Autoras de cómic: tejiendo redes y visibilizando el talento femenino en España

Que el cómic en español vive un estado de efervescencia como nunca en su tumultuosa historia es un secreto a voces que no hace falta que confirmen un chaparrón de nominaciones de autores españoles en los prestigiosos premios Eisner. De la más absoluta independencia que otorga publicar y autoeditar desde microeditoriales de fanzines o proyectos web hasta los dibujantes que se encargan de plasmar las aventuras de los héroes más conocidos de Marvel o DC, hay un amplísimo campo de batalla, un ecosistema extremadamente diverso en el que conviven editores, dibujantes, guionistas y coloristas.

Por supuesto, sería ingenuo asumir que este hervidero de creatividad convierte a España en una especie de Arcadia de las viñetas: nada más lejos de la realidad. Así, no resulta difícil detectar los dos grandes retos a los que se enfrenta el sector. Uno sería la necesidad de un tejido industrial autóctono que permita que vivir dignamente creando obra directamente para el mercado español no sea algo en manos de unos pocos afortunados o fruto de un trayecto atípico que exige publicar en el extranjero para poder ser editado aquí. El otro, la consolidación de un modelo igualitario y no sujeto a roles de género para las autoras de cómic dentro de un sector tradicionalmente masculino.

La Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España calcula que tan solo un 13 por ciento de los 2740 cómics publicados en nuestro país durante 2016 fueron escritos y/o dibujados por autoras (en el caso de antologías, estas cuentan con al menos un 33 por ciento de participación de autoras). Si nos ceñimos a autoras españolas, el porcentaje no llega a un tres por ciento. Colectivos como el de Autoras de Cómic trabajan por normalizar la situación de las creadoras de cómic en nuestro país.

Ilustración de varias autoras de cómic trabajando juntas

Un panorama en transformación: visibilizando el talento

Elisa McCausland y Diego Salgado, en su obra "Viñetaria: historia universal de las autoras de cómic" (Ediciones Cátedra), ponen el foco en las artistas de cómic y sus creaciones a lo largo de la historia y la geografía. Este libro está destinado a convertirse en un clásico de referencia sobre el papel de las mujeres en los más de 130 años de historia de la ilustración y el cómic. Es un completo repaso de la historia de las ilustradoras y autoras de cómic de todo el mundo, que las rescata del olvido y pone en valor su trabajo, teniendo en cuenta las circunstancias históricas y sociales en las que realizaron dicho trabajo.

Como manifestación artística ligada a la cultura de masas, el cómic refleja los deseos, contradicciones y desigualdades de una estructura capitalista que está imbricada en el mismo proceso de creación y que se ve amplificada por la industria cultural que transforma la obra en producto de consumo. Actualmente vivimos una época muy prolífica para las autoras de cómic. Son publicadas por grandes y medianas editoriales y podemos encontrarlas también en blogs y redes sociales.

El tándem creativo compuesto por Elisa McCausland y Diego Salgado es reincidente en el estudio de la intersección entre feminismo y cultura pop. Además de "Viñetarias: Historia universal de las autoras de cómic", han publicado conjuntamente los ensayos "Supenovas: Una historia feminista de la ciencia ficción audiovisual", "Sueños y fábulas: Historia de Vértigo" y "Beso negro: Brujería, cine y cultura pop". Elisa McCausland, por su parte, ha profundizado en la vinculación del feminismo con el cómic en "Wonder Woman: el feminismo como superpoder".

Lo primero que sorprende del libro "Viñetaria" es la enorme cantidad de autoras que han trabajado en la ilustración y los cómics y que el gran público (e incluso los muy aficionados) desconocemos. "En algunos casos ese silencio impuesto sobre las autoras ha sido premeditado", comentan sus autores. "En otros ha sido fruto de una mala praxis investigadora, relacionada también desde luego con sesgos y prejuicios. Por otra parte hay que tener en cuenta que el cómic como medio ha estado muy ligado a formatos efímeros, y durante décadas no hubo demasiado interés en preservarlos. Y, además, el cómic ha sido víctima a nivel mayoritario de un nivel de producción y consumo tan masivo, tan desagradecido para autores y autoras, que muchos nombres han sido olvidados en virtud del propio funcionamiento de la maquinaria cultural".

Portada del libro

Pioneras y referentes: un legado que inspira

El libro "Viñetaria" comienza descubriéndonos a las pioneras de la pintura y la ilustración del Siglo XVIII. "Su presencia en la vida pública, cultural y artística, es en sí misma una victoria para las mujeres, y, con todos sus defectos, la configuración de la Europa moderna implica una nueva apreciación de las mujeres fuera de los ámbitos domésticos, monásticos o cortesanos. La importancia de las mujeres en la ilustración de los siglos siguientes, hasta la actualidad, se remonta al éxito que tienen en los primeros compases de la Modernidad la sátira de la británica Mary Darly o los trabajos para la realeza de la artista francesa Françoise Basseporte".

A finales del Siglo XIX y principios del XX, el papel de las viñetistas de los periódicos y de las primera autoras de cómic fue fundamental en aspectos tan importantes como la conquista del voto femenino en el mundo anglosajón. "La importancia entre 1850 y 1920 de toda una generación de ilustradoras comprometidas con el feminismo de primera ola para la conquista del sufragio femenino en Occidente es fundamental, como explican en el segundo capítulo. Su trabajo sirvió de inspiración y debate y, lo más importante, otorgó a las combatientes feministas señas de identidad e iconos para la victoria.

En la edad de oro del cómic estadounidense, que abarca desde los años treinta hasta mediados de los años cincuenta, las autoras consiguen sobre todo integrarse en la industria, sobrevivir en ella, lo que no es poco dadas las dificultades sociológicas y অর্থনৈতিক que afrontaron. No puede hablarse del empoderamiento feminista como prioridad en sus historietas, pero sí de una filosofía de trabajo muy consciente del panorama y de lo que podía aportar su talento. En este aspecto la figura de Marjorie Henderson es esencial. Su personaje de La pequeña Lulú no solo fue popularísimo, es que al generar todo tipo de derivados en forma de juguetes, muñecas, marca publicitaria etc., procuró a su autora un bienestar económico y una capacidad negociadora envidiable en el seno del capitalismo.

Por supuesto, el libro resalta la importancia de la que es una de las mujeres de ficción más poderosos e influyentes de la historia: Wonder Woman. No se puede entender Wonder Woman sin la influencia en sus artífices, William Moulton Marston, el dibujante H. G. Peter, Elizabeth Holloway, Olive Byrne, Joye Hummel… del feminismo sufragista y sus representaciones gráficas, y tampoco sin atender al espíritu heterogéneo en que se idearon las aventuras iniciales del personaje. Wonder Woman es fruto de una gran familia escogida, de un proyecto de vida y concepción de la cultura popular tan moderno que todavía hoy en día resulta revolucionario.

Cuando se habla del cómic underground norteamericano, casi nadie pasa de Robert Crumb y Gilbert Shelton, pero en esos turbulentos años 70 hubo grandísimas autoras como la mencionada Trina Robbins (que fue una de las creadoras de It Ain’t Me Babe Comix, el primer cómic realizado exclusivamente por mujeres, que era una publicación feminista clandestina), Alison Kominsky (pionera del cómic autobiográfico) o Alison Bechdel (creadora del famoso 'Test de Bechdel', con el que se evalúa la brecha de género en las películas). Cuando hablamos de estas autoras hay dos aspectos fundamentales. El primero, la expresión de sus inquietudes en primera persona y sin filtros de ningún tipo, fuera de la represión existente en el ámbito del mainstream estadounidense. El segundo, una forma de generar cómic opuesta por completo a la competitividad y la producción impersonal hegemónicas.

Viñeta de Wonder Woman

Talento emergente y redes de apoyo

Amanda Baeza (Chile, 1990) debutó en 2016 con su primera obra en formato largo, Nubes de talco (Fulgencio Pimentel). Ana Galvañ (Murcia, 1975) compagina su faceta de ilustradora para marcas y publicaciones con fanzines, participación en antologías como Teen Wolf o Hoodoo Voodoo y obras en solitario como Podría ser peor. Begoña García-Alén (Pontevedra, 1989) ha logrado con su Nuevas Estructuras (Apa Apa Comics, 2017) uno de las obras más sorprendentes e intensas. Conxita Herrero (Barcelona, 1993), había desarrollado y desarrolla una intensa labor de autoedición, así como en fanzines como Bulbasaur, que desembocaron en la publicación de Gran Bola de Helado (Apa Apa Comics, 2016). Klari Moreno (Madrid, 1993), es una autora de meteórico crecimiento y febril actividad fanzinera. Con Suspensiones líquidas (Ediciones Valientes, 2015) como punto de inflexión, la madrileña premio al autor revelación de Expocómic 2016. Ana Oncina (Elda, 1989) es conocida por Croqueta y Empanadilla (La Cúpula), los dos personajes convertidos en auténtico fenómeno editorial. Aurora García Tejado (Madrid, 1978) y Diana Fernández (Madrid, 1975) llevan desde 1998 integrando Kôsen, un tándem creativo fundamental para entender el manga dibujado en España. Paola Gaviria (Quito, 1977) es, probablemente la autora más conocida en España de una historieta latioamericana actual que sigue siendo una gran desconocida. Las comparaciones de su obra capital Virus Tropical (RH-Mondadori, 2013) con Persépolis de Marjane Satrapi no deberían de despistar la atención de una creadora activa y activista con un fuerte discurso biográfico marcado por una incesante búsqueda personal. Emma Ríos (Villagarcía de Arosa, 1976) aúna un trazo exquisitamente minucioso de la mejor tradición clásica y, a la vez, rabiosamente moderno. Roberta Vázquez (Santiago de Compostela, 1989) mantiene unos rasgos estilísticos distintivamente underground que se apoyan en situaciones cotidianas y fresquísimos diálogos. Más conocida como Moderna de Pueblo, el personaje que creó en 2010 y que da nombre al blog principal de la autora. En 2017 Raquel publicó en papel su primer cómic de Lola Vendetta. Belén Ortega es una dibujante maravillosa que en 2019 se convierte en la primera mujer española dibujante que trabaja para las editoriales Marvel y DC Comics. María Medem (Sevilla, 28 años) es una de las nueve autoras que conforman Constelación gráfica: jóvenes autoras de cómic de vanguardia. Junto a Medem exponen Bàrbara Alca, Marta Cartu, Genie Espinosa, Ana Galvañ, Nadia Hafid, Conxita Herrero, Miriampersand y Roberta Vázquez.

En un mundo como el del cómic, que generalmente ha estado dominado por el público masculino, las dibujantes y guionistas que destacaban eran pocas, buenas pero pocas. El Colectivo de Autoras de Cómic (AC) es un grupo organizado fundado en España durante 2014 por Carla Berrocal, Elisa McCausland y Ana Miralles entre otras. Desde su fundación han realizado anualmente una asamblea de El Colectivo en el marco del festival Cómic Barcelona, donde son las encargadas de coordinar las jornadas profesionales cada año desde 2019.

Taller de Apreciación de Cómic - Proceso creativo de autores de cómics

La red de contactos que han tejido estas artistas es la palanca que las empuja y las ayuda a sobrevivir en un universo precarizado. "Nosotras nos mandamos audios larguísimos todo el rato, nos preguntamos unas a otras qué responder ante encargos mal pagados o nos aconsejamos sobre cómo presupuestar", explica Roberta Vázquez. "Especialmente en un entorno laboral en el que no se puede vivir del cómic. Yo no puedo vivir solo de ello y estoy profesionalizada", aclara. "Tampoco nos estamos forrando con esto. Hay gente que por vernos en muchas partes cree que estamos ganando muchísimo dinero, pero estamos sobreviviendo y muchas veces hacemos cómic por amor al arte", aclara.

La exposición "Constelación gráfica: jóvenes autoras de cómic de vanguardia", comisariada por la editora Montserrat Terrones, exhibe lo mejor de sus trabajos, así como una serie de instalaciones inéditas de cada una de ellas pensadas exclusivamente para el espacio expositivo. Nueve autoras que tratan, cada una con su propio estilo y lenguaje estético, desde la fragilidad frente a la precariedad laboral y económica, al clasismo social, la amistad femenina o la necesidad de crear nuevos mundos para entenderse mejor en este. "Queremos dar voz a un grupo de autoras en un universo que solía estar muy masculinizado. Este es un retrato sobre la fragilidad laboral y afectiva y sobrevivir a unos tiempos marcados por la inmediación tecnológica", ha dicho la directora del CCCB, Judit Carrera, al presentar una muestra en la que las historietas y los personajes salen de sus páginas para narrarse en tres dimensiones.

"Esta exposición no es una competición de género contra los autores. Es la constatación de que la creación femenina lidera el mundo del cómic en España y en Francia", ha explicado comisaria de la muestra, Montse Terrones. Las redes de colaboración que han establecido los festivales de autoedición como el Graf -que han puesto en contacto a las autoras y les ha dado una plataforma comunitaria-, el recambio generacional de editores con una mirada artística adaptada a nuevas sensibilidades creativas y la importancia de las redes sociales como elemento de difusión y empoderamiento han contribuido a este escenario.

Algunas autoras de cómic destacadas en España
Autora Origen Año de Nacimiento Obras Destacadas
Amanda Baeza Chile 1990 Nubes de talco
Ana Galvañ Murcia 1975 Podría ser peor
Conxita Herrero Barcelona 1993 Gran Bola de Helado
Klari Moreno Madrid 1993 Suspensiones líquidas
Ana Oncina Elda 1989 Croqueta y Empanadilla
Aurora García Tejado y Diana Fernández (Kôsen) Madrid 1978 y 1975 Garou-Chan
Paola Gaviria Quito 1977 Virus Tropical
Emma Ríos Villagarcía de Arosa 1976 I.D.
Roberta Vázquez Santiago de Compostela 1989 Funny animals, helados o trozos de pizza
Raquel (Moderna de Pueblo) Lola Vendetta
Belén Ortega Batman Leyendas Urbanas, Dolores y Lolo
María Medem Sevilla ~1995 Por culpa de una flor

La muestra "Constelación gráfica" cuenta con una sala titulada "Milenial: una generación en disputa", en la que el filósofo y periodista Eudald Espluga reflexiona sobre "el campo de batalla político" en torno a los tópicos que rodean a esta generación. Como si se reformulase y expandiese aquel My Bed que expuso Tracey Emin a finales de los 80, el espacio simula ser una habitación compartida en un piso de alquiler, ese centro de operaciones en el que la hiperproductividad borra fronteras entre la vida pública y privada. Los objetos que se han colocado por el espacio, como pósters vistos en manifestaciones del 8-M, carteles de películas o libros de pensadoras políticas, buscan tensionar al visitante frente a ese tópico y lastre generacional. "En realidad, es más importante el sesgo de clase y de origen económico que la edad", aclara Espluga sobre ese cuarto destinado a instagramearse sin descanso por retratar el estado anímico de esta era.

Jordi Costa, jefe de exposiciones del CCCB, apoya esta postura: "No hace falta ser joven, este malestar del que hablamos nos atraviesa a todos". Para Costa, la confluencia de estos factores, el de asfixia neoliberal y la sensación de no futuro, no implica que esta sea una muestra depresiva. "Lo que prueban estas autoras es la capacidad de resistencia y de rechazo, un cuestionamiento crítico de valores a los discursos heredados".

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