La irrupción de Bastien Vivès en el mundo de la BD es uno de los pocos casos de consolidación casi inmediata. Autor joven de virtudes evidentes, el francés lleva realizadas más de diez obras en poco más de seis años, con una calidad que ya quisieran la mitad de sus paisanos. Y es que Vivès, pese, repito, a su escasa edad, ha sido capaz de crear un universo estético y narrativo del todo particular, uno con una madurez visual, así como emocional, digna de un Tardi o un Sfar, pero tan personal y reconocible que es casi imposible no rendirse a la evidencia de su talento. Tanto es así, que sus páginas están camino de convertirse en un punto y aparte en la historia del tebeo francobelga.
¿Tantos halagos para un chaval de veintinueve años? Pues un individuo que tiene en su haber títulos como Polina, En mis ojos o El gusto del cloro, sólo por ellas merecería todos los aplausos. Supone por tanto Los melones de la ira, a pesar de su supuesta naturaleza de divertimento, un buen compendio de las características más evidentes de su obra como autor completo. Esto es: mirada microscópica a las relaciones sentimentales, fijación sobre universos femeninos y las emociones como motor de la trama.
Esta trama, deudora del más despendolado cómic erótico de los años ochenta, se convierte aquí en algo nuevo, algo del todo original. Sí, hay erotismo, incluso pornografía; hay drama y hay tensión, desde luego, ya que la premisa lo exige. Pero el verdadero acierto de Vivès radica en llevar semejante historia por los derroteros de las directrices marcadas por su particular filtro como narrador. Esto significa que lo que en manos de otros hubiera resultado morboso o melodramático, bajo el trazo del fecundo autor se beneficia de un sentido del humor y una delicadeza inauditos para este tipo de historias.
Sí, por supuesto existe drama y repulsa frente a las repetidas violaciones que sufre Magalie, la protagonista, auténticas detonantes de la trama. Pero al vivir el despertar sexual desde su punto de vista -y desde el de su hermano pequeño, tanto o más ingenuo que ella- la tragedia adopta un cariz dulce, imposible de asimilar a priori por el lector, pero totalmente efectivo para que la narración llegue a su final, dejándonos una sonrisa en la boca.
Pero, ¿cómo? ¿Una historia pervertida sobre incesto y violación nos saca una sonrisa? ¿Es este Vivès un depravado y nosotros sus perversos cómplices? Desde luego que no, ya que el francés logra edulcorar el drama sexual sin que la resolución pierda fuerza.

Si ya es capaz Vivès de demostrar que es un maestro narrador y que por tanto domina vericuetos narrativos que autores que le doblan la edad aún no han sido capaces de domeñar, si enfocamos la mirada sobre al aspecto visual, podríamos pasarnos horas analizando sus virtudes con el lápiz. Hablando en plata, el Señor Vivès es un auténtico titán, un autor completo, de los de verdad. Uno de esos capaces de hacer evolucionar la historieta de manera evidente y del que esperemos influya a cientos de futuros dibujantes.
De evidente educación artística, su trazo es capaz de arrancar emociones a base de lo que a veces parecen meros esbozos. Su dominio de la técnica desde una perspectiva académica se hace evidente a través de la expresividad de sus personajes y de la verosimilitud que logra arrancar a sus dibujos. Vivès conforma, aparentemente sin esfuerzo, viñetas cálidas de tan humanas, como si la vida hubiera decidido plasmarse en papel. Pero eso no significa que su trazo sea frío por realista, ni mucho menos. Imaginaos unas ilustraciones tan expresivas como las de Egon Schiele junto a la explosión de color de un Sorolla, todo revuelto por la Turmix del tebeo francobelga más estilizado. Y el resultado se acercará a las obras precoces de este francés casi imberbe que es capaz de expresar todo un abanico de emociones humanas sin tan siquiera dibujarle ojos a sus figuras.

Como este señor siga por este camino, su nombre, aun a riesgo de parecer hiperbólico, ocupará un lugar preeminente en la Historia del tebeo europeo.
Bastien Vivès (El gusto del cloro, Polina) vuelve a demostrar la razón de ser uno de los autores más valorados del cómic mundial y su capacidad para abordar con maestría cualquier género que toque. Los melones de la ira es una obra en que Bastien se acerca al erotismo mezclado con el amor y consigue una mezcla única.
El pequeño Paule y Magalie son los extraordinarios hijos de una familia campesina que vive apartada de la sociedad. Pero los problemas de espalda que sufre Magalie por su enorme pecho, les hará entrar en contacto con un mundo corrupto y viciado, donde médicos y políticos abusarán de ella.
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Bastien Vivès (El gusto del cloro, Polina) vuelve a demostrar la razón de ser uno de los autores más valorados del cómic mundial y su capacidad para abordar con maestría cualquier género que toque. Los melones de la ira es una obra en que Bastien se acerca al erotismo mezclado con el amor y consigue una mezcla única.
El pequeño Paule y Magalie son los extraordinarios hijos de una familia campesina que vive apartada de la sociedad. Pero los problemas de espalda que sufre Magalie por su enorme pecho, les hará entrar en contacto con un mundo corrupto y viciado, donde médicos y políticos abusarán de ella.
Ficha Técnica de "Los Melones de la Ira"
| Editorial | Diábolo Ediciones |
|---|---|
| ISBN | 9788415153450 |
| Idioma | Castellano |
| Número de páginas | 130 |
| Encuadernación | Tapa dura |
| Fecha de lanzamiento | 29/03/2016 |
| Año de edición | 2016 |
| Plaza de edición | España |
| Alto | 2.5 cm |
| Ancho | 1.8 cm |
| Peso | 515.0 gr |
LECTURA PARA MAYORES DE 18 AÑOS.
Bastien Vivès (El gusto del cloro, Polina) vuelve a demostrar la razón de ser uno de los autores más valorados del cómic mundial y su capacidad para abordar con maestría cualquier género que toque. Los melones de la ira es una obra en que Bastien se acerca al erotismo mezclado con el amor y consigue una mezcla única. El pequeño Paule y Magalie son los extraordinarios hijos de una familia campesina que vive apartada de la sociedad. Pero los problemas de espalda que sufre Magalie por su enorme pecho, les hará entrar en contacto con un mundo corrupto y viciado, donde médicos y políticos abusarán de ella.
En esta ocasión, el trazo de Vivès se muestra en blanco y negro con un estilo muy suelto, casi de esbozo, en el que deja las figuras sin acabar. No dibuja un solo ojo en todo el cómic, lo que consigue un efecto muy llamativo, una sensación de extrañamiento, de alejamiento de los personajes con respecto al lector. Las escenas sexuales, en realidad no tan explícitas como puede parecer en un primer vistazo -sólo aparecen genitales masculinos, por ejemplo, y lo único que se ve con detalle son las felaciones-, son lo mejor del tebeo porque, evidentemente, es lo que Vivès quería dibujar.

Pero por bien que lo haga, el resultado final es bastante intrascendente. Y estamos en lo de siempre con Vivès. O estoy en lo de siempre. Tiene un talento inmenso para el dibujo. Y en cada tebeo mejora. Pero es tan, tan autoindulgente, que no sé si a este paso podemos esperar algo más de lo que ya nos ha dado.