La censura franquista y la evolución del cómic español

El cómic, conocido también como tebeo en España, ha tenido una rica y compleja historia, especialmente marcada por las restricciones impuestas durante la dictadura franquista. Este periodo dejó una huella profunda en la producción y el contenido de las publicaciones infantiles y juveniles, siendo objeto de rigurosos estudios que analizan sus efectos.

Vicent Sanchis Llàcer, periodista valenciano, ha realizado un ambicioso y riguroso estudio sobre la censura franquista que sufrió el cómic español, centrándose especialmente en la editorial Bruguera, que fue la principal firma en cuestión de tebeos de aquella época. El libro, editado por Ediciones B, es el primer análisis exhaustivo de los efectos de la censura franquista sobre las publicaciones infantiles y juveniles, un tema hasta ahora poco explorado en comparación con otros medios como el cine, la literatura, la radio o la prensa.

Las mayores coacciones sobre los tebeos llegaron a partir de los años cincuenta, cuando el Ministerio de Información y Turismo elaboró una serie de normativas que editores, dibujantes y guionistas debían acatar. Estas normativas incluían recomendaciones tan singulares como "no confundir hadas con ángeles" o prohibiciones rotundas como cuestionar la autoridad paterna. El libro de Sanchis Llàcer repasa los documentos que sobrevivieron a la destrucción de archivos durante la Transición y los testimonios que dan fe de aquella "auténtica caza de brujas".

La historia del cómic en España se remonta a siglos atrás, con debates sobre cuál fue el primer cómic autóctono, citándose incluso las Cantigas de Santa María (siglo XIII) como antecedente. Los antecedentes más directos se encuentran en las aleluyas del siglo XVIII. Tras la Guerra Civil, la dictadura franquista impuso una estricta censura, pero las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español, a pesar de las limitaciones.

El cómic y la censura en la España franquista

Durante los primeros años del franquismo, la censura previa era un requisito indispensable para la publicación de tebeos. Los originales debían ser presentados ante las Delegaciones del Ministerio de Educación Nacional, o de Información y Turismo, donde eran revisados y sellados con aprobación, o se solicitaban retoques y cambios. Esta censura previa estuvo vigente durante todo el franquismo, decidiendo lo que podían y no podían ver los ciudadanos.

En 1950, la industria del tebeo se consolidó, pero la censura franquista y los preceptivos permisos dificultaban la difusión de los títulos. La creación en 1951 del Ministerio de Información y Turismo contribuyó a desbloquear la situación, con las publicaciones infantiles pasando a depender de la nueva Dirección General de Prensa. A partir de entonces, los tebeos ya no tenían que presentarse como "álbum infantil" o "biblioteca cómica", sino que simplemente numeraban sus entregas y adaptaban sus apariciones a ciclos regulares.

No obstante, el control ideológico no cesó. En enero de 1952, se constituyó la Junta Asesora de Prensa Infantil, integrada por representantes de diversas organizaciones. Esta junta dictó "normas" que prohibían, entre otras cosas, "los cuentos de crímenes, suicidios y todos aquellos en los que aparezcan entes repulsivos", "descripciones que puedan despertar una curiosidad malsana en torno a los misterios de la generación", "historietas que pongan en ridículo la vida familiar" o "las que van en desprestigio de la autoridad de los padres, maestros, autoridades civiles o de la patria", además de "todo cuanto atente contra los principios fundamentales del Movimiento Nacional".

A pesar de estas restricciones, los escenarios de hambre, explotación y miseria que conformaban el trasfondo argumental de muchos tebeos parecían contemplarse como mero recurso humorístico, sin intencionalidad política aparente. Personajes como Doña Urraca, que disfrutaba con la muerte y alentaba catástrofes, o Carpanta, basado en el sadismo de la frustración, habrían sido inconcebibles en una época más abierta.

La ideología oficial del régimen también se reflejó en los títulos de las revistas y en los nombres de los personajes, con abundancia de referencias militares y patrióticas. Publicaciones como "Bravo Español", "Centurias", "Pelayos" y "Flecha" promovían un fuerte toque religioso-político-militar.

Las editoriales más importantes de la época fueron Hispano Americana, Valenciana, Bruguera, Toray, Ricart, Ferma y Marco, entre otras. La "Escuela Bruguera", con autores como Cifré, Vázquez y Peñarroya, marcó una generación de historietistas.

Portadas de tebeos españoles de la época franquista

La evolución del cómic español

A pesar de la censura, las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español. El éxito de publicaciones como "TBO", "Jaimito" y "Pulgarcito" se consolidó. Bruguera, con revistas como "El DDT", "Tío Vivo" y "Can-Can", buscó conquistar públicos más adultos, abordando temas como las relaciones hombre-mujer de forma audaz para la época.

La historieta de aventuras también vio reforzadas sus posiciones, con la consolidación del cuadernillo seriado. Títulos como "Aventuras del FBI", "El Cachorro", "Pantera Negra", "Mendoza Colt", "Apache" y "Bengala" tuvieron gran difusión. Personajes surgidos en la radio, como "Diego Valor", también alcanzaron gran popularidad.

En el tebeo sentimental, revistas como "Mariló", "Lupita" y "Florita" mantuvieron su popularidad, y Bruguera lanzó "Sissi". El formato de cuadernillo apaisado se convirtió en el principal soporte, con colecciones que buscaban copar un mercado en alza.

La década de 1950 también trajo consigo cambios significativos en el grafismo y la narrativa. En las historietas de aventuras, se aligeró la densidad figurativa, pasando de tres tiras por página a dos, y de catorce o quince viñetas a siete u ocho. El dibujo se volvió más espectacular, detallando la ambientación y reforzando la autonomía narrativa. Se diversificaron los períodos de ambientación histórica, aumentó el exotismo y disminuyó la carga moralizante.

En los tebeos sentimentales, la ambientación se volvió mayoritariamente contemporánea, los conflictos más cercanos y la protagonista una chica como la lectora. El grafismo abandonó redondeces para ofrecer una apariencia más realista. Sin embargo, los argumentos seguían obedeciendo a los mismos valores, con la mujer mostrada como sede de sentimientos modélicos y sumisa, dependiente de la intervención masculina para lograr el matrimonio y la creación de una familia.

El gran éxito de los años cincuenta lo constituyeron "El Capitán Trueno" de Víctor Mora y Ambrós, y "Mortadelo y Filemón" de Ibáñez. "El Capitán Trueno" se distanció de personajes obsesionados por recuperar títulos nobiliarios, centrándose en la renuncia al privilegio y la entrega al oprimido, con un héroe afable con el que el lector se identificaba. "Mortadelo y Filemón", por su parte, funcionaron a partir de un modelo ficcional, con intrigas disparatadas y la mutación permanente de Mortadelo como exponente principal.

Personajes icónicos del cómic español: Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno

La Transición y la renovación del cómic

La transición a la democracia propició una apertura cultural que se reflejó en la historieta. Surgieron revistas como "El Víbora", "Totem" y "Cairo", que promovieron un cómic más experimental y dirigido al público adulto. La década de 1990 estuvo marcada por una crisis en la industria del cómic español, debido a la competencia de otros medios de entretenimiento y la saturación del mercado.

En el siglo XXI, el cómic español ha experimentado una renovación, con la aparición de nuevos autores y la consolidación de la novela gráfica como formato. Iniciativas como el Premio Nacional del Cómic, establecido en 2007, han contribuido a la valorización del medio. Actualmente, proliferan festivales de cómic en cada comunidad autónoma, y se han creado asociaciones para proteger los derechos de los autores.

La historieta española ha contado con espacios dedicados en diversos medios de comunicación, especialmente en la radio durante las décadas de 1970 y 1980. Adaptaciones animadas y series de imagen real basadas en cómics españoles han tenido diversas suertes, desde éxitos notables hasta fracasos.

El cómic español ha sido reconocido con diversos premios y distinciones, y se han erigido estatuas en honor a personajes icónicos y sus creadores. La Biblioteca Nacional de España ha abierto sus puertas al cómic, reconociendo su valor cultural.

Cómic, censura y Macartismo.

La producción de tebeos en España tuvo en Barcelona su principal centro desde principios del siglo XX. La editorial Bruguera, en particular, jugó un papel crucial en la popularización del medio, llegando a cifras de tirada impresionantes en la década de 1930. Los años sesenta vieron un auge en la publicación de tebeos, que se convirtieron en una de las principales diversiones para niños y jóvenes.

La bibliografía sobre el merchandising generado por los personajes de la escuela Bruguera es escasa. Sin embargo, colecciones como las editadas por Altaya, con fascículos sobre la historia de los personajes acompañados de figuritas de metal, han intentado arrojar luz sobre este aspecto, presentando información exhaustiva sobre personajes como Mortadelo, Carpanta, Zipi y Otilio, entre muchos otros.

Las reediciones de tebeos, aunque valiosas, a menudo presentan problemas de calidad en comparación con las ediciones originales. La supresión de páginas o el cambio de orden de las historietas en algunas reediciones posteriores a 1971 han sido objeto de crítica, así como la incapacidad de solucionar el problema de las dobles páginas apaisadas.

A pesar de las dificultades y las restricciones, el cómic español ha demostrado una notable capacidad de resiliencia y evolución, adaptándose a los cambios sociales y culturales para seguir siendo un medio de expresión vibrante y relevante.

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