Ardalén: Un Viaje Emotivo a Través de la Memoria y el Olvido

Miguelanxo Prado, una figura imprescindible del cómic patrio, nos presenta Ardalén, su obra más extensa y ambiciosa hasta la fecha. Este cómic, que le valió el Premio Nacional del Cómic 2013 y el de mejor obra nacional en el 31 Salón Internacional del Cómic de Barcelona, es una profunda exploración sobre el recuerdo y la memoria.

Ardalén es una historia sobre el recuerdo y la memoria y de como cada uno adecua este recuerdo, de manera consciente o inconsciente, a sus intereses. El título, que proviene del gallego "ar do alén" (aire del más allá), evoca un viento que sopla desde el mar hacia tierra adentro, trayendo consigo olores y reavivando recuerdos olvidados. Esta metáfora impregna toda la obra, donde las fronteras entre la realidad y la imaginación se desdibujan.

Paisaje costero gallego con niebla

La trama se centra en Sabela, quien intenta reconstruir la vida de su abuelo, un emigrante que abandonó a la familia para buscarse la vida en Cuba a principios del siglo XX. En su búsqueda, Sabela viaja a un pueblo de las montañas lucenses, donde conoce a Fidel, un anciano apodado "El náufrago". Fidel es el único superviviente de la inmigración al Caribe y vive con una memoria fragmentada, poblada por fantasmas y recuerdos de un pasado con pasajes irreales. La relación de amistad que surge entre Sabela y Fidel se convierte en el eje central de la narración, desentrañando poco a poco episodios de la vida del misterioso abuelo a través de diversos flashback.

«Los recuerdos, que son muchos, van y vienen, sin que yo consiga colocarlos. Nunca estoy seguro de qué sucedió antes o después, me bailan los nombres, las caras... Es como si el libro de mi vida allá se hubiese deshecho y me quedara en las manos un puñado de hojas que no consigo ordenar de nuevo. A veces, incluso, es como si esos recuerdos no fuesen míos... Somos lo que recordamos. Pero la memoria no es un registro objetivo e inalterable. Sabela intenta reconstruir una historia, una parte de su historia, a través de los recuerdos de Fidel. Pero hay más hilos que se van entretejiendo en ese proceso de recuperación, otras personas, otras memorias. Porque también somos lo que los demás recuerdan. Y en esas memorias, propias y ajenas, hay amor y cariño, y hay rencores y odios. Por eso recordar no es inocuo.

Pero quien no recuerda, no vive.

Ni siquiera estoy seguro de diferenciar lo que he vivido y lo que he imaginado.»

Primer plano de Fidel, un anciano con mirada perdida

La novela gráfica funciona como una caja de recuerdos familiares, donde fotografías, cartas y objetos ayudan a formar una idea del pasado. Para reforzar la verosimilitud y permitir al lector discernir entre la verdad y la fantasía, Prado incluye documentos oficiales como informes médicos, judiciales y policiales. Estos documentos, que también sirven para separar los distintos capítulos, son un recurso narrativo que recuerda a autores como Enki Bilal.

Ardalén no se apoya en grandes giros argumentales, sino que avanza paso a paso, llevando al lector a comprender el mundo de Fidel. Un mundo que, a través de los pinceles de Miguelanxo Prado, se presenta poético, sugerente y luminoso. La obra aborda temas como la construcción de la identidad, la soledad de la vejez, el estigma de la locura, el drama de la emigración y la desconfianza hacia los forasteros. Al mismo tiempo, es un canto a lo rural, al mar y a la belleza de la naturaleza, especialmente la de Galicia, cuyo paisaje se funde con el mar, creando un escenario mágico donde lo real y lo fantástico conviven.

Los diálogos entre Sabela y Fidel son el eje de la historia, dando vida a personajes muy bien definidos y tremendamente interesantes. Destaca también Tomás, un personaje secundario que encarna las habladurías, la desconfianza y las envidias de la comunidad, representando los defectos humanos en contraposición a la resiliencia de Fidel y Sabela.

Gráficamente, Ardalén es impresionante. El estilo consolidado y personal de Miguelanxo Prado se manifiesta en cada página. La narración es impecable, con una composición de página sencilla y un ritmo perfecto para la historia. El uso del color es especialmente destacable, no solo por la atmósfera y la luz que capta en bosques y mares, sino por cómo lo utiliza como herramienta narrativa para transmitir las emociones de los personajes. La obra contiene algunas de las secuencias más bellas dibujadas por Prado, reflejando el mimo dedicado a cada detalle.

Viñeta de Ardalén mostrando el paisaje gallego

La edición de Norma es espectacular, con un gran diseño, tapa dura y una reproducción de alta calidad. Disponible en castellano por Norma y en gallego por El Patito, ambas ediciones son una invitación a sumergirse en esta obra maestra.

Ardalén es, en definitiva, un cómic imprescindible que trata sobre la memoria y la identidad, lleno de poesía y con algunas de las mejores páginas de la extensa producción de Miguelanxo Prado. Una obra que se graba en el corazón y acompaña mucho tiempo, invitando a la reflexión sobre lo que somos a través de lo que recordamos y de lo que hemos olvidado.

Portada del cómic Ardalén

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