El aire vibraba con la tensión, un preludio ardiente al inevitable enfrentamiento. En el corazón de un coliseo improvisado, bajo un sol implacable, dos combatientes se preparaban para desatar su furia. Uno, envuelto en misterio y llamas, el otro, un maestro del sigilo y la tierra. Este no era un combate ordinario; era una danza de poder, donde cada movimiento podía ser el último.
El Comienzo del Fuego
El impacto de "Hell's Bells" resonó con fuerza en la zona, mezclándose con el griterío y el ruido del público. El golpe, seco y resonante, envió al contrincante contra el suelo. Lo que se presuponía que sería un brutal impacto en tierra, se tornó en la nueva desaparición de su cuerpo, sumergiéndose en la arena como hizo al inicio del combate, desapareciendo de la vista. Incluso provocó un efecto parecido a una salpicadura en dicha arena y ondas, como cuando un pez salta fuera del agua y vuelve a sumergirse.
Arqueó una ceja. Aquella habilidad era una molestia sin duda y le daba una capacidad que no le gustaba para nada. "¿Escapa?", pensó, mirando hacia la zona en la que había desaparecido. "¡Se esconde!". Había conseguido conectar un golpe muy fuerte, pero no le había hecho un mayor daño que simplemente eso, daño, pues no había visto u oído huesos quebrar o crujir. Y mantenía la entereza y compostura suficiente como para ir de nuevo al suelo y usar su extraña habilidad. O quizá huía por eso, por haber recibido demasiado daño, pues sumado a eso había venido la quemadura consiguiente del ardor de sus llamas rodeando el metal de su arma, y las previas oleadas de calor que le habían sacudido anteriormente. Si podía herirle cuando se mostrara, daba igual que se escondiera, pero el siguiente golpe tendría que ser en una zona un poco más peligrosa para tratar de atontarlo de verdad y que dejase de volar o meterse bajo tierra.

De pronto, emergió del suelo frente a él a una endiablada velocidad, haciéndole liberar otra ola de calor. Si bien era capaz de seguir su cuerpo, no pudo reaccionar a tiempo, pues intentó mover a "Ein Hauch" para impactarle nada más ver salir sus manos del suelo. Pero estas fueron seguidas del resto de su cuerpo en una lanza ascendente hacia su pecho que impactó antes de que pudiera terminar de batear, dándole de lleno en el pecho y lanzándolo al suelo de espaldas mientras él terminaba su trayectoria volviendo a sumergirse en el suelo, escapando de él. Astuto. Cobarde bajo su punto de vista, pero astuto. Aunque él ahora tenía sus propios problemas tratando de levantarse, rodando al caer de espaldas sobre esta misma y buscando incorporarse torpemente, estando de rodillas mirando en dirección a la onda del suelo por la que había entrado a tierra firme, y recuperando el aliento tras el golpe. Chasqueó la lengua. Notaba como el calor residual de "Hot Spot" se iba apagando y comenzó a mosquearse.
La Estrategia del Sigilo y el Calor
En cuanto notó como su cuerpo impactaba con el suyo, no pudo evitar sonreír. ¡Le había dado! Pero no debía confiarme, era cierto que era la primera vez que le golpeaba y estaba seguro de que ese pequeño golpe no lo iba a derrotar, pero el hecho de poder haberlo alcanzado una vez le daba la suficiente seguridad y energía para continuar. Había sido demasiado impulsivo al comenzar el combate y cometió varios errores que no eran propios de él y que le llevaron a recibir mucho daño en poco tiempo y a cometer aún más errores. Tampoco estaba acostumbrado a usar las habilidades de su fruta del diablo para combatir, pero quejarse, o intentar justificar sus errores ahora era inútil.
Conforme su cuerpo empujaba al suyo hacia el suelo, notó como otra ola de calor infernal le alcanzaba. Apretó los dientes con fuerza mientras gruñía. Notaba cómo las quemaduras hacían mella en su cuerpo y cada vez era más difícil seguir el ritmo de la pelea. Su cuerpo tocó el suelo y él se volvió a hundir bajo tierra. Tras aquello, notaba como la llama de su espalda crepitaba con más y más fuerza hasta duplicar su tamaño, ardiendo descontrolada. Avanzó con mucha más velocidad que antes, un par de metros en línea recta, y salió disparado del suelo hacia la espalda de su rival, que ahora se encontraba de rodillas mirando hacia el lugar por el que se había sumergido. "¡TIERRA DORADA!". Y tras eso, se volvería a hundir si no desplegaba otra onda de calor. No se veía capaz de aguantar otro golpe de los suyos.

Aquel impacto no había sido especialmente doloroso o poderoso, pero sí con la suficiente fuerza cinética como para conseguir empujarle. Nada que reincorporarse no fuera a solucionar, pero sus movimientos eran lentos, taimados y pesados, pues no estaba acostumbrado a tener que desplazarse realmente. Tenía que haber activado "Steam Engine" cuando tuvo la oportunidad, pero había decidido jugar con cautela y no tratar de enseñar a un cazador a cazar. No obstante, notaba como el calor acumulado y residual de "Hot Spot" empezaba a diluirse, y con él, las posibilidades de forzar la maquinaria con las que normalmente desempeñaba los combates, sobrepasando su propio límite.
"¡Breath Death!", dijo en voz alta, sin gritar, haciendo que la temperatura que emanaba de su cuerpo en la ola de calor constante que mantenía siempre activada, fuera mucho más densa y pesada que antes, dificultando la respiración de todos los que estuvieran dentro de su alcance, haciendo que cada bocanada de aire que tomasen sintiesen como les ardían las fosas nasales, la garganta y los pulmones. Una técnica que había estado preparando y que le llevaba inexorablemente a un punto más allá en la perfección de sus habilidades caloríficas. Algo con lo que no cualquiera sería capaz de permanecer en pie frente a él. Entonces, y mientras trataba de ponerse en pie, sintió como un grito se ahogaba a su espalda y un cuerpo caía al suelo. Apuntó con el extremo de su arma en llamas hacia su cabeza y alzó la otra mano al cielo, llamando al público. "¡¡HOY CAE UN DIOS!!", exclamó con toda la fuerza de sus pulmones, bajando la mano derecha y llevándola hacia la empuñadura del kanabo, apretándolo con fuerza redoblando el crepitar de sus llamas. "Huesos al polvo...", dijo en un tono más bajo, pero perfectamente audible por él, mientras clavaba su mirada tras los agujeros de su casco en la suya, y alzaba el kanabo por encima de su cabeza con ambas manos, hinchando el pecho y retrocediendo un pie deslizándolo por el suelo levantando algo de polvo, cargando un ataque con todas sus fuerzas para terminar de rematarlo ahora que había conseguido que se dejase de mover. "...¡¡cenizas al viento!!". Un solo golpe. Abrir su cabeza y dejar su cadáver ahí.
El Espectáculo del Combate
El combate transcurrió de forma acelerada y candente. Aquellos dos contendientes parecían estar acostumbrados a jugar con fuego en cada una de sus interacciones. El hombre enmascarado poseía algún tipo de habilidad, molesta y constante, de emitir oleadas de calor sofocantes. El grácil Lunarian manejaba la bendición ígnea de su espalda para incrementar sus habilidades y traspasar límites, algo que sólo su señor por el momento les había mostrado que fuera posible. Además, aquel fornido campeón alado poseía la habilidad de sumergirse en tierra firme y nadar por ella. Una habilidad sin duda interesante, pero de la que no parecía sacar la totalidad del provecho que pudiera.
Tras una oleada de calor que hacía sudar la gota gorda, el enmascarado asestó un terrible golpe con su arma envuelta en llamas en el Lunarian y lo lanzó al suelo, pero este aprovechó para sumergirse y desaparecer a vista de todos, y emerger dando un empujón al bateador que lo lanzó al suelo. De nuevo, "Mord Yojimbo" desapareció en la arena, buceando como un tiburón acechando a su presa mientras su contrincante intentaba ponerse en pie, pero nada podría hacer contra aquel hombre alado. ¡Era un todo terreno! ¡Tierra, 'mar', y aire! Pero el enmascarado guardaba un as bajo la manga, una habilidad llevando sus flagelantes olas de calor al límite, haciendo que fuera casi imposible respirar a una distancia próxima a él. Notó ese calor abrasador en sus fosas nasales y en su garganta, llevando la mano a esta y viendo como "Mord Yojimbo" caía al suelo y quedaba rendido ante aquel humano, que se incorporaba despacio y se acercaba con el bate en ristre, portando las llamas de la muerte. Se levantó del asiento y se dispuso a acercarse hacia allí, sintiendo tambalear sus rodillas, viendo como alzaba su bate, notando cada grado de temperatura haciéndole sudar ante tal escena. Extendió la mano y trató de emitir un grito que terminase con esta locura, pero su voz no era capaz de salir de sus cuerdas vocales. Pero no paró.
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El Color del Conquistador
Aquel Lunarian... no tenía ningún tipo de duda. Su porte, su forma de moverse, incluso el tono de su voz o la calidez de su sonrisa. Era prácticamente un calco, mucho más joven y más inexperto. Aquella batalla era un regalo del destino traído directamente a las puertas de su reino, que ya no era suyo, pues él sólo era su custodio y su guardián. El protector asignado y el regente impuesto. Siempre era un deleite ver guerreros de su raza exhibir sus habilidades y el regalo que el mar azul les había traído con la presencia de todos aquellos invitados y participantes este año. "Querido amigo...", dijo dirigiéndose al chamán a su lado, "... me siento especialmente afortunado de poder verlo con mis propios ojos... y extremadamente viejo al apreciar las llamas de su juventud y por contraparte la madurez de su rostro-son. ¿Cuántos años han podido pasar?", le preguntó, devolviendo la mirada al campo observando como el combate empezaba y una oleada de calor abrumador sacudía la estancia más próxima, haciéndole abrir los ojos de par en par. El transcurso del enfrentamiento llevó a tornar una expresión seria y fruncida en su rostro. El humano había conseguido desgastar con sus oleadas de calor al señor Yojimbo, y había encajado un par de golpes peligrosos y potentes. Cuando su kanabo descendió, apenas apoyó las puntas de los dedos de sus pies en el suelo y salió despedido en su dirección, redoblando la intensidad del fuego de su espalda para hacerlo más rápido, flexionando su cuerpo encorvado e interponiendo su propia figura entre el que yacía y su ejecutor, teniendo respectivamente a estos a su derecha y a su izquierda, dando un revés ascendente con el puño izquierdo hacia el arma en llamas, repeliendo su ataque y haciendo que el garrote retrocediera por donde había venido, impidiendo la ejecución de aquel hombre. Entonces se irguió, alcanzando toda su talla y miró desde la altura al pequeño hombre enmascarado que se había atrevido a dar aquel paso. "Aquellos que más brillan son los que se queman más rápido-son", dijo con seriedad, emitiendo una oleada de poder abrumador, más brutal y más puro que cualquiera de aquellos jueguecitos de calor. En las tierras del mar azul lo llamaban el Color del Conquistador. El Haki que te permitía imponerte a todos los débiles de conciencia y de mente, haciéndoles padecer ante la fuerza de tu espíritu sin miramientos.
| Combatiente | Habilidad/Técnica | Descripción |
|---|---|---|
| Enmascarado | Hell's Bells | Golpe devastador que sumerge al oponente en la arena. |
| Enmascarado | Hot Spot | Genera oleadas de calor sofocante y quemaduras. |
| Enmascarado | Ein Hauch | Emerger del suelo a gran velocidad para atacar. |
| Enmascarado | Breath Death | Onda de calor densa y pesada que dificulta la respiración. |
| Lunarian | Bendición Ígnea | Incrementa habilidades y traspasa límites usando fuego de la espalda. |
| Lunarian | Steam Engine | Técnica para potenciar movimientos y superar límites. |
| Campeón Alado | Inmersión en Tierra | Habilidad para sumergirse y moverse bajo tierra. |

Un tufo asqueroso proveniente de las barrigas abiertas de leviatanes con las entrañas hacia afuera y desperdicios de hace semanas que se aferraban a los adoquines como una argamasa sangrienta podrida al sol. Prosperidad, sí... Sentada en la parte trasera del bote, Sarah sacó la mano por encima de la borda. "Incluso para ti, eso es bastante imprudente", gruñó Rafen, quien sudaba mientras remaba con todas sus fuerzas. Rafen era un viejo lobo de mar de las islas. Tenía el rostro escarpado y curtido por el rocío del mar y los fuertes vientos, así como una mente aguda que el ron no había podido arruinar. Se turnaba para ser su consciencia y su mano derecha. "Exactamente", respondió Rafen. Sarah se encogió de hombros. "Tal vez sea así, pero no deja de ser verdad", dijo Rafen, mirando por encima del hombro hacia la niebla que surgía del agua donde el Serpiente lunar se ocultaba como un secreto oscuro. "Hay malicia en el mar esta noche". "Olvídalo, anciano", dijo Miss Fortune. "Es el réquiem de un capitán, tengo que estar allí". Dicho atuendo ridículo consistía en, literalmente, un corsé azul cobalto que arrebataba suspiros con encaje dorado y varillas de hueso de ballena debajo de una gloriosa levita larga color escarlata. Un atuendo impráctico por completo, pero en una reunión de capitanes había que demostrar por lo menos una riqueza obscena.