El Camino Ninja: Un Viaje de Nostalgia y Determinación

El amanecer no trajo pajaritos, ni calma, ni olor a pan fresco. Trajo presagio.

La sensación era tan densa que Naruto la sintió incluso antes de abrir los ojos. Cuando se incorporó, tenía el cabello todavía hecho un desastre y la camiseta a medio torcer, pero incluso así supo que algo estaba mal.

-¿Por qué... siento... que hoy va a doler? -murmuró.

Satsuki ya estaba completamente lista, de pie junto a la ventana, con la luz dorada perfilando su silueta. Había una tensión en su postura que no solía mostrar, algo entre alerta y anticipación.

-Porque Kakashi lo dijo ayer -respondió ella sin mirarlo-. Tácticas conjuntas de combate. No sonó como algo suave.

Sakura revisaba su bolso médico con el ceño ligeramente fruncido. Había reorganizado vendas, kits de costura, ungüentos analgésicos y, de manera nada tranquilizadora, un frasco extra de antinflamatorios.

-Les digo esto con todo cariño -murmuró mientras guardaba un rollo de vendas largas-: Hoy no quiero que ninguno se rompa nada. Ni por orgullo. Ni por estupidez.

Naruto tragó saliva.

-¿Eso incluye fracturas emocionales?

Sakura suspiró.

-Naruto... todas tus fracturas son emocionales.

Satsuki rodó los ojos, pero él alcanzó a notar una curvita mínima en la comisura de sus labios.

Cuando salieron, Kakashi ya estaba allí, en el centro del campo, sentado sobre un poste de la valla como si fuera un cuervo elegante. Estaba en posición perfecta, espalda recta, piernas cruzadas, libro naranja abierto... y una calma tan absoluta que resultaba intimidante.

Parecía que la amenaza no lo tocaba. Era la amenaza.

-¡Buenos días, equipo! -saludó sin levantar la vista del libro.

Naruto levantó la mano torpemente.

-D-buenos días, sensei... ¿Durmió bien?

-Como un bebé -respondió Kakashi.

Eso era lo malo: Un Kakashi bien dormido era un Kakashi peligrosísimo.

Kakashi cerró el libro con un clap suave que sonó como una sentencia.

-Como dije: hoy pelearemos. Reglas simples: No usar fuerza letal. No dañar el campo. Para ganar deben tocar mi protector frontal, aunque sea un roce.

Sakura frunció el ceño.

-¿Sensei irá al cien por ciento?

Kakashi alzó un dedo.

-Digamos... al ochenta.

Naruto sintió que el alma le bajaba hasta los pies.

-¿¡Ochenta!? ¡Eso sigue siendo demasiado! ¡Cuarenta sería lo justo! ¡Veinte sería civilizado!

Kakashi sonrió bajo la máscara.

-A mí me parece divertido así.

Satsuki avanzó un paso, seria.

-Estamos listos.

Kakashi la observó en silencio durante un instante. No como un maestro viendo a una alumna...

El 25 de septiembre, la paz era únicamente interrumpida por algunos genins que buscaban mascotas perdidas por la aldea. En el cielo podía apreciarse algunas nubes pero ninguna señal de tormenta.

Hinata regresó a Konoha después de haber comprado el té que utilizaba para las ceremonias en la Aldea del Té, esto era una misión de suma importancia para los miembros de un clan tan tradicional como lo era el Hyuuga pero pequeña si se toma en cuenta el peligro de la misma.

Ella era la heredera de su clan, aunque muchos, especialmente el Consejo, no apoyaran dicha idea. Día a día se hacía más fuerte, física y espiritualmente, pero parecía no ser suficiente para convencer al Consejo.

Después de reportarse con Izumo y Kotetsu en la entrada se dirigió con paso veloz a su casa pues su padre le había dicho que debería apresurarse y no quería hacerlo esperar.

Los últimos días había estado ocupada a pesar de que la Hokage no había requerido de sus servicios.

Su padre le había encargado estudiar algunos pergaminos del clan, la historia de este y técnicas que debía aprender antes de ocupar el cargo como cabeza del clan. Si había estado allí antes no lo recordaba, pasaron tantos años desde que su padre la considero poco digna para el cargo y para estudiar esas técnicas.

Sin embargo contaba con el apoyo de su equipo, de Neji, quienes la ayudaron a continuar con su entrenamiento, mejorar como kunoichi. Gracias a ellos pudo desarrollar su propia técnica. Pero había alguien más, alguien que la había motivado a ser una kunoichi y continuar su entrenamiento en la Academia.

Naruto había sido quien la motivó a no rendirse, a continuar en su camino ninja sin importar los retos que tuviera que afrontar, a seguir adelante a pesar de los tropiezos.

Pero fue alguien más quien la motivó a elegir ese camino.

Cuando era niña su padre acostumbraba reunirse con Fugaku Uchiha, líder de su clan. No podría decir que ambos clanes tuvieran una buena relación, de hecho eso era una farsa que ambos mantenían, una excusa para poder espiarse mutuamente. Y es que desde la invasión del Kyuubi la rivalidad entre clanes había crecido.

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios al recordar sus reuniones con Itachi Uchiha. De verdad que se sentía intimidada con su presencia. Él era todo lo que se esperaba de un líder y un shinobi, un genio en un clan de genios. Y ella, las palabras sobraban, no era la mejor kunoichi de su generación, por más que lo intentaba no lograba destacar en nada.

Era la encargada de servir el té. Su padre le había dicho que como heredera de clan y futura líder debía mostrar delicadeza y elegancia en cada uno de sus aquellas reuniones los dangos no podían faltar, a veces los preparaba ella y otras veces Itachi los traía consigo de la tienda de sus tíos.

Por lo general Itachi era callado, a veces solo hablaba para saludar y despedirse. Durante un tiempo llegó a creer que su presencia le molestaba. Aquello le hacía más difícil convivir con él, varias veces intentó negarse pero su padre nunca le permitió cancelar dichas reuniones. Y ella no se atrevería a desobedecerle, ya era demasiado difícil el mirar la decepción en su rostro.

Y aquello no había cambiado. Si bien su padre comenzaba a tomarla más en cuenta, que sentía ganar algo de su aprobación, había cosas que nunca cambiarían. Sabía que muchas desearían estar en su lugar, que Itachi era muy cotizado entre la población femenina pero nunca había mostrado interés en ninguna, aunque según los rumores que había escuchado tenía novia, ser un ninja lo tenía ocupado y que probablemente ella era la mujer con la que tenía mayor contacto y sin embargo eran pocas las veces en que hablaban.

Las ceremonias del té eran importantes en los clanes tradicionales. De ese modo empezaban las reuniones importantes o las celebraciones que efectuaban. Su madre fue quien le enseñó todo lo que sabía.

Por lo general se limitaban a tomar el té y comer dangos mientras esperaban a que los adultos terminaran sus asuntos. Para aquel entonces Hinata no hubiera creído que Itachi sería el responsable de la masacre de un clan tan poderoso como lo era el clan Uchiha. Ella lo admiraba y consideraba un ejemplo a seguir.

Y de cierto modo seguía siéndolo, no era que Hinata planeara repetir sus acciones pero era consciente de sus logros, de lo rápido que fue su avance como ninja. Creía firmemente que de no haberse dado aquella tragedia Itachi hubiera sido nombrado Hokage y con menor intensidad que algo había sucedido, que algo había llevado al Uchiha a actuar de ese modo pero no era algo en lo que quisiera indagar pues sabía que era un territorio peligroso.

Su mente regresó a aquel día, no fue el primero que tomaron el té pero si la vez que mantuvieron una conversación más larga. Estaba deprimida pues volvió a tener problemas con Neji. A modo de paz le había preparado unos dangos, quería que volviera a ser el Neji que había conocido pero él ni siquiera la había mirado. No podía culparlo, quizás ella hubiera reaccionado del mismo modo de encontrarse en la misma situación.

Itachi había aceptado sus dangos y le había dicho que eran sus favoritos. Desde ese día los dangos siempre acompañaban sus reuniones, ya sea que ella los preparara o él los trajera de la tienda de su tío. Hinata se sentía tan feliz de tener a alguien a quien considerar un amigo.

Naruto le había enseñado a no rendirse, seguir adelante a pesar de las circunstancias pero de Itachi Uchiha aprendió lo que era el amor en todo el concepto de la palabra, no solo como algo romántico. Irónicamente de alguien que asesino a todos los miembros de su clan aprendió a amar la aldea, a protegerla con todas sus fuerzas. En ocasiones se preguntaba qué fue lo que lo llevó a cambiar de ese modo y si eso estaba relacionado con la presión de ser el líder del clan.

Sus silencios no estaban callados de desprecio o decepción como solía pasar en el consejo. Solía escucharlo cuando necesitaba de alguien que lo escuchara aunque pocas veces le contaba sus problemas.

Era poco lo que Hinata sabía de él. Sabía que era un genio y lo mucho que amaba a su hermano menor, solía hablarle de él y ella le contaba sobre Hanabi, su hermana menor y de escasos meses a la que tanto quería… Quizás no eran tan diferentes después de todo.

La segunda vez que lloró frente a él fue cuando su padre le dijo que asistiría a la Academia Ninja. Ella no quería, nunca le había gustado la violencia y le asustaba lo que pudiera suceder en la Academia.

Fueron sus palabras las que la motivaron a ser ninja, a ver la labor de un shinobi no como la de un guerrero sino como la de un protector, la forma de proteger la aldea y forjar un lugar para futuras generaciones, un lugar donde niños como Hanabi o Sasuke pudieran crecer, vivir alejados del sufrimiento de la guerra, crear para ellos un lugar seguro.

-Un shinobi siempre debe proteger a su aldea.

Le era difícil creer lo que decían de Itachi pero aún así lo aceptaba ¿Cómo podría imaginar que ese gran hombre se convertiría en uno de los peores criminales? Y es que aún conservaba sus dudas.

Pero sin duda el recuerdo más valioso que guardaba de Itachi Uchiha era el de su cumpleaños, del último que había celebrado a su lado y el último que pasó como shinobi de Konoha.

Cuando su padre le dijo que debía prepararse para el cumpleaños del heredero del clan Uchiha no pudo evitar emocionarse. Era su oportunidad para agradecerle lo que había hecho por ella, por sus palabras de aliento.

Era su cumpleaños y sin embargo no estaba emocionado. Quiso decirle a su madre que no deseaba celebrarlo pero no pudo, no quería robarle esa pequeña felicidad. Contrario a lo que muchos pensaban a ItachiUchiha no le gustaba ser el centro de atención y menos si eso causaba molestia en Sasuke.

Tal vez su hermano menor no lo decía pero él lo notaba, las miradas incómodas y todas esas veces que intentaba llamar la atención. Lo último que deseaba era que Sasuke se sintiera ignorado en su propia familia.

Porque aunque no le podía dedicar mucho tiempo deseaba protegerlo. Lo quería y soñaba en que algún día su pequeño hermano se convirtiera en un héroe. Quizás esa era una de las pocas oportunidades de pasar tiempo con su familia…

En los últimos días había estado ocupado en misiones pero eso no era lo que le preocupaba. El clan estaba inconforme con la situación que tenían en la aldea y el Consejo desconfiaba del clan y planeaba tomar acciones. De seguir así podría iniciar una nueva guerra.

Cuando llegó a su casa ya había anochecido. Fue el último en llegar, varios de los clanes más importantes se encontraban allí y sin embargo pocos eran amigos. Su labor como shinobi absorbía gran parte de su tiempo.

Y sin embargo tenía una novia, una mujer cariñosa que entendía el hecho de que al ser shinobi no tendría mucho tiempo disponible, habían sido comprometidos desde que eran niños y sin embargo a veces se comportaban como desconocidos. Pudo verla conversando con su madre, como si se tratara de dos buenas amigas.

Izumi fue la primera en felicitarlo. El día anterior le había dado una carta y le había pedido que la abriera el día de su cumpleaños. La carta contenía una dedicatoria para el cumpleañero y venía acompañada por un cupón valido por dangos y besos. Su relación con ella era un tanto complicada, sabía que ella tenía sentimientos por él pero no que pudiera corresponder sus sentimientos con la misma intensidad, sus deberes como ninja abarcan la mayor parte de sus pensamientos.

-Itachi -le dijo Shisui apareciendo de pronto, como era su costumbre, no por nada era conocido como "Shisui del cuerpo parpadeante"-, te tengo una mala noticia.

-¿Qué pasa? -preguntó itachi curioso, pocas veces había visto a Shisui actuar tan serio.

-Te estás haciendo viejo -respondió Shisui a la vez que lo despeinaba.

Shisui era, probablemente la única persona a la que le permitiría hacerle eso, no solo era su primo, también su mejor amigo y compañero en su última misión y una de las más complicadas. Él era un gran shinobi, de los mejores en genjutsu y uno de los genios del clan, pero también inmaduro y un experto en bromas.

-Mientras pueda seguir protegiendo Konoha eso no tiene importancia.

-Eres un aburrido, pareces más viejo de lo que ya eres.

-Quizás, la guerra me ha hecho madurar, no quisiera que Sasuke pasara por lo mismo.

-¿Vamos por Dangos? Es tu cumpleaños y deberías dejar de lado los pensamientos amargos -le dijo Shisui con una sonrisa pero ambos sabían que era falsa, la situación del clan era cada vez más inestable.

Itachi asintió y lo siguió. No era porque tenía hambre aunque no podía negar que se trataba de su comida favorita. Notó varias miradas posadas sobre ellos y no deseaba levantar sospechas.

En la mesa de dangos se encontró con Sasuke y su madre. Ambos lucían una sonrisa de sincera felicidad. Ambos le entregaron un regalo de cumpleaños, por la forma en que estaba envuelto Itachi podría apostar a que el responsable de ello era su hermanito.

Depositó un pequeño beso en la mejilla de su madre y golpeó la frente de su hermano como acostumbraba hacer. Le pareció tierna la forma en que fruncía el ceño e inflaba sus mejillas. Su hermano menor era la persona más importante en su vida.

-Itachi -lo llamó Mikoto a la vez que le entregaba una nueva caja envuelta cuidadosamente y con varios motivos del clan -. Estoy tan orgullosa de ti, hijo.

A Itachi no le preocupaba abrir sus regalos, no porque no lo y Sasuke siempre se le adelantaban, solían hacer lo mismo cuando se trataba de un regalo, especialmente cuando era uno propio.

Con forme pasaba la noche muchos habían ido a felicitarlo y él, como buen anfitrión debía atenderlos. Su deber como futuro líder era causar una buena impresión y mantener en alto la reputación del clan Uchiha, la cual ya estaba algo manchada pero que al parecer, muchos olvidaron ese día.

Planeaba retirarse pronto. No era por el cansancio de la misión, era por incomodidad. Consideraba que ya había estado demasiado tiempo y ya no podían reclamarle nada. Sin embargo algo lo detuvo. Un pequeño estirón en de su manga llamó su atención.

Al voltearse pudo ver a Hinata sosteniendo una pequeña tarjeta acompañada de una caja. Sus mejillas habían alcanzado un alto grado de sonrojo, como si en cualquier momento se desmayaría, no dudaría que fuera así. Ella extendió aquel obsequio temerosa de su reacción.

Al abrirla encontró unas flores prensadas. Aquella era la primera vez que alguien le regalaba flores, extraño sí, molesto no… era un tierno detalle. Dentro de la caja había varios pergaminos explosivos y unos hilos de chakra, de buena calidad si le preguntaban.

-Gracias, Hinata -respondió Itachi con una sonrisa, aquello logró calmar a la Hyuuga.

-Feliz cumpleaños -respondió ella entre tartamudeos.

-Sasuke -lo llamó Itachi -. ¿Vamos a entrenar?

-Aburrido -comentó Shisui, camuflando sus palabras con una falsa tos.

-¡SÍ! -gritó Sasuke emocionado -. Voy a entrenar con mi hermano mayor.

-Hinata nos acompañara.

Aquello provocó que Sasuke frunciera el ceño levemente, no le gustaba compartir a su hermano pero debía admitir que entre compartirlo y que lo ignorara prefería lo primero. Además Hinata no era tan mala, quizás algo extraña pero solía ser callada.

-En ese caso yo los acompaño, esto ya se está poniendo aburrido, sin ofender Itachi, pero tus fiestas parecen de abuelo.

Aquella fue la última vez que vio a Itachi, que pudo conversar con Mikoto Uchiha, entrenar con Sasuke y Shisui. Luego de ese día le prohibieron acercarse al clan Uchiha, las tardes tomando el té se cancelaron y nunca regresaron.

No le dijeron nada pero escuchó rumores, la reputación del clan Uchiha estaba siendo afectada y ellos ya no se esforzaban en mostrar algo de camaradería.

El entrenamiento en la Academia no tardó en poner a prueba mi control. Durante las prácticas de control de chakra -el clásico ejercicio de pegar una hoja a la frente-, sentí cómo mi energía empujaba con la fuerza de una marea alta. No intenté ocultarlo del todo; quería que supieran que no era una carga, pero me aseguré de no liberar el torrente completo para no terminar en el radar de Danzō o los consejeros del Hokage.

Aun así, la hoja en mi frente no solo se pegaba, sino que vibraba bajo la presión de mi chakra.

-¡Increíble! -exclamó Naruto, acercándose tanto que nuestras narices casi se tocaban-. ¡Tu energía se siente... pesada! ¡Como si tuvieras un motor gigante ahí dentro, Ruri-chan!

Su curiosidad era genuina. Él, mejor que nadie, podía sentir que yo no era una niña normal. Le sonreí, dándole un pequeño toque en la frente.

-Es solo práctica, Naruto. Si te esfuerzas, la tuya será incluso más brillante que la mía -le dije, viendo cómo sus ojos brillaban con determinación.

El resto de la semana se fue en un parpadeo entre libros de historia ninja y lanzamientos de kunai. Para el domingo, decidí que era momento de estrechar lazos, así que invité a Sakura e Ino a comer a mi departamento.

Sin embargo, mi presupuesto del Hokage era limitado y quería agasajarlas bien. Antes de que llegaran, me senté en el suelo y cerré los ojos. Imaginé el metal, el peso y el relieve de las monedas de la aldea. Usar mi poder de creación para hacer billetes grandes sería demasiado arriesgado y llamativo para los registros contables de la aldea.

"Poco a poco, Ruri... no abuses", recordé las palabras de Hagoromo.

Concentré mi chakra y, con pequeños "clics" metálicos, hice aparecer un puñado de monedas de baja denominación en mi palma. Era suficiente para comprar ingredientes frescos y algunos dulces sin levantar sospechas. El gasto de energía fue mínimo, casi como un suspiro.

La mañana del domingo fue tranquila. Caminé por el mercado de la aldea con una bolsa de tela, seleccionando frutas frescas y bocadillos con las monedas que había materializado horas antes. Quería que todo fuera perfecto; después de seis años de "sueño", esta era mi primera pijamada real.

Cuando Sakura e Ino llegaron por la tarde, sus expresiones de asombro me llenaron de satisfacción. El departamento no solo estaba limpio, sino que tenía detalles que yo misma había diseñado con mi poder de creación: cojines extra suaves, lámparas de luz cálida y una pequeña mesa llena de dulces.

-¡Ruri, esto parece un hotel de lujo! -exclamó Ino, lanzándose sobre uno de los pufs que yo había imaginado con especial cuidado en la textura.

-Es increíble que hayas armado todo esto tú sola -añadió Sakura, acomodando su mochila en un rincón-. Gracias por invitarnos.

Me reí mientras les servía té.

-A veces, las mejores cosas aparecen cuando menos las esperas -respondí con misterio-. Pero hoy no hablaremos de cosas complicadas ninjas ni de los conflictos por chicos. Hoy es solo para nosotras.

Esa tarde, entre risas y secretos de niñas, sentí por primera vez que este mundo ya no era solo una historia que leí, sino mi verdadero hogar.

Pasamos horas probándonos ropa, practicando sellos de manos básicos y riendo hasta que nos dolió el estómago. Pero cuando cayó la noche y nos acomodamos en los futones, el tono de la charla cambió a algo más profundo, como suele pasar en las pijamadas.

-Entonces, Ruri... -comenzó Ino, mirándome con curiosidad bajo la luz de las velas-. Ya sabemos que Sasuke no te interesa, pero ¿hay alguien que te llame la atención?

Sakura se inclinó hacia adelante, interesada. Yo suspiré y miré al techo, pensando en el rubio escandaloso que siempre estaba solo en el columpio.

-No de esa forma -respondí con calma-. Pero me importa mucho Naruto.

Las dos se quedaron en silencio, procesando mis palabras. En esta época, Naruto todavía era visto por la mayoría como "el fracasado" o algo peor.

-¿Naruto? ¿Ese chico ruidoso? -preguntó Sakura con una mueca de duda.

-Es más que ruido, Sakura -le dije, girándome hacia ella-. Él tiene una soledad que pesa, igual que la mía por ser huérfana, pero él la convierte en sonrisas. Lo veo como un hermano menor al que quiero proteger. Tiene un corazón de oro, aunque a veces lo esconda tras sus travesuras.

Ino asintió pensativa.

-Es cierto que nunca se rinde... aunque sea un poco tonto a veces.

-Solo denle una oportunidad -les pedí con una sonrisa-. El mundo ninja es frío, y personas como él son las que mantienen el calor.

Hablamos hasta que los ojos se nos cerraron por el cansancio. Esa noche, dormir acompañada por el sonido de su respiración tranquila me hizo sentir que ya no era una extraña en un mundo de ficción.

Caminar por las calles de Konoha se sentía como un sueño lúcido. Los puestos de comida, las tiendas de armas ninja y el bullicio de la gente eran escenas que solo había visto a través de una pantalla en mi otra vida. Ahora, el aire olía a madera quemada y especias, y el sol calentaba mi piel de verdad. Todo era tan nuevo, tan vibrante, que me quedaba embobada con cada detalle, pero el ANBU que me escoltaba no tenía paciencia para mi asombro.

-Camina más rápido -ordenó su voz fría tras la máscara. Apreté el paso. No tardamos mucho en llegar a la oficina principal. Cuando las puertas se abrieron, la realidad me golpeó de frente. Allí, sentado tras un escritorio lleno de papeles y envuelto en una nube de humo de tabaco, estaba el Tercer Hokage.

-Pasa, pequeña -dijo Hiruzen Sarutobi. Sus ojos se entrecerraron con una mezcla de tristeza y alivio-. Ishikawa Ruri.

Al escuchar ese nombre pronunciado por él, sentí una punzada en el pecho. Ruri. Ese era yo ahora.

El Hokage comenzó a hablar con una melancolía que llenaba la habitación. Me contó sobre mis padres, ninjas que se sacrificaron "esa noche" hace diez años. No tuvo que dar detalles; yo sabía perfectamente que se refería al ataque del Kyuubi el día que nació Naruto. En ese entonces, yo apenas era una bebé de dos meses, según las enfermeras y que caí en coma a los 4 años.

Hagroromo no mentía sobre mis dones. Cuando el Tercer Hokage puso una mano sobre mi hombro para consolarme, sus cejas se arquearon con sorpresa. Pude ver cómo sus ojos analizaban mi sistema circulatorio de chakra. Mi energía no era un flujo normal; era un torrente indomable, vasto y pesado.

-Un chakra de este nivel no puede ser ignorado, Ruri -sentenció con una sonrisa amable pero firme-. Es tu herencia y tu responsabilidad. Mañana mismo serás inscrita en la Academia Ninja. No podemos permitir que tal potencial se desperdicie.

Me entregó una llave y un sobre con mis primeros fondos de manutención. Una semana después, me encontraba frente a la puerta de mi nuevo hogar. Era un departamento pequeño, sencillo, pero comparado con lo que recordaba del apartamento de Naruto en el anime, este se sentía un poco más acogedor y mejor cuidado. Me senté en la cama vacía, mirando mis manos. En siete días entraría a la Academia.

Equipo 7 entrenando con Kakashi

TODOS los RANGOS SHINOBI EXPLICADOS en Naruto

Tobi y Zetsu están hablando sobre Tsukuyomi Limitado y de cuál es su objetivo. Al día siguiente, en la mañana, Naruto se encuentra solo para desayunar y decide crear dos clones para que lo acompañen, y juntos juegan un partido de cartas. Mientras tanto, Lee, Guy, Tenten y Neji acaban de llegar una misión y se encuentran en la mansión de la Hokage. Tenten decide ir al balneario y les propone sus compañeros ir también. Neji acepta, pero Lee dice que tiene que ir a entrenar. Antes de salir, Kakashi llega y le pide a Lee que le notifique a Sakura y a Naruto que mañana se deben reunir con él para realizar una misión. Lee se dirige hacia afuera y le da el recado a Sakura. Ella aprovecha de ir al balneario también, ya que era el último día de descanso. Todos están en el balneario. Mientras tanto, Lee está terminando su entrenamiento, que hacía sobre el techo de los edificios, pero, por accidente, se enganchó con un alambre en un pequeño pedazo de su vestimenta y se resbala sobre uno de los edificios. Naruto va a espiar a las chicas y, en ese momento, Rock Lee cae justo en el vestidor de las mujeres. El impacto hace que un sostén salga volando y se enganche en la toalla de Naruto, sin que éste se dé cuenta. Las chicas piensan que Lee las estaba espiando. Ino lo sostiene molesta. En ese momento, llegan los chicos y cuando ella lo va a golpear, él se siente apenado y escapa del balneario; fuera del lugar, lo atrapan. Estando todos juntos, Ino intenta golpearlo nuevamente, pero Naruto lo defiende y todos se calman. Cuando Naruto se voltea, todos observan que éste tiene el sostén de Sakura enganchado en su toalla. Entonces, ésta se enfada y lo golpea. En la noche, todos los hombres van a visitar a Naruto y, cuando se van, Naruto se siente un poco solo y se va a comer. Es considerado un episodio de relleno. Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto.

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