One Piece: Un Símbolo de Resistencia y Crítica Social Global

En las protestas de todo el mundo aparece una bandera negra, con una calavera sonriente y un sombrero de paja. La juventud que se rebela eligió como uno de sus símbolos la insignia de los piratas de One Piece, uno de los animes más populares de la historia, que este 20 de octubre cumplió 26 años. Las imágenes que llegan de todas partes traen aires nuevos. Italia y España en huelga, con movilizaciones masivas en solidaridad con Palestina. Revueltas que se extienden desde Indonesia hasta Perú, desde Nepal hasta Madagascar. Una juventud que se levanta contra gobiernos corruptos y represivos, planes de ajuste y hambre. Desde Asia a Latinoamérica, pasando por el corazón de Europa hasta llegar a Estados Unidos, la llamada Generación Z gana protagonismo.

¿Pero por qué en tantas de estas protestas aparece la bandera de One Piece? ¿Qué tiene esa insignia pirata, que la ha transformado en un símbolo de lucha por la libertad? ¿Por qué se ganó ese lugar en la vida de la Generación Z? ¿Podemos leer esa apropiación desde una mirada de izquierda? Es difícil arriesgar una respuesta a estas preguntas, ya que la apropiación de este símbolo ha surgido de forma espontánea, en cada caso se le ha dado distintas interpretaciones, y su uso se contagió a través de las redes sociales.

Los primeros en tomarla fueron los jóvenes de Indonesia, donde el gobierno incluso amenazó con prohibirla, por considerarla un símbolo de traición que invitaba a rebelarse. Luego se vio en Nepal, ambos casos donde la juventud cuestionaba la corrupción y autoritarismo de la clase dominante, y la bandera se ligaba a desenmascarar que los gobernantes no están del lado del pueblo, junto al lema #WakeUpNepal. En Europa pudimos verla en las manifestaciones de la clase trabajadora, enfrentando la represión, y particularmente junto a la bandera Palestina en las marchas contra el genocidio llevado adelante por el Estado de Israel. En Latinoamérica contra los planes de ajuste y frente a la decepción con los partidos del régimen. Lo que aparece casi siempre, es que se asocia a la lucha contra la injusticia, la opresión y por la libertad.

Bandera de One Piece en una manifestación

One Piece es uno de los animes más importantes y populares de la historia (y de los más largos, es larguísimo y todavía le queda para rato), que el pasado 20 de octubre cumplió 26 años al aire. Su manga empezó a publicarse en 1997 y su serie a emitirse en 1999, y desde entonces se ha convertido en uno de los más leídos y vistos, incluso quitándole el puesto a Superman como la historieta más vendida del planeta. Es anterior a muchas cosas que hoy tenemos normalizadas, como por ejemplo el Euro, que empezó a usarse en 2002. También a varios países, como Timor Oriental (2002), Montenegro (2006), Kosovo (2008), y Sudán del Sur (2011). Incluso es anterior a la democracia burguesa en Nepal, donde recién en 2008 se puso fin a una monarquía de más de doscientos años.

La serie sigue la historia de Luffy, el protagonista, un chico de 17 años que usa un sombrero de paja y quiere convertirse en el Rey de los Piratas. Para lograr su sueño se vuelve capitán de un barco, sale al mar a reclutar una tripulación y juntos van a vivir aventuras. Así ondean por primera vez su bandera, en honor el peculiar sombrero del personaje, ganándose el apodo de la banda de los “Sombreros de Paja”.

Monkey D. Luffy con su sombrero de paja

Muchas de las islas a las que llegan tienen gobiernos opresores, y gente que quiere pero no se anima a enfrentarlos. Los Sombreros de Paja siempre están dispuestos a ayudar, pero hay cierta filosofía en la que “ayudamos al que se ayuda”. De hecho, Luffy nunca ayuda a nadie que no le pida explícitamente su ayuda, sobre la base además de que empiece a moverse. No se piensa como un salvador, que llega a un lugar a resolver los problemas del resto. Más bien trata de inspirar al resto con la idea de que vale la pena luchar, y que no hay que hacerlo en soledad, sino que juntos somos más fuertes. Contagia esa rebeldía.

Además aparece otro enemigo, el Gobierno Mundial, una institución internacional al servicio de una clase dominante de nobles, los Dragones Celestiales, que casi siempre está detrás de esos gobiernos locales, impulsando, apoyando y financiando dictaduras para su beneficio. Para cuidar ese orden establecido tienen a la Marina, un ejército que reprime y persigue a todos los que se rebelan. El abuelo de Luffy era almirante de la Marina, y quería que su nieto siguiera sus pasos, pero este nunca le hizo caso. Más adelante también descubrimos que en este mundo hay un Ejército Revolucionario, cuyos líderes son el padre y el hermano de Luffy.

Es bueno saber, como pudimos ver en una entrevista a Eiichirō Oda, el creador de la serie, que este tiene una foto del Che en su estudio. La opresión y la resistencia son moneda corriente en ese mundo de fantasía, plagado de referencias y metáforas del mundo real, que queremos recorrer (también por ejemplo uno de los personajes hace referencia al revolucionario mexicano Emiliano Zapata, con su recordada frase “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas”). Aquí hay un primer indicio de por qué hay sectores de la juventud que se identifican con estos personajes y su historia, que tiene como uno de sus principales estandartes la búsqueda de la libertad, algo por lo que vale la pena luchar.

Aunque obviamente hay una gran distancia con el mundo real, al hablar del Gobierno Mundial, esa organización internacional que oprime pueblos de todo el mundo para el beneficio de los nobles, es difícil no pensar en lo que desde el marxismo hemos llamado imperialismo. Lenin lo definía como la fase superior del capitalismo, es decir, cuando este sistema social se expande al conjunto del mundo. Si el capitalismo se basa en que la clase dominante, propietaria de los medios de producción, explote a la clase trabajadora para obtener ganancias, esta lógica se replica al planeta y entre los distintos países. Es por eso que hablamos de potencias imperialistas, como por ejemplo Estados Unidos, Inglaterra, Francia o Alemania, que explotan a los países oprimidos o dependientes. Mientras que la burguesía de cada país se aprovecha de los trabajadores de ese país, la burguesía imperialista, la de los países centrales, se aprovecha también de los trabajadores del resto del mundo. Para esto a su vez se alía y subordina a las distintas burguesías locales de los países que explota, que juegan el rol de socias menores de la cadena imperialista.

A diferencia de los imperios antiguos, donde la dominación se daba principalmente mediante las intervenciones militares directas de una nación sobre la otra, el imperialismo moderno se basa en gran parte en mecanismos económicos y políticos, que buscan mostrarse como pacíficos (aunque nunca dejaron de existir las intervenciones militares directas). El control del mercado mundial, la restricción externa, el peso del capital financiero, los organismos de créditos internacionales, y las deudas externas con la que se exige que se apliquen planes de ajuste y austeridad, son algunas de las formas que ha tomado. Pero en momentos de crisis, como el que estamos viviendo en la actualidad, se demuestra que ese pacifismo es solo aparente, porque el imperialismo está dispuesto a todo para sostener su dominio. El ejemplo más claro es el genocidio al pueblo palestino, pero también lo vemos con la guerra en Ucrania, y antes con las incontables dictaduras que se han impulsado en todo el globo, como las de Latinoamerica.

Aquí es donde el mensaje de One Piece es más claro. En su mundo la esclavitud es aceptada y promovida por los líderes mundiales, que son supremacistas. Los gyojin, o hombres-pez, son tratados como una raza inferior que puede ser capturada y comercializada como mano de obra, introduciendo el colonialismo, la xenofobia y el racismo. Lo mismo pasa con las sirenas, con referencias claras a la trata de personas. Otro dictador convierte a la gente en juguetes sin conciencia, para obligarlos a trabajar en sus fábricas, algo que puede leerse como una metáfora de la alienación que sufren los trabajadores. Pero una de las mayores atrocidades que vemos en la serie es un genocidio, llevado adelante para callar la resistencia. Una de las compañeras de Luffy es sobreviviente de esa masacre, y es por ella que los Sombreros de Paja le declaran la guerra al Gobierno Mundial en primer lugar. No es sorprendente que la bandera de One Piece llegara incluso a la Flotilla Sumud.

Ilustración de Fish-Men y humanos en One Piece

Pero como no puede ser de otra forma tratándose de una ficción, hay diferencias con la realidad que es central remarcar. Una de ellas es la forma que toma el imperialismo con el Gobierno Mundial, como una organización centralizada que domina de forma unificada. En la realidad esto es mucho más complejo, ya que los países imperialistas tienden a competir entre sí por el control del globo, como vemos hoy en la disputa entre Estados Unidos y China y muchas otras.

Siguiendo con los posibles paralelismos entre One Piece y el marxismo, podemos decir que la Marina, ese ejército que protege los intereses del Gobierno Mundial, tiene mucho que ver con la definición clásica del Estado. Marx lo definía como la junta que administra los negocios de la clase dominante, y Lenin como el grupo de hombres armados que cuida el orden establecido. Esto es aún más claro en la serie, ya que al ser el Gobierno Mundial una institución unificada, ese ejército no tiene otra razón de ser que la represión interna, porque no hay otras naciones contra las que por ejemplo podría estar en guerra. La ficción funciona como una metáfora para mostrar lo que es en esencia el poder estatal, un orden que se sostiene en última instancia mediante la violencia.

En nuestro mundo se supone que la policía y el ejército están para cuidar al pueblo, pero cuando los sufrimientos que viven las mayorías son mayores a los habituales, se hartan de vivir como hasta ahora y se rebelan, la verdadera función del aparato estatal sale a la luz. Sin embargo, tanto One Piece como el marxismo saben que el único método de dominación no es la represión permanente. Antonio Gramsci, marxista italiano, propone pensar el Estado en su significación integral como “dictadura + hegemonía”. Es decir, un orden que se sostiene en última instancia por la violencia, pero que busca imponer su visión del mundo mediante un conjunto de instituciones, para lograr el consenso y que los oprimidos acepten su opresión. El mundo de Luffy no escapa a estos elementos, ya que el Gobierno Mundial no descansa sólo en la Marina, sino que controla la prensa, prohíbe el estudio de la historia y la difusión de ideas contrarias a las suyas.

Uno de los mayores misterios de la obra, que a día de hoy no se ha descubierto, es que pasó en el “Siglo Vacío”, un siglo que fue directamente borrado, del cual no hay ningún registro. Se supone que esto ocurre porque lo que pasó en ese siglo podría poner en cuestión la dominación de los nobles que ostentan el poder. En una isla llena de universidades y científicos se propusieron descubrir este misterio, y la respuesta fue la exterminación total, bajo la excusa de que era un pueblo terrorista. Sin embargo, cuando estos mecanismos ideológicos no son suficientes para contener la rabia de los explotados, estos se combinan con los represivos, que afloran en todo su esplendor. Instituciones como la justicia no son nunca imparciales, sino que están atravesados por el sistema de dominación al que responden, y reproducen esos sentidos comunes y opresiones.

En la serie esto lo vemos con los clásicos carteles de “Se busca” de las historias piratas. Aunque es un mundo lleno de delincuentes que según el Gobierno Mundial siembran el caos, el criminal más buscado es el líder del Ejército Revolucionario (el padre de Luffy), considerado por la Marina como la amenaza más peligrosa de todas. En otra ocasión, nuestro protagonista organiza un escape de una prisión de máxima seguridad, y en una de sus celdas se encuentra con sectores de la comunidad LGBT, con los que se termina aliando y que también están enrolados con el Ejército Revolucionario. Esto muestra cómo la persecución política se cruza por ejemplo con el machismo, la homofobia y la transfobia, en lo que además puede entenderse como una referencia a la revuelta de Stonewall. Los oprimidos no aparecen solo como víctimas, sino como sujetos que viven y luchan. Esa celda por ejemplo la transformaron también en un espacio de resistencia y liberación.

Representación de la comunidad LGBT en One Piece

En una de las escenas más icónicas de One Piece, un amigo le pregunta a Luffy por qué quiere ser el Rey de los Piratas, que es lo que quiere conquistar. La respuesta del chico del sombrero de paja sorprende a todos: “No me interesa conquistar nada. ¡Simplemente creo que el hombre que se sintió más libre en todo el océano fue el Rey de los Piratas!”

Un razonamiento que puede parecer simple esconde algo mucho más complejo. Marx identifica en los albores del capitalismo una contradicción entre la libertad formal, contemplada en las constituciones de todas las democracias liberales del mundo, que en realidad ocultan la esclavitud estructural del sistema. La frase “todos somos libres e iguales ante la ley” es papel mojado, una máxima que no se cumple, porque lo que no está puesto en cuestión son las desigualdades materiales que legitima el sistema. Somos formalmente libres, pero muchas veces no nos sentimos así, porque efectivamente es una libertad muy limitada. Cuando Luffy plantea el problema desde el punto de vista de quien se sintió más libre, quien fue realmente libre, tira por la borda todas esas apariencias. No le interesa la libertad formal, sino la libertad real.

Hay un detalle que quiero destacar. En el mundo de One Piece hay frutas mágicas que le otorgan poderes a quienes las comen, y una de las más interesantes la tiene una miembro del Ejército Revolucionario. Su poder es darle a otros la capacidad de lograr lo que se propongan, pero solo si estos están convencidos de que pueden lograrlo. Usa este poder justamente en un pueblo que es oprimido, pero que cree que no puede liberarse de esa opresión. Es una maravillosa metáfora. Este sistema todo el tiempo intenta inculcarnos que no es posible rebelarse, que no tenemos suficiente fuerza. Pero lo hacen porque saben que si nos rebelamos, somos una fuerza imparable. Como decíamos más arriba, Luffy no es un salvador, sino que sigue una idea parecida a esta. Busca inspirar a los demás con qué vale la pena pelear por la libertad.

No es ningún secreto que uno de los temas más significativos de todo One Piece es la discriminación entre distintos pueblos. La discriminación es algo que está íntimamente relacionado con el principal tema de la serie: la libertad. Cuando alguien es excluido sea por el motivo que sea -color de piel, género, altura, etc- se le está limitando como ser vivo. Las otras especies apenas tienen presencia en los primeros compases de la serie. Hasta que conocemos a Arlong y su tripulación, un grupo tritones que se han hecho con el control de la villa Cocoyasi. Es el primer contacto que el lector tiene con una especie civilizada que no sea la humana. Y no es coincidencia que Arlong sea alguien que discrimina a los humanos por el simple hecho de considerarlos seres inferiores. Cientos de capítulos más adelante entenderemos de donde viene este odio y se profundizará mucho más en el tema. En el arco de Sabaody descubrimos la máxima representación de la discriminación: la Casa de Subastas. La superioridad de los humanos está a tal nivel que pueden permitirse subastar esclavos de todo tipo. Lo de Arlong no era un caso aislado de discriminación y su odio hacia los humanos no era algo unidireccional. Y cuando los Sombrero de Paja llegan a la Isla de los Tritones entendemos por fin la raíz del conflicto. Conocemos el pasado de los piratas Sol y la actitud de la reina Otohime con los humanos. La reina Otohime dando a entender que la discriminación muchas veces proviene del miedo hacia aquello que no conocemos. Por si no fuera suficiente, el mensaje que deja el final del arco de la isla de los Tritones es bastante claro.

Pero hace poco se reveló una nueva tanda de actores para live action de Netflix. Entre ellos el actor afroestadounidense MicKinley Belcher III en el papel de Arlong. Una parte del fandom de la serie no tardó en mostrar su descontento porque, según ellos “si el personaje va a tener la piel morada como en el anime, podrían coger a alguien blanco”. Otra parte decía que el hecho de haber escogido a este actor para hacer a un personaje racializado ya era racista por sí solo. A esto, el propio MicKinley respondió que la oportunidad de interpretar a un personaje como Arlong significa que se encuentra en cierta forma en una posición privilegiada. Esta disonancia entre el mensaje y los fans no es algo nuevo. Pero la cosa no se queda solo en cuestiones racistas por parte de los fans. Otro de los actores que se reveló fue el de Morgan Davies en el papel de Coby.

Es cierto que Oda ha cometido algunos errores representando al colectivo LGBT en su obra, confundiendo orientación con identidad de género y con el travestismo, englobándolo todo en lo mismo. También se introdujo hace dos años a Yamato, el hijo de Kaido que, pese a no tener cispassing, todos los personajes tratan en masculino. Es cierto que las cuestiones de identidad del personaje van más allá de su género y que aún hay gente que todavía duda de si deberían tratarlo como él o como ella. Yamato, el hijo de Kaido. Que en la serie sea tratado en masculino mientras los fans se empeñan en tratarle en femenino es un poco raro. Sea Yamato transgénero o no, One Piece habla sobre el respeto. Como veis, One Piece aboga por construir un lugar lleno de diversidad en el que todo el mundo sea respetado y viva con la tranquilidad de saber que nunca nadie va a ser discriminado.

Y si te desagrada la elección de un actor por su color de piel o por su identidad de género y te justificas diciendo “no soy racista, es cuestión de gustos”, siento decírtelo pero… que tus gustos se vean influenciados directamente por el color de la piel de una persona esto te convierte en una persona racista. Y que prefieras a un actor cis antes que a un actor trans solo porque sí, sin otro motivo de peso esto te convierte en una persona tránsfoba. Esto te convierte en una persona que no respeta ni tolera a los demás solo por ser diferentes a lo que tú consideras normal. Te convierte en alguien que no sería capaz de sentarse al lado de absolutamente cualquier persona en la gran fiesta que reuniría a todo el mundo bajo el mismo sol.

One Piece es ARRECHÍSIMO (y por qué deberías verlo)

Mensaje político de One Piece nos hace preguntarnos: ¿puede existir justicia en un mundo gobernado por la injusticia? Desde su primera publicación en 1997, One Piece ha sido presentado como una historia de piratas y sueños, un “silly pirate action comic”, como recuerda el portal Yatta-Tachi. La aparente contradicción entre comedia y tragedia es central en el mensaje político de One Piece. Oda concibió una narrativa donde el goce infantil y la crítica adulta conviven sin cancelarse. La tripulación del sombrero de paja -esa familia elegida de marginados, huérfanos y sobrevivientes- encarna la reconciliación de lo absurdo con lo político. Así, cada trauma individual de los protagonistas -Nami esclavizada, Robin perseguida, Chopper marginado, Sanji abandonado- se conecta con estructuras sistémicas: colonialismo, racismo, guerra, biopolítica.

El Gobierno Mundial de One Piece concentra las dimensiones del poder moderno: burocracia, censura, monopolio de la violencia, control de la historia. Es, como señala el politólogo Ádám Kopper (2018), una representación alegórica del orden internacional soberano descrito por la Escuela Inglesa de Relaciones Internacionales. Para Kopper, la serie no sólo muestra la corrupción de un régimen, sino que pone en escena el dilema clásico entre justicia y orden. Los marines -Akainu, Aokiji, Fujitora- encarnan posiciones filosóficas distintas: el legalismo ciego que sacrifica vidas en nombre de la estabilidad; el escepticismo moral que duda de la justicia absoluta; y la ética compasiva que se rebela contra el deber. “Carrying out the operation in the name of law is tyranny,” dice el vicealmirante Saul antes de morir.

En la línea de análisis del portal But Why Tho?, el manga despliega una cartografía de la opresión. Cada arco -Sabaody, Fishman Island, Dressrosa, Wano- traduce en clave fantástica los mecanismos de dominación colonial, racial y económica. Los Tenryuubito o Dragones Celestiales son caricaturas extremas de la aristocracia global: deshumanizan a sus esclavos y viven inmunes a la ley. Los Fishmen, en cambio, encarnan a los cuerpos racializados que reclaman reconocimiento. El tema de la justicia reaparece en todo el mensaje político de One Piece, pero siempre fracturado.

One Piece se niega a ofrecer héroes o villanos absolutos: cada personaje porta una ética ambigua, una herida y un código. En ese sentido, el manga japonés subvierte la moral binaria del relato occidental. Esta ambivalencia es política: revela que la línea entre justicia y violencia es siempre histórica. Cuando Luffy ordena incendiar la bandera del Gobierno Mundial en Enies Lobby, no está proclamando una utopía anarquista, sino ejerciendo un acto ético de desobediencia: rechaza una ley injusta en nombre de un lazo humano. Como sostiene Yatta-Tachi, “Luffy destruiría el mundo entero si amenazara a un amigo”.

El One Piece no es un tesoro material, sino un saber: el conocimiento de cómo se erigió el mundo y la posibilidad de cambiarlo. En esa búsqueda, Luffy encarna una revolución del afecto. El arco de Enies Lobby, en el que la tripulación desafía abiertamente al Estado, funciona como metáfora de las revoluciones de la solidaridad. No se trata de conquistar un trono, sino de restituir dignidad a los cuerpos oprimidos. Como observa The Week (2025), esa ética ha trascendido la ficción: la bandera de los Sombreros de Paja se ha convertido en un símbolo de resistencia para la Generación Z en protestas de Indonesia, Nepal y Francia. El artículo de The Week documenta cómo el Jolly Roger ha sido resignificado como emblema de protesta juvenil. Su eficacia radica en la ambigüedad cultural: no pertenece a un partido ni a una ideología, sino a una mitología compartida. Luffy, dice la investigadora Nuurrianti Jalli, representa la resiliencia ante el autoritarismo y la imaginación como forma de resistencia. El símbolo atraviesa generaciones y fronteras porque comunica una ética elemental: la libertad no se mendiga, se vive.

Como el propio Luffy declara: “Ser el Rey de los Piratas no es gobernar a otros, sino ser el hombre más libre del mar.” Esa frase, recogida en múltiples foros y artículos, ha migrado de las páginas del manga a pancartas, memes y discursos públicos. El paso del manga a la calle cierra un círculo histórico. Como recordaba Kopper, One Piece es una obra de ficción que se inserta en la intertextualidad de los mitos políticos modernos: del pirata romántico que desafía al Imperio al rebelde digital que enfrenta al Estado-red. Por eso, más allá de la lectura moral, One Piece ofrece una lección sobre el poder narrativo de la cultura popular. En una época donde las series y videojuegos dictan imaginarios políticos, el manga de Oda logra algo excepcional: vincular placer y pensamiento crítico. En última instancia, el mensaje político de One Piece no consiste en abolir toda autoridad, sino en imaginar un orden donde la justicia no sea privilegio. Su revolución no se impone, se contagia.

El mensaje central gira en torno a la libertad frente al poder. El Gobierno Mundial simboliza los sistemas de poder que priorizan el orden sobre la justicia. Es un emblema de resistencia juvenil global. Luffy defiende la libertad individual, la lealtad y la amistad como principios superiores a cualquier ley injusta. Porque aborda temas como la esclavitud, el racismo, la censura, la desigualdad y la guerra desde un lenguaje accesible. La generación Z ha adoptado su iconografía -la bandera pirata- como vocabulario de disidencia. El humor no es evasión, sino resistencia. Enseña que la justicia no puede imponerse desde arriba: debe construirse desde los lazos entre iguales.

Si bien creo que OP esta sobrevalorado, soy consciente de la calidad y enormidad tanto de la obra en sí como del mensaje que Oda pretende dar. Pero dicha percepción va mas allá del típico "a todo el mundo le vuelve loco pero a mi encambio ni fu ni fa, no le veo lo maravilloso". No. Para entender a donde quiere llegar necesito que hagáis memoria: cuantas veces no habréis leído el típico "OP es especial porque critica a la sociedad por..." o "Oda es un genio ya que su manga trata de dar un mensaje y..."...cuantas veces lo habéis leído? Y he ahí el quid de la cuestión. Oda realmente critica a la sociedad? Realmente lo hace? Recalcar que yo de hater nanay. Ni narutard ni fangirl de FT ni na. Generalmente cuanto se mencionan las frases que 2 párrafos mas arriba he citado, se suelen incurrir a cosas como que "Hay reyes malos", "los protas son los malos",, "hay piratas y marines buenos y malos" o "hay racismo y esclavitud". Todos sabemos que quiere decir "sobrevalorado" verdad: "otorgar mas valor a algo/alguien del que realmente tiene o merece". Solo a él. Pero NADIE habla de esto en los foros, solo de las peleas o de lo que sea. En cambio si se hace en OP. No digo que Oda no trate de mostrar o emular de vez en cuando algún tema o suceso que le haya impactado o gustado. Pero es también muy posible que cosas como la esclavitud Gyojin nada tengan que ver con lo que ocurre u ocurrió en el mundo real. Hay muchas mas casualidades de las que la gente se piensa. Os lo digo yo que escribo historias, me pasa constantemente!!! Creo que se le trata de dar tanto a OP como a Oda muchos mas matices, actos y hazañas de las que realmente tiene o merece, remarcando cosas como encomiables, únicos y revolucionaria cuando realmente...

El mundo de One Piece se basa en un planeta cubierto casi en su totalidad por agua. La única manera de obtener contacto con otra isla es ingresando en el océano y sus peligros. Es por esto que dentro de la serie existe una gran cantidad de piratas que salen al mar en busca de fama y tesoros. La historia de este manga se basa en la vida de Monkey D. Luffy, un joven de 17 años que recorre el mundo con un sombrero de paja, buscando convertirse en el rey de los piratas. Mucho se ha hablado y teorizado con respecto a One Piece, sin embargo, hay un elemento en particular que creemos que la distingue de otros shonen y es su perspectiva política. En los mangas que mencionamos anteriormente se presenta siempre la misma estructura. El protagonista se ve en la obligación de hacerse cada vez más fuerte para superar a otras fuerzas que amenazan la estabilidad del mundo. One Piece no escapa a esto. No escapa a los códigos propios de su género, si no que desarrolla un mundo a tal nivel que el poder que acumule el protagonista no es lo central en la serie, ni siquiera su forma de pelear es lo que más llama la atención de él. Luffy, que está destinado a convertirse en el rey de los piratas, se vuelve un símbolo de la revolución durante la serie. Usualmente en los shonen, el personaje principal debe volverse inmensamente poderoso para resolver la gran lucha del bien contra el mal. El autor de One Piece, Eiichiro Oda ha concedido pocas entrevistas, y pocas veces ha hablado de la visión política que existe en su obra. Sin embargo, dentro de ella hay muchas referencias históricas, muchos personajes llevan nombres de piratas que realmente existieron. Se dice que a finales del siglo XVII un grupo de piratas fundaron una colonia llamada Libertalia en la costa norte de Madagascar donde crearon una sociedad presuntamente sin jerarquías y basada en la idea de la libertad.

Los piratas parecen representar por sí mismos un agente del desorden en el mundo. Se dirigen al mar a tratar de asaltar pueblos y acumular tesoros. Se hacen mala fama. Algunos no poseen extremidades y son feos a la vista. La relación con el mar los vuelve más salvajes y se estima que no se puede confiar en ellos. Sin embargo, este grupo de piratas decidió resignificar su relación con el otro y se dedicaron a liberar a cientos de esclavos que estaban encerrados a la fuerza en embarcaciones. Este grupo de bucaneros tenían otros ideales, tenían un pensamiento político. Tal como mencionamos anteriormente, Luffy viaja por los mares y visita innumerables islas donde conoce distintas realidades y conflictos. En todas las tierras que pisa existen problemas de racismo, tiranía y distintos tipos de violencia política. Al enfrentarse a este tipo de situaciones, Luffy decide siempre ponerse en el lado del oprimido y enfrentar a quienes estén ostentando el poder. Es por esto que cada vez que el futuro rey de los piratas llega a una isla algo cambia. La principal habilidad de Luffy es su enorme empatía que le permite comprender las injusticias que lo rodean. De esta manera, asume una posición de vanguardia dentro de la estructura social, razón por la cual muchas veces es rechazado y tildado de loco por personas que creen que la realidad no puede cambiar.

Al enfrentarse a quienes hacen sufrir a la población, Luffy resuelve la injusticia, pero no pide nada a cambio. No se adjudica la isla para sí mismo, ni tampoco pide tesoros a cambio de sus servicios. De hecho, él mismo reconoce su posición como pirata y escapa de las islas siendo perseguido por sus habitantes, haciendo una obra de teatro para dejar en claro que es un “pirata malvado”. Así el pueblo tiene una excusa ante cualquier reacción de la marina en contra de ellos. De esta manera, Luffy huye de aquellos a los que salvó para continuar su viaje de libertad por el mar. Otro rasgo distintivo de Luffy es la forma en la que ve el liderazgo dentro de su tripulación. A pesar de ser el capitán y el hombre que debe tomar las decisiones, su forma de ser lo lleva a considerarse un igual con el resto de sus compañeros. Esta actitud no solo la toma con ellos, sino que también con el resto de los personajes que se encuentra en la serie. Por ejemplo, en muchas de las islas, los Piratas del Sombrero de Paja se encuentran con reyes y princesas, a los cuales Luffy trata como si fueran personas comunes y corrientes. No les da un trato diferente por ser parte de la realeza.

Sin embargo, esto también nos lleva a una de las teorizaciones más profundas que se ha hecho desde el anarquismo y es el principio de autoridad. Esta es una discusión muy amplia sobre la legitimidad moral intrínseca que tiene el Estado como organización política. Desde allí, los anarquistas se preguntan por la obligación moral de obedecer a la autoridad. De hecho, Mijail Bakunin, uno de los pilares de la teoría anarquista afirma que la única autoridad deseable es la del “espíritu colectivo y público de una sociedad fundada sobre la igualdad y la solidaridad, y sobre el respeto humano mutuo de todos sus miembros”. Tomando en cuenta esta reflexión podríamos decir que la forma que tiene Luffy de conducir su tripulación va en la línea de una autoridad que busca emancipar a los hombres más que esclavizarlos. Este choque de formas de ver la autoridad se ve explícitamente en la lucha que tiene Luffy con el Gobierno Mundial, que representa una visión del poder más ligada al tipo de autoridad que se ha impuesto por parte de la Iglesia y el Estado, que está basada en la lógica del castigo y el sometimiento. De esta manera, podemos decir que One Piece y el anarquismo tienen muchos puntos de coincidencia. El viaje que emprende Luffy por los mares es una búsqueda por ensanchar los márgenes de su propia libertad, objetivo que también va de la mano con liberar a todas las personas que lo rodean.

Mapa del mundo de One Piece

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