El Príncipe Dragón y la Princesa Sirena: Un Rescate en el Reino de las Montañas Ardientes

El ascenso hacia el Castillo de los Dragones fue un viaje de silencios tensos y respiraciones entrecortadas. Bakugo cargaba a Merliah con una firmeza que contrastaba con la agitación de sus propios pensamientos. El cuerpo de la sirena se sentía cada vez más pesado, no por su tamaño, sino por la inercia de la inconsciencia. Su piel, usualmente vibrante como el coral bajo el sol, se tornaba de un gris ceniciento en las zonas donde la plata había dejado su rastro ponzoñoso.

Kirishima caminaba a su lado, manteniendo la guardia alta. Sabía que cruzar las puertas principales con la heredera de Aquaria en ese estado era como entrar a un polvorín con una antorcha encendida.

Al llegar a las enormes puertas de obsidiana del castillo, los guardias se cuadraron de inmediato, pero sus rostros se descompusieron al ver la carga de su príncipe. Bakugo no se detuvo a dar explicaciones. Entró en el gran salón con pasos que hacían eco en las bóvedas de piedra, dejando tras de sí un rastro de gotas de agua salada mezcladas con la sangre plateada y roja de la princesa.

En el trono de las Tierras Ardientes, Masaru y Mitsuki, los soberanos de los dragones, estaban discutiendo mapas tácticos. La puerta se abrió de par en par con un estruendo.

-¡Vieja! ¡Masaru! ¡Necesito a los curanderos ahora mismo! -rugió Bakugo.

Mitsuki Bakugo, una mujer de carácter volcánico y cabello rubio ceniza idéntico al de su hijo, se puso de pie de un salto, lista para regañar a Katsuki por su falta de modales. Sin embargo, las palabras se le atascaron en la garganta. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al identificar los rasgos de la joven en los brazos de su hijo.

-Katsuki... -susurró Masaru, el rey, cuya naturaleza era mucho más tranquila pero cuya autoridad era indiscutible-. ¿Qué has hecho?

-¡¿Cómo que qué he hecho?! -Bakugo estalló, sus palmas soltando chispas-. ¡¿Crees que yo le haría esto?!

-¡Mírala, pedazo de animal! -gritó Mitsuki, bajando los escalones del estrado a toda prisa-. ¡Está cubierta de quemaduras de plata y cortes! ¡Si has roto el tratado de paz atacando a la princesa de Aquaria en un arranque de ira, juro que te enterraré bajo esta montaña!

-¡No fui yo, maldita sea! -Katsuki apretó a Merliah contra su pecho, casi de forma posesiva-. ¡Eran cazadores furtivos! ¡Hombres lobo! La tenían atrapada en redes de plata a orillas del mar, intentando arrancarle las escamas como si fuera un maldito pescado de mercado.

Masaru se acercó rápidamente, analizando las heridas con mirada experta. Vio los restos de hilos de plata aún adheridos a la ropa de Merliah y la palidez de sus labios. Su expresión cambió de la sospecha a una profunda preocupación diplomática y humana.

-Katsuki dice la verdad, Reina Mitsuki -intervino Kirishima con voz solemne-. Llegamos justo cuando estaban por usar los cuchillos. Bakugo los redujo antes de que pudieran terminar el trabajo.

Mitsuki suspiró, el fuego de su rabia transformándose en una urgencia eficiente. Miró a su hijo y luego a la joven.

-Llévala a mis aposentos privados, Katsuki. Hay una bañera de piedra de manantial allí. Si no vuelve al agua pronto, sus órganos empezarán a fallar por la deshidratación y la toxicidad de la plata. ¡Masaru, convoca a los alquimistas! ¡Necesitamos extracto de algas y sales neutralizadoras!

Bakugo no esperó a que se lo dijeran dos veces. Subió las escaleras de caracol de dos en dos, guiado por su madre. Al entrar en los aposentos de la reina, el aire era cálido, pero no sofocante. Mitsuki abrió las llaves de una tina tallada directamente en el suelo de mármol, que se llenó rápidamente con agua fresca y pura de los manantiales subterráneos.

-Ponla dentro -ordenó Mitsuki.

Bakugo depositó a Merliah en el agua con una delicadeza que sorprendió incluso a su madre. En el momento en que el cuerpo de la princesa tocó el líquido, ocurrió el milagro de su especie. La piel humana de sus piernas comenzó a ondular y a fundirse. Un brillo turquesa emanó del agua y, con un movimiento fluido, su cola de sirena reapareció, desplegándose en toda su extensión.

Princesa sirena siendo curada en agua mágica

Al ver el techo de piedra oscura del castillo de los dragones, el pánico cruzó su mirada por un segundo.

-Tranquila, mocosa -la voz de Bakugo, aunque áspera, intentaba ser tranquilizadora-. Estás en el castillo. Mi vieja te va a curar.

-Katsuki, sal de aquí -dijo Mitsuki, comenzando a desinfectar las heridas con una esponja-. Necesito revisarla bien y la plata es reactiva a tu calor. Vete con tu padre.

-No me voy a ninguna parte -replicó él, cruzándose de brazos.

-¡Es una orden, Katsuki! -sentenció Mitsuki-. Ve a vigilar a esos prisioneros que trajo Kirishima. Asegúrate de que no mueran antes de que podamos interrogarlos. Necesitamos pruebas para cuando Aquaria venga a reclamar su cabeza.

Bakugo gruñó, lanzando una última mirada a Merliah, que volvía a sumergirse en un sueño reparador gracias a la frescura del agua. Finalmente, dio media vuelta y salió, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.

En el salón del trono, Masaru ya estaba redactando un documento oficial. Su rostro estaba marcado por la seriedad.

-Mitsuki tiene razón -dijo Masaru cuando Bakugo entró-. Esto es un incidente internacional. Si el Rey de Aquaria se entera por otros medios de que su hija está aquí, pensará que la hemos secuestrado. Tenemos que enviar un mensaje de inmediato.

-¿Y qué les vamos a decir? -preguntó Bakugo, sentándose en una mesa cercana y golpeando rítmicamente la madera con sus dedos-. "¿Hey, su hija fue tan tonta como para dejarse atrapar por unos chuchos sarnosos y ahora está en mi bañera?"

-Les diremos la verdad, hijo -respondió Masaru-. Que la Princesa Merliah fue rescatada por el Príncipe de los Dragones de un ataque de cazadores furtivos y que está recibiendo atención médica en nuestro territorio debido a la gravedad de sus heridas por plata.

Bakugo resopló. Sabía que "rescatada por el Príncipe de los Dragones" iba a sonar fatal en los oídos del rey del mar. La rivalidad entre las familias reales era legendaria. El rey de Aquaria consideraba a los dragones como bárbaros impulsivos, y el rescate podría verse como un insulto a su propia capacidad de proteger a su hija.

-Voy a enviar a uno de nuestros mensajeros aéreos más rápidos -continuó Masaru-. Kirishima irá con él para asegurar que el mensaje llegue a las costas y que sea entregado a la guardia de élite de Aquaria. No podemos arriesgarnos a que el mensaje sea interceptado.

Bakugo se puso en pie de repente.

-Yo iré a interrogar a esos bastardos -dijo, sus ojos brillando con una luz peligrosa-. Quiero saber quién los envió. No son simples furtivos. Sabían exactamente dónde estaría Merliah y tenían redes de plata pura.

Mensajero dragón volando hacia el mar

El dolor punzante de la plata se había transformado en un hormigueo sordo gracias a los ungüentos de Mitsuki. La reina dragón la observaba con una mezcla de lástima y admiración.

-Eres igualita a tu madre, Merliah -susurró Mitsuki, pasando un peine por el cabello turquesa de la chica-. -su voz sonaba como el roce de las conchas marinas-. Perdón por... causar problemas.

-Los problemas los causaron esos infelices que te atacaron, cariño. Mi hijo solo hizo lo que debía. Aunque no lo admita, estaba aterrado cuando entró por esa puerta cargándote.

Merliah sintió un calor extraño en el pecho que no provenía de la bañera. Recordó la sensación de los brazos de Bakugo, su olor a pólvora y canela, y la forma en que su voz había vibrado contra su espalda cuando desafió a los hombres lobo.

-Él me salvó... -murmuró Merliah, mirando sus manos, donde las cicatrices negras de la plata empezaban a desvanecerse-. Pensé que me odiaba.

-Grita más fuerte cuanto más le importa algo. No sabe cómo manejar lo que siente por ti, especialmente ahora que ambos han crecido y las cosas son... complicadas. Pero no te equivoques, si alguien más te hubiera tocado hoy, él habría reducido toda la costa a cenizas.

Merliah se hundió un poco más en el agua, dejando que las burbujas cubrieran su nariz. El pensamiento de que ella "le importara" a Bakugo era algo que su mente lógica rechazaba, pero su corazón, ese órgano que siempre había guardado el recuerdo de sus juegos en la orilla, latía con una esperanza renovada.

Afuera, un rugido rompió el silencio de la noche. Un dragón mensajero partía hacia el océano, llevando consigo un pergamino sellado con cera roja y el emblema de los Bakugo. El mensaje era claro: la princesa estaba en la montaña del fuego.

TAXONOMÍA DE LAS SIRENAS Y LOS DRAGONES

Aunque el borrador proporcionado no contiene información específica sobre Bakugo perdiendo la audición, la trama se centra en su rescate de la Princesa Merliah, sus heridas por plata, y las complejas relaciones diplomáticas y personales que se desarrollan. La narrativa destaca la naturaleza protectora de Bakugo hacia Merliah, a pesar de su temperamento.

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