Aviones Estrellados de la Segunda Guerra Mundial: Un Vistazo a Través de los Cómics

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto a escala global que transcurrió entre el 1 de septiembre de 1939 y el 2 de septiembre de 1945.

A diferencia de la I Guerra Mundial (que muchos conocen como “La Gran Guerra” o, simplemente, como “La Guerra Europea”), esta vez se vieron inmersas la mayor parte de las naciones mundiales, que se agruparon en dos bandos: Los Aliados y El Eje.

Por ahora, es la mayor guerra de la Historia, ya que se movilizaron más de 100 millones de soldados, y supuso que prácticamente toda la actividad económica, productiva y científica se pusiese al servicio de los intereses bélicos, difuminando así hasta lo inapreciable la distinción entre recursos civiles y militares.

Además, es un evento histórico en el que sucedieron hechos de horrible repercusión que conllevaron la muerte masiva de civiles con clara intencionalidad de infundir terror y contribuir a la derrota del enemigo por presión de la opinión pública: el Holocausto, los bombardeos masivos sobre ciudades, y el uso, por primera vez, de armas nucleares, por citar solo los más conocidos.

En esta guerra se documentó una mortandad equivalente al 2,5% de la población mundial (dependiendo de la fuente, hasta más de 70 millones de víctimas, dado que muchas de ellas no pueden documentarse).

No añadimos ninguna luz sobre nadie subrayando la importancia y trascendencia que un conflicto bélico de la envergadura de la Segunda Guerra Mundial tuvo sobre nuestra historia y por ende, también en el de la cultura popular.

Un periodo que sobre el papel abarca desde el 1 de septiembre de 1939 hasta el 2 de septiembre de 1945, pero que su aciago y destructivo impacto perduró en la memoria de millones de personas durante varias generaciones.

El Holocausto y los campos de exterminio, los bombardeos indiscriminados, el uso de armas nucleares o la división del planeta en dos grandes bandos (los Aliados y el Eje) son solo algunas de las intensas consecuencias que la II Guerra Mundial trajo consigo y que muchos años después descubriríamos a través de la ficción.

Héroes del Aire y la Aviación en los Cómics

Hans-Joachim Marseille, conocido como «la estrella de África», fue el gran héroe de la aviación alemana del siglo XX.

En los cielos tumultuosos de la Segunda Guerra Mundial, surgió una figura que destacó entre los demás como una estrella brillante en la oscuridad de la batalla.

Hans-Joachim Marseille, conocido como «la estrella de África», se elevó sobre los horrores de la guerra para convertirse en uno de los pilotos de caza más legendarios de todos los tiempos, el único capaz de derribar hasta 17 aviones enemigos en un solo día.

Desde sus humildes comienzos hasta su ascenso meteórico en la Luftwaffe, cada página nos sumerge más en la vida de este personaje fascinante.

Marseille no era solo un piloto excepcional, sino también un alma atormentada por los dilemas morales y las complejidades emocionales de la guerra.

La técnica impecable de Marseille en el aire era legendaria.

Sus habilidades tácticas y su audacia lo convirtieron en un adversario temido por sus enemigos y en un ídolo para sus camaradas.

Su estilo de vuelo y su personalidad excéntrica lo convierten en un personaje inolvidable en la historia de la aviación.

Descripción: Hans-Joachim Marseille, conocido como «la estrella de África», fue el gran héroe de la aviación alemana del siglo XX.

Visto como un personaje excéntrico y polémico, fue también una persona atormentada por lo que su labor como piloto y la guerra suponían.

Antonio Gil -autor de obras como Stalingrado, Historia de España en viñetas: Flandes o El flautista de Arhhem- retrata las luces y las sombras del que está considerado uno de los mejores pilotos de caza de la II Guerra Mundial, el único capaz de derribar hasta 17 aviones enemigos en un solo día.

Este título se suma a la colección de relatos bélicos, de la que ya forman parte «El guardaespaldas de Masud» y «La insurgente de Varsovia«.

«Una historia que a la gente que le gusta la II Guerra Mundial y los duelos de ases del aire, les va a gustar mucho.

«Conocida la habilidad de Antonio Gil para los tebeos bélicos, el trabajo desarrollado con la biografía de este as de la aviación sigue la estela que nos tiene acostumbrados.

En una trama precisa nos acerca la vida de Marseille a la vez que nos muestra batallas aéreas que ilustran muy bien lo vivido por el protagonista, tan disciplinado en el aire como díscolo en tierra.

«Una historia muy bien narrada que nos pone en contacto con un personaje real.

«Philippe Aymond realiza un correcto trabajo, muy en la línea creativa francobelga, detallista en el acabado, elegante en su desarrollo y comedido en experimentaciones creativas.

«Un trabajo excelente, perfectamente documentado y haciendo que la biografía del piloto tenga la apariencia de un cómic bélico de manual, prestando especial atención a los combates aéreos.

«Antonio Gil pertenece a esos pocos elegidos que es capaz de guionizar, dibujar y colorear una obra.

(…) Se trata de un gran cómic bélico que descubre una figura fascinante de la II Guerra Mundial.

El protagonista de la serie es el capitán de la Luftwaffe Walter Murnau.

Como uno de los mejores está destinado a una de las unidades que usan algunas de las wunderwaffen.

El excelente desempeño como piloto de Murnau hace que Goebbels y Goering lo escojan para ser condecorado por Hitler en persona como parte de su campaña de propaganda.

Hitler lo bautiza como El piloto del diablo por su impresionante forma de volar y sus éxitos.

Pero en el momento de imponerle la condecoración algo no expresado con palabras salta entre él y Murnau y a partir de ahí Hitler se empeña en deshacerse de Murnau, empeñado en que es judío.

Pero de forma que parezca un accidente, claro.

Así, poco tiempo después Murnau sobrevive a un «accidente» que debía haberlo matado mientras volaba hacia su nuevo destino en el frente del este, dónde nadie espera que sobreviva mucho tiempo.

Esto lo pone definitivamente en el punto de mira de Himmler, que está convencido de que el que Murnau sobreviva una y otra vez a cosas que debían haberlo matado no es sino una manifestación de un poder ancestral heredado de sus antepasados de raza aria.

Así, Murnau queda protegido de la ira de Hitler.

Al tratarse de una ucronía salen otros aviadores famosos -de nuevo no quiero hacer espoileres- y personajes reales como Churchill, de Gaulle, o Truman; no faltan las rencillas y desconfianzas entre ellos, igual que no faltan las rencillas entre los miembros de la camarilla más íntima de Hitler.

aviones de combate de la Segunda Guerra Mundial

Empecé con esta serie por los aviones, para qué negarlo.

Así que para quienes sufrimos de aerotrastorno ver dibujados todos esos aviones -y más, pero no quiero hacer espoileres- en esas confrontaciones que nunca sucedieron es más que interesante e intrigante.

Confrontaciones que dependen de la voluntad del guionista claro, porque en muchas ocasiones no conocemos las prestaciones que habrían tenido esos aviones.

Hay algunas cosas un poco chirriantes como que los pilotos alemanes usen tally-ho para indicar que han avistado al enemigo cuando es algo que hacían los pilotos británicos y estadounidenses.

O las parrafadas que a veces se permiten los pilotos entre ellos en pleno combate.

Pero he de reconocer que me ha enganchado y que aprovechando que estoy de vacaciones me he ventilado los 16 volúmenes disponibles en una semana, así que espero ansioso que salgan nuevos volúmenes para ver cómo continúa la cosa.

Eso sí, por lo que sé no está disponible en español.

Otras Perspectivas de la Guerra en Cómics

La Segunda Guerra Mundial dejó tras de sí muchos nombres protagonistas, pero tal vez el suyo sea a día de hoy el más recordado.

Ana Frank.

Arrancamos nuestro repaso con una adaptación ilustrada de la obra maestra de Antony Beevor con la que la editorial Pasado & Presente nos permite descubrir la Segunda Guerra Mundial como nunca antes.

Tras más de dos años de trabajo entre sus páginas, la novela gráfica nos ofrece una visión completa y accesible del conflicto, combinando rigor histórico con un estilo visual atractivo y único.

Ganadora del Premio Pulitzer (primera vez que un cómic se lo lleva, ahí es nada), Maus es una absoluta referente en el mundo de la novela gráfica y un imprescindible para cualquier amante de la historia y del noveno arte.

Rica en detalles y con un ritmo trepidante, La Bomba es un cómic documental que narra la historia de la creación y uso de la bomba atómica y nos sumerge en un relato a la vez apasionante y desgarrador.

El hallazgo de la fisión nuclear marcó el inicio de una era que culminó con la trágica detonación de la bomba atómica en Hiroshima.

Esta arma, fruto de una compleja trama internacional que involucró a figuras prominentes como Oppenheimer y Truman, dejó una huella imborrable en la historia.

Toussaint y Beroy ('Versus', 'Rock Rivers') nos sumergen en un intenso drama histórico, inspirado en hechos reales, que sigue a tres personajes cuyas vidas se ven irremediablemente marcadas por el ascenso del nazismo y el horror del Holocausto.

Una historia de amor, resistencia y supervivencia en medio de las barbaries sucedidas durante el mes de noviembre de 1943 que nos sumergirá en los relatos ocultos a bordo de un convoy de deportados con destino a Polonia (con Olya, una joven judía, y Wilhelm, un policía alemán, como protagonistas de los mismos).

De la mano de un generoso tomo de más de 400 páginas, Norma Editorial recopila una de las obras más importantes del cómic europeo en general y de la novela gráfica de temática bélica en particular.

Publicada entre 2007 y 2012 y ganadora del premio a la mejor serie en el festival de Angoulême, entre muchos otros premios, Érase una vez en Francia narra la imponente historia de Joseph Joanovici, un personaje de mil rostros que ocultó su ascendencia judía hasta lograr convertirse en el hombre más rico de Francia durante la ocupación nazi.

Olivier Speltens, un talento emergente del cómic francobelga, nos presenta un relato bélico conmovedor de la mano de la historia de Ernst Kessler, un joven soldado alemán que se deja llevar por la euforia de la guerra.

El irreverente autor noruego John Arne Sæterøy, aka Jason, nos propone en esta delirante obra una descabellada hipótesis que cambiará el curso de la historia.

¿Qué pasaría si viviéramos en un mundo en el que “asesino a sueldo” fuera una profesión tan normal y corriente como la de médico o abogado?

¿Qué pasaría si un científico contratara uno de esos asesinos para viajar atrás en el tiempo y matar a Adolf Hitler antes de su subida al poder?

La 'Shoá' es el término hebreo empleado en el argot para referirse al Holocausto y al catastrófico genocidio nazi contra los judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Un terrorífico leitmotiv que inspira las páginas de Auschwitz, la que bien podría ser la primera obra realista destinada a adaptar la cruda realidad de Auschwitz-Birkenau, contada a través de los ojos de quienes lo vivieron.

Tal vez Jacques Tardi sea de los autores de cómic más prestigiosos y eruditos en materia bélica, pues solo basta echar un vistazo a su historial publicado ('Puta Guerra', 'Cuerpo a tierra', 'La guerra de las trincheras') para darnos cuenta de que éste no es su género favorito por casualidad.

En esta ocasión, y con motivo de nuestras selección temática de mejores cómics de la Segunda Guerra Mundial, recuperamos su serie Yo, René Tardi, una colección recopilada por Norma Editorial en tres tomos donde tendremos a bien aproximarnos a un relato real y sobrecogedor: la historia de su padre, quien fue prisionero de guerra durante el citado conflicto en el campo de concentración Stalag IIB.

A través de los diarios y dibujos de su padre, Tardi nos sumerge en la desgarradora experiencia de un prisionero de guerra francés en un campo nazi.

Quizás recuerdes a George Takei por haber formado parte del elenco de la emblemática Star Trek en los 60, pero a poco que te asomes a las páginas de Éramos el enemigo, su intimista biografía en formato cómic, descubrirás que el popular actor tiene tras de sí una increíble historia merecedora de ser contada.

A través de las viñetas de esta impactante novela gráfica, el actor y activista nos sumerge en la aterradora realidad que vivió como niño en los campos de concentración de Estados Unidos.

Hijo de un piloto militar francés, Romain Hugault y la aeronáutica son un binomio inseparable tal y como históricamente nos ha revelado su obra ('El Gran Duque', 'Más allá de las nubes' o la serie 'Angel Wings').

Publicada por Distrito Manga en cuatro volúmenes hace algunos años en nuestro país, el manga Pies Descalzos es sin duda una de las mejores aproximaciones hacia los distintos horrores de la guerra a través del papel y las viñetas.

En esta serie, su autor Keiji Nakazawa nos cuenta a través de un personaje ficticio (Gen Nakaoka) sus experiencias como superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima de 1945.

De corte shônen (ya sabes, historias de tono juvenil), Pies Descalzos consigue cautivarnos gracias a la voz de ese niño de seis años que no alcanza a comprender la magnitud de su desgracia.

Su testimonio es un crudo relato de las pérdidas que ha sufrido: su hogar, sus pertenencias, la belleza de su vida y a quienes más quería.

Koeniguer y Giordano se inspiran en la polémica historia real de los soldados franceses que lucharon como voluntarios junto a los nazis en la batalla de Berlín, en 1945.

Un relato surrealista pero cierto en el que la División Carlomagno, compuesta por estos soldados franceses, nos revelará poco a poco los motivos que llevaron a sus miembros a tomar determinadas decisiones en un contexto de necesidad, peligro y urgencia.

Mata Nazis es un cómic que nos sumerge en un episodio poco conocido de la Segunda Guerra Mundial: la historia del Special Operations Executive (SOE), el ejército secreto de Churchill.

Basa en hechos reales, la obra de Amazing Amèziane narra las arriesgadas y peligrosas misiones llevadas a cabo por agentes del SOE tras las líneas enemigas.

portada de cómic sobre la Segunda Guerra Mundial

La Guerra de Corea y la Aviación en el Cómic

Espectaculares combates de reactores en la Guerra de Corea, una peligrosa misión secreta encabezada por una audaz aviadora y la inesperada aparición en las viñetas del célebre escritor James Salter (1925-2015), que luchó en el primer conflicto armado de la Guerra Fría a los mandos de un caza Sabre F-86 y a partir de esa experiencia alumbró la inolvidable novela Los cazadores (Salamandra, 2020), cuya adaptación al cine protagonizó Robert Mitchum.

Es lo que contiene Mig Madness (La locura de los Mig), editado por Norma, álbum de cómic fruto de la colaboración entre el guionista francés Yann (Yannick Le Pennetier) y su compatriota el dibujante Romain Hugault, dos de los grandes nombres actuales de la historieta, autores juntos de algunas de las mejores plasmaciones de la aventura aérea de los últimos tiempos, como El gran duque (Norma, 2011), ambientada en el frente del Este en la Segunda Guerra Mundial; El piloto del Edelweiss (Norma, 2019), una rivalidad de aviadores en la Gran Guerra, o la serie de la que forma parte Mig Madness: Angel Wings.

En esta serie, el personaje protagonista, ficticio, es una mujer, Angela MacCloud (ciertamente predestinada al vuelo por nombre y apellido).

Es una Wasp (women airforce service pilots), es decir, una de las miembros del servicio auxiliar de mujeres pilotos de las fuerzas armadas de EE UU que prestaron apoyo a la aviación militar del país durante la Segunda Guerra Mundial.

MacCloud, apodada, Angel Wings (alas de ángel), comenzó sus andanzas de papel en la campaña de Birmania (primer álbum de la serie, Burma Banshees), donde, pese a estar como las otras Wasp limitada a tareas de transporte y tener prohibido entrar en combate, la vimos vivir peligrosas aventuras e incluso derribar algún caza Zero japonés.

Ha actuado en otras aventuras como agente secreta de la OSS, antecesora de la CIA.

En esta entrega, la séptima, acabada hace ya años la contienda mundial, la encontramos en Florida haciendo de blanco de ejercicios a los mandos de un precioso reactor Lockheed P-80 Shooting Star rojo para las prácticas de sus machistas colegas masculinos (“¿A quién le gusta acostarse con una machorra que se perfuma con aceite de motor en vez de con una chica dulce y sexy, y buena ama de casa?”), a los que consigue humillar con su gran habilidad como piloto.

El novio de Angela, el teniente Robbins Rob Clower, sirve en el portaviones USS Oriskany en el Mar Amarillo, a lo largo de las costas de China y Corea, como piloto de un caza a rección Grumman F9F Panther (como el que pilotaba, con igual suerte, William Holden en Los puentes de Toko-Ri) y le encargan la misión de destruir un avión propio Neptune que realizaba tareas de espionaje y ha sido abatido por un caza Mig 15, a fin de impedir que los comunistas se apropien de información sensible.

Durante la misión, otros Mig derriban a Clower, que es capturado y enviado a un campo de prisioneros norcoreano.

Angela será reclutada para una operación secreta de rescate en la que está involucrada la recién creada CIA (que ha sustituido a la OSS).

Intervendrá a los mandos de un obsoleto (aunque precioso) F7F Tigercat de hélice recuperado para operaciones especiales nocturnas.

La historia es muy emocionante y está extraordinariamente bien ambientada.

Los aviones dibujados son una maravilla y las escenas de combates aéreos (la guerra de Corea es la primera en la que se enfrentaron reactores contra reactores) casi cinematográficas, con algunos dibujos de Migs y Sabres antológicos.

Pero hay un momento que cautiva especialmente: cuando Clower ingresa en el campo de prisioneros norcoreano y se encuentra con ¡James Salter!

(nom de plume de James Arnold Horowitz).

Son apenas unas pocas viñetas en las que aparece el escritor y aviador, pero iluminan el relato como una ráfaga de trazadoras en el cielo asiático.

Salter sirvió como piloto de Sabre en Corea del 12 de febrero al 6 de agosto de 1952, lo que parece poco tiempo, pero solo si no sabes lo que es salir cada día a enfrentarte con los numerosos y letales Mig-15, los aparatos “plateados y abruptos” (Salter dixit) con los que había equipado la URSS a los norcoreanos y que a veces pilotaban encallecidos ases soviéticos (que habían combatido a los nazis, como sus ahora enemigos estadounidenses).

El aviador y luego escritor derribó un Mig-15 (con otra victoria probable).

En realidad, no fue abatido y hecho prisionero como aparece en el cómic.

Tampoco se hubiera presentado como James Salter como lo hace pues no adoptó ese nombre hasta después de la guerra.

En la historieta, el personaje ofrece una mezcla de datos reales, como que sirve en el 335º escuadrón de caza e intercepción y concretamente en el ala 4ª (de lema “Fourth but First”, cuarto pero el primero), la unidad más famosa que luchó contra los Mig en Corea, y ficticios: dice que en el campo le llaman Grumpy.

Le da algunos consejos al recién llegado Clower.

Aunque su aparición (con cara de cansado y sin afeitar) sea muy corta, el álbum Mig Madness está lleno de su espíritu: los rutilantes Sabres, los dogfights (duelos aéreos) en Mig Alley, “el patio de los Mig”, como llamaban los pilotos de la alianza anticomunista a la porción noroeste de Corea del Norte, donde tuvieron lugar muchos de los enfrentamientos de aviones; los Mig-15 como tiburones del aire…

Salter, al que por cierto menciona Max Hastings en su libro The Corean War, an epic conflict 1950-1953 (Pan Books, 1988), en el capítulo dedicado a la batalla en el aire, escribió de su experiencia en sus apasionantes memorias Quemar los días (Salamandra, 2019): “La sacudida eléctrica que te traspasaba cuando aparecían los Migs”, los aviones “lustrosos y desnudos”, el “eclipse del valor” en medio del combate o la historia del piloto que se subía a una mesa y recitaba los versos de Gunga Din y los demás pensaban que se los inventaba.

No es sorprendente la aparición y la influencia de Salter en el álbum porque el guionista Yann es un gran fan del escritor.

“Uno de mis libros fetiche sobre la guerra de Corea es Los cazadores”, revela al preguntarle por el homenaje.

“Cuenta maravillosamente el enfrentamiento entre los green leutnants, los aviadores estadounidenses ansiosos de victorias a los mandos de sus Sabres, contra los honchos, como denominaban ellos a los duros pilotos soviéticos de los Mig-15, más experimentados que los chinos o norcoreanos”.

Sin menospreciar a Wang Hai, el gran as chino, con 9 derribos y cuyo Mig pudo ver un día inolvidable en el Museo de la Guerra de Pekín quien firma estas líneas.

Honcho es la corrupción de la palabra japonesa hancho, “jefe de grupo”, líder, incorporada por los estadounidenses de las fuerzas ocupantes de Japón al final de la Segunda Guerra Mundial y exportada a la guerra de Corea.

Yann se alegra de que alguien reconozca en el líder de los Mig-15 en el episodio del ataque al Panther de Clower al legendario Casey Jones de Los cazadores, el as soviético con su avión pintado con rayas de camuflaje que se convierte en la némesis de los pilotos estadounidenses en la novela.

“En el libro de Salter, los más ambiciosos de los aviadores estadounidenses novatos soñaban con hacerse famosos derribando a Casey Jones, un apodo que le habían puesto [nadie sabía quién era en realidad] basado en el nombre de un legendario maquinista de tren durante la conquista del Oeste.

El mote provenía del hecho verdadero de que los jets rusos despegaban de sus aeródromos-santuarios en la frontera china, marcada por el río Yalu, como el famoso de Antung, en formación, unos detrás de los otros, en ristra, como un pequeño tren, levantando una gran polvareda, lo que los hacía visibles desde lejos.

Casey Jones iba en cabeza como si fuera el maquinista”.

James Salter, subraya Yann, “explica maravillosamente el excitante subidón de adrenalina del combate y la increíble brevedad de los enfrentamientos, en contraste con los eternos periodos de espera en la pista (los Sabres estaban estacionados en la base de Kimpo), los innumerables despegues en falso, el miedo, el aburrimiento, las dudas, pero también la competencia entre pilotos, los problemas éticos…”.

Los cazadores, continúa, “es una de las raras obras sobre la aviación que es a la vez un testimonio vivido sobre una experiencia de combate, pero a la vez un relato escrito con un punto de vista literario”.

El guionista dice que le hubiera gustado hablar más de lo que cuenta Salter, “pero me he tenido que contentar con una discreta evocación”, suspira.

Recomienda, a quien quiera profundizar en la guerra aérea en Corea, el extraordinario y completísimo Mig Alley de Thomas McKelvey Cleaver (Osprey,2019), en el que también aparece citado varias veces Salter (como capitán James A. Horowitz), y uno de cuyos capítulos se titula Mig Madness, como el cómic (referencia a la obsesión que tenían los pilotos estadounidenses de Sabres por derribar Migs y convertirse en ases).

Por su parte, Hugault, que además de dibujante es piloto (y tiene un Piper Club L-4 Grasshopper de 1942), se muestra fascinado con los Sabres, que ha plasmado con un virtuosismo excepcional.

“Prefiero el Sabre al Mig, es más elegante.

Tanto en el plano del diseño del avión como en el de las insignias que llevaba.

Da más placer dibujarlo.

Un amigo piloto que poseía un Sabre y había volado en Mig 15 era categórico: el Mig era horrible y muy vicioso, resabiado, mientras que el Sabre resultaba magnífico de pilotar.

Es cierto que el Mig tenía un armamento más imponente, cañones en vez de las ametralladoras de los Sabres.

Así que bien pilotado era formidable.

La ventaja del Sabre era, entre otras, los slat, los listones del borde de ataque del ala que se desplegaban automáticamente y que le permitían tener más empuje y girar más fácilmente en el combate aéreo.

Ahí donde el Mig entraba en pérdida”.

¿La guerra de Corea es una gran olvidada?

“Sí, es un tema que ha sido poco tratado, especialmente lo relacionado con la aviación.

Creo que para la opinión pública estadounidense era una guerra que no querían, demasiado cerca de la Segunda Guerra Mundial que ha devastado el mundo, y una guerra sucia bajo cobertura de la ONU contra un país lejano.

Creo que los estadounidenses querían oír hablar de otras cosas en las noticias”.

Hugault era hasta ahora sobre todo admirado por sus dibujos de aviones de hélice, de historias que transcurrían en la primera y sobre todo la segunda guerra mundial.

“Me encantan todos los aviones, incluso un Airbus me fascina.

Es verdad que he solido concentrarme en las dos guerras mundiales.

La de Corea es la más moderna que he dibujado hasta el momento, pero mi próximo álbum se desarrollará en los años 80-90 y tendrá como sujeto principal el F-14 Tomcat, el avión que hizo célebre la película Top Gun.

Es una historia verdadera la que voy a contar”.

De momento, la serie de Angel Wings, dice, se detiene en la octava entrega, Anything Goes, aparecida este verano (aún no traducida al castellano) y en la que no sale Salter pero sí, y mucho, ¡Marilyn Monroe! de gira para los soldados en Corea pocos meses después del armisticio.

De la protagonista de la serie, Angela, convertida en ángel guardián de Marilyn en el último volumen, destaca Hugault que es una mujer independiente que se bate en un mundo de hombres y en la que han querido, Yann y él, recordar a esas Wasp que transportaban los aviones desde las fábricas a los cuatro extremos de EE UU para que salieran hacia la guerra.

“Escogimos meter a Angela en los servicios secretos para permitirle vivir aventuras más palpitantes en el contexto del cómic.

La parte histórica con las batallas, los aviones, las escuadrillas y ciertos pilotos es completamente auténtica, hechos reales e inspirados en la historia”.

Subraya que trabajar con Yann, al que reconoce como el verdadero impulsor del homenaje a Salter, “es una verdadera felicidad”.

Añade que el guionista “es un enorme profesional que conoce su oficio y nunca, en los 16 años que llevamos de proyectos de cómic en común, hemos tenido ningún roce trabajando juntos”.

Apunta que su próximo proyecto no es con él “pero continuamos siendo amigos y volveremos a colaborar en el futuro”.

Finalmente, destacar que en el nuevo álbum Anything Goes, con aviones y helicópteros, hay también un momento relacionado con Salter.

Unas viñetas muestran una conversación telefónica entre Marilyn, de gira por Corea, y su marido, la estrella del béisbol Joe DiMaggio, de la que precisamente habla Salter en sus memorias.

Es en referencia a un juego que practicaba su admirado Irwin Shaw y que consistía en ver quién podía hacerte llorar con menos palabras.

Shaw mencionaba precisamente ese diálogo entre Monroe y DiMaggio, que recogió un artículo de Gay Talese.

Ella le dice: “Joe, allí había cien mil personas y todas vitoreaban y aplaudían, nunca has visto nada parecido”.

Combates Aéreos - Los pilotos de Tuskegee (T2, E13)

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