El Rey Demonio es el gobernante supremo del Clan de los Demonios y una figura de inmenso poder y crueldad en el universo de Nanatsu no Taizai. Su influencia se extiende a través de las eras, marcada por la imposición de mandamientos, la creación de maldiciones devastadoras y una profunda conexión con el origen del mundo.
Nacido de una entidad primordial conocida como Caos, el Rey Demonio comparte su origen con la Deidad Suprema y el Árbol Sagrado. Juntos, estos seres primordiales formaron sus respectivos clanes y establecieron sus reinos. En los albores de la existencia, el Rey Demonio creó a su mano derecha y comandante de su ejército demoníaco, el Demonio Original. Sin embargo, este último, consciente de su propio poder, se rebeló contra su creador, una insurrección que terminó con su derrota.
El Rey Demonio es descrito como un ser gigantesco que parecía alcanzar el cielo, enfundado en una armadura oscura y una capa parcialmente rota. Cuando se manifiesta, su apariencia puede variar drásticamente. En el Purgatorio, ante Meliodas, se presentó como una gigantesca sombra hecha de oscuridad. Al apoderarse del cuerpo de Meliodas, adoptó la forma de un hombre alto y musculoso, con larga cabellera rubia, vistiendo un leotardo blanco, botas y guanteletes dorados, y dos protuberancias oscuras en forma de garra en su espalda. Tras recuperar su juventud apoderándose de Zeldris, su forma se volvió aún más imponente: un hombre musculoso, más alto que antes, con cabello largo y negro, una barba de chivo negra y una marca de demonio en forma de U en su frente. Vestía una larga túnica negra, armadura en brazos y hombros, y portaba una katana.
Aunque su personalidad es en gran parte desconocida, el Rey Demonio valora el poder y la maldad por encima de todo. Castigó a su hijo Meliodas por traicionar al clan y unirse a una diosa, llegando a asesinarlo y maldecirlo. Muestra una falta de empatía hacia aquellos que rompen las reglas del clan demoníaco, incluso sus propios hijos, y un profundo desagrado por la mujer que cambió a Meliodas.
Sin embargo, el Rey Demonio también demostró una aparente disposición a perdonar la traición de Meliodas, ordenando a Zeldris que lo recuperara para coronarlo como el nuevo rey demonio. Esta fue, en realidad, una estratagema para recuperar su propio poder y apoderarse del cuerpo de su hijo, negándose a permitir que un "traidor" ocupara el puesto de rey.
La historia del Rey Demonio está intrínsecamente ligada a la creación y la guerra. Otorgó conocimiento y inmunidad a una niña de Belialuin, pero fue engañado, lo que llevó a la destrucción de su ciudad por parte del Rey Demonio y la Deidad Suprema. En los últimos días de la Guerra Sagrada, luchó contra Meliodas y Elizabeth, matándolos y maldiciéndolos eternamente.
El Poder del Rey Demonio y sus Creaciones
El Rey Demonio es el demonio más poderoso, como gobernante del clan. Demuestra una gran habilidad en el uso de maldiciones, siendo el creador de los Diez Mandamientos, fragmentos de su propio poder que otorgan maldiciones únicas a quienes rompen sus reglas. También es responsable de la maldición de Elizabeth, que ha perdurado por tres mil años y solo puede ser rota por un poder equivalente al suyo o al de la Deidad Suprema.
Entre sus habilidades destacan:
- Mandamientos (戒禁, Kaigon): Fracciones de su poder que otorgan maldiciones específicas. Son aparentemente absolutos, y solo aquellos con un mandamiento son inmunes. Las maldiciones solo desaparecen con la muerte de la víctima o del portador.
- Amor (慈愛, Jiai): Quien albergue odio en presencia del portador, perderá todo su poder e incapacidad para lastimar a otros.
- Desinterés (無欲, Muyoku): Quien tenga una relación basada en el deseo mutuo, al encontrarse frente al portador, perderá recuerdos, sentimientos y su sentido de sí mismo.
- Fe (信仰, Shinkō): Quema los ojos de los desleales en su cercanía.
- Paciencia (忍耐, Nintai): Si alguien muestra síntomas de dolor, sentirá mucho más dolor con el tiempo.
- Pacifismo (不殺, Fusatsu): Si alguien comete un asesinato en su presencia, envejecerá rápidamente hasta morir.
- Piedad (敬神, Keishin): Darle la espalda es considerado traición, sometiendo al infractor a sumisión y obediencia.
- Pureza (純潔, Junketsu): Cometer un acto impuro en su presencia causa graves enfermedades.
- Reticencia (沈黙, Chinmoku): Expresar emociones ocultas sella el poder mágico.
- Reposo (安息, Ansoku): Luchar sin cesar por 24 horas sella el poder mágico.
- Verdad (真実, Shinjitsu): Mentir ante él convierte al mentiroso en piedra.
- Maldición de la Reencarnación Eterna: Condena a la víctima a renacer eternamente en un ciclo de sufrimiento.
- The Ruler (定規, Jōgi): Magia que le permite absorber ataques, volviéndose más poderoso.
El Rey Demonio también puede otorgar inmunidad al lavado de cerebro del Clan de la Diosa, como lo hizo con Merlín, y transferir poderes, incluyendo técnicas secretas del Clan de los Demonios.
En sus confrontaciones, el Rey Demonio ha luchado contra múltiples oponentes, incluyendo a Meliodas, Ban, y los demás Pecados Capitales. En una ocasión, se apoderó del cuerpo de Meliodas, demostrando una superioridad abrumadora. Posteriormente, poseyó a Zeldris, buscando recuperar su poder. Finalmente, sin un recipiente humano, tomó parte de Britannia como suyo para enfrentarse a los Pecados Capitales, quienes, combinando sus poderes, lograron destruirlo.
A pesar de su poder, el Rey Demonio fue finalmente derrotado en el plano espiritual por Zeldris, con la ayuda de las palabras de Gelda y su hermano Meliodas. Su legado perdura a través de las maldiciones y la influencia que ejerce en el mundo de Nanatsu no Taizai.

El Origen del Caos y la Creación de los Clanes
Caos es una entidad impasible, tanto de la oscuridad temida por los demonios como de la luz adorada por las diosas. Nacido entre las estrellas más remotas, Caos creó el mundo, seguido por el Rey Demonio, la Deidad Suprema y el Árbol Sagrado. Posteriormente, creó a los gigantes, una raza salvaje y esclava de su poder. Su creación más compleja fueron los humanos, a quienes otorgó dualidades como bondad y maldad, amor y odio, considerándolos la raza más cercana a su naturaleza contradictoria y, por ende, la más perfecta.
Los celos y la aprensión de los dioses primordiales, el Rey Demonio y la Deidad Suprema, ante el temor de perder el favor de sus razas, los llevaron a unir fuerzas y aprisionar a Caos. Esto les permitió convertirse en los gobernantes del mundo. Sin embargo, el deseo oculto de Caos se cumplió: los hermanos y sus razas se enfrascaron en la Gran Guerra Santa, un conflicto devastador por el dominio mundial.
Al no ser una entidad física, Caos no estaba verdaderamente sellado y existía dentro de recipientes como la Madre del Caos, o la Madre de Hawk. De Caos también nació su sirviente, la Dama del Lago o Sacerdotisa del Caos, quien elegiría a un humano como recipiente de su poder y portador de la espada sagrada Excalibur, iniciando la Era del Caos. De la ira de Caos también surgió Cath Palug, una criatura que buscaba destruir todo y apoderarse del poder de su creador, pero fue castigado a vagar por Britannia.
Caos se decepcionó de sus creaciones, incluyendo al Rey Demonio y la Deidad Suprema por su conflicto interminable, y de los gigantes por su naturaleza destructiva. A pesar de sus imperfecciones, considera a la humanidad su creación más valiosa.

El Legado de los Diez Mandamientos
El Rey Demonio, tras retomar el control del Reino de los Demonios, seleccionó a miembros de élite de su clan para otorgarles los Diez Mandamientos, creados a partir de fragmentos de su propio poder. Estos mandamientos no solo confieren autoridad, sino que también imponen maldiciones únicas a quienes rompen sus reglas específicas.
Los Diez Mandamientos son:
- Amor (慈愛, Jiai)
- Desinterés (無欲, Muyoku)
- Fe (信仰, Shinkō)
- Paciencia (忍耐, Nintai)
- Pacifismo (不殺, Fusatsu)
- Piedad (敬神, Keishin)
- Pureza (純潔, Junketsu)
- Reticencia (沈黙, Chinmoku)
- Reposo (安息, Ansoku)
- Verdad (真実, Shinjitsu)
Estos mandamientos son una manifestación directa del poder y la voluntad del Rey Demonio, sirviendo como herramientas de control y castigo dentro del clan demoníaco y más allá.
La Maldición de la Reencarnación Eterna
Una de las maldiciones más significativas creadas por el Rey Demonio es la Maldición de la Reencarnación Eterna. Esta maldición condena a la víctima a renacer incesantemente en un ciclo de sufrimiento. Aunque se desconoce si la maldición se limita a renacer como humano o si manipula recuerdos, la víctima más conocida es Elizabeth. Su maldición estaba ligada a mantenerla separada de su alma gemela, Meliodas, y se debate si fue un esfuerzo conjunto con la Deidad Suprema.
Inicialmente, se creía que el Rey Demonio maldijo a Meliodas con la inmortalidad, pero más tarde se autoproclamó responsable del perpetuo renacimiento de Elizabeth. Esta maldición es un testimonio del poder del Rey Demonio para infligir sufrimiento a través de las eras.
Relación con Meliodas y Zeldris
La relación del Rey Demonio con sus hijos, Meliodas y Zeldris, es compleja y marcada por el poder, la traición y el control. Castigó a Meliodas por su desobediencia, pero también conspiró para usarlo como recipiente. Con Zeldris, su hijo menor y representante, se comunicaba telepáticamente incluso estando sellado en el Purgatorio, y lo utilizó para sus planes de recuperar su cuerpo y poder.
La dinámica familiar del Rey Demonio es un reflejo de su propia naturaleza: centrada en el poder, la autoridad y la imposición de su voluntad, sin importar el costo emocional o las relaciones personales.