Algunos sonidos cotidianos, como el masticar, tragar, toser, respirar, teclear o arrastrar los pies, pueden generar una intolerancia extrema en las personas que tienen misofonía. El también conocido en el ámbito clínico como síndrome de sensibilidad selectiva al sonido (SSS) es un fenómeno poco estudiado cuyo inicio se da alrededor de los 12 años y puede causar en quienes lo sufren una respuesta emocional muy intensa y negativa, caracterizada por una elevada ira y ansiedad acompañada de síntomas fisiológicos, como aumento de la tasa cardíaca, sudoración, rigidez muscular, presión y calor en el pecho.
Adolescentes y jóvenes en consulta relatan que los primeros episodios los recuerdan asociados a un sonido y a un familiar concretos: un hermano al respirar, el padre al comer, silbar… Mientras que algunos obtuvieron comprensión en sus familiares y ayuda, un porcentaje más alto refiere haber recibido burlas o broncas frente a sus manifestaciones. Asimismo, resalta que los padres, madres o hermanos que deciden buscar ayuda profesional se topan con un total desconocimiento por parte de los profesionales de la salud. Es importante estar atentos a las conductas de ira, ansiedad o evitación que puede sufrir el menor y, sobre todo, analizar el modo de actuar tanto emocional como fisiológico que presenta el sujeto y respecto a qué: un sonido, un gesto u otro disparador. Según enfatiza, la misofonía no es un capricho ni una manía: “Quien experimenta estas sensaciones sufre y merece atención. Sin juicios ni reproches podremos actuar de sostén y encontrar las respuestas que nos permitan buscar ayuda especializada”.

La percepción del estímulo desencadena una respuesta automática de lucha o huida. En los casos más graves, niños y jóvenes tienen conductas violentas hacia el emisor de ese sonido o hacia sí mismos. Muchas personas que sufren misofonía optan por aislarse en la medida de lo posible, desencadenando graves consecuencias en la vida familiar, social y laboral, así como en su salud mental. En España se han realizado algunos estudios preliminares sobre su prevalencia, aunque el número de participantes y su corto alcance hace que aún no existan datos representativos. Mientras, de otros países se obtienen datos más fiables: En Alemania, un estudio titulado La prevalencia de la misofonía en una encuesta poblacional representativa en Alemania, de 2024, concluye que un 12% de los participantes reportó síntomas de misofonía que interfieren significativamente con su calidad de vida. Y otro elaborado en 2023 en el Reino Unido, denominado Misofonía en el Reino Unido: prevalencia y normas del S-Five en una muestra representativa del Reino Unido, determinó que el 18% de la población podría estar afectada por este síndrome.

Los niños con esta condición reaccionan con respuestas desmedidas de desagradado, sudoración y elevaciones de la tensión arterial o temperatura. Sí puede haber síntomas anticipatorios y de evitación: Si un niño tiene misofonía en relación con el ruido que hace un familiar al masticar, los síntomas pueden aparecer minutos antes de sentarse a la mesa. Por esa circunstancia, pueden comer a una hora distinta del resto de la familia o hacerlo en otra habitación. Los sonidos que más les perjudican suelen ser los de familiares cercanos (padres, hermanos, abuelos), aunque en algunos casos también derivan de animales u objetos -como el ruido de un motor lejano o el pasar de un avión, pero es lo menos habitual-. Este síndrome puede aparecer aislado o ser síntoma de otras enfermedades, como el trastorno obsesivo-compulsivo, el síndrome Gilles de la Tourette, ciertos tipos de autismo, la ansiedad, la depresión o el consumo de sustancias. Es importante remarcar que, frente a algunas circunstancias, como situaciones de estrés, alto consumo de café o falta de sueño, podemos tener señales misofónicas de forma puntual. No obstante, el odio a los sonidos es una patología que se mantiene en el tiempo, consistente y que condiciona su vida y la de sus familiares.
Diferencias con Otras Condiciones Auditivas
Es una patología bastante desconocida para la gente en general que suele confundirse con la hiperacusia. En la misofonía las reacciones intolerantes y desproporcionadas a ciertos sonidos son independientes de la intensidad. La hiperacusia sucede cuando se perciben sonidos de volumen muy elevado y hay dolor en los oídos. También conviene distinguirlo de la fonofobia, que se trata del miedo a determinados sonidos.

Rasgos de Personalidad y Comportamiento
Quienes presentan esa condición suelen tener unos rasgos de personalidad más anancásticos u obsesivos y rumiadores. Algo les molesta, se centran en eso, se agobian más y entran en un círculo vicioso. Cuando se experimenta esa hipersensibilidad al ruido se produce una mayor irritabilidad, enfado, nerviosismo y pueden aparecer trastornos de conducta o inhibiciones. Los niños con este síndrome tienen menos control en sus rabietas o ira.
✅ ¿Cuál es el MEJOR tratamiento para CURAR la MISOFONÍA? Terapias EMDR y ASMR
Tratamiento y Manejo de la Misofonía
El tratamiento de este síndrome se basa en técnicas específicamente diseñadas para paliarlo: Entrenamiento de la atención, manejo de las reacciones emocionales y fisiológicas asociadas al sonido/movimiento, y el cambio de estrategias de evitación como el uso de tapones o auriculares (promueven la sensibilización y mayor focalización en los sonidos desencadenantes) por estrategias más adaptativas que no limiten la vida de la persona. Con estas técnicas, se podría conseguir prácticamente su desaparición, acabando con las limitaciones que hasta entonces había supuesto.
