El Galatea: Un Buque Escuela con Historia y Legado

El Galatea, un emblemático Buque Escuela de la Armada Española, ostenta una rica historia que abarca más de un siglo de navegación y servicio. Su periplo comenzó en Glasgow, Escocia, donde fue botado en el astillero Anderson Rodgers el 3 de diciembre de 1896. Originalmente construido como un casco de acero para la naviera Sterling and Company, este velero de tres palos, con una eslora de 74,87 metros, fue bautizado como "Glenlee".

Astilleros de Glasgow donde se construyó el Glenlee.

Sus primeros años estuvieron marcados por el transporte de grano, realizando numerosos viajes entre Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y otras regiones del Pacífico. Tras dos años de servicio, fue vendido a otra compañía británica, que lo rebautizó como "Islamount" y continuó operando en las mismas rutas. La Primera Guerra Mundial supuso un punto de inflexión, siendo requisado por la Royal Navy para el Servicio de Control de Buques, cumpliendo su misión de manera ejemplar.

En noviembre de 1919, el "Islamount" realizó su último viaje bajo pabellón inglés, acumulando más de 5.000 días de mar, cuatro circunnavegaciones y dieciséis cruces del Cabo de Hornos. Posteriormente, fue adquirido por la naviera genovesa Stella, Societá Italiana di Navegazione, y renombrado como "Clarastella". En esta etapa, se le dotó de propulsión mecánica con dos motores diésel Ansaldo, dos chimeneas y se mejoraron sus alojamientos.

La Marina Mercante Italiana solo mantuvo el buque durante tres años. En 1922, mientras España buscaba un velero de sus características, el "Clarastella" fue adquirido y llegó a Cartagena con pabellón español el 14 de diciembre de ese mismo año, siendo rebautizado como "Galatea". Su destino final fue el astillero Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz, donde fue transformado en Buque-Escuela de Guardiamarinas según un contrato del 30 de abril de 1923.

El Galatea transformado en Buque-Escuela.

Bajo el mando del Capitán de Fragata Ramón Martínez y Del Moral, el Galatea inició sus singladuras como centro de formación. En 1925, comenzó sus viajes de instrucción, y en 1926, se le asignó oficialmente a la escuela de aprendices marineros especialistas, junto con el Carlos V y el Nautilus. Hasta 1928, relevó al Juan Sebastián Elcano en su labor de aula flotante y sustituyó al Nautilus como buque-escuela de maniobra.

Durante la Guerra Civil Española, en el verano de 1936, el Galatea se encontraba en la mar con 49 guardiamarinas y 160 marineros. Logró llegar a Ferrol burlando posibles bloqueos. Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, fue seguido durante horas por un submarino alemán, un testimonio de su imponente silueta.

Tras la posguerra, el número de aprendices disminuyó, llegando a navegar con solo ocho estudiantes en 1941. Sin embargo, a partir de 1946, el número de alumnos aumentó, y el barco reanudó sus navegaciones por el Atlántico y el Mar del Norte, visitando puertos como San Juan de Puerto Rico, Savannah o Nueva York. El 3 de octubre de 1946, en uno de sus cruceros de instrucción, el Galatea sufrió un ciclón con vientos de más de 175 km/h, que, a pesar de dejarlo destrozado, logró mantenerlo a flote.

La transformación en buque-escuela requirió lastrar el casco para mejorar sus condiciones marineras. Este lastre, compuesto por cajonadas de cemento y lingotes de metal, dificultó las reparaciones en la obra viva en los últimos años. Debido al mal estado de los fondos, el alto mando decidió que el 15 de diciembre de 1959, tras su último viaje, quedase amarrado en el Arsenal Militar de Ferrol.

El buque amarrado en el Arsenal de Ferrol.

A partir de entonces, comenzó una etapa de incertidumbre y esfuerzos para su conservación. A pesar de las numerosas voces que se oponían a su desguace, el barco fue perdiendo elementos significativos. En mayo de 1980, debido a su deterioro, tuvo que ser desalojado, marcando un triste final.

En julio de 1982, se realizaron reparaciones en los astilleros de Bazán. Paralelamente, surgieron proyectos para su salvamento, incluyendo la idea de adaptarlo como centro de comunicaciones para la Expo de Sevilla. Finalmente, en septiembre de 1985, el Galatea fue remolcado a Sevilla, donde los proyectos fracasaron, y el barco quedó atracado, sufriendo incendios e inundaciones.

El 26 de febrero de 1992, no se pudo adjudicar en subasta pública. Afortunadamente, su ciudad natal, Glasgow, intervino y, mediante suscripciones voluntarias, consiguió salvar al buque. El 31 de marzo se vendió en segunda subasta por 8 millones de pesetas. El 1 de junio de 1993, un dique flotante lo transportó de regreso a Glasgow, su puerto de origen. El 6 de julio fue rebautizado como Glenlee, iniciando su restauración y preservando parte de su memoria como buque escuela.

En España, aún se conservan vestigios de su paso: la Escuela Naval de La Graña guarda el mascarón de proa y un pescante de botes, mientras que el Museo Naval de Ferrol alberga la mesa y sillas de la cámara de oficiales, así como la bomba real y los puños de las velas.

El buque escuela "Galatea"

La historia del Galatea es un testimonio de la resiliencia y la importancia de preservar el patrimonio marítimo, un legado que continúa inspirando a generaciones.

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