En una época donde los viajes al videoclub para alquilar videojuegos eran una práctica bastante común, muchos descubrimos universos fantásticos a través de nuestras consolas. Uno de esos universos, lleno de héroes y villanos icónicos, es el de Marvel.
El primer acercamiento a Thanos y las Gemas del Infinito, aunque se recuerde poco, marcó a muchos. La posibilidad de jugar con todos aquellos personajes en casa de un amigo, maravillaba.

En la era de las SNES, la serie de dibujos de Spider-Man y sus sorprendentes amigos nos introdujo a los X-Men. Años después, otra serie, esta vez la de los mutantes que daban en Telecinco, profundizó en sus personajes, abriendo las puertas a una mayor interacción con estos héroes.
Probablemente, la mayor enciclopedia de Marvel que se tocó durante aquella época fue el videojuego Marvel vs. Capcom. Una completísima colección de personajes del cómic que nos ayudó a conocer nuevos héroes y enemigos mientras aprendíamos los combos de Spider-Man, Lobezno y Hulk.

Saltando en el tiempo, dejamos algunos juegos por el camino como el juego de Spider-Man para PC o la adaptación de la primera película. Siempre se ha dicho que la preferencia era por Spider-Man y Hulk, pero lamentablemente no había habido la oportunidad de controlar al gigante verde salvo en alguna ocasión en War of the Gems. No hubo problema porque disfrutar de The Incredible Hulk: Ultimate Destruction en la GameCube fue más que suficiente para corregir tantos años de error.

La idea de juntarse con amigos a repartir golpes era algo que ya se había explotado con considerables vicios al Jedi Power Battles de PlayStation, pero tener la oportunidad de vivir una experiencia similar con los héroes de Marvel era un regalo para todos. Puede que si lo miramos con perspectiva, Iron Man no fuese el videojuego perfecto, pero sin duda conseguía ofrecer justo lo que prometía.

Todos estamos de acuerdo en que el trabajo a la hora de llevar películas al videojuego no siempre es bueno, pero en X-Men Origins: Wolverine, la buena gente de Raven Software se marcó un juegarral tremendo. Tras una buena sequía de juegos realmente reseñables, la atención hacia los héroes quedó relegada a los cómics que no se habían podido leer de niño y las películas del MCU que fueron saliendo año tras año. Todo hasta que la colaboración de Sony e Insomniac Games cerró un ciclo que se había originado muchos años antes.