El Bocadillo en el Cómic: Análisis del Humor en Mortadelo y Filemón

El bocadillo o globo se define como el elemento de la viñeta de un cómic (o tebeo) o caricatura que contiene las intervenciones de los personajes. La forma predominante es la del óvalo, por lo que entiendo que al elemento gráfico se le llame "globo". m. pero para mí es completamente contraintuitivo este nombre (aunque lo haya usado por décadas sin reparar en ello). De hecho, recuerdo haberlo explicado alguna vez a alguien que esos óvalos con los diálogos de los personajes se llamaban "globos" o "bocadillos".

Mortadelo y Filemón mola, y ha molado siempre. Desde que tengo uso de razón he tenido cómics de Mortadelo en mis manos. El primero, Misión de perros. Y más mola ahora, cuando me conozco los entresijos que hay detrás de su creación y su desarrollo, gracias al libro El mundo de Mortadelo y Filemón y al foro de la T.I.A. Años creyendo que lo sabía todo sobre las criaturas del maestro Ibáñez y resulta que había millones de datos y anécdotas ocultas que desconocía.

Todo este rollo viene a cuento de una de las cosas más curiosas (y bochornosas) que descubrí durante los primeros días de mi periplo por el foro de la T.I.A.: el reciclaje de portadas, una de las chapuzas recurrentes de Bruguera durante el periodo que tuvo en su seno a Mortadelo, a su jefe y al padre de ambos (Ibáñez).

Resulta que Ibáñez trabajaba a destajo para Bruguera, dibujando a un ritmo endiablado de tropecientas páginas por semana. El pobre hombre, como la mayoría de nosotros, tenía un límite; así que a veces la editorial, en lugar de encargarle una portada nueva, agarraba una vieja y la reutilizaba. Bueno, si la cosa se limitara a reutilizar, no estaría perdiendo ahora mi tiempo contándolo. Mira tú qué cosa, las reutilizaban, hay que ver qué malos eran. Pero no es el caso. En Bruguera no se contentaban con reutilizar, sino que ponían a un empleado cualificado a convertirlas en algo nuevo, o al menos, que lo pareciese.

Sin embargo, un lector no veterano podría no llegar a concebir el horror que suponen estos engendros. Incluso podría pensar que no están tan mal. O que tienen gracia. Para no seguir torturándome con estos pensamientos, retrasaré un poco la presentación del circo de los horrores para dar un cursillo rápido de portadas originales de Mortadelo y Filemón, fáciles de identificar y con un repertorio de chistes bastante reconocible. Os aseguro que después de esto no tendréis problemas para diferenciar una portada auténtica de una chapucera, y si seguís sin poder hacerlo, os devolveré el dinero.

Esencialmente, dentro de la inabarcable producción de portadas de Ibáñez hay dos clases principales: las mudas y las habladas. Las mudas, muy habituales durante la primera década de Mortadelo en el universo del álbum largo (los setenta) se bastaban de una situación divertida o un dibujo vistoso. Las habladas se alternaban con las mudas en los setenta y pasaron a ser predominantes en los ochenta y prácticamente las únicas de los noventa en adelante. Éstas parten de una situación cómica que necesita al menos, un bocadillo para poder entenderse.

Dentro de las mudas, cabe destacar dos subcategorías.

Las habladas se pueden clasificar según el chiste de turno, más que nada porque los chistes hablados de las portadas se repiten más que el ajo. Siempre son los mismos cuatro o cinco chistes, con pequeñas variaciones pero los mismos, una y otra y otra vez. Pero no os confundáis, eso en lugar de molestarnos nos gusta. Ver lo mismo una y otra vez nos da sensación de seguridad, quién necesita inciertos giros originales que podrían hacer sentirnos extraños y estúpidos.

El grueso de las portadas de Ibáñez se basaría, por tanto, en alguno de los siguientes formatos:

  1. "¿Qué le hace suponer...?": Se trata de portadas en las que el excepticismo de Mortadelo o Filemón sobre cualquier asunto choca frontalmente con lo que le está ocurriendo a su compañero al otro lado de la pared, de la esquina... Casi podría incluirse en el grupo anterior.
  2. "¿Todavía se atreve a negar…?": La evolución natural de la portada “¿seguro que…?”.
  3. "¿Se convence de una vez…? / Ya le advertí que...": Mortadelo (habitualmente) lleva al límite cualquier cuestión: una invitación, una sugerencia de su jefe... También podría suceder que una nueva norma impuesta por la T.I.A. Mortadelo normalmente interpreta mal una orden de Filemón.
  4. Rarezas: No todas las portadas se ajustan necesariamente a alguno de los patrones anteriores. Pero para qué engañarnos, el 90% del millón de portadas que hay se basa en estos cuatro o cinco chistes.

Lo interesante, y lo que marca la diferencia entre Ibáñez y la pléyade de apócrifos que se han hecho con los personajes en ocasiones, ya sea en las portadas o en los guiones, es el desparpajo a la hora de meter los chistes, la naturalidad con la que fluyen. En este sentido, los apócrifos siempre han sido, casi sin excepción, unos mantas. Es fácil identificar un cómic o una portada apócrifa por lo agarrotado que está todo, los personajes, las situaciones, los chistes.

El reciclaje chapucero de portadas también es un vasto universo en el que podemos encontrar diferentes tendencias. Algunas son portadas mudas a las que se ha incrustado de cualquier manera un bocadillo con chiste, que como veremos, se parece a lo que nos tiene acostumbrado Ibáñez como la temporada 12 de Los Simpson a la 5. Otras son directamente insólitos montajes carentes de escrúpulos en los que se sustituyen personajes, se borran cosas o se cambian los escenarios.

Primero, veamos una serie de ejemplos de lo que se puede llamar Mortadelo y Filemón for dummies. Si no eres capaz de entender un chiste mudo, los negros de Bruguera te ayudan con tu defecto congénito. Como ocurre en esta portada de La máquina de copiar gente. Lo mismo pasa con Hay un traidor en la TIA. Esta, de Objetivo, eliminar al “Rana” es de mis favoritas. La original, digo. ¿…O no? Kilociclos asesinos. Éste lo tuve yo con la portada para memos, cuando aún no sabía que aquél bocadillo había sido puesto luego a una portada que no debía tenerlo. Y yo la veía y no podía dejar de pensar en lo mal puesto que parecía esa frase ahí, lo poco que encajaba… Ahora me enorgullezco de mi yo de diez años. Ladrones de coches es otro ejemplo.

Pero si bien algunos bocadillos añadidos resultaban penosamente superfluos, otros eran más… ¿cómo decirlo? Gilipollas. Sí, señor, en ocasiones, las inventivas manos negras de Bruguera se sacaban de la manga frases completamente marcianas para animar un poco la portada de turno y probablemente luego brindaban por su imaginación sin límites. Rara vez coincidían con el tipo de chiste que solía usar Ibáñez, y a veces parecían querer transformar el chiste de la portada en algo totalmente diferente. Ahora veremos unos cuantos ejemplos memorables.

El caso del calcetín sufrió también el pésimo añadido, dando lugar a uno de los pseudochistes más estúpidos y extravagantes de todos. El añadido de El balón catastrófico ya no es que no tenga gracia. Es que por no tener, no tiene ni sentido. La estatua de la libertad. Este ejemplo siempre lo he odiado visceralmente. Ya no es sólo la ausencia total de humor en el bocadillo incrustado, ni la inusitada capacidad de Filemón para hablar con la boca cerrada. Es Filemón hablando de “tú” a Mortadelo lo que me consume. Y aquí el acto terrorista. Los mercenarios. ¿Que más hay que decir? El de Terroristas es un gran ejemplo de cómo confundir totalmente al lector. ¿De qué va exactamente Terroristas? ¿De terroristas o de Mortadelo metido a jugador de beisbol?

Llegamos a la recta final de nuestro penoso recorrido con las portadas totalmente manipuladas. Los montajes horrendos, destinados a tomar por tonto al sufrido lector. Las criaturas de cera vivientes era un cómic apócrifo, más falso que una moneda de catorce pesetas, pero la portada era de Ibáñez. El bocadillo añadido, uno de los más demenciales que he visto, vino acompañado de una tramposa manipulación del dibujo probablemente destinado a convertir la portada de una aventura concreta en otra más genérica y reutilizable; lo que demuestra cómo andaban de escrúpulos en Bruguera por aquel entonces. La gallina de los huevos de oro también pasó por este miserable proceso. ¿Qué dice la gallina de todo esto? …y ahora no me ven. Y para terminar, una vieja conocida, la sufrida portada de El caso del calcetín, a la que no dejan morir en paz. La magia de la tecnología permite cambiarle el bocadillo estúpido por otro bocadillo igual de estúpido y, además, desvincularla totalmente del cómic al que pertenece.

Hasta aquí la visita guiada. Si aún estáis interesados en el museo, visitad por vuestra cuenta la impagable recopilación de portadas realizada por el Sr. Ogro, del foro de la TIA, en 13 Rue Bruguera.

Lo que distingue a estas piezas, más allá de la composición de página y la espectacularidad del dibujo, es la audacia en el uso del texto. A partir de ciertas portadas, los bocadillos comienzan a adoptar formas inusuales, retorcidas, espirales, convirtiéndose en elementos tan decorativos como funcionales. Estos bocadillos no se limitan a contener el diálogo; se extienden, atraviesan objetos, se entrelazan con los personajes, son asidos por sus manos, e incluso se transforman en chistes visuales por sí mismos.

Algunos bocadillos adquieren la forma de objetos punzantes, como un puñal, mientras que otros imitan manos, dotando al texto de una gestualidad inusual. Sorprendentemente, un bocadillo puede incluso aparecer quemándose con una cerilla, o más adelante, los propios personajes pueden sentarse sobre ellos o interactuar con ellos como si fueran actores independientes. En una ocasión, el bocadillo de texto de Mortadelo corre a su lado, demostrando la fluidez y el dinamismo que Ibáñez imprime a este elemento narrativo.

Este recurso, aunque no empleado en historietas convencionales, es una constante en las revistas de Mortadelo y Filemón, aportando un extra de humor y dinamismo. La genialidad de Ibáñez radica en que estos bocadillos, al alterar su forma, no solo refuerzan el mensaje del diálogo, sino que también contribuyen a la comicidad de la viñeta. El objetivo principal de estas páginas es el gag por el gag, el chiste por el chiste. Los recursos gráficos, incluidos los bocadillos, no buscan potenciar la personalidad de los personajes, quienes varían en cada gag, sino realzar el mensaje de ese diálogo específico.

Es interesante notar que, si bien los bocadillos de Ibáñez son variaciones estéticas de un recurso que no altera el significado fundamental del texto, otros autores han utilizado la forma del bocadillo para reflejar la personalidad de los personajes o el contexto narrativo. Ejemplos como los bocadillos curvos y lisérgicos en Sandman o los bocadillos en forma de formulario para un recaudador de impuestos en "El caldero" son más complejos y buscan una lectura más profunda. En contraste, un bocadillo que termina en un pitillo de cigarrillo en una portada de Ibáñez es puramente visual y cómico.

La pregunta que surge es: si este recurso es tan "facilón", ¿por qué pocos autores lo utilizan de manera similar? A pesar de que otros recursos gráficos y cómicos son recurrentes (el perro guardián, la manguera que se agota, las explosiones), la manipulación de los bocadillos de esta manera no ha sido adoptada masivamente, a diferencia de las onomatopeyas parlantes en los cómics de superhéroes, que a menudo se presentan como innovaciones estilísticas.

La efectividad de estos bocadillos, que refuerzan lo que dice el personaje, se suma a otras convenciones del lenguaje del cómic, como el bocadillo tembloroso del personaje asustado, el de quien grita o el que simula provenir de un aparato eléctrico. Sin embargo, la originalidad de Ibáñez en las historietas de la década de 1970, con su particular tipo de gag, es innegable. Se trata de un humor blanco, sin pretensiones intelectuales ni segundas lecturas, donde la forma del bocadillo, al igual que otros elementos gráficos, contribuye a la comicidad visual.

La historia del cómic, desde las primeras historietas secuenciales hasta los modernos comic-books, ha estado marcada por la búsqueda de nuevas formas de narración visual. La preocupación por capturar el transcurso del tiempo y expresar la narratividad es tan antigua como la propia representación visual. Con la invención del cinematógrafo, los hermanos Lumière lograron domesticar estos elementos de manera pública. Paralelamente, en la prensa estadounidense de finales del siglo XIX, surgieron las primeras tiras cómicas con personajes como Yellow Kid, acompañadas de texto explicativo, sentando las bases para lo que hoy conocemos como cómic.

Las viñetas en secuencia, con texto explicativo, tienen una larga tradición que se remonta a las "images d´épinal" francesas y las aleluyas españolas. Ya en 1829, R. Töppfer publicaba álbumes con historietas narradas a través de imágenes y texto. Incluso Gustave Doré, en 1871, acompañaba caricaturas con frases atribuidas a los personajes. La aparición de las páginas dominicales y, posteriormente, las tiras diarias ("daily strips"), impulsaron la popularización del medio. Hacia 1929, estas recopilaciones comenzaron a publicarse en formato de libro, dando lugar a los comic-books.

La creación de sindicatos de noticias, como el International New Service de Hearst en 1909, permitió la comercialización y difusión masiva de los cómics, alcanzando una dimensión global. Hasta la II Guerra Mundial, España mantuvo un liderazgo en la producción y difusión de este medio icónico. La guerra introdujo temáticas bélicas y políticas, llegando a influir en la Casa Blanca con series como Captain America. Tras la guerra, el cómic experimentó transformaciones significativas en argumento, lenguaje y difusión, abarcando todos los géneros posibles.

En la década de 1960, los recursos del lenguaje del cómic se hicieron más patentes, explotando su vertiente creativa. Hoy en día, el cómic humorístico persiste en la prensa, mientras que el cómic infantil ha visto reducida su incidencia por el auge del consumo audiovisual. El cómic clásico sigue siendo reeditado para estudiosos y nostálgicos. Autores como Ceesepe, Charles Schulz y Hergé son referentes en la evolución del medio.

La iniciativa "Viñetas y bocadillos" de RTVE.es, iniciada en 2010, ha sido un pilar fundamental en la difusión y análisis del mundo del cómic. A lo largo de sus años de existencia, ha cubierto eventos importantes como el Salón del Cómic de Barcelona, entrevistando a figuras clave del panorama nacional e internacional. Además, ha rescatado material histórico de los archivos de RTVE.es, como programas míticos sobre el cómic, y ha seguido de cerca la animación española, entrevistando a directores y protagonistas de películas de renombre.

Este proyecto ha sido testigo de despedidas de grandes estrellas del cómic, como Moebius, Stan Lee y Francisco Ibáñez, pero también ha celebrado el descubrimiento de nuevos talentos, destacando el auge de autoras de cómic de gran calibre. La iniciativa subraya que el cómic atraviesa una de sus mejores épocas en cuanto a creatividad y presencia mediática, un logro al que RTVE.es ha contribuido significativamente a través de entrevistas, reportajes y recomendaciones. La dedicación de estos quince años a la promoción del cómic, agradeciendo la colaboración de autores, profesionales de la industria, medios de comunicación y compañeros, demuestra el compromiso con la difusión de este arte.

Ilustración de Mortadelo y Filemón con bocadillos de diálogo.

EL ICEBERG DEFINITIVO DE MORTADELO Y FILEMÓN

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