La novela gráfica, un formato que ha ganado reconocimiento y prestigio en las últimas décadas, ha evolucionado significativamente desde sus inicios. Originalmente asociada con el entretenimiento infantil y juvenil, el término "novela gráfica" surgió a finales de los años 70 para conferirle mayor seriedad a obras de cómic destinadas a un público adulto. Will Eisner, con su obra "A Contract with God", fue pionero en este sentido, buscando que sus cómics se exhibieran en las estanterías junto a las novelas, atrayendo así a lectores literarios al mundo del cómic para adultos.
Este género se caracteriza por abordar temas con una perspectiva más madura, abarcando desde la vida cotidiana y la autobiografía hasta la historia, la ciencia ficción y los superhéroes, pero siempre con una narrativa más cruda y profunda. Emmanuel Román, especialista en el tema, conceptualiza la novela gráfica como un género de historietas dirigido principalmente a un público adulto, aunque no exclusivo, al igual que los cómics en general. Se distingue por salirse de los temas comerciales hegemónicos para explorar la autobiografía, sucesos históricos, la vida cotidiana y diversas ramas de la ciencia ficción, aunque los temas clásicos también pueden ser abordados con una narrativa renovada.
Un aspecto fundamental de la novela gráfica es la experimentación con diversas técnicas visuales y gráficas. A diferencia de las historietas tradicionales, el apartado artístico en la novela gráfica goza de mayor libertad, permitiendo una personalización más profunda del trabajo por parte del creador. Autores como Charles Burns, Daniel Clowes, Gary Panter, Joe Sacco, Seth, Guy Delisle, Marjane Satrapi, Paco Roca, Luis Durán, Rutu Modan y Jiro Taniguchi son algunos de los exponentes de este formato a nivel internacional.
En México, la novela gráfica también ha encontrado su espacio. "Operación Bolívar" es considerada la primera novela gráfica publicada dentro de la industria editorial del país. En las décadas de los cincuenta y sesenta, figuras como Yolanda Vargas Dulché, creadora de "Lágrimas, risas y amor" y "Memín Pinguín", junto al dibujante Sixto Valencia, contribuyeron al desarrollo de la narrativa gráfica. Con la llegada de los ochenta y el tianguis del Chopo, se popularizaron los fanzines, conectando el punk mexicano con escenas internacionales y promoviendo la politización y el intercambio de ideas contra la opresión y la censura.
El cómic documental, un subgénero de la novela gráfica, se ha consolidado como una herramienta poderosa para narrar historias basadas en hechos reales. Augusto Mora, historietista y diseñador gráfico mexicano, es un destacado representante de este estilo. Su obra se centra en transmitir la historia reciente de los movimientos estudiantiles en México, desde Tlatelolco hasta #YoSoy123. Mora, quien desde niño dibujaba y parodiaba con su hermano, descubrió su vocación a los 15 años al ingresar a una escuela de cómic. Sus primeros trabajos fueron en el periódico Milenio, donde conoció a autores del Taller del Perro, quienes le brindaron contactos y oportunidades.

La influencia de Mora abarca autores mexicanos del Taller del Perro, como Patricio Beteo, así como tendencias del cómic mexicano y norteamericano. Posteriormente, se interesó por el cómic europeo, citando a Paco Roca, y por novelas gráficas de no ficción como las de Marjane Satrapi, Sarah Glidden y Joe Sacco, cuyo trabajo documental y periodístico admira. También aprecia el cómic underground de autores como Robert Crumb y Klaus, y recientemente descubrió al italiano Gian Alfonso Pacinotti (Gipi). Su estilo se ha ido refinando, pasando de trazos gruesos e inseguros a una línea más fina y decidida, buscando que cada trazo sea de primera intención.
Mora trabaja tanto con webcómics serializados como con cómics cortos y novelas gráficas, eligiendo el formato en función de la historia. Prefiere las historias cerradas y autoconclusivas, comparando la diferencia entre un cuento y una novela literaria. En sus obras documentales, como "En busca de una voz" sobre Tlatelolco, aunque se menciona la infancia del personaje, el enfoque principal recae en la acción y los acontecimientos.
La idea de incursionar en el cómic documental surgió tras vivir de cerca el movimiento estudiantil de 2012, originado por las elecciones presidenciales en México. Al presenciar las manifestaciones y la lucha por la libertad de expresión, la democracia y los medios de comunicación, Mora sintió la necesidad de plasmar estos sucesos en una historia. "Grito de Victoria" es un libro que aborda estos temas, incluyendo una sección donde el propio autor aparece como personaje, reflejando su experiencia de cerca durante el movimiento.
La investigación para sus obras documentales requiere un considerable esfuerzo. Para "Grito de Victoria", Mora contactó al comité del 68, formado por sobrevivientes que aún organizan la marcha del 2 de octubre. Entrevistó a figuras clave como Raúl Álvarez Garín y Joel Ortega Juárez, quienes le proporcionaron contactos y datos valiosos. También consultó periódicos de la época en la hemeroteca de la biblioteca Miguel Lerdo de Tejada y habló con periodistas que habían investigado el tema. A pesar de no tener formación periodística, utiliza métodos de investigación rigurosos, y Joel Ortega, quien escribió el prólogo de la primera edición, fue de gran ayuda.

Las fotografías en "Grito de Victoria" son en su mayoría propias, tomadas en 2012. Para la parte que recrea el 71, Mora utilizó fotografías actuales de los lugares donde ocurrieron los hechos, comparándolas con imágenes de periódicos de la época para capturar la estética y los detalles, como la fachada de la Escuela Normal, que apenas ha cambiado. También ilustró anuncios de periódicos de la época para dar mayor autenticidad a las escenas.
Mora reflexiona sobre la diferencia entre un documento escrito y uno dibujado, señalando que el dibujo es una representación desde la perspectiva del autor, lo que introduce un elemento de subjetividad. Al igual que un fotógrafo, el dibujante capta ángulos y planos según sus emociones y lo que observa, buscando transmitir una idea sin falsear la información. Si bien sus libros no son completamente documentales y él no se considera un periodista, siempre se esfuerza por diferenciar claramente lo ficticio de lo real. En "Grito de Victoria", por ejemplo, existe una distinción clara entre la parte ficticia y la documental, y los personajes ficticios, Victoria y Valentín, son sujetos que, aunque podrían existir, su participación no altera los sucesos históricos.
Las motivaciones de Mora para crear novelas gráficas documentales son diversas. Primero, considera que el cómic es un lenguaje que llega a públicos y personalidades distintas a otros medios, convirtiéndose en una herramienta pedagógica valiosa. Muchos maestros y profesores utilizan sus libros para captar la atención de sus alumnos. Segundo, la narrativa gráfica posee elementos que la fotografía o el cine documental no siempre capturan. El autor controla la gráfica, pudiendo transmitir emociones e ideas a través de claroscuros, tamaño de viñetas, líneas cinéticas y expresiones de personajes. El cómic, aunque no superior a otros medios, tiene características únicas que ofrecen una experiencia de lectura diferente.
Mora se inspira en autores como Rius, a quien leyó durante su infancia. Experimenta con el espacio y el tamaño de las viñetas para crear ritmo y guiar la experiencia de lectura. Las escenas de violencia, por ejemplo, se representan con viñetas rápidas para acelerar el tiempo, mientras que los detalles y la inclusión de más personajes ralentizan el ritmo, permitiendo al lector detenerse y observar. Realiza un storyboard previo, como si fueran cuadros de cine, antes del diseño de página, y dedica especial atención al diseño y estudio detallado de los personajes.
Actualmente, Mora trabaja en proyectos como un cómic sobre la lucha por el agua del pueblo Yaqui, en colaboración con la Comisión Nacional de Derechos Humanos. También está desarrollando una historia ficticia sobre la migración a Estados Unidos, enfocándose en los peligros que enfrentan los migrantes en México, un país que se ha convertido en una trampa donde son explotados por el crimen organizado.
El término "novela gráfica" sigue siendo objeto de debate, pudiendo referirse tanto a un formato de publicación como a un tipo moderno de historieta para adultos. Se considera similar al "álbum de cómic", un libro de un solo autor con una historia extensa y recursos literarios presentados en viñetas. El cómic, históricamente ligado a obras infantiles, buscó mayor prestigio con la novela gráfica, logrando hitos como el Premio Pulitzer para "Maus" de Art Spiegelman. La novela gráfica abarca diversos géneros, desde la vida cotidiana y la autobiografía hasta la ciencia ficción, pero con una narrativa más cruda y adulta.
En el ámbito del cómic documental, han surgido obras significativas como "11-M. La Novela Gráfica", de Antoni Guiral, Pepe Gálvez y Joan Mundet, que narra los atentados terroristas en Madrid de 2004. Este trabajo se basa en la sentencia judicial, complementada con la intervención de tres personajes ficticios (un periodista, un familiar de víctima y un policía) para aportar información contrastada y dramatizar los hechos. La obra, publicada en blanco y negro, busca ser un recuerdo colectivo y una herramienta contra la desinformación y la desmemoria, basándose en hechos probados y con un tono humano y respetuoso hacia las víctimas.
Como se hizo: 30 años de oscuridad: Una novela gráfica documental
"11-M. La Novela Gráfica" destaca por su rigurosa documentación y su enfoque humano. Los autores confiesan la naturaleza ficticia de sus personajes principales, pero subrayan que su invención se basa en la verdad y los hechos probados. La obra no elude la confrontación social y política generada por los atentados, pero se centra en los hechos. Joan Mundet, el dibujante, es elogiado por su brillante retrato de personajes, tanto reales como ficticios, logrando un equilibrio entre la fidelidad a la realidad y la transmisión de emociones. Su uso del blanco y negro refuerza el respeto por las víctimas y la seriedad del contenido.
La novela gráfica documental se presenta como un medio esencial para preservar la memoria histórica y combatir la tergiversación de los hechos. Obras como "11-M" son un llamado a la reflexión y a la importancia de recordar, especialmente en tiempos de "fake news" y desinformación.
El proceso creativo de Augusto Mora, por ejemplo, implica una cuidadosa investigación y recreación de detalles. En sus obras, como "Grito de Victoria", se aprecia la meticulosidad para plasmar fielmente los recuerdos de quienes vivieron los sucesos. La combinación de investigación periodística, entrevistas y la propia experiencia del autor dan forma a narrativas que buscan conectar con el lector a un nivel profundo.
La novela gráfica documental, al igual que el cómic-periodismo, utiliza el lenguaje del cómic para abordar temas de interés público y social. Autores como Joe Sacco son referentes en este campo, y obras como "Cuadernos ucranianos" de Igort o "Jamás tendré 20 años" de Jaime Martín ejemplifican la diversidad de enfoques y temáticas dentro del género. Estas obras a menudo investigan el pasado traumático de las poblaciones, utilizando recursos visuales y narrativos para otorgar veracidad al relato.
La representación de la realidad en la novela gráfica documental es un acto complejo que combina la objetividad de los hechos con la subjetividad del artista. Mora señala que, aunque busca la fidelidad, su trabajo tiene el filtro de sus emociones, similar a la labor de un fotógrafo. Sin embargo, la clave reside en no falsear la información y en ser transparente con el público sobre la naturaleza de la obra, ya sea ficticia o basada en hechos reales.
El cómic documental ofrece una experiencia de lectura única, permitiendo explorar temas complejos de manera accesible y atractiva. La capacidad de las viñetas para condensar información, transmitir emociones y recrear detalles visuales lo convierte en un medio poderoso para la reflexión y el entendimiento del mundo que nos rodea.