El cómic ha demostrado sobradamente su capacidad para abordar cualquier tema, desde batallas galácticas a dramas intimistas. Sin embargo, hay un colectivo que parece marginado del cómic: los ancianos. Pocos autores han planteado narraciones centradas en la tercera edad, sus problemas, preocupaciones e ilusiones. En principio, se podrían encontrar explicaciones razonables para ello, como que una gran parte del público lector está compuesto de gente joven y las editoriales favorecen las temáticas que se pueden vender bien a esas franjas de edad. Y entonces, para desmontar ese argumento, llega “Arrugas”.
Escrito y dibujado por Paco Roca, este álbum ha vendido decenas de miles de copias en España y ha sido publicado en Francia, Inglaterra, Italia y Japón. Ganó todos los galardones habidos y por haber, incluido el Premio Nacional de Comic, el Premio a la Mejor Obra y al Mejor Guión en el Salón del Cómic de Barcelona, y el Premio a la Mejor Historia Larga en el Salón del Cómic de Lucca. Incluso tuvo una adaptación cinematográfica en forma de film de animación dirigido por Ignacio Ferreras, que estuvo nominada a los Premios Goya.
¿Cómo es posible tal repercusión? No es necesario recurrir a motivos oscuros, sino que “Arrugas” es un cómic excelente, una historia que nos enfrenta a un mundo con el que todos estamos relacionados pero al que nos cuesta mirar de frente. ¿Quién no tiene o ha tenido algún abuelo o padre que, al envejecer, empieza a tener problemas físicos o mentales? ¿Quién no conoce a alguien que haya enviado a sus mayores a una residencia? La vida cada vez se prolonga más y el número de ancianos aumenta. Todos conocemos la problemática que ello genera, por lo que el tema de este álbum toca muy de cerca cada vez a más gente. Pero es que, además, es un cómic realizado con una extraordinaria sensibilidad y cercanía, una historia muy humana y emotiva, con la que pueden sintonizar fácilmente lectores no asiduos al cómic.
Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, es internado en una residencia de ancianos por su familia tras sufrir una nueva crisis de Alzheimer. Allí, aprende a convivir con sus nuevos compañeros -cada uno con un cuadro “clínico” y un carácter bien distinto- y los cuidadores que los atienden. Paco Roca aborda en Arrugas temas delicados, hasta ahora escasamente tratados en historieta, como son el Alzheimer y la demencia senil. Y lo hace de un modo intimista y sensible, con algunos apuntes de humor pero sin caer en ningún momento en la caricatura.
El aire de verosimilitud que se respira en el relato se ha visto propiciado por un cuidadoso trabajo de documentación. Paco Roca comenzó a recopilar anécdotas de los padres y familiares ancianos de sus amigos y visitó residencias de ancianos para saber cómo era la vida en ellas, un material de primera mano que le ha servido para estructurar una consistente ficción.
Paco Roca (Valencia, 1969) es un versátil autor de cómic e ilustración. Pronto empezaría a compaginar los trabajos con los que se ganaba el sustento con la creación de relatos de cómic. De este modo, publica, entre otras novelas gráficas, El Faro, Arrugas -por la que recibió el Premio Nacional del Cómic en 2008, los premios al mejor guión y mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona 2008 y el Goya al mejor guión en 2012 de la versión al cine-, Las calles de arena, Emotional World Tour. Diarios itinerantes, El invierno del dibujante, obra merecedora de los premios al mejor guión y mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona 2011, o Memorias de un hombre en pijama.
Emilio es un orgulloso director bancario ya jubilado hace tiempo que empieza a manifestar los primeros síntomas de Alzheimer. Su hijo, con quien convivía, sabe que en un momento cercano ya no podrá hacerse cargo de él y lo lleva a una residencia de ancianos. Emilio no es consciente todavía de su enfermedad y acepta muy a regañadientes la decisión de su hijo. Su compañero de habitación resulta ser Miguel, un individuo en plenas facultades que está allí por voluntad propia para escapar a la soledad.
Como si fuera un moderno Virgilio guiando a Dante por el Averno, Miguel enseña el lugar a Emilio y le presenta a sus residentes, estatuas que se sientan frente a la televisión, que tratan de encontrar un teléfono en medio de una total desorientación o que se sientan frente a la televisión con la mirada y el pensamiento ausentes. La sordera y la demencia convierten las sesiones de bingo o de gimnasia en una ruidosa e incoherente farsa. Los inválidos hacen cola impacientes esperando que alguien los lleve al comedor; hay quien vive obsesionado por el pasado y quien no piensa en otra cosa que llamar a sus hijos, pero todos sin excepción temen el infierno que representa el segundo piso, el verdadero final del camino, donde viven recluidos los casos más desesperados, incapaces de valerse mínimamente por sí mismos.
Miguel explica a Emilio su amarga visión de la vida en la residencia: "No hay nada que hacer. A las nueve se desayuna, a la una se come y a las siete se cena. La ración de medicamentos y las comidas es lo único que importa aquí. Esto es el mundo al revés. El tiempo que hay entre las comidas es tiempo perdido. Duermes o te quedas vegetando mientras ves la tele esperando a la próxima comida”.
Sin embargo, en medio de un panorama tan desolador, hay pequeños resquicios por los que asoma lo mejor del ser humano, aunque sea en su versión más crepuscular. Antonia necesita un andador para moverse, pero disfruta de sus clases de gimnasia y del bingo, tratando de sacar el máximo provecho de sus limitaciones; Rosario, quien, sentada inmóvil frente a la ventana con la mirada perdida, revive una y otra vez en su mente sus años de juventud en forma de un viaje en el Orient Express. Dolores demuestra un amor extraordinario por su marido, Modesto, ya totalmente devorado por el Alzheimer; la escapada que dirigen Emilio y Miguel en un intento -exitoso por unos minutos- de escapar del aburrimiento catatónico y sentir un soplo de libertad; y, sobre todo, la franca camaradería que se establece entre ambos hombres cuando la mente de Emilio acelera su deterioro.
Paco Roca tenía casi treinta años cuando dio comienzo a su carrera profesional en el comic a finales de los noventa con diversas colaboraciones para Ediciones La Cúpula. Sus más de diez años de experiencia como artista profesional en el mundo de la ilustración y el diseño publicitario le habían permitido absorber estilos diversos y aprender técnicas que le situaban por delante de otros autores.
Años antes, Roca había recibido el encargo de diseñar un anuncio publicitario en el que debía figurar una pareja de ancianos. Cuando los responsables de marketing le dijeron que éstos no resultaban agradables visualmente, se vio obligado a retirarlos. Aquel episodio le dio que pensar, como también el hecho de que sus propios padres estaban envejeciendo y quería comprender cómo se sentían en ese momento de sus vidas y en el seno de una sociedad que no sólo no se preocupa demasiado de los ancianos sino que trata de ocultarlos. Además, fue testigo de los efectos del Alzheimer cuando el padre de un amigo suyo cayó víctima de esa enfermedad. Decidió entonces hacer una historia sobre gente mayor y sólo gente mayor.
“Arrugas” no es un drama sobre la experiencia de las familias con un enfermo o el problema social que supone la vejez. Todos los que aparecen -salvo las obvias excepciones del hijo de Ernesto o el personal de la residencia- son mayores y es a través de ellos que conocemos cómo se sienten, cómo es el mundo en el que viven; un mundo propio, cerrado, autocontenido como es el de la residencia, de la que no pueden escapar y a la que tampoco entra nada del exterior. A través de ellos se suscitan preguntas de gran calado sobre nuestras propias vidas: ¿cuánto quieres vivir? Si tuvieras oportunidad, ¿querrías vivir hasta edad avanzada aun cuando ello suponga una grave merma en tus capacidades? ¿Qué opciones tendrás cuando llegues a determinada edad?
Roca se dio cuenta de que, aunque nadie lo había pensado antes, en una residencia de ancianos se podía encontrar el drama, la comedia y la tragedia que forman los ingredientes de toda buena historia. Durante meses, visitó varias instituciones de este tipo y habló con sus inquilinos y familiares, con los médicos y enfermeras. Ello le permitió reproducir los rituales y ambientes propios de esos lugares, recopilar historias y conocer a gente que, de una forma u otra, acabó encontrando su lugar en “Arrugas”.
Roca manifestó que una de sus mayores satisfacciones con este álbum fue darle voz a un colectivo, el de nuestros mayores, que no recibe la atención que merece. Lo mejor de “Arrugas” no es tanto su argumento -cuyo desenlace es tan previsible como inevitable-, sino la forma en que los personajes logran transmitir sus respectivas visiones de su vida en la residencia. Y no sólo los principales. Los actores secundarios, aunque con breves intervenciones, quedan perfectamente perfilados en su personalidad y circunstancia. Todos ellos tienen sus historias que contar, algunos viven en sus propios mundos, se evaden pensando que están en otro tiempo y lugar, o repiten una y otra vez aquellos logros de su pasado de los que están orgullosos.
Del drama personal de cada uno de ellos se podría haber realizado un álbum entero. Desde luego, los dos protagonistas principales son los mejor construidos, ambos con temperamentos antagónicos. Miguel, como hemos dicho, es un individuo trapisondista y cínico pero de temperamento vivaz y despreocupado; Emilio, en cambio, es circunspecto, serio y algo amargado que inicialmente mira con desconfianza a su forzoso compañero y menosprecia al resto de los residentes. Pese a todo, ambos forjan una amistad conmovedora en el poco tiempo que llegan a convivir. El alcance de ese afecto queda bellamente plasmado en la forma en que Miguel ayuda a Emilio a ocultar los avances de su enfermedad mental para retrasar su subida al temido “segundo piso” y, sobre todo, en su enternecedor final. Y es que es entonces cuando nos damos cuenta de que el verdadero protagonista de la historia ha sido siempre Miguel, el único que ha experimentado una verdadera evolución.
No hay formas fáciles de abordar cosas tan terribles como el envejecer apartado del mundo o experimentar la progresiva desaparición de lo que nos hace quienes somos: la memoria. No hay finales felices cuando del Alzheimer se trata. Sin embargo, difícilmente se podría enfocar la cuestión mejor de lo que lo hace “Arrugas” gracias a unos personajes que destilan gran humanidad y a su habilidad para plantear cuestiones muy profundas bajo la superficie de un dibujo de sencilla belleza.
Como en la propia vida, el drama se mezcla con el humor, pero en ningún momento se cae en el engañoso salvavidas mental que ofrecen el cinismo, la caricatura o la ocurrencia fácil. La amargura de lo que se cuenta queda hasta cierto punto compensada por un enfoque tierno y amable sin dejar de ser duro. En “Arrugas”, cuando la gente sufre, lo hace con dignidad, tropezando con las palabras o luchando por recuperar un recuerdo, pero nunca cayendo en el ridículo o lo grotesco. Quizá sea eso -junto a la breve huida de la residencia- lo menos realista del álbum, pero es que la intención de Roca, sin querer esquivar por completo la realidad, es la de tratar el tema con respeto y madurez, sin caer en la condescendencia o el paternalismo y sin olvidar la cualidad de entretenimiento que debe tener cualquier obra de ficción.
El trasfondo de la historia que nos cuenta ya es suficientemente duro (el imparable goteo que drena nuestras facultades mentales, la angustia de enfrentarse al cambio que supone el internamiento en una residencia) sin necesidad de entrar en las miserias aún más profundas y denigrantes que esconde el segundo piso.
El dibujo de Paco Roca no es particularmente llamativo. Sus figuras son sencillas, perfiladas de una manera casi esquemática, pero cuyas líneas caracterizan perfectamente a los personajes. Para esta ocasión Roca adopta un estilo atemporal, tan austero como preciso, con viñetas de fondos despejados que evocan el entorno higienizado, frío e impersonal de este tipo de instituciones. Pero hay momentos en los que de forma abrupta se cambia de perspectiva, pasando a la viveza de trazo y color. Así sucede cuando vemos a Rosario sentada en su silla de ruedas mirando por la ventana. Al momento siguiente, el autor nos zambulle en el interior de su mente, atrapada en un eterno viaje en tren por tierras exóticas. La vida y alegría que transmiten esas ensoñaciones contrasta de forma brutal con la realidad en la que ya sólo su cuerpo vive. Estas transiciones entre el pasado y el presente, entre la realidad y la fantasía, están realizadas con gran destreza y sensibilidad, demostrando que el cómic es capaz de moverse por el tiempo con mayor facilidad que otros medios narrativos.
No hay textos de apoyo en este álbum, porque la comprensión de Roca de la narrativa visual le permite transmitir el máximo de información con el mínimo de recursos. Por ejemplo, con el uso de los silencios, de los que se sirve aquí y allá para establecer el tono emocional de la escena o reflejar el paso del tiempo en un lugar en el que, paradójicamente, el mismo tiempo parece congelado.
“Arrugas” es, en definitiva, un álbum humano, conmovedor, que plantea al lector de forma serena, madura y respetuosa reflexiones incómodas cuando no dolorosas: ¿Cómo nos comportamos con nuestros mayores? ¿Cómo será nuestra propia vida en el futuro? ¿Cómo nos tratará la sociedad? ¿Y nuestras familias? ¿Valdrán para algo en la vejez nuestros logros anteriores? ¿Cómo puede afectar el deterioro físico a nuestra mente? No hay respuestas fáciles, pero “Arrugas” tampoco está exento de esperanza: puede que la edad acabe imponiendo límites, pero nuestra humanidad no los tiene.
La película de animación "Arrugas", dirigida por Ignacio Ferreras, se basa en el aclamado cómic de Paco Roca. Narra la amistad entre Emilio y Miguel, dos ancianos recluidos en un geriátrico. Emilio, que acaba de llegar a la residencia en un estado inicial de Alzheimer, será ayudado por Miguel y otros compañeros para no acabar en la planta superior de la residencia, el temido piso de los asistidos.

Ficha Técnica de la Película "Arrugas":
- Película: Arrugas
- Dirección: Ignacio Ferreras
- País: España
- Año: 2011
- Duración: 89 min.
- Género: Animación, drama
- Guion: Ángel de la Cruz, Paco Roca, Ignacio Ferreras y Rosanna Cecchini; basado en el cómic “Arrugas”, de Paco Roca.
- Producción: Manuel Cristóbal, Enrique Aguirrezabala y Oriol Ivern.
- Música: Nani García.
- Fotografía: David Cubero.
Tráiler Oficial de ARRUGAS
"Me ha sorprendido Paco Roca por su valentía y su técnica para tratar temas difíciles como la demencia senil y la vida en las residencias de ancianos. Su historia llega al corazón de los lectores de una manera inolvidable. Arrugas es una gran obra expresada por el poder que posee el arte del cómic”.
Cada cierto tiempo aparece un cómic que sobrepasa los límites de su público habitual. "Arrugas" es una de esas compras obligadas. Es la primera gran obra de Paco Roca reconocida por el público en general.
La familia de Emilio, un retirado director de una oficina bancaria, está harta. Se ven imposibilitados para cuidar más tiempo al abuelo, que empieza a padecer Alzheimer, y confunden su casa con la sucursal donde trabajó y a sus familiares con clientes con los que tratar. Deciden llevarlo a una residencia geriátrica, donde le cuidarán como cuidan al resto de ancianos del lugar. Allí conoce a varios residentes, entre ellos Miguel, un despreocupado hombre que nunca ha tenido hijos ni le preocupa que venga nadie a visitarlo para no caer en la decepción del resto de ancianos de la residencia, y Antonia, obsesionada con recopilar comida no usada y que mantiene que se pueden hacer muchas cosas dentro de la institución.
A través de la rutina de la residencia, vamos conociendo más personajes como Modesto, en un estado bastante avanzado de Alzheimer. La residencia tiene un segundo piso que es donde van a parar los que ya no se valen por sí solos, y es dibujado como un sitio espantoso, al que se accede por una escalera aparentemente normal pero que tiene algo de lúgubre. Emilio se va adaptando a la rutina de la residencia a medida de que su enfermedad avanza, y se hace el firme propósito de no acabar como un deshecho humano en la parte superior de la misma, con la ayuda de Miguel. El tiempo pasa inexorable y algunos compañeros van desapareciendo al ser trasladados al piso de arriba.
Emilio es un viejo cascarrabias. Llega a la residencia porque sus familiares no pueden ocuparse más de él, ya que el ambiente en casa ha ido a peor. Emilio fue director de una sucursal bancaria, y atendía personalmente a los mejores clientes de la oficina. Quiero creer que la elección de la profesión del protagonista no fue cuestión baladí para el autor: el hecho de que fuera director de una sucursal acentúa más la sensación de “caída en desuso” que tienen los abuelos que ingresan en una residencia.
Miguel es retratado como un extorsionador. Es lo suficientemente listo como para sacarle dinero a varios ancianos haciéndose pasar por revisor de tren o el que cobra las llamadas que quiere hacer la señora Sol. Miguel está al tanto de quién mueve dinero, está por encima del resto al encontrarse bastante mejor y sobre todo, hace tiempo que está en la residencia. Personalmente tengo la teoría de que Miguel también tenga una demencia: creerse el rey de la residencia.
Antonia es la representante femenina del grupo. Aunque está bastante impedida para caminar y necesita un caminador donde apoyarse, siempre quiere bailar y cree que la vejez no es sinónimo de ensimismarse y dejarse ir, sino de disfrutar de tu tiempo y darle alegría al cuerpo. Su particularidad es que va recogiendo pequeñas muestras de comida y se las guarda en su bolso.
Dolores y Modesto: Son una pareja de ancianos que han estado juntos toda su vida. Él padece de Alzheimer en estado avanzado, no dice nada y es mantenido por su mujer, pacientemente, cada día, dándole de comer con el amor del primer día. Modesto solo reacciona a una palabra al oído de su señora, a la que sonríe tímidamente, siendo la única reacción que le vemos. La dura situación sirve al autor para que Emilio se vea reflejado en Modesto, y que decida luchar para no llegar a ser como él.

Aunque aparecen otros personajes, no son tan relevantes. Pero sí sirven al autor para transmitir una idea: cada uno de ellos está aferrado a una experiencia o vivencia de su pasado, algo propio de los enfermos de Alzheimer. Por ejemplo, Pellicer no para de mostrar su medalla de bronce conseguida en 1953, y todo una ristra de recortes de prensa que comentaban la noticia. O Félix, el cuál se retrotrae a su estancia en algún campamento español en Marruecos.
La reacción de Emilio ante la noticia de su enfermedad, tan humana y que de bien seguro Roca aprendió en sus estancias en varias residencias para aprender sobre las materias que incluye este libro, es la de minimizar el problema, decir que eso no puede ser que le pase a él. La sinceridad del doctor es total y Emilio no puede sino desviar la mirada hacia el suelo, buscando consuelo, imaginando cuánto tiempo le queda para conservar su “yo” actual. Con la ayuda de Miguel intentará rebelarse contra la adversidad, para alargar ese largo adiós en el que ya está metido Modesto.
Dentro del ambiente eminentemente dramático y de tono pesimista, hay ciertos golpes de humor que aligeran un poco la situación. Por ejemplo, la escena del gimnasio, que no es más que pasarse una pelota estando sentados una al lado del otro. Otra escena similar es la partida de bingo, también plural y con los mismos protagonistas, se convierte en otro disparate.
En general el cómic tiene un sabor agridulce, con continuas pequeñas referencias humorísticas pero sin eclipsar lo que realmente quiere transmitir: el problema de la vejez en nuestra sociedad, el abandono al que se ven sometidos los ancianos y una enfermedad que aún no tiene cura.
“Arrugas” se podría considerar una descripción de cómo funciona una residencia geriátrica a través de las 75 primeras páginas del cómic. La residencia es un gran sofá donde la mayoría de los ancianos dormita gran parte del día. Repartidos entre una serie de salas muy parecidas entre sí, los ancianos pasan las horas viendo un canal de documentales de animales en la TV o dormitando. Y pasan las horas.
Lejos de criticar este tipo de negocios/instituciones, la sensación que te queda es de abandono de las personas mayores por parte de los hijos, demasiado ocupados con su vida laboral, sus parejas e hijos. De hecho no se critica, ni se buscan otras opciones, ya que desde el inicio de la historia la única opción es la residencia.
Me gustaría recalcar la superlativa forma en la que Roca imprime el paso del tiempo de un día cualquiera: una doble página, con cámara fija hacia una renglera de sofás, donde van pasando las horas, se llenan y se vacían los sofás según la hora, siempre ocupados por los mismos abuelos, en casi la misma posición, cada uno en su propio sofá, dejando pasar las horas. Atentos al empleo de la luz, como van pasando las horas y se reemplaza un haz de luz matutina por la luz artificial, y como va oscureciendo. Ese sentimiento de vacío y de estar perdiendo horas de vida tontamente queda contrastado con la irónica pregunta de Miguel en la última viñeta, ya en la habitación: “¿Qué tal el día?”. La cara de Emilio es un poema. No hacen falta palabras para responder.
En cuanto al dibujo, se puede decir que es un dibujo claro, realista, de entintado medio, que combina viñetas estándar con otras mas “alargadas” para cuando quiere mostrar más escenario o algún grupo de ancianos. No tiene un patrón fijo en las planchas y combina muchos tipos de viñeta, con una lectura fluida, amena y con momentos de altura.
Me gustaría destacar, como habitual lector de manga, la parquedad de recursos usados para expresar emociones. Por un lado, los ojos suelen ser muy pequeños, incluso no más que pequeños puntos o manchitas, tan distinto al tópico de los ojos grandes de los autores de manga. Muchas veces las expresiones debemos buscarlas en pequeños detalles, como una comisura de los labios o una pequeña diferencia con un dibujo anterior, aparentemente idéntico. Esto crea un ambiente especial y demanda más atención al lector más acostumbrado a la exageración de emociones propia de algunos autores manga.
El tono general del álbum es de color ocre, otoñal, de esa época del año nostálgica previa al duro invierno, marronáceo, de ocaso de la vida, ya desde la portada.
Valoración: La memoria, ese componente tan frágil del cuerpo humano. Tan igual en todos los seres humanos y tan distinto y exclusivo para cada uno de ellos. Tan volátil y a la vez tan importante. Y es que después de todo, la vida es un recuerdo constante de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos.
“Arrugas” es una obra en plena madurez creativa, esa etapa tocada por lo divino en la que un creador consigue quedarse con lo esencial y dejar toda la paja y los artificios a un lado. De ello hay ejemplos sobrados a lo largo de todo el cómic. Destellos narrativos -visuales y escritos- de pura genialidad para representar a la perfección la confusión, el miedo, la desorientación o la rabia en la que se ven sumidos algunos de los personajes de Arrugas en determinados momentos.

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