Las viñetas, los bocadillos y las onomatopeyas son los elementos que nos vienen primero a la cabeza cuando pensamos en un cómic. Las onomatopeyas principalmente representan los sonidos que no se corresponden a diálogos, nos añaden información sobre qué está sucediendo en la escena o incluso fuera de la viñeta, haciendo que la lectura sea más completa e inmersiva. Creo que las onomatopeyas, a pesar de ser uno de los símbolos universales del cómic, es algo a lo que no le prestamos mucha atención cuando empezamos a dibujar.
Una onomatopeya es una palabra cuya forma fónica imita el sonido de aquello que designa. Según el Diccionario de la lengua española (RAE), es la «imitación o recreación de un sonido natural o de otro fenómeno acústico». Sirve para que, al leer, casi sientas el ruido en la cabeza. Las onomatopeyas imitan sonidos. Son palabras, es cierto, pero intentan ser otra cosa. Poner una onomatopeya, para mí, sería como colocar la foto de un personaje en lugar de describir su aspecto. Tu materia son las palabras, tienes que reconstruir ese ruido con las palabras, no con sonidos.
En el caso de los cómics o la novela gráfica es distinto porque ellos usan, además de las palabras, las imágenes. El uso de la palabra está mucho más limitado y la onomatopeya en este caso es la unión perfecta entre la imagen y la palabra para construir un sonido. No olvidemos que en los cómics la propia forma en la que se escribe la palabra ya remite al sonido muchas veces. Todos podemos imaginar ese BOOM escrito en mayúsculas y con las oes muy grandes encima de una explosión. Ahí estamos usando las palabras y las imágenes para construir un sonido.
Aunque técnicamente son también texto, las onomatopeyas van mucho más allá, al no estar contenidas en un bocadillo, deben estar en perfecta armonía con el dibujo, y realzar las acciones que describen. Es por eso que tenemos que poner especial cuidado en cómo las dibujamos. Por ejemplo, te recomiendo usar un texto grande, de formas agresivas y aserradas para sonidos de explosiones, y letras diminutas y redondeadas para describir el sonido de alguien caminando de puntillas. ¡Ten en cuenta que el tamaño de la onomatopeya influye mucho en la impresión del volumen que tiene ese sonido!
Pero además, podemos usarlas a nuestro favor para añadir una dosis de dinamismo extra a nuestras escenas. ¿Cómo podemos hacer esto? Fácil, teniendo en cuenta las líneas de movimiento. Las líneas de movimiento no tienen porqué estar representadas de forma independiente (ahí estaríamos hablando de líneas cinéticas), son la dirección en la que se ejerce una acción. Por ejemplo, imagina que vas a dibujar un coche tomando una curva a gran velocidad. Si dibujamos la onomatopeya del sonido del motor con esa misma forma curva, estaremos exagerando aún más la sensación de velocidad.
Pero no todas las onomatopeyas se tienen que adaptar a las líneas de movimiento de acciones de personajes u objetos en la viñeta. ¡Pueden tener líneas de acción propias! Aquí entra en juego el ritmo y el tiempo. Un sonido que se repite muchas veces en una viñeta nos da la sensación de que el tiempo de esa escena se prolonga. Si además, usamos una línea de acción larga, y sinuosa, ni te cuento. O, si variamos el tamaño y posición del sonido, tenemos la sensación de que es una acción que se repite erráticamente.
Las onomatopeyas imitan sonidos que escuchas todos los días. Aprende qué son, cómo se escriben y para qué sirven, con ejemplos claros de animales, objetos y acciones que te ayudan a leer, escribir y contar historias con más ritmo. ¿Qué es una onomatopeya? Es una palabra que imita un sonido real. Sirve para que, al leer, casi sientas el ruido en la cabeza.
En historietas y cómics, muchas palabras grandes y con colores son onomatopeyas. Te ayudan a imaginar mejor la escena: un «¡BOOM!» hace la explosión más intensa; un «shh» baja el volumen de todo.
¿Cómo se escriben? Con letras que «suenan» como el ruido: tic-tac, glu-glu, brrr. A veces llevan guiones (tic-tac) o se repiten para marcar ritmo: «toc, toc» en la puerta. Los signos de exclamación dan fuerza: ¡pum!, ¡zas! Si el sonido se alarga, se puede estirarlo un poco: auuu. No lo alargues demasiado para que siga siendo fácil de leer.
¿Por qué ayudan a leer y escribir? Dan ritmo al texto y lo hacen más divertido. Clarifican emociones: «ja, ja, ja» muestra risa. Te permiten mostrar una acción sin usar muchas palabras.
Miniguía para usarlas al escribir: Elige el sonido que quieres mostrar: ¿es fuerte o suave? Prueba con dos o tres letras que se parezcan al ruido. Suma exclamación si necesitás fuerza: ¡crac! Repite si quieres ritmo: toc, toc. Lee en voz alta: si al leerlo «suena», está bien.
Las onomatopeyas nos sirven para dar plasticidad al texto, para salir de las dos dimensiones del papel y ambientar, como nosotros queremos, lo que está sucediendo. Nos metemos en la mente del lector y le contamos lo que debe ver, sentir y escuchar. La lectura de una sola palabra, una onomatopeya, explica perfectamente el sonido o el ruido que se produce en determinado momento en una historia. Si el lenguaje debe ser concreto y efectivo, las onomatopeyas son estupendas para crear ese escenario en el que el lector se pierda. Queremos que viva nuestro relato, también que lo escuche.
Las onomatopeyas pueden ser tanto auditivas como visuales, y las dos se pueden utilizar para conseguir una respuesta en el lector. Jugando con los símbolos y las normas que conforman el lenguaje, podemos visualizar o escuchar una escena. Las onomatopeyas visuales pueden formar caligramas: poemas, frases o pequeños textos que toman la forma visual del tema del que tratan.
Las onomatopeyas sonoras: también se puede jugar con la aliteración de ciertos sonidos que, al pronunciarlos, nos vemos inmersos en el ruido al que se asemejan. En el silencio solo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba (Égloga III de Garci Lasso, XVI) Con la repetición de las palabras formadas por eses, se intenta reproducir el sonido de las abejas zumbando. Tal cual.
Las onomatopeyas no llevan comillas, ni se escriben en cursiva. Solo si es dicha por alguien, como cualquier palabra que escribamos literalmente (de la boca del personaje) irá entre comillas. Tampoco es necesario que vayan entre exclamaciones, a no ser que nosotros queramos darle énfasis al sonido.
Las onomatopeyas son distintas según el idioma que se hable. Los sonidos no corresponden exactamente con los ruidos a los que imitan y podemos encontrarnos, por ejemplo, que el guau guau de un perro en nuestro idioma será wuff en alemán o arf en inglés. Por lo tanto, los problemas en su traducción en un texto son importantes.
Las onomatopeyas funcionan muy bien para la concisión de tu relato, porque resulta más económico decir «tictac» que «el sonido que realizaba el reloj». El icono por antonomasia de las onomatopeyas es el cómic. Todos recordamos la serie de Adam West y Burt Ward de Batman y sus «bang», «pow» y «kaboom».
Las onomatopeyas pueden añadir expresividad (función dramatúrgica) y aportar una estética a la estructura de un texto (función estilística). En algunas lenguas, destacan o marcan posiciones o elementos de foco en una estructura sintáctica (función lingüística).
¿Os atrevéis a crear una onomatopeya? Igual en algún texto es necesario. Un sonido que no está catalogado, un mundo distinto, una ambientación única… Una onomatopeya bien construida, que el lector asocie fácilmente con el sonido que el autor quiere reproducir, os ahorrará muchas palabras descriptivas. Tenedlo en cuenta.

En historietas tenemos diferentes niveles de información, como los dibujos, los globos con diálogos, onomatopeyas y la narrativa. Para fluir la narración, en lugar de utilizar un lenguaje verbal escrito, el manga utiliza principalmente lenguaje pictórico, que se puede considerar como una cobertura del texto verbal que mueve la narrativa. Por ejemplo, para situar al lector en el contexto en el que se insertan los personajes, el autor muestra la escena de la ciudad en un gran marco, un marco para la casa donde se encuentra el personaje y finalmente el personaje principal que hará la acción. Junto a eso puedes utilizar las Onomatopeyas de manera a expresar, dando atmósfera a la escena y orientando la lectura.

Las onomatopeyas pueden ser clasificadas según su origen: Simbolismo fónico corporal (mmm, hip, cof), Simbolismo fónico imitativo (fuu, cloc cloc, zas), Simbolismo fónico sinestésico (tachán, cui, frufrú), y Simbolismo fónico convencional (kl para golpes, kr para roturas).
Como Dibujar Poses Dinámicas para tu Manga / Estudiando a los Mejores Mangakas
Las onomatopeyas son un recurso para conseguir que el texto tenga un efecto sonoro, que el lector oiga los sonidos que quieres transmitir. Son perfectas para la concisión de tu relato.
Las onomatopeyas deben estar en perfecta armonía con el dibujo y realzar las acciones que describen. El tamaño de la onomatopeya influye mucho en la impresión del volumen del sonido.
Podemos usar las onomatopeyas para añadir dinamismo a las escenas, adaptando su forma a las líneas de movimiento de las acciones. Un sonido que se repite puede prolongar la sensación de tiempo en una escena.
Las onomatopeyas afectan el recorrido del flujo de lectura y deben tenerse en cuenta desde la fase de boceto, tratándolas como parte integral del dibujo.
Ejemplos de onomatopeyas:
- Sonidos de animales: guau, miau, muuu, quiquiriquí, cuac, bzzz, auuu.
- Objetos y cosas que suenan: tic-tac, riin, riin, ring, ring, ploc, pum, cracc.
- Acciones y gestos: achís, mua, paf, tap, tap, sss, ja, ja, ja.
Las onomatopeyas no funcionan nada bien con los narradores en primera persona. En los diálogos, en algunos, es donde mejor suelen funcionar porque caracterizan muy bien al personaje y nos dan buena información sobre él sin necesidad de usar el narrador.

Las onomatopeyas son un elemento crucial en la narrativa gráfica, capaces de enriquecer la experiencia del lector y añadir capas de significado a la acción representada. Su correcta aplicación puede transformar una escena estática en una experiencia dinámica y multisensorial.