Manuel Vázquez Gallego, conocido universalmente como Vázquez, fue una figura cumbre de la Editorial Bruguera y uno de los pilares fundamentales del cómic de humor en España. A lo largo de casi cuarenta años, su prolífica obra pobló las páginas de revistas tan emblemáticas como Pulgarcito, El DDT, Din Dan y Can Can, dejando tras de sí un legado de personajes inolvidables y un estilo inconfundible.
Nacido en Madrid el 24 de enero de 1930, Vázquez se trasladó a Barcelona y, ya en 1947, inició su duradera relación con la Editorial Bruguera, que se extendería hasta la desaparición de la empresa en 1986. Rápidamente se convirtió en un habitual de Pulgarcito, la revista insignia de la editorial, contribuyendo a definir la llamada "primera generación" de la Escuela Bruguera. Sus creaciones, caracterizadas por un humor basado en las frustraciones laborales y los conflictos familiares, y por un grafismo esquemático que favorecía la legibilidad, sentaron las bases de un estilo que marcaría a generaciones de dibujantes.
Entre sus primeras creaciones destacadas se encuentran el tímido y despreocupado soltero 'Heliodoro Hipotenuso' (1948-1950), cuya comicidad se nutría de influencias del cine mudo y el absurdo, y 'La Mansión de los Espectros' (1948), un ejercicio de experimentación gráfica que buscaba crear efectos alucinógenos.
El año 1949 marcó el inicio de su primera gran serie, 'Las Hermanas Gilda', protagonizada por las dos incompatibles hermanas Hermenegilda y Leovigilda. La serie, que continuó publicándose a lo largo de su carrera en diversas revistas de Bruguera, exploraba las tensiones y los conflictos de las relaciones familiares con una mordaz crítica social y un humor afilado.
A lo largo de los años 50, Vázquez amplió su universo creativo con personajes que se convertirían en clásicos del cómic español. En 1951, para la recién creada revista El DDT, debutaron series como 'Azufrito', un pequeño diablo que, a pesar de sus intenciones malignas, siempre terminaba haciendo el bien; 'Currito Farola, er Niño e la Bola', un retrato costumbrista de un andaluz folclórico; y la icónica 'La Familia Cebolleta' (1951-1964). Esta última, centrada en las peripecias de una familia disfuncional, con el abuelo Cebolleta como uno de sus miembros más memorables, se convirtió en un referente del humor costumbrista y políticamente incorrecto.
Otros personajes que alcanzaron gran popularidad en esta etapa fueron 'Ángel Siseñor' (1953-1964), el sumiso empleado que responde "Sí, señor" a cualquier petición, por disparatada que sea, y 'Don Isótopo' (1957).

En la década de 1960, Vázquez se consolidó como uno de los principales exponentes de la "segunda generación" de la Escuela Bruguera, junto a autores como José Escobar y Francisco Ibáñez. Su estilo, que encarnaba a la perfección el sello de la editorial con personajes esquemáticos y fondos limitados, se caracterizaba por un humor repleto de slapstick y conflictos constantes. En esta época creó series como 'Angelito' (1964), un bebé de dos dientes que causa estragos con su único grito de "¡Gú!", y la paródica 'Anacleto, agente secreto' (1964), una de sus creaciones más exitosas, inspirada en la serie de televisión "Superagente 86".

La figura de Vázquez trascendió sus creaciones, alimentando un aura de leyenda gracias a las numerosas anécdotas y rumores sobre su vida. Conocido por su carácter díscolo y su habilidad para el timo, Vázquez solo podía permitirse su comportamiento errático gracias a ser el artista estrella de la editorial. Cultivó esta imagen en entrevistas y en sus cómics semi-autobiográficos, como 'Los Cuentos de Tío Vázquez' (1968-1982), donde se retrataba a sí mismo como un delincuente de buen vestir huyendo de sus acreedores.
A lo largo de las décadas de 1970 y 1980, Vázquez continuó explorando nuevos géneros y públicos. Colaboró en revistas para adultos, a menudo bajo el seudónimo de "Sappo", y experimentó con formatos más sintéticos y gráficos, manteniendo su irreverencia y su autoproclamada condición de personaje en sus temáticas. Series como 'Don Cornelio Ladilla y su Señora María' (1978) y las colaboraciones en revistas satíricas como El Papus y El Puro, demostraron su versatilidad.
Tras la quiebra de Bruguera en 1982, Vázquez se adaptó a los nuevos tiempos, publicando en revistas como JAuJA y El Pequeño País, y continuó su labor creativa bajo el sello de Ediciones B. En 1990, fue galardonado con el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona por el conjunto de su obra, un reconocimiento a su inmensa contribución al noveno arte.
Manuel Vázquez falleció el 21 de octubre de 1995, dejando un vacío irremplazable en el mundo del cómic. Su legado perdura a través de sus personajes icónicos y su estilo único, que sigue influyendo y divirtiendo a lectores de todas las edades.
Los papeles de Admunsen (Manuel Vázquez Montalbán, Navona)
A pesar de su reconocimiento, Vázquez tuvo una relación compleja con su obra, especialmente con los personajes creados para Bruguera, que consideraba "secuestrados" por la editorial. En una entrevista realizada en 1993, expresó su frustración por las limitaciones impuestas por la censura y la política editorial, afirmando que sus creaciones de esa época le resultaban "repugnantes" por no poder desarrollarlas con libertad.
Sin embargo, su genio creativo y su capacidad para capturar la esencia del humor español son innegables. Vázquez no solo dibujó personajes, sino que creó universos cómicos que reflejaban la sociedad de su tiempo con una agudeza y una originalidad que pocos han logrado igualar.