La adaptación al formato gráfico de obras literarias clásicas siempre presenta un desafío fascinante, y más aún cuando se trata de textos tan enigmáticos y profundos como "Bartleby, el escribiente" de Herman Melville. José Luis Munuera, reconocido por su versatilidad y calidad en el mercado francobelga, asume esta tarea con maestría, entregando una novela gráfica que no solo respeta el espíritu del original, sino que lo enriquece con su visión artística única.
El Legado de Herman Melville y la Creación de Bartleby
"Bartleby, el escribiente" fue publicado por primera vez en 1853 en la revista Putnam’s Magazine, bajo el título "Bartleby the Scrivener: A Story of Wall Street". Tres años después, apareció una versión corregida en la antología "The Piazza Tales". A pesar de su discreto debut, la obra se consolidó con el tiempo como una de las más célebres de Melville, a menudo eclipsada por su monumental "Moby Dick".

Este relato es considerado un precursor de la literatura existencialista y del absurdo, anticipando a autores como Kafka, Borges y Samuel Beckett. Su resonancia perdura, abordando temas universales como el libre albedrío, la resistencia pasiva ante el orden establecido, la crítica a la sociedad neoliberal y capitalista, la soledad moderna, la incomprensión hacia lo diferente y los estados depresivos. La vigencia de estos temas asegura que el mensaje de Melville no pierda fuerza, aunque sus motivos sigan siendo objeto de múltiples interpretaciones.
La Trama: Un Enigma en Wall Street
La historia nos sitúa en la Nueva York de mediados del siglo XIX, en una oficina de Wall Street. Un exitoso abogado emplea a tres copistas: Turkey y Nippers, y a Ginger Nut, un joven aprendiz. La creciente carga de trabajo lo impulsa a contratar a Bartleby, un hombre delgado, pulcro y discreto. Inicialmente, Bartleby se muestra como un empleado modelo, diligente pero melancólico.

El punto de inflexión llega cuando el abogado le pide que colabore en la verificación de copias de documentos. La respuesta de Bartleby, "Preferiría no hacerlo", se convierte en un mantra que repite ante cada nueva tarea, generando discusiones absurdas y estériles. Su negativa, carente de explicación, desconcierta al abogado. Bartleby progresivamente pierde interés en todo, rechazando cualquier ayuda ofrecida por su jefe, quien se ve sumido en un enigma irresoluble que lo lleva a cuestionar sus propios valores, creencias y las normas sociales.
La Adaptación Gráfica de Munuera: Un Nuevo Enfoque
Aunque el relato de Melville ha sido adaptado a diversos medios, su transposición al cómic presentaba un reto particular debido a su naturaleza poco visual y a la escasa acción, transcurriendo en gran medida en la mente del narrador. Munuera aborda esta obra prescindiendo de la narración en primera persona y de la extensa introducción del relato original. Se centra en Bartleby y el conflicto que genera.
Para dinamizar la narrativa, Munuera opta por hacer que el abogado interactúe con otros personajes, explicándoles su dilema con Bartleby mientras recorre la ciudad. Este recurso no solo agiliza la obra, sino que también permite al autor recrear la atmósfera de la Nueva York de mediados del siglo XIX: una urbe gris que convierte a sus habitantes en meras piezas de un despiadado engranaje económico.

Temas y Análisis: Más Allá de la Negativa
La obra de Melville, críptica y abierta a múltiples interpretaciones, plantea interrogantes sobre los motivos de Bartleby. Su aparente rebelión carece de reivindicaciones, enemigos o compañeros. Sin embargo, Munuera logra transmitir de forma más clara uno de los mensajes centrales: el cuestionamiento de las convenciones sociales, especialmente el sistema capitalista. El personaje de Bartleby, que elige la autoexclusión, contrasta con la defensa del statu quo representada por un hombre vestido de negro que acompaña al abogado. Se establece así una lucha entre el mundo de las ideas de Bartleby y el materialismo del resto, con el abogado en medio, arrastrado por los convencionalismos pero transformado por su contacto con el escribiente.
El relato nunca ha tenido una interpretación muy clara, ya que es bastante críptico, en el que caben casi tantas interpretaciones como lectores, en particular a la hora de conocer los motivos que llevan a Bartleby a actuar como lo hace, ya que aparentemente está inmerso en una rebelión sin reivindicaciones, sin enemigos y sin compañeros de lucha.
Un Trabajo Gráfico Excepcional
Gráficamente, la adaptación de Munuera es soberbia. El autor combina con habilidad el realismo de la ciudad con personajes caricaturescos, al estilo de la escuela de Marcinelle y la animación de Disney. Esta fusión dota a Bartleby de una mirada hipnótica, mostrándolo frágil, solitario y desubicado, mientras que la imponente urbe se presenta con detalle, pero con una capa de irrealidad que sugiere su capacidad para devorar sueños y esperanzas.

La paleta de colores, a cargo de Sedyas, es clave para potenciar la atmósfera. Los tonos azulados de la ciudad contrastan con los ocres y sepias de los interiores, creando un ambiente de cuento.
Edición y Conclusiones
Astiberri presenta una edición cuidada, que incluye un prólogo de Philipe Delerm, un epílogo de Alex Romero y una galería de bocetos. Munuera realiza una adaptación magistral, ofreciendo su propia visión de la obra sin perder la esencia del original. Como en el relato de Melville, la adaptación no ofrece respuestas definitivas sobre los motivos de Bartleby, dejando esa deliberación al lector.
Bartleby, el escribiente - Análisis
Esta obra consolida a Munuera como un autor de referencia, y su adaptación de "Bartleby, el escribiente" marca un hito en su trayectoria, demostrando la potencia del medio gráfico para explorar las profundidades de la literatura universal.