Batman es uno de los personajes más icónicos de la cultura popular. Después de pasar por tantísimas interpretaciones artísticas y divagaciones sobre su naturaleza, espíritu y motivaciones, hoy sigue siendo una figura extrañamente inspiradora. Representa el ideal del hombre que marca la diferencia, que supera el trauma de su origen para transformarse en protector de los indefensos, que no cuenta con poderes especiales pero sí con una voluntad indomable.
Puede que sea taciturno e incluso violento, pero aun así es uno de los superhéroes más queridos por fans y creadores y por eso estos últimos siempre han estado dispuestos a ofrecer su particular visión del mito del Murciélago, ya fueran practicantes habituales del género superheróico o artistas asentados en el mundo del comic alternativo.
En este último caso se encuadra Paul Pope. Desde sus primerizos y minoritarios trabajos, como “THB” o “Escapo” hasta sus producciones más recientes y mainstream, como “Heavy Liquid” o “100%”, Pope ha transitado por la aventura de CF con una sensibilidad muy personal. Sus comics son estimulantes, dinámicos, salpicados de ingeniosos elementos especulativos y momentos de ternura y dibujados con una línea nerviosa, feista y rebosante de energía.
Así que cuando DC anunció que Pope escribiría y dibujaría una miniserie de cuatro números sobre un Batman futurista ambientado en el año 2038, un siglo después de su debut original en la revista “Detective Comics”, los fans empezaron a frotarse las manos. Al fin y al cabo, Pope no era un recién llegado al personaje. Había realizado otras tres historias, todas ellas cortas y publicadas en “Batman Chronicles” y las antologías “Batman: Blanco y Negro” y “Solo”. Esta última, titulada “El compañero adolescente del héroe”, ganó incluso el Premio Eisner a la mejor historia corta.
Pero cuando salió el comic, el entusiasmo de muchos se apagó y “Batman: Año 100” se convirtió en una obra polémica sobre la que no había consenso claro. Sí, está muy bien dibujada y la historia de ciencia ficción distópica y cuasi-militar que se narra es interesante. Pero para una parte de los seguidores del personaje, ésta no es una aventura de Batman.
La miniserie empieza con una larga escena de ritmo trepidante que nos muestra a un Batman herido y apaleado huyendo de la policía, una policía que utiliza vehículos voladores y perros de presa con cámaras implantadas en los ojos. Considerado hasta ese momento como una mera leyenda urbana de Gotham, Batman sale a la luz pública y se convierte en objetivo del gobierno nacional, que en el año 2038 es de tipo totalitario, ejerciendo un control absoluto sobre los ciudadanos. No solamente no pueden permitir que ande suelto alguien sin identidad conocida, sino que ha sido acusado de asesinar a un policía federal.
Mientras tanto, el inspector Jim Gordon es apartado de la investigación de ese asesinato a pesar de haber tenido lugar en su jurisdicción. Gordon no se siente orgulloso de su pasado: un día, como recompensa por haber mirado hacia otro lado cuando el gobierno decidió eliminar silenciosamente a los internos del asilo de Arkham, fue ascendido. Pero ahora, cuando empieza a indagar tanto sobre lo que se esconde tras el homicidio del policía como de lo que se sabe acerca del misterioso Batman, sus simpatías empiezan a cambiar de bando.
Quizá la raíz de las críticas vertidas por una parte de los fans resida en el pensamiento político de Pope. Como muchos de los profesionales que hicieron dinero siendo jóvenes, sus inclinaciones políticas tienden al neoliberalismo. Elementos de su filosofía política habían ido filtrándose en su obra con anterioridad, pero en “Batman: Año 100” aquéllos chocan con las bases sobre las que se construyó el héroe. Las películas que Christopher Nolan realizó sobre Batman, especialmente “El Caballero Oscuro”, se centraban en los sacrificios que realizaba Bruce Wayne para proteger a su ciudad, perdiendo en el proceso a la mujer que amaba e incluso asumiendo la responsabilidad por un asesinato que no cometió…todo por el bien de la mayoría. En cambio, para los liberales, el “bien mayor” está siempre por debajo del individualismo y el sacrificio es propio de perdedores.
“Batman: Año 100”, como su anterior “Heavy Liquid”, tiene como fondo unos Estados Unidos distópicos. ¿Y quién es el villano de la historia? Pues resulta que la Casa Blanca está dirigida en la sombra por un burócrata amante del té que, cuando se confirma la existencia de Batman, sufre un -poco explicado e histérico- ataque de angustia y decide acabar con él. No porque constituya un peligro para la sociedad, sino porque es libre y mantiene intacta su privacidad. Sus secretos son sólo suyos y su existencia y vida no están registradas y controladas por el gobierno, como sí sucede con las de todos los demás ciudadanos.
Ese marco orwelliano se ajusta, por tanto, al estereotipado fantasma neoliberal del aparato gubernamental todopoderoso y omnisciente, y el tema de la narración, en el fondo, es el del Hombre contra el Estado.

“Batman: Año 100” comienza igual que termina “El Regreso del Caballero Oscuro”: con un Batman en la clandestinidad y huyendo de los policías. Pero el Batman que encontramos aquí no se va a dedicar a atrapar rateros o encarcelar gangsters; tan sólo hay una mención de pasada acerca de su papel de vigilante, pero nunca lo vemos ejercerlo. En realidad, ni siquiera sabemos si en un Estado controlador como el que se nos describe hay criminales. Por no ver, no vemos ni gente normal caminando por las calles debido a los estrictos toques de queda. No, el enemigo de este Batman es el propio estado policial, un estado que le teme porque no figura en sus archivos; él es el único “ISC” o “Indocumentado y Sin Clasificar” del que tienen constancia, un verso suelto que se cuela por los resquicios del sistema.
Publicada en 2005, “Año 100” es una historia claramente encuadrada en un escenario post-11 de septiembre. Ya no hay aquí villanos estrafalarios ni señores del crimen, sino bioterroristas y agencias gubernamentales que operan al margen de toda supervisión. Para muchos fans acérrimos de Batman, este nuevo enfoque no fue una decisión acertada.
En todas las versiones del héroe imaginadas previamente, éste ha tenido un origen similar: la pérdida traumática de sus seres queridos, que actuaba de catalizador y que explicaba sus motivaciones para convertirse en justiciero disfrazado. Pope no nos dice en ningún momento quién es su Batman ni por qué hace lo que hace. Y al mantener su lucha contra el crimen fuera de la historia, parece que su único objetivo es proteger sus intereses e ideales individualistas. Se le priva de la compasión por la víctima, del instinto protector que forma parte de su naturaleza. Ello viene todavía más subrayado por el hecho de que no hay ningún intento por penetrar en su psicología o motivaciones. La obra se centra en la máscara, la leyenda de Batman, y no en el hombre que se oculta tras ellas.

Aunque no es una historia, digamos, “oficial” de la línea “Otros Mundos”, la acción de “Batman: Año 100” se desarrolla fuera de la continuidad actual del personaje y presenta una ciudad de Gotham distinta a lo que se había visto hasta la fecha. Sin embargo, lo que verdaderamente sitúa a esta obra al margen de los relatos alternativos de “Otros Mundos” es que, aunque no transcurre dentro de la continuidad oficial, sí la reconoce. De hecho, se identifica tanto con ella que contempla como cierta la primera aparición de Batman en mayo de 1939, fecha de publicación de “Detective Comics” 27. Historias clásicas que no se consideran exactamente canon, como “El Regreso del Caballero Oscuro”, también se mencionan en el futuro en el que tiene lugar “Batman: Año 100”. Es un mundo que asume como cierto todo lo que sucedió alguna vez en los comics de Batman y que, además, aconteció en la época en que esos comics se publicaron originalmente.
¿Cómo es eso posible? ¿Cómo podría Batman haber empezado su carrera en 1939, estar todavía activo en 1966 y también-aunque anciano- en 1986 (año en que se publicó “El Regreso del Caballero Oscuro”) y regresar en el año 2039?. Es éste un misterio que se encuentra en el corazón mismo de “Batman: Año 100”, pero que Paul Pope, en vez de resolverlo, prefiere mantener en el terreno de la ambigüedad. Ni siquiera el rostro desenmascarado de Batman nos ofrece pista alguna porque Pope siempre se las arregla para ocultar aquél. Incluso cuando la historia exige que se quite la capucha (mientras le operan de sus heridas y durante la convalecencia), lo dibuja de tal forma que su rostro aparece sumido en la sombra, tapado con una venda u oculto por sus brazos.
Parece que lo que Pope hace en “Año 100” es tejer su propia continuidad independientemente del batiburrillo de Tierra 1, Tierra 2, Crisis en Tierras Infinitas o los Nuevos 52. Una continuidad que toma elementos de la oficial y algunas alternativas, pero que tiene su propio recorrido, estableciendo nexos con cada época de la historia de Batman como personaje de una forma novedosa.
Hace algún tiempo circuló por Hollywood un guión que reuniría en una sola película a Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore y Timothy Dalton bajo la premisa de que “James Bond” no era más que un nombre que adoptaba quienquiera que en ese momento fuese el principal agente “doble cero” británico, y que la amenaza que planteaba dicho guión era de tal envergadura que requería de todos ellos. Puede que esa misma idea sea la que subyace en “Batman: Año 100”, siendo el hombre murciélago una suerte de encarnación casi mística, una emanación de la propia ciudad de Gotham.
Apuntando a esta posibilidad, hay un momento en el que Robin le dice a Tora: “No va a dejarme el manto así como así”. Pero Pope juega al despiste con el lector porque otros detalles (misma caligrafía y misma voz según los archivos y las computadoras de la policía) parecen indicar lo contrario: que el Batman de 2038 es el mismo que comenzó a actuar cien años atrás.
Al final, (ATENCIÓN: SPOILER) Gordon le revela a Batman que sabe que es Bruce Wayne, un truco forzado por parte de Pope para enfatizar su enfoque (que lo que importa es el icono, no el hombre tras él) pero que suscita más preguntas de las que responde. ¿Estamos ante el Wayne original, que de alguna forma ha conservado o recuperado su juventud? ¿Quizá un nieto suyo, de la misma forma que el comisario de la historia es el descendiente del Gordon que todos conocemos? ¿Es un clon de Bruce Wayne? ¿O es que la historia vuelve a repetirse y éste es algún otro Bruce que nada tiene que ver con el antiguo multimillonario que portó el emblema del murciélago? (FIN SPOILER).
En realidad, da lo mismo. No sólo es que esa revelación de Gordon no aclare nada, sino que nada aporta ni resta a la historia precedente. Que eso sea un acierto o un fallo depende del punto de vista del lector. Al fin y al cabo, también son muchos los fans que están más que cansados de ver una enésima historia “de origen” calcada de las mil que le han precedido o de otro análisis psicológico pretendidamente profundo, y recibieron con alivio una historia en la que se veían directamente empujados a la acción sin explicaciones adicionales.
Desde luego, lo que no se puede negar es que aun cuando nada nos revele sobre la identidad de Batman, su pasado o su entorno próximo, Pope consigue hilar una trama dinámica y absorbente. En resumen, para disfrutar este comic hay que dejar de lado cualquier intento de encajarlo en una u otra continuidad. No es posible y no sirve de nada. Es mejor dejarse llevar y aceptar que su propuesta es más una exploración que una explicación: que el mundo siempre necesita y necesitará un Batman.
Tras presentar Gotham y desarrollar una frenética escena inicial de persecución, Pope introduce junto al caso a resolver (el asesinato de un policía federal que oculta una conspiración en las altas esferas gubernamentales) varios elementos familiares, unos hitos de referencia que aseguren al lector que, aunque las cosas parezcan un poco extrañas, no se ha salido completamente del mito. Estos hitos son el entorno humano de Batman, aquellos personajes sin los cuales no podría llevar a cabo su misión. Tenemos una madre y una hija que se ajustan a lo que en la continuidad oficial son Oráculo y la doctora Leslie Thompkins; un Robin que ya no es el chico maravilla, sino el probable sucesor de Batman cuando tal momento llegue; y Jim Gordon, de igual nombre que su abuelo y con un carácter y fisonomía muy similares a los de aquél. Las piezas que se mueven por el tablero, por tanto, son conocidas, aunque se combinen e interactúen de forma diferente a la tradicional.
Curiosamente sí que está ausente alguien a priori tan importante para el mito como es Alfred. Esa omisión probablemente se explique porque la historia pone el énfasis en la trama sobre la caracterización y prefiere centrarse más en la leyenda de Batman que en el alma torturada que se esconde tras ella. Para comprender el mundo interior y las motivaciones de Bruce Wayne (o quienquiera que se ponga la máscara del murciélago) es necesaria la figura de Alfred, ese personaje que actúa como nexo de unión de Batman no sólo con el mundo real sino con la vida que perdió cuando sus padres murieron. Pero “Batman: Año 100” no es esa clase de historia. El héroe se pasa buena parte de la trama corriendo, peleando y esquivando balas y explosiones, sin detenerse ni un momento para explicarnos en alguna escena por qué hace lo que hace. Ha vuelto y tiene un caso que resolver y una misión que cumplir. No hay tiempo para reflexionar sobre sus antecedentes o por qué las leyendas nunca pueden morir.
La propia Gotham tiene un aspecto decrépito, sofocante, sucio… reflejo de la incapacidad de sus ciudadanos para expresarse con libertad. Los avances tecnológicos de ese futuro se han producido sobre todo en armamento, informática y vehículos de transporte, todo lo que la policía necesita para mantener a la población sometida. También intervienen en la trama un telépata y se menciona la existencia de individuos con “mejoras” implantadas que les hacen más fuertes o veloces. Todo ello encuadra a “Batman: Año 100” en el terreno de la ciencia ficción y, a pesar de ello -o precisamente por ello-, ofrece una de las interpretaciones más verosímiles de Batman que se hayan imaginado en los últimos tiempos.
En esa verosimilitud tiene mucho que ver la imperfección del propio personaje, algo que Pope retoma de “Batman Año Uno”. Demasiado a menudo, guionistas y dibujantes representan a Batman como un héroe inmaculadamente limpio, excesivamente icónico, casi inhumano en su perfección, de tal forma que las hazañas que lleva a cabo no causan el mismo impacto que si apareciera retratado como un auténtico y falible hombre. No es el caso del Batman de Paul Pope. Éste se ha adiestrado a sí mismo para alcanzar la perfección física y mental, pero nunca ha ascendido a la categoría de dios del panteón su...
¿¿THE REAL BATMAN?? BATMAN AÑO 100 de Paul Pope
La Colección "Batman 80 Aniversario" y sus Entregas
En conmemoración de los 80 años de Batman, DC Comics y Editorial Ovni Press lanzaron la colección "Batman 80 Aniversario" en 2019. Esta colección consta de 20 tomos en tapa blanda que recorren la historia del Caballero Oscuro, sus aliados y villanos. La comercialización y distribución en Argentina estuvo a cargo de La Nación Diario, con una frecuencia quincenal y precios escalonados según la entrega.
Detalles de la Colección:
- Editorial: Ovni Press - DC Comics
- Comercialización y Distribución: La Nación Diario
- Entregas: 20
- Frecuencia: Quincenal
- Precios: 1ª entrega - $150, 2ª a 9ª - $300, 10ª a 14ª - $400, 15ª a 20ª - $450. (Precios de lanzamiento, Ovni Press los redistribuye actualmente a $775).
Análisis de Entregas Seleccionadas:
Entrega Nº 1: ¿Qué le ocurrió al Encapotado? / Detective Comics 1000
Esta entrega presenta dos historias significativas. La primera, "¿Qué le ocurrió al encapotado?" de Neil Gaiman y Andy Kubert, explora la muerte de Batman a través de los ojos de sus allegados y villanos, culminando con el propio Batman presenciando su funeral y reflexionando sobre su vida. La segunda parte incluye varias historias de "Detective Cómics 1000", que abordan desde el caso más complejo de Batman hasta la fundación de la Bat-Familia, pasando por el origen de villanos y el legado del personaje. Es una entrega recomendada para seguidores que se preguntan por el destino del héroe y para coleccionistas por su valor conmemorativo.
Entrega Nº 2: Oscuro Príncipe Encantado
Este tomo presenta "Oscuro Príncipe Encantado" de Enrico Marini. La historia gira en torno a una supuesta hija de Bruce Wayne, cuya existencia desencadena una trama noir donde el Joker secuestra a la niña. Batman se embarca en una búsqueda desesperada para rescatarla. Este tomo es ideal para quienes disfrutan del género noir y buscan una historia moderna de Batman con suspenso y acción.
Entrega Nº 3: La Secta
"La Secta" de Jim Starlin y Bernie Wrightson narra la captura de Batman por un culto liderado por Blackfire, un descendiente de aborígenes americanos que busca venganza. La historia explora la manipulación y la fe, comparándose en tono con "El Regreso del Caballero Oscuro". Es una lectura recomendada para quienes disfrutaron de obras con temáticas similares y buscan profundidad en la mitología de Batman.
Entrega Nº 4: Arkham City
Este tomo recopila la precuela de "Arkham Asylum" y la historia del videojuego "Arkham City". La primera parte narra cómo Batman se infiltra en el Asilo Arkham, mientras que la segunda se centra en la creación de una ciudad-prisión para criminales y los desafíos que Batman enfrenta en este entorno distópico. Es especialmente recomendado para los aficionados a los videojuegos de la saga Arkham.
Entrega Nº 5: Batman Europa
"Batman: Europa", con guion de Matteo Casali y Brian Azzarello y arte de Jim Lee, Giuseppe Camuncoli, Diego Latorre y Gerald Parel, presenta una historia donde Batman y el Joker deben colaborar para enfrentar una amenaza en Europa. Es una obra que explora la inusual asociación entre estos dos archienemigos y es recomendable para quienes buscan explorar las dinámicas complejas del universo Batman.
Batman es una serie de cómics con el héroe homónimo de DC Comics. El personaje apareció por primera vez en Detective Comics #27, publicado en mayo de 1939. El personaje de Batman resultó ser tan popular que empezó a realizarse una serie homónima y se publicó su primer número en la primavera de 1940. Aunque la historieta de Batman fue lanzada inicialmente como una publicación trimestral, más tarde se convirtió en una serie bimensual durante los años 50, tras lo cual se convirtió en una publicación mensual y ha permanecido así desde entonces.
Las primeras historias que aparecen en el cómic Batman fueron escritas por Bill Finger y Bob Kane, aunque años después no se acreditó a Finger cómo el cocreador de Batman. Las primeras historias presentan a un Batman vengativo, que no dudara en asesinar cuándo alguien se interponga en su camino. En las primeras publicaciones se presentaba a Batman con una pistola, que usaba para asesinar a pandilleros. Más tarde se presenta a su primer enemigo un psicópata que se hace llamar El Joker que usa una sustancia tóxica para mutilar a sus víctimas y al mismo tiempo dejarles una grotesca sonrisa, actualmente sigue siendo el enemigo de Batman. El creador del Joker Jerry Robinson pidió que el personaje no se saliera con la suya, durante muchos años el Joker ha sido un asesino a sangre fría.
Por lo general, los principales desafíos a los que se enfrenta Batman en esta época se derivaron de villanos que eran demasiado malignos, sin embargo, por la década de 1970, las motivaciones de los personajes, incluyendo compulsión obsesiva, el abuso infantil y el fanatismo del medio ambiente, se empezó a estudiar más a fondo. Batman también experimentó una transformación y se convirtió en un personaje mucho menos unidimensional, luchando con muchos conflictos internos. Aunque no es canónico, Frank Miller, introdujo The Dark Knight Returns que contenía una importante evolución del carácter del Batman en la serie del mismo nombre, se convirtió inflexible e implacable en su lucha por revitalizar Gotham. Batman a menudo tiene un comportamiento que la elite de Gotham ha etiquetado como excesivamente violento, así como tendencias antisociales.

La serie de Batman ha tenido números especiales que son publicados de manera anual. Sr. Frío originalmente llamado "Sr. Batman R.I.P. Batman Vol. 1: The Court of Owls colección vol. Batman Vol. 2: The City of Owls colección vol. Batman: ¿Bruce Wayne, Asesino? Batman: Whatever Happened to the Caped Crusader?