título a Szir no le quedaba otra que recurrir al “big bang”, a la inscripción científica que proviene del inglés. Sin embargo, no dejan de entrar deseos de crear un neologismo que se acerque un poco más al prefijo neerlandés “Oer” (en alemán: “Ur”), el cual se traduciría como “originario” -un adjetivo-, mientras que el carácter sonoro del sustantivo “knal” (estallido) solo lograría conservarse mediante un sufijo: “-azo”, como bombazo o trompetazo, por ejemplo. Se necesitaría entonces una palabra imposible que combinara prefijo y sufijo a la vez. Una no-palabra, un grito “cero” sin significado tal como correspondería a un acontecimiento que solo entendamos como un antes y un después. Un ur-azo. Aunque incluso diciendo ur-azo haría falta subirse a una silla, abrir los brazos en grande, coger aire y saltar medio metro para tener la idea de cuánto puede acercarse o no la palabra a su significado.
En la entrevista con la poeta que Szir agrega como postfacio al libro, Barnas cuenta que el título surgió cuando escuchó a alguien en medio de un tranvía decir de manera casual “sí sí, el big bang”, como si nada, al estilo de “no me canses más, ya me conozco esa historia”.

El miedo a nombrar o a no nombrar va paralelo a ver, negar o provocar la existencia del sujeto y el entorno. Es decir: la poética de Barnas explora el abismo entre significante y significado, entre todo lo que puede ocurrir entre la idea y su formulación, entre referente y palabra. Allí pueden ocurrir las cosas más maravillosas y las más terribles. Un ejemplo sería el poema “Tremendo (tachado)”, en torno al descubrimiento mágico de la escritura: “La señorita Mol / le cuelga a la planta un cartel que dice planta. Mesa a la mesa. Silla a la silla. / Pez a los peces. Ver para creer. / Podía escribir el mundo”. Las palabras aparentan ordenar la vida y la carencia de ellas no solo implican desconciertos sino que provocan reflexiones sobre la relación palabra-mundo. La voz infantil de ese poema, por ejemplo, después de mandarle una carta a la maestra, se pregunta por el porqué de la ausencia de respuesta: “quizá no tendría que haber tachado la palabra tremendo”.
Los procesos mentales entre lo dicho y lo no dicho evocan en este libro una exploración ―podría decirse así― en torno al miedo colectivo, personal, sentimental o político; una exploración sobre los efectos de ese afecto, sobre sus formas y nombres. Esta lista de enumeraciones a lo largo de cinco páginas dibuja un mundo angustioso donde todo, absolutamente todo, puede ser razón para el pánico. Las intertextualidades que el poemario en su conjunto establece con poetas suicidas como Sylvia Plath, Ingrid Jonker y Anne Sexton podrían darle un aire trágico. El poema de Barnas, sin embargo, no deja de tener un aire humorístico a vez que contemplativo. La combinación entre literalidad y extrañeza es la que crea precisamente lo lúdico.
De hecho, hay un cruce entre lo literario y lo visual también en las instalaciones artísticas hechas por Barnas. Los libros, las letras y las palabras juegan un papel importante en sus objetos y dibujos. Ya en el 2000, en el Rijksacademie van Beeldende Kunsten, recuerdo haber andado en un espacio en medio de palabras caídas al suelo y pegadas a la pared. Recuerdo también haber paseado entre estantes de libros de un mismo color y haber visto algunas formas de mercurio en el espacio, gotas de líquido solidificado que seguían una línea de fragmentos de versos. En las formas de las gotas podía verse la materialización de la palabra, su proceso y hechura.

Pero no solo se trata del proceso de creación, sino también del instante en que se conectan lector y obra. ¿Será por eso que, queriendo reseñar Sí sí el big bang, no puedo dejar de hacer un paneo sobre mis propios momentos de conexión con los textos e instalaciones de Barnas? Dangerous Listening, por ejemplo, instalación que vi en el Scheltema, Leiden, 2008, lo muestra muy claramente. Un carro, un video y un audio se complementan como tres elementos de una instalación dialógica en torno al síndrome de Stendhal. En medio de la sala de exposiciones se encuentra un carro estrellado contra la pared con la puerta del asiento delantero abierto y todo medio destrozado. En el asiento del conductor y a través de los audífonos se escucha una hermosa pieza musical compuesta por Yotam Haber para la ocasión. En el videodocumental proyectado en la misma sala se ve a la psiquiatra italiana Graziella Magherini hablando sobre el síndrome de Stendhal, el cual, según ella, implica una pérdida total de la razón por causa de una sobreexposición a la belleza artística. Barnas le deja a la médica exponer su delirio absoluto sin pausas ni intervenciones. La combinación del video por un lado y el carro estrellado por otro es, de nuevo, una reflexión sobre la experiencia artística, sobre el momento en que nos conectamos con una obra de arte. Es el humor del que se observa desde afuera, desde un ángulo de extrañamiento que hace visible la fisura entre uno y el mundo, su dislocación. Algo que aparece en diferentes planos; pienso en el no reconocerse en las miradas del entorno como en “dichter in actie / poeta en acción” por ejemplo. La escena, vista desde un extrañamiento, es el intento de los fotógrafos de construir la figura del poeta tal como ellos la entienden.
Ahora bien, la distancia entre experiencia y contemplación hace que frecuentemente el sujeto se busque en un afuera de lugar, en un asombro. Ya en Er staat een stad op y en Dos soles me había llamado la atención el uso del espacio. de noventa grados. edificios. vas hacia abajo. un río rojo. Así caen veinte pisos. Se levanta una ciudad. Movimiento que es un boceto y a la vez una línea que es una ciudad, una ciudad que nace simultáneamente con la percepción del sujeto, con la representación que surge en su obra de un lugar como Buenos Aires.
Me había construido una especie de relación imaginaria al estilo Cortázar: la Maga del lado de acá (Barnas autora) escribía, y yo, Talita, del lado de allá, leía. Pero Maria Barnas alias La Maga curiosamente empezó a aproximarse al mundo de acá-allá. No solo con este poema sobre Buenos Aires, sino con su interés por la figura de Rodolfo Walsh en la instalación Missing Books que ella preparó junto con Germaine Kruip. En medio de la sala de exposiciones se encontraba una pila con ejemplares del libro y la idea era que el público pudiera llevarse alguno. El facsímil del libro, originalmente publicado en 1973 por Siglo XXI, tiene la etiqueta de la biblioteca universitaria de Ámsterdam, pero lleva también una cubierta de Missingbooks. El objeto libro, libro censurado, libro desaparecido, era aquello que en Missingbooks se rematerializaba. Y curioso quizás que haya sido gracias a una poeta holandesa que llegó a mis manos el ejemplar del libro de Walsh, un libro en formato mínimo que tiene un lugar especial en mi estantería.
¿Qué es la poesía? En cierta calle hay cierta firme puerta
Cuando dos años después fui invitada a hablar sobre el manifiesto antropofágico de Oswald de Andrade en un museo en Heerlen, coincidí con Maria Barnas en el evento Made in Mirrors. Ella vino a presentar el inicio de un proyecto poético que más tarde se titularía Parque perdido/ The Lost Park y tomaría la forma de un poema, un video y un LP a la vez (LP que llevaría una composición musical de Peter Lunow). A partir de ese momento la poeta se insertó en mi mundo literario y tuve que rever la oposición entre el lado de acá y el lado de allá que había construido en mi cabeza. Barnas se dejó inspirar por el parque diseñado por Burle Marx que a su vez se había inspirado en Los sertones de Euclides da Cunha.
Si el alzarse de la ciudad antes se relacionaba con la caída de un ascensor, la caída aquí, más allá del juego lingüístico, es también una experiencia, un acontecimiento. Pensar mi interés por la obra de Maria Barnas en retrospectiva creo tiene que ver con la peculiar forma de vincular experiencia y contemplación; con la destreza de usar el idioma neerlandés para “ambigüedades intermedias”. La Maga era poeta, tan poeta que lograba darle múltiples capas y dimensiones a esa lengua materna que era la mía también, aunque yo, hace un tiempo ya, había dejado de lado. Una voz poética que lograba habitar el idioma sin ser absorbida por él y cuestionaba los límites del lenguaje sin obedecer a rimas, formas o reglas rígidas del orden social en el país.
Barnas sabe deshacer la lengua de su inequivocidad mediante cruces poéticos tratando siempre de conservar la transparencia de modo contemplativo. En una entrevista cuenta que ella llegó a Holanda con trece años y tuvo que apropiarse del neerlandés, ya que solo hablaba un neerlandés “de libros”. En el poema “Wie spät ist es” (“¿Qué hora es?”, en alemán) dice: “hago una tarta en una lengua ajena / y oigo soplar la masa”. Es llamativo cómo coinciden aquí habitar una experiencia y habitar un lenguaje. “Necesito mi propia lengua para sentirme en casa” y “la realidad es que el holandés es muy importante para mí”, afirma Barnas en esa misma entrevista.
Empiezo a preguntarme si lo que me une a su obra es realmente ese ser holandés que yo había presupuesto dentro de mi mundo latinoamericano. Y ahora. “No significa nada” se repite dos veces en el poema en esa búsqueda tan característica de Barnas de significante a significado. Versos como “Pregunta al hombre qué hora es / y ahora. En alemán siempre es tarde”, muestran esa misma búsqueda casi como análisis lingüístico. Un modo de preguntar que quizás pertenezca a culturas en las que se añora cierta puntualidad. Me estoy preguntando si existe una lengua en la que pregunten, “¿Cuán temprano es?”, y me imagino un país en que la gente no sepa qué hacer para pasar el día.
Se necesita libertad con el lenguaje para hacer posible la poesía y al mismo tiempo es la libertad aquello que sin duda alguna busca la poesía. Un lenguaje nuevo, a veces incluso un mundo nuevo, mientras el poeta solo tiene los recursos de la lengua gastada. Barnas trabaja con el poder del lenguaje para crear realidad, investiga si las palabras pueden ser soportes para algo sólido. Sus textos giran en torno a la capacidad de la poesía de mostrar y torcer nuestra noción del entorno. En la serie Things I Should Have Said / Cosas que debería haber dicho explora ese potencial de materialidad que tiene el lenguaje y la relación entre la corporalidad de decir algo y la cosa (no) dicha.
En el poemario más reciente, Diamante sin erre / Diamant zonder r, Maria Barnas reflexiona sobre la lengua, los sonidos y los recuerdos a través de la palabra zmazonka, vocablo que pronunciaba su abuela polaca cuando en casa había algo que celebrar y compartir. Más que el significado, lo que importa aquí es el sonido y el ritmo que creaba (que crea) aquella mala pronunciación en el recuerdo infantil. Diamante sin erre / Diamant zonder r reúne poemas en torno a la fuga y la migración. Va sobre la lengua en que uno sueña, recuerda; la lengua en la que uno habita. Y, por supuesto, va también sobre aquella lengua en la que uno no habita, en la que uno se siente o está dislocado: “Puedo contar diferentes historias / sobre de dónde soy. Hay mucho en juego en un cable entre dos torres. Hay mucho en juego en el espacio entre ficción y realidad, entre silencio y palabra, entre dos mundos que se pertenecen. Pensar sobre la lengua en la que uno se siente en casa solo puede lograrse si se atraviesa el miedo, y eso es lo que de manera rotunda hace Sí sí….
Por eso Alejandra Szir ha acertado al elegir este poemario como primera obra de Barnas al castellano, ya que él es una reflexión sobre el efecto-palabra. Con las traducciones tanto como con la entrevista que aparece al final, Alejandra Szir ha hecho un gran trabajo.
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