Cuando echamos un vistazo a los ochenta años de Marvel Comics, solo podemos maravillarnos ante la cantidad de historias, de dramas, de alegrías, de héroes y, como no, de villanos. Pero hay un sector que se suele obviar en lo que atañe a la producción de la Casa de las Ideas, los monstruos provenientes del horror. Representaciones evidentes o matizadas de nuestros miedos más inherentes, la fauna del horror parece una parcela prácticamente olvidada, a día de hoy. Por tanto, es importante recordar que durante una época fueron sensación, contando con una amplia representación en el sector del magazine adulto y una destacada encarnación en comic-book. Y ese es el motivo que nos ha traído hasta aquí, reivindicar tales figuras, retorcidas, dementes, depravadas; reflejos oscuros, en muchos casos, de la peor versión de la esencia humana.
La década de los setenta trajo una renovación a Marvel. Uno de los géneros que más difusión tuvo fue el del cómic de terror, donde algunos de los mejores artistas del medio dejaron obras maestras. Exploramos este tomo Décadas: Marvel en los años 70 para ver algunas de esas historias. En nuestro análisis del tomo dedicado a los años 60 vimos como la casa de las ideas llegaba al final de los sesenta como líder indiscutible del mercado. Los setenta serían para la casa de las ideas una década marcada por la experimentación y exploración de nuevas vías artísticas. Y por la entrada de una joven generación de creadores con una visión rompedora del noveno arte. ¿El resultado? La considerada por muchos como mejor década a nivel creativo que jamás haya tenido la editorial. Y este tomo Décadas: Marvel en los años 70 nos da algunas buenas muestras.
A inicios de los setenta, en Marvel tenían muchas ganas de terror. Desde el año 1954, el Comic Code Autorithy, el nocivo organismo censor, tenía vetado el género en la totalidad de las publicaciones orientadas para jóvenes. La editorial de Martin Goodman era una de las que se plegaban a las órdenes del statu quo, sin salirse un milímetro de la línea, pese a que dentro de sus filas contaba con dos entusiastas de la temática. El primero de ellos era su editor en jefe. Stan Lee había participado de la misma en los años cincuenta y era un declarado admirador de la editorial Warren, donde el terror para adultos causaba auténtico furor en los lectores más maduros de la época. El otro sospechoso era Roy Thomas, lector voraz de todo tipo de géneros desde su niñez y mano derecha de Lee. Lee y Thomas se aliaron para intentar horadar esa resistencia enconada.
En realidad, fue Roy, junto al dibujante Gil Kane, el que presentó a Morbius, la primera criatura de la noche en un tebeo Marvel. Thomas y Kane tuvieron la determinación de introducir un vampiro como enemigo para Spiderman en el Amazing #101 (octubre de 1971, fecha de portada). El tándem creativo dudaba de hacerlo pasar por el Conde Drácula, el inmortal personaje creado por Bram Stoker, o si simplemente lo dejaban estar como un chupasangre cualquiera. En esa tesitura es cuando entra en acción el editor jefe, haciendo notar que si adoptara una imaginería clásica, probablemente no pasase el corte del Comic Code. Sugirió algunos cambios, como que el motivo de su vampirismo no fuese de tipo místico, sino científico, y que vistiera un atuendo cercano al género. La conclusión es el nacimiento de Morbius, el Vampiro Viviente, cuyo debut no fue frenado por el organismo censor. Una pequeña victoria de los autores, a la que se fueron sumando algunas otras, en muy poco espacio de tiempo, lo que hizo que el Code se replanteara bajar sus exigencias.
Los cambios vinieron demasiado seguidos. Stan Lee había tratado de lanzar revistas en blanco y negro, con contenido para lector maduro, y su Publisher siempre se las echaba abajo. Ya fuera con el icono de la compañía, el bueno de Spidey, o con el contenido bruto de Savage Tales, Goodman no quería saber nada de un posible mercado para adultos. Los vientos cambiaron en 1972, con la compra de acciones de Cadence Industries, nuevos socios mayoritarios, que defenestraron a Martin Goodman, convirtiendo a Stan en el flamante Publisher. Si hacía poco que el Comic Code había abierto la puerta para el género del horror en comic-book, se acaba, por el otro lado, la prohibición de circular por el sector del blanco y negro. Es por eso que, a partir de 1972, se produce una explosión en relación a todo este tipo personajes.
Pese a que con anterioridad ya teníamos al citado Morbius y al Hombre-Cosa, que apareció en el #1 de Savage Tales, la editorial se puebla de caras muy reconocidas, como Drácula, el Monstruo de Frankenstein, el Zombi o vampiros varios. Pero también de caracteres de nuevo cuño, como nuestro Man-Thing, el Motorista Fantasma o el Hijo de Satán. Su proliferación obedecía al deseo de un público al que, durante años, le habían secuestrado la temática.
La atracción del monstruo es algo que se ha estudiado a lo largo de los años. Cada ser monstruoso, cada situación terrorífica viene condicionada por el miedo, una de las dimensiones básicas de la estructuración de la experiencia. El miedo es una de las seis emociones primarias. Digamos que no es una de las agradables aunque su existencia sea inevitable y haya ayudado a la evolución de la humanidad. Se ha reconocido como mecanismo adaptativo para sobrevivir en diferentes y variados entornos. Llegado un punto, con el desarrollo paulatino de la cultura, se empezó a indagar sobre él; y lo más importante para nosotros, se comenzó a utilizar como un recurso interesado. Comienzan las leyendas, supersticiones, discursos articulados sobre monstruos sobrenaturales. Siendo este tema muy antiguo, parece aceptado que es en la Edad Moderna donde su extensión se hace más evidente. Tanto que se puede decir que su impronta comenzó a levantarse del terreno de la cultura popular para llegar a los altos estadios. Un prestigioso politólogo como Jean Bodin comparte en sus créditos sesudos tratados sobre la política junto a escritos sobre las brujas y los pactos con el demonio (“Demonomiae des Sorciers”). Que un filósofo como Thomas Hobbes apele a figuras monstruosas, como Leviathan o Behemoth, para establecer comparativas nos deja un panorama donde los referentes se podían considerar del todo extendidos. Y solo estamos nombrando un par de ejemplos.
El Romanticismo supone la ruptura definitiva con los modelos del clasicismo. Nuevos bríos irrumpen durante los albores del S. XIX, quebrando algunos tabús, entre ellos, la entrada de monstruos y criaturas de la noche en el terreno literario. Se crea la llamada novela gótica o de terror, que hasta este momento, como género, no existía. Estos relatos toman muchos datos extraídos del folclore popular, pero se desvinculan de una manera formal, para añadir los rasgos distintivos de la época: escenarios cerrados, dotando a la narrativa de una fuerte ambientación, atmósferas misteriosas y personajes desbocados por las emociones. De estos años son algunas de las más célebres obras sobre la temática, como el “Drácula” de Bram Stoker, “El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, “Carmilla” de Sheridan Le Fanu, “El Fantasma de la Ópera” de Gaston Leroux o “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley. No son los únicos ejemplares, pero sí algunos de los vehículos más evidentes para la entrada de las rarezas en el mundo de la cultura popular, ya metidos en el S. El monstruo, en plena cultura de masas, pasa a ser asumido como otro rol social cualquiera. Su figura se ha interpretado como un símbolo de subversión, por individuos que se sienten marginados por la sociedad o que tienen una identificación destructiva con él mismo. Dentro de la mentalidad juvenil, la rareza termina siendo objeto de identificación por aquellos que se perciben “diferentes”, lo que cae como anillo al dedo en el ámbito del lector de cómics.
El género se introduce con fuerza el mercado tras la finalización de la II Guerra Mundial y el inicio de los dorados años 50. La clave para que un buen monstruo triunfe parte de la estética. Condición sine qua non es ese alejamiento de la normalidad intrínseca que se le presupone a las sociedades contemporáneas. El impacto de esas imágenes deformes, maltratadas, debía apelar a los miedos internos de cada lector. Pero si hay algo que se debe tener claro es que los monstruos no son todos iguales. Tenemos el tipo que apela a la aristocracia, personajes extremadamente notables, procedentes de estratos sociales privilegiados. El caso más evidente puede ser el del Conde Drácula, aunque la Momia también podría ser válida como ejemplo. Suelen conciliar un pequeño grupo de seguidores a su alrededor, como resultado de tiempos pretéritos, probablemente restos de una sociedad ya eliminada, a la que la rareza aristocrática pretende volver, de una manera onírica, puesto que se trata de un imposible. Más sencillos son los monstruos de masas, viva muestra del Fordismo, la era de la producción en cadena. El paradigma más palpable es el zombi. No tienen personalidad, ni atributos relevantes. Su fuerza reside en un descerebrado movimiento coordinado de montones de sus congéneres. La aterradora visión de la turba. El más complejo de todos es el monstruo que surge del interior. Suelen plantear una dicotomía, una lucha interna entre el bien y el mal, que siempre acaba por zozobrar en un extraño terreno de nadie. En Marvel tenemos como claras representaciones al Motorista Fantasma, al Hijo de Satán o a la versión propia del Dr.Jekyll y Mr.
Stan Lee y Roy Thomas no quisieron cerrarse en banda y utilizaron todos los tipos de monstruos posibles. Algunos trataron de ser respetuosos con sus concepciones originales, otros fueron pasados por el tamiz superheroico, dado que pertenecían a un universo compartido. La cuestión es que hubiera un poco de todo para todos. Y para ello se articuló el movimiento en torno al sello Curtis, donde se partía de un mayor respeto a las esencias del terror, dado que era material específicamente para adultos, y en el más prosaico tebeo Marvel, en los que se tendía a dar una pátina casi superheroica a sus protagonistas. En cualquier momento podía cruzarse uno con Spiderman; era necesario estar preparado.
Durante los años 1972 y 73 se orquestó la salida planificada de un extenso catálogo que debía sublimar el horror. Desgraciadamente, en las oficinas editoriales percibieron, a no muy tardar, que había un cierto agotamiento en el lector, pasado el énfasis inicial, ya que las ventas no acompañaban. Tocaba una solución de urgencia, si no se quería perder la carrera por el género. Es aquí el punto que tomamos como inicio de nuestro tomo. Si hay algo más aterrador que un monstruo es la reunión de un grupo de ellos. En Marvel Comics parecían tener claro el próximo paso a seguir. Nos encontramos en 1975, un instante que se antojaba lejano al nacimiento de las dos olas creativas que poblaron la editorial de monstruosidades, durante los años 72 y 73. Después de eso quedaba el desarrollo de los conceptos y poco a poco fueron muriendo, en gran porcentaje. Las cancelaciones habían asolado la parcela del terror: Dracula Lives!, Vampire Tales, Tales of the Zombie, Monsters Unleashed!, Haunts of Horror….todas ellas finiquitadas.
Resulta bastante chocante que en este ambiente se tratase de apostar, de nuevo, por una revista en blanco y negro sobre la temática. The Legion of Monsters sale al mercado en septiembre del 75 y su contenido se ve conformado por la unión de caras nuevas (Manfibio), personalidades clásicas (Drácula y el Monstruo de Frankenstein) e historias truculentas con protagonismo anónimo. El mismo Tony Isabella, editor de la cabecera, admite en su presentación de que la temática está dejando de vender. Pero en el Bullpen tenían mucha fe en las rarezas del horror; estaban convencidos de que tenían que perseverar y, realizando un gran trabajo en magazines, conseguirían perpetuar esta pequeña parcela. El concepto se mostraba diáfano; quizás un solo monstruo no era suficiente, necesitamos una legión de ellos. Así pues, Isabella organizó a un grupo profesionales en torno a Curtis, con las características ya conocidas, revista para adultos en blanco y negro, y confeccionó una colección contenedor donde tendríamos a varios equipos creativos, cada uno de ellos trabajando un sector del terror.
En este primer número contamos, de forma resumida, con un argumento sobre la criatura de Victor Frankenstein, a cargo del equipo creativo que los estaba desarrollando en Monsters Unleashed!, Doug Moench y Val Mayerik. El recorrido de «Frankie» se vio cortado abruptamente en aquella por lo que aquí contaba con una nueva oportunidad. Otro caso análogo es el de Drácula. La trama original de la novela del Conde Transilvano estaba siendo realizada por Roy Thomas y Dick Giordano, de una manera aperiódica, en la revista Dracula Lives! Nos encontramos, pues, ante otra posible vía para el futuro de la adaptación. Pero no todo iba a versar sobre caras conocidas. Necesitamos un punto de excitación y ese se lo lleva el debut de una rareza conocida como Manfibio. Concebido por el talento de Tony Isabella y Marv Wolfman, al guion, y por Dave Cokrum y Sam Grainger, al dibujo, se trata de un estimulante adición al catálogo marvelita. Hasta aquí la flamante revista The Legion of Monsters. Historias que parecían continuar tramas inconclusas y abrir posibilidades para el mañana. Siempre, y eso hay que dejarlo claro, por separado. El título no debe dar lugar a error, cada monstruo en su parcela.
El castañazo resuena si cabe más profundo cuando apenas lanzada al mercado se le anuncia a los creativos que no va a haber un #2. La debacle en la zona del horror no deja de crecer. Los personajes tratarán de hacerse un hueco en revistas contenedor, con argumentos autoconclusivos o pequeñas sagas, pero hay que olvidarse de colecciones con aventuras serializadas. Los sospechosos habituales se mostraban decepcionados, aunque no derrotados. La prueba la tenemos en 1976, donde Marvel Preview, cabecera en blanco y negro para contenido variado, recoge un número apelando a la Legión de los Monstruos. Y se seguían justificando en los editoriales, tal y como podemos leer a Ralph Macchio: “nadie sabe realmente qué hizo que los lectores habituales de cómic se aficionaran a las monstruos. Y nadie sabe por qué, de repente, toda una línea de magazines, muchos de ellos emergiendo como productos sólidos de gran calidad textual y gráfica, fueron diezmados de un plumazo. Si todos los cómics hubieran sido malos, sus defunciones habrían sido más que bienvenidas. Pero es que no lo eran. En el año o dos que existieron, hubo un sincero intento de contar historias sobre monstruos…..”.
Un tema a tratar respecto a Marvel Preview #8 es que inicialmente no estaba pensado para la Legión de los Monstruos. El mismo editor de la serie, John Warner, nos habla de los retrasos de un concepto largamente anunciado, el Hombre-dios. La cuestión es que no se pudo realizar en el momento previsto.
Uno de los riesgos que asumió Marvel en esta fase, fue permitir la entrada de conceptos ajenos totalmente a sus propiedades intelectuales. Por primera vez personajes como Conan, Drácula, Frankenstein y otros monstruos clásicos aparecían entre viñetas con colecciones propias. El género del terror gozaba de gran popularidad durante los setenta en cine y literatura y había que aprovecharlo. Por el camino se crearon gran cantidad de personajes de corte sobrenatural o terrorífico. La fiebre del horror invadió las oficinas de la casa de las ideas, y de que manera. El afán de Stan Lee por las revistas en blanco y negro llevó a que en 1973 debutasen tres cabeceras en este formato. Tales of the zombie, Dracula Lives y Vampire Tales, que salieron a la venta casi de manera simultánea. Colecciones de corte terrorífico que pasaron a ser supervisadas por Marv Wolfman y a disfrutar de un sub sello dentro de Marvel. El relativo éxito de estas series llevo a que en 1974, tan solo un año después, se sumaran varias más a la lista. Sin embargo, se daría algo más de variedad temática a esta segunda hornada de colecciones, sumando las artes marciales y la ciencia ficción a la ecuación. Esta vez el abanico argumental fue algo más amplio, diversificando así la oferta a los lectores. La espada salvaje de Conan sería la más exitosa de esta segunda tanda, pero habría más. El planeta de los simios, Deadly hands of kung-fu, MARVEL PREVIEW o Unknown world of science-fiction.
Pero la editorial no estaba dispuesta a aprovechar este filón. Y dio pie a varias colecciones en color que con un tono más infantil y superheroico. Estas se adentrarían en la temática sobrenatural de igual modo, restringiendo ligeramente el tono. Y no se escatimó ni medios ni estrellas de primer nivel para estas colecciones. Series como La tumba de Dracula, El Hombre Lobo, El Hombre Cosa o El motorista fantasma se convertirían en éxitos inmediatos e iconos de su época. Sus autores experimentarían y subvertirían los tópicos asociados al género y conseguirían llevarlos al terreno del comic-book. Personajes atormentados buscando, por lo general, la redención en forma de actos superheroicos. A esta corriente debemos clásicos como Blade, Morbius, el Motorista Fantasma -original- entre otros.
Los años setenta supusieron un giro a la oscuridad y dureza en la cultura popular. La perdida de inocencia de la década anterior había supuesto un duro golpe y la confrontación de una realidad compleja. Este caló en una Marvel que era esclava del signo de los tiempos. Las aventuras naifs de la década anterior habían dado paso a tramas complejas, oscuras y en ocasiones ásperas. Y esto supuso un momento de madurez creativa que en este tomo es perfectamente reconocible. Estamos, pues, ante una interesante recopilación orientada principalmente al lector joven-adulto. Algo que el tomo que hoy reseñamos sintetiza a la perfección.
¿Qué podemos encontrar en su interior? Décadas: Marvel en los años 70 contiene el siguiente material. The Legion of Monsters 1, Marvel Preview 8, Marvel Premiere 28, Marvel Spotlight 2 y 4, Frankenstein 1, The Tomb Of Dracula 10 y material de Savage Tales 1 USA. Una mezcla perfectamente balanceada entre las adaptaciones de material clásico y los cómics más heroicos. Historias de terror con un tono similar a Creepy o al material de la editorial EC en algunos casos. Pero puro Marvel y su sentido de la maravilla. Todo a manos de autores como Val Mayerik, Roy Thomas, Marv Wolfman, Dave Cockrum, Gerry Conway y Doug Moench. Auténticos genios del noveno arte en su época más creativa y experimental. Un tomo que es una muestra más que representativa de la corriente terrorífica de los años setenta. No todo Marvel se compone de Mutantes, Vengadores o Spiderman o de superhéroes embutidos en apretados trajes. Y eso convierte a este tomo en un trozo de historia del medio.
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Artistas Clave y Creaciones Emblemáticas de los 70
La década de los setenta fue un periodo de efervescencia creativa para Marvel Comics, donde surgieron nuevos héroes, se exploraron géneros y los artistas dejaron su huella imborrable. Muchos de estos creadores se convirtieron en dignos herederos de Jack Kirby y Stan Lee, profundizando en el mundo de los superhéroes y aventurándose en otros géneros como el terror, las artes marciales, la ciencia ficción y la espada y brujería.
El regreso del Rey Jack Kirby, tras su paso por DC Comics, supuso la creación de títulos como Eternals, donde desplegó su gran capacidad inventiva. El Rey también dio rienda suelta a su imaginación en Devil Dinosaur, una serie que, aunque corta, dejó personajes de culto como el dinosaurio rojo y su fiel compañero, Chico Luna.
Otros artistas como Neal Adams dejaron su marca en portadas icónicas y en la presentación de nuevos supergrupos como The Defenders, formado por Hulk, Namor y el Dr. Strange. La influencia del cine blaxploitation se reflejó en la creación de Luke Cage: Hero For Hire, uno de los primeros héroes afroamericanos en protagonizar su propio título, diseñado por John Romita.
En 1974, Marvel introdujo al mundo a dos de sus personajes más icónicos: Punisher y Wolverine, ambos diseñados por John Romita. La portada de The Amazing Spider-Man #129, con el vigilante de la calavera acechando al arácnido, y la de The Incredible Hulk #181, con el mutante canadiense enfrentándose al coloso esmeralda, se convirtieron en imágenes antológicas.
El género de las artes marciales también tuvo su espacio, con la llegada de Iron Fist y Shang Chi, este último con un diseño fiel a su inspiración, Bruce Lee. Artistas como Boris Vallejo, Ken Barr y Gray Morrow aportaron un estilo pictórico y elegante a las portadas, ampliando el público interesado en estas publicaciones.
Marvel también experimentó con revistas que no se sometían al Comics Code Authority, dando lugar a títulos de terror como Tomb of Dracula, ilustrada magistralmente por Boris Vallejo, y Ghost Rider, con guiones de Gary Friedrich y arte de Mike Ploog. La serie de El Hombre Lobo, con Jack Russell como protagonista, también se sumó a esta ola de horror.
La década también fue testigo de la revolución femenina en los cómics. A mediados de los 70, Marvel introdujo versiones femeninas de sus héroes más populares, como Spider-Woman y Ms. Marvel. John Romita dibujó la portada del debut de Carol Danvers como Ms. Marvel, mientras que Joe Sinnott plasmó a Jessica Drew, la nueva heroína, en apuros.
Hacia el final de la década, Marvel continuó enfrentando a sus héroes a problemas reales. El alcoholismo de Tony Stark fue abordado en "El Demonio en la Botella", con una portada icónica de Bob Layton. Otro personaje que recibió una portada memorable fue Ant-Man, representado a través de una lupa.

La Expansión del Universo Marvel y la Evolución de los Géneros
Los años 70 marcaron un punto de inflexión para Marvel Comics, no solo en términos de géneros y personajes, sino también en la expansión de su universo y la exploración de nuevas narrativas. La editorial se atrevió a incorporar propiedades intelectuales ajenas, dando cabida a personajes clásicos del terror y la fantasía, y diversificando su oferta a un público cada vez más amplio.
La incursión en el género de Espada y Brujería fue un éxito rotundo con la serie Conan el Bárbaro. Roy Thomas y John Buscema dieron vida a las aventuras del cimmerio, un personaje arquetípico creado originalmente por Robert E. Howard. Esta serie no solo amplió horizontes para Marvel, sino que atrajo a nuevos lectores al universo del cómic.
La editorial también apostó por la creación de supergrupos, expandiendo el concepto de Los Vengadores. The Defenders reunió a héroes solitarios como Namor, el Doctor Extraño y Hulk, enfrentándose a amenazas de calibre cósmico. The Invaders revivió a héroes de la Edad de Oro en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.
El impacto de la Guerra Kree-Skrull en Los Vengadores, una epopeya de nueve números que involucró a numerosos personajes icónicos, demostró la ambición narrativa de Marvel en esta década. La saga no solo definió el futuro de los héroes cósmicos, sino que también incluyó historias memorables como "El Viaje al Centro del Androide".
La década también vio el debut de personajes que se convertirían en pilares del universo Marvel. El debut de Punisher y Wolverine, aunque inicialmente en roles secundarios, sentó las bases para su futura popularidad. La trágica muerte de Gwen Stacy, la novia de Spider-Man, en The Amazing Spider-Man #121, marcó un antes y un después, introduciendo un tono más oscuro y realista en las historias de superhéroes.
La experimentación con formatos y temáticas continuó con la aparición de cabeceras genéricas como Marvel Feature, Marvel Premiere y Marvel Spotlight. Estas publicaciones sirvieron como plataforma para probar nuevos conceptos y personajes, como The Defenders, Ghost Rider e Iron Fist, y para el regreso de figuras como el Dr. Strange.
La inclusión de temas sociales y realistas también fue una característica de los años 70. La historia sobre la adicción de Harry Osborn al LSD en The Amazing Spider-Man, a pesar de las restricciones del Comic Code Authority, demostró la voluntad de Marvel de abordar temas controvertidos. La creación de Luke Cage, Hero For Hire, reflejó la creciente conciencia sobre los derechos civiles y la representación.

Spider-Man y Morbius: Monstruos y Secretos | Cómic Narrado
La década de los setenta en Marvel Comics fue un torbellino de innovación y audacia. Desde la exploración del género de terror con criaturas icónicas hasta la creación de héroes que reflejaban las complejidades de la época, la Casa de las Ideas demostró su capacidad para reinventarse y cautivar a una nueva generación de lectores.