Dragon Age: Inquisition marca la primera incursión de Bioware en la nueva generación de consolas, llegando en un momento crucial para la compañía. Tras la tibia recepción de Dragon Age II y las complejidades de The Old Republic, este título se erige como un punto de inflexión. Afortunadamente, Dragon Age Inquisition ha resultado ser un videojuego fantástico, un RPG excepcional con mucho que ofrecer y una clara enmienda a su predecesor.
La segunda entrega de la saga, Dragon Age II, generó controversia por su alejamiento de Origins y el uso de escenarios repetitivos. Sin embargo, Inquisition corrige estos fallos con una respuesta avasalladora: las dos primeras zonas del juego superan en tamaño y variedad a toda la entrega anterior. El mundo de Thedas, compuesto por Orlais y Ferelden, se presenta vasto y vivo, aunque su acceso se gestiona a través de un mapa en la mesa del Consejo de la Inquisición.

A diferencia de Skyrim, que Bioware citó como inspiración, Inquisition se asemeja más a un titán como The Witcher 2. Presenta un arco argumental dividido en actos y extensos escenarios repletos de actividades, recursos y enemigos. Cada región es un ecosistema completo con bosques, poblados, cuevas variadas, ruinas enanas y riachuelos, transmitiendo la sensación de un mundo vivo y con una rica historia.
Sin embargo, no todo es perfecto. La mayoría de las misiones secundarias, a pesar de ofrecer recompensas o incorporar nuevos agentes a la Inquisición, carecen de continuidad y a menudo se resuelven a través del códice en lugar de diálogos significativos. Esta estructura recuerda a los juegos de rol masivos online, con tareas de "recoge X" o "mata X enemigos", cerradas con un breve diálogo o una entrada en el códice. Esto contrasta con las misiones secundarias de Dragon Age II, que formaban arcos argumentales, o las de Origins, que ofrecían múltiples formas de resolución y diálogos extensos.
A pesar de la naturaleza a veces perezosa de las misiones secundarias, el sistema de juego es divertido. Aunque la personalización del protagonista se ha reducido (ya no se reparten atributos manualmente), la vuelta de la cámara táctica y un ritmo ágil invitan a pasar horas explorando. La gestión y recolección de recursos se profundizan, aunque la personalización del personaje y su grupo se ve limitada.
Bioware ha infundido a Dragon Age Inquisition una personalidad única. Decisiones como limitar los hechizos de curación y las pociones, obligando a establecer campamentos estratégicos, la gestión de recursos para mejorar las tropas, el uso del mapa para resolver problemas (como crear un puente) y la personalización estética del fuerte, confieren al juego una narrativa coherente y un ritmo bien gestionado.

La trama principal, aunque clásica en su planteamiento épico y mesiánico de salvar al mundo, se enriquece con misiones impresionantes y revelaciones sorprendentes. Sin embargo, el verdadero punto fuerte de Bioware reside, como siempre, en sus acompañantes. La galería de secundarios, aunque más pequeña que en Origins, está excepcionalmente construida. Varios de ellos se encuentran entre los mejores creados por el estudio, con una vida y consistencia que los hacen parecer reales. Las conversaciones con ellos son más extensas, revelan detalles del mundo y enriquecen la experiencia general.
Dragon Age Inquisition exige trabajo, y este se ve reflejado en sus escenarios gigantescos, llenos de historia y personalidad. El códice, con sus extensas entradas sobre Thedas, recompensa al jugador que se sumerja en su lore. El resultado es una experiencia divertida, un mundo con carácter y un videojuego notable. Sin completar todas las misiones secundarias, el juego ofrece unas cincuenta horas de entretenimiento, logrando momentos de sorpresa y emoción.
La banda sonora y el doblaje, con la excepción de algunos momentos del protagonista, son de alta calidad. Bioware ha devuelto el amor a la saga con Dragon Age Inquisition, un RPG con personalidad propia, a pesar de algunos aspectos a pulir (esas misiones secundarias...). Es una experiencia adictiva que reconciliará a muchos con la franquicia y atraerá a nuevos jugadores.
Dragon Age Inquisition | De vuelta al ruedo | ¿VALE LA PENA? | Reseña | Análisis
El juego ofrece una experiencia de rol profunda con un mundo vasto y detallado. La historia, aunque familiar, está bien ejecutada y los personajes son memorables. La jugabilidad combina la acción en tiempo real con la posibilidad de pausar y dar órdenes tácticas, lo que permite una gran variedad de estilos de juego. La exploración es recompensada con secretos, desafíos y fragmentos de historia que dan vida al mundo de Thedas.
A pesar de las críticas sobre la repetición de algunas misiones secundarias y la estructura de mundo abierto que a veces se siente como un "parque temático", Dragon Age Inquisition es un retorno a la forma para Bioware. La creación de personajes es robusta, permitiendo elegir sexo, raza y clase, lo que influye en las interacciones y romances. El editor de personajes ofrece una gran cantidad de opciones para personalizar al protagonista.
La aventura comienza con un cataclismo que abre una brecha en el cielo, desatando demonios y sumiendo Thedas en el caos. El jugador, como único superviviente de un terrible accidente, se convierte en el líder de la Inquisición, con la tarea de restaurar el orden. Las alianzas se forjarán y se romperán a lo largo de la campaña, añadiendo profundidad a la narrativa.
El sistema de combate intenta mezclar la estrategia de Origins con la acción de Dragon Age II, ofreciendo dos cámaras distintas: una sobre el hombro del personaje y una vista táctica cenital. La cámara táctica, controlada de forma intuitiva incluso con mando, permite pausar la acción para dar órdenes detalladas. La progresión de los personajes incluye un sistema de artesanía para crear armas y armaduras, y un nuevo sistema de pociones que las hace más cruciales que nunca.
La base de operaciones, el Fuerte de la Inquisición, puede ser mejorada y personalizada, y se pueden enviar agentes a cumplir misiones. El modo multijugador, aunque decepcionante al no permitir la cooperación en la campaña principal, ofrece misiones cooperativas para obtener oro y recompensar a los jugadores con objetos aleatorios.
Visualmente, el juego impresiona con sus paisajes expansivos, iluminación dramática y una dirección artística sólida. La distancia de visionado es alta, los efectos de iluminación son buenos y los mapas están repletos de detalles, dotando a Thedas de gran vida. La banda sonora épica y los efectos de sonido ambientales contribuyen a una inmersión total.
Dragon Age Inquisition no es perfecto; las misiones secundarias podrían ser más elaboradas y la interconexión del mundo podría ser mayor. Sin embargo, la escala, el corazón, las elecciones y las consecuencias que ofrece son logradas de una manera que pocos RPG modernos consiguen, dejando al jugador con la satisfacción y el deseo de regresar a Thedas.

En resumen, Dragon Age Inquisition es una aventura muy disfrutable, perfecta para perderse explorando su enorme mundo, cumpliendo misiones, solucionando problemas y desentrañando sus secretos. A pesar de echar en falta personajes más carismáticos y misiones secundarias más inspiradas, los buenos momentos y las múltiples horas de diversión compensan ampliamente sus defectos.