La Edad de Oro del cómic, una época que abarca desde finales de la década de 1930 hasta el año 1956, fue un momento de enorme auge del cómic estadounidense, publicándose los primeros cómics modernos y creándose el modelo de superhéroe que hoy tenemos más que asentado.
Superman, Batman o el Capitán América son algunos de los muchos ejemplos nacidos en este periodo, pero no todos los personajes tenían la misma suerte, algunos otros aparecían y desaparecían sin dejar huella.
Ese es el caso del personaje que nos ocupa, Mantor el mago, creado por el dibujante Al Gabriele que llegó a trabajar en las primeras aventuras del Capitán América y Namor.
Mantor apareció en el número 2 del volumen 1 de ‘La Antorcha humana’ en el año 1940, y hasta este mes de junio de 2024 no había vuelto a aparecer en ninguna otra obra de Marvel.
Ahora, lo ha hecho en el número 1 de la nueva serie de la Bruja Escarlata, y su regreso no podría haber sido más catastrófico.
Una muerte que parece sacada de ‘The Boys’ por su contundencia y crueldad, con el personaje intentando lucirse siendo nuevo empleado del Emporio de Wanda tras identificar unas criaturas, pero inmediatamente es aplastado y convertido en un charco de sangre en la que podría ser su última aparición tras casi un siglo apartado de la actualidad.
Mantor el mago, un personaje que nadie esperaba ver.
Pocos podían esperar que alguien como Mantor el mago volviese a aparecer más de 80 años después, pero la magia del cómic lo ha hecho posible, aunque no de la forma que al personaje le hubiese gustado.
Se trata de un personaje que está considerado como poco inspirado, similar a otros magos de Marvel como Monako y Mandrake, pero sin la chispa de estos, y es que no es casualidad que hasta este momento tan solo hubiese aparecido en un único número de Marvel.
Mantor al igual que Monako tenía poderes mágicos reales, algo que otro mago como Mandrake no llegó a tener y se tuvo que limitar a la magia escénica y el hipnotismo durante gran parte de su carrera.
En la historia de Marvel Comics hemos sido testigos de la muerte de una gran cantidad de personajes, y sus posteriores resurrecciones, pero quizás una de las más emotivas y que más han marcado a los lectores de cómics, ha sido la muerte del Capitán Kree Mar-Vell, a quien han dejado descansar en paz y continúa sumido en el sueño eterno.
La editorial que antaño había sido llamada Timely y Atlas, y que terminó llamándose Marvel Comics ya estaba fundada y llevaba unos años publicando historias de sus personajes con un gran éxito.
Stan Lee a través de Martin Goodman, se enteró que DC no tiene los derechos del nombre del personaje de los años 40 Capitán Marvel, al que ahora conocemos como Shazam.
Le parecía horrible que un personaje ajeno a la compañía llevara ese nombre ya que podía dar a equívoco, así que se puso manos a la obra y a través de sus abogados no consiguió los derechos del personaje pero sí consiguió que Marvel Comics se hiciera con los derechos del nombre, mientras que a DC le pertenecía el personaje.
Rápidamente surgió la idea de crear un personaje con ese nombre completamente diferente al clásico de los años 40.
Stan junto a Gene Colan nos presenta en Marvel Superheroes #12 y #13, en verano del 67, un soldado llamado Mar-Vell, de una raza alienígena, los Kree, que ya habían sido presentados anteriormente en la colección de los 4 Fantásticos.
En una misión en la que le es encargado un estudio tecnológico del Planeta Tierra, tras maravillarse ante la nobleza del ser humano, deserta y decide convertirse en defensor de nuestro Planeta y sus habitantes.
Tras este número la serie unos meses después contaría con una cabecera propia, e incorporando al mítico Roy Thomas para realizar los guiones que representarían el dibujo de Colan.
La serie no gozó del éxito que esperaba, y más aún con la marcha de Thomas y Colan en el número #6.
A partir de aquí se hicieron cargo equipos como Arnold Drake y Don Heck, y más tarde Gary Friedrich y Frank Springer.
Se trató de hacer remontar la serie de todas las maneras posibles, pero no lo consiguieron.
Así que como medida Roy Thomas tuvo que volver en el #18 (noviembre 1969) esta vez acompañado de Gil Kane, juntos traerían grandes cambios para el personaje, empezando por su apariencia y sus poderes, e incluyendo a un personaje que cobraría gran importancia en la colección y en la trayectoria de Mar-Vell, Rick Jones.
Esta etapa pese a ser recordada en estos tiempos como inolvidable y con los números muy representativos, para la evolución del personaje, no evitaría que la colección dejara de publicarse en el #19, viendo publicados los números #20 y #21 bastantes meses después, Junio y Agosto respectivamente.
En este parón de la colección, el personaje del Capitán Marvel compartió páginas con otros personajes Marvel, como por ejemplo Los Vengadores grupo del que era miembro.
Y vuelve a coger relevancia en el evento cósmico que enfrentaba a dos de las razas extraterrestres más famosas de la compañía, Los Kree y los multiformes Skrull.
No hablamos de otra saga más que de la conocida e imprescindible Saga de los 70, la Guerra Kree Skrull, incluida en Avengers 93 al 97 vol1 USA, en la que tanto el Capitán Marvel como su compañero Rick Jones fueron pieza clave en el desarrollo de los acontecimientos y su posterior resolución.
Todo apuntaba a que el Capitán Marvel volvería a tener una cabecera propia y con fuerzas totalmente renovadas.
Así en el 72 se retoma la colección de Capitan Marvel por su número 22, en Septiembre, teniendo en 3 números 3 diferentes guionistas como Gerry Conway, Marv Wolfman y Mike Friedrich, hasta que a partir del número 25 se hizo cargo de los guiones (con ayuda de Friedrich) y el dibujo un novato llamado Jim Starlin.
A partir de este momento el nombre de Jim Starlin iría ligado al nombre de Mar-Vell, puesto que se hizo cargo de la mejor etapa del personaje y artífice de varios de los mejores números y sagas del comic-book de los años 70 y siendo creador de un gran elenco de personajes de la Odisea cósmica que perdura hasta nuestros días.
Así pudimos ser testigos de su buen hacer en Sagas como la “Guerra Thanos” y mucho más adelante con “La Saga Thanos”.
Tras la Marcha de Starlin de la serie en el #34 (que tendrá gran importancia años más tarde) hubo grandes etapas como la de Steve Eglenhart, y un continuo baile de guionistas que entraban y salían de la serie como Scott Edelman o Doug Moench entre otros.
Pero ninguno fue capaz de repetir la hazaña que logró Jim Starlin y la serie finalizó en su #62 en mayo del 79 para continuar unos números más en Marvel Spotlight.
En los años 80 el director editorial de Marvel Comics era Jim Shooter, una persona al que siempre le ha perseguido la polémica, dadas sus decisiones empresariales y comerciales dentro de la compañía, decidió que la carrera del Capitán Marvel debía de cesar.
Por esos tiempos se había creado un personaje Captain Marvel II, Monica Rambeau, (aquí en España conocida como Capitana Marvel) y esto obligaba una sustitución en el puesto de héroe.
Para esta tarea decidió recurrir a quien mejor había sabido tratar al personaje, Starlin.
Jim Shooter siempre ha mantenido la opinión que su idea de retirar al personaje nunca fue la de provocar su fallecimiento.
Mientras que Jim Starlin siempre ha dicho que entendió este retiro como algo permanente.
Por lo que trabajó la idea elaborando el final de la vida del personaje que le había ayudado a alcanzar la fama.
En un principio la idea de Starlin era hacer que Mar-Vell muriera en una explosión de una manera épica, pero contratiempos en la vida del propio Starlin hacen que cambie de idea.
El padre de Jim Starlin muere de cáncer, y esto hace que el autor refleje en su obra este problema.
Aprovechando el último número en el que trabajó con el personaje, recordemos que es el 34, en el que el villano Nitro roba el compuesto 13 de un laboratorio del ejército y es detenido por nuestro héroe, que se ve obligado a exponerse a ese compuesto que es el que le provocará la enfermedad mortal.
Así el 10 de enero de 1982 es publicada la obra “La muerte del Capitan Marvel”, un cómic de 64 páginas en el que Starlin es autor completo y que estrena un nuevo formato de la editorial el formato Marvel Graphic Novel.
“Marvel Comic Group anuncia con pesar: La Muerte del Capitán Marvel. Disculpadnos por parecer Morbosos, pero es inevitable. El hecho lucroso es que el Capitán Marvel ha muerto. Todos los detalles serán publicados en la primera Novela Gráfica de Marvel, escrita e ilustrada por Jim Starlin. No te la pierdas. Para que así pueda descansar en paz.”
La obra nos narra la mayor batalla a la que se puede enfrentar un héroe, en el que ni el mayor de los superpoderes puede ayudarle, se enfrenta ante un enemigo invisible, intangible, que va consumiendo su fuerza, su salud y su esperanza.
Mar-Vell descubre que ha contraído cáncer ante la exposición de los gases que robó el villano Nitro.
Ante la indefensión de no encontrar la cura a su enfermedad El Capitan Marvel va rememorando los hechos más importantes en su vida y analizando cómo ha sido capaz de hacer frente a los mayores peligros.
Al mismo tiempo somos testigos cómo ha de ir viviendo sus últimos días e informando a sus seres queridos, mientras las mentes más privilegiadas de la Tierra junto a Mentor de Titan buscan desesperadamente, y en una carrera contrarreloj, algo para salvar a su aliado, compañero y amigo.
Starlin sabe reflejar perfectamente la desesperación del personaje, la pérdida de fe, la rabia… y sabe transmitirla perfectamente al lector.
Hay ciertas páginas y viñetas en esta obra que juegan con el silencio y los gestos que aportan un dramatismo como pocas veces se había visto anteriormente, nos es narrada una tragedia que va aumentando página a página.
Especialmente emotiva es la última parte de la obra donde la mayoría de los héroes… e incluso cierta raza enemiga, vendrán a dar la despedida a un noble héroe al que su mundo natal en los peores momentos le da la espalda.
Una obra que derrocha sentimiento en cada viñeta y que alcanza su clímax total cuando Mar-Vell abandona el mundo de los vivos para ser recibido por su peor enemigo que le servirá de guía en el otro mundo.
Para pasar a una última página que a más de uno le ha hecho contener una lágrima.
Una obra mítica.
Como mítica e icónica es su portada en la que se rinde un tributo a la piedad de Miguel Ángel, solo que esta vez los brazos que agarran el cuerpo inerte y sin vida, son los de la propia muerte.
Starlin hace un excelente trabajo, no solo en el guión, sino que se encarga del dibujo entintado y del coloreado de la obra y la verdad es que es de un gran preciosismo, que denota que puso todo su empeño.
Aunque como curiosidad me gustaría destacar que esta obra fue realizada mientras el autor sufría de una lesión en el dedo, cosa que le obligó a entintar la obra a rotulador y no con pincel y tinta, eso ha hecho que con el tiempo los originales se hayan perdido intensidad cromática, debido a que el paso del tiempo produce esta pérdida en tinta del rotulador.
Como ya hemos dicho anteriormente la obra salió a las tiendas el 10 de enero de 1982, siendo un éxito total en ventas, ya que en pocas semanas estaba completamente agotada.
No la describo como una obra recomendada. La describo como una obra de imprescindible lectura.
Nunca la muerte de un personaje de cómic ha sido relatada de una manera tan emotiva, tan épica, y cargada de tanto sentimiento como la que aquí nos ocupa.
Cuando en 1993 DC decidió matar a Superman en un impresionante y perfectamente bien orquestado plan narrativo que tenía tanto de épico como de comercial, mi yo de 11 años se llevó un buen berrinche.
No sé cuántas veces leí aquel tomo, con la chapa conmemorativa puesta en la camiseta, repasando una y otra vez las páginas de aquel tebeo en el que Superman recibía una tremenda paliza hasta que, finalmente moría en brazos de Lois Lane.
Pues eso, un berrinche monumental.
Pero no me puse ni la mitad de triste que cuando unos años antes leí otro cómic, La Muerte del Capitán Marvel.
Publicado en 1982 por Marvel Comics como parte de su flamante línea de Marvel Graphic Novels, La Muerte del Capitán Marvel (The Death of Captain Marvel) fue escrito y dibujado por Jim Starlin, gran arquitecto de la división cósmica de Marvel, con la colaboración del legendario Steve Englehart en el guion de algunos episodios previos.
Desde el primer vistazo, la obra se diferenció de los cómics habituales.
La edición estaba en formato europeo, con páginas de mayor tamaño y papel de calidad brillante, buscando un público adulto dispuesto a pagar el precio de cinco dólares con noventa y cinco centavos, que en la época era una pequeña fortuna a pagar por un tebeo (550 pesetazas en Marzo 1984 en la edición de Fórum para España).
Una inversión considerable en su momento, pero que valía la pena por la historia que contenía.
La narrativa comienza con Mar-Vell notando síntomas leves, como tos y cansancio.
Los kree también pueden acatarrarse, ¿no?
Lo que para cualquier lector podría parecer un simple resfriado pronto se revela como algo mucho más grave: el héroe ha desarrollado cáncer a consecuencia de la exposición a un gas cancerígeno liberado durante un enfrentamiento con el villano Nitro, en el número 34 de su propia serie.
Lo irónico y trágico es que sus propios poderes, los nega-bandas que le otorgaban fuerza, vuelo y resistencia, impedían que cualquier intento de curar su enfermedad fuera efectivo.
Durante los días que le restan de vida, Mar-Vell hace balance de su existencia, despidiéndose de amigos y aliados, y aceptando la inevitabilidad de su muerte.
Entre los visitantes se encuentran héroes y villanos, todos rendidos ante su legado.
Incluso Thanos, el titán loco, aparece no como antagonista, sino como guía hacia la muerte, subrayando que incluso el enemigo más temible reconoce la magnitud de la pérdida.
Uno de los aspectos más destacados de La Muerte del Capitán Marvel es la manera en que refleja la reacción de los personajes secundarios de la trama.
Spider-Man, por ejemplo, atraviesa lo que podría llamarse un bloqueo emocional: incapaz de asumir que un héroe tan poderoso pueda morir de manera tan mundana e inevitable, su desesperación y tristeza resultan palpables para el lector.
La obra logra transmitir que la grandeza de un héroe no reside únicamente en su fuerza, sino en la dignidad con la que enfrenta lo inevitable.
Starlin maneja esto con un uso impecable del silencio: páginas completas sin texto, en las que el colorista Steve Oliff complementa la narrativa con tonos que acentúan el peso emocional de cada escena.
Entre los elementos más comentados de la obra se encuentra la representación del cáncer como enemigo real, tangible y cruel.
La enfermedad de Mar-Vell no se resuelve con una explosión final ni con un plan brillante de un genio científico.
De hecho, la historia plantea un cuestionamiento doloroso para la comunidad heroica: ¿por qué no se había hecho algo para curar el cáncer antes?
Tantos grandes científicos e ingenieros, Reed Richards, Hank McCoy, Tony Stark… Ni siquiera la magia del Doctor Extraño sirve de ayuda en este combate definitivo para Mar-Vell.
Otro detalle relevante es que, a diferencia de otras muertes de personajes en el universo Marvel, la de Mar-Vell ha permanecido (relativamente) definitiva, aunque en la pasada década Marvel jugueteara con la idea de resucitar al personaje en un par de ocasiones, tal vez con un ojo puesto en los acontecimientos del UCM.
Han existido momentos de "resurrección" o apariciones fantasmales, pero nunca ha vuelto al mundo de los vivos de manera definitivo, algo que honra el legado del personaje y que de alguna manera parece seguir siendo una línea roja para la editorial.
Tal como está el patio, hay que aplaudir la integridad de la editorial, ya que respetar esta decisión subraya la lección central de la historia: la muerte es el momento definitivo, y definitorio, de toda existencia.
Así el legado de un héroe no depende de su supervivencia física, sino de las acciones y valores que dejó atrás, y el de una editorial de cómics, el de respetar y mantener su propia integridad narrativa y respetar el trabajo de sus autores y artistas.
La Muerte del Capitán Marvel fue un ejemplo temprano de cómo los coloridos cómics de superhéroes podían tratar temas adultos, complejos, duros y emocionalmente impactantes.
En el contexto de 1982, Marvel buscaba diferenciarse con su línea de graphic novels, ofreciendo historias de gran formato, con calidad de impresión superior y contenido pensado para un público más maduro.
El impacto no fue inmediato en términos de ventas masivas, pero sí en la conciencia de los lectores y en la percepción de lo que un cómic de superhéroes podía alcanzar.
Muchos fans comprendieron que el género no estaba limitado a peleas interminables o giros espectaculares, sino que también podía ofrecer experiencias profundamente humanas.
Una vez más Marvel supo jugar como nadie la idea que hace grandes a sus personajes, que es la humanidad inherente de todos ellos.
Decenas de años después, La Muerte del Capitán Marvel sigue siendo un referente obligado cuando se habla de muertes significativas en los cómics.
No son pocos los lectores y fans de Marvel de mi generación que recuerdan esta historia como una de las más significativas de su vida.
Su crudeza y madurez contrastan con otras pérdidas más recientes, donde la resurrección casi inmediata de los personajes ha restado gravedad a sus muertes.
En términos narrativos, el cómic también sirvió como modelo para explorar la muerte de los héroes de manera reflexiva.
En una industria donde los reseteos, los What if?
Para cualquier lector joven o adulto que se acerque a este cómic hoy, sigue siendo un golpe de realidad y emociones fuertes.
Nos recuerda que incluso los héroes más poderosos pueden sucumbir ante lo que ningún poder puede derrotar, y que la verdadera inmortalidad reside en la forma en que nuestras acciones y nuestra integridad son recordadas.
En 3DJuegos | Marvel imprimió un cómic usando sangre real.
Ha salido a la venta la reedición de un clásico de Marvel, La Muerte del Capitán Marvel.
Esta novela gráfica de Marvel es una clase magistral de cómo matar un Superhéroe.
No hace falta saber nada sobre el personaje para disfrutar con esta historia y quedar en estado de “shock” al finalizar el relato.
Yo mismo no he leído nada más que este cómic sobre el Capitán Marvel y me vi a mí mismo cerrar el libro poco a poco, triste, después de ver a nuestro héroe partir.
Jim Starling es el culpable de esta obra maestra.
Cuando escribió esta historia su padre acababa de fallecer y esta fue su manera de afrontarlo.
Se basó en la parte más humana de los “supers“, en la muerte todos somos iguales.
Un must-have en vuestra librería.
¿Es necesario que muera alguien en el arco argumental?
Por ejemplo, la muerte de Steve Rogers al final de Civil War (Captain America #25) era casi la única manera de terminar con la lucha.
Un símbolo caído.
Un cómic que recuerda a un film de Oliver Stone.
Un thriller sobre el encarcelamiento del capitán.
En otros casos la muerte del Superhéroe es en sí la historia.
Normalmente estos cómics suelen ser reclamos de marketing para subir las ventas y su calidad no es muy allá.
En estos casos encontramos cómics deliberadamente titulados “La muerte de…” como el cómic de 2014 La muerte de Wolverine o La muerte de Superman.
Fueron estrategias de marketing que hicieron que el mundo entero hablase del tema durante los meses previos a la publicación.
Para mi, una de las grandes muertes es la de Colossus (Uncanny X-Men #390).
Una demostración de historia con sentido, con causa y consecuencia.
El legacy virus es el culpable de la muerte de Magik y un triste Colossus debe sacrificarse para conseguir la cura definitiva.
Lo que nos lleva a la siguiente pregunta.
¿Cómo tiene que ser la muerte?
¿Tiene que ser algo trágico?
Tomemos como ejemplo el malogrado cómic Ultimatum que finalizaba el universo Ultimate de Marvel.
En cualquier caso, Ultimatum es uno de los peores cómics que se ha publicado nunca y en él vemos como uno tras otro van muriendo todos los superhéroes y villanos casi sin ton ni son.
El caso contrario sería el final de la película Infinity War.
En ella los Superhéroes van convirtiéndose en polvo y tienen en mayor o menor medida su momento de respeto, su momento de silencio.
Estas muertes causan un gran efecto dramático al espectador.
Y como no, la traumática muerte de Spiderman.
A bote pronto respondería que sí.
La sorpresa de que alguien muera es mayor si no matas cada día a alguien.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que los Superhéroes trabajan en situaciones de vida o muerte.
En Una muerte en la Familia del mismo Jim Starling.
El joven Jason Todd es asesinado como si nada por el villano Joker.
Es un muerte dura.
Muerte de Robin, Jason Todd.
El cómic fue uno de los más vendidos y el destino de Robin fue definido por votación de los fans que podían votar por su muerte o no.
Justo después el departamento de licencias de DC se dio cuenta de que tenían contratos que implicaban que debía haber pijamas y otros artículos de Robin.
Es por eso que poco después Robin fue devuelto a la vida.
Flash parece uno de esos personajes que pasan más tiempo resucitando que luchando.
Flash ha muerto nada más y nada menos que 15 veces y todas ellas ha vuelto a la vida.
Pero la pregunta es obvia.
¿Queremos que la muerte sea una especie de puerta giratoria para los personajes?
¿Cuál es el punto de matarlos si luego van a regresar?
En cualquier caso, supongo que como en cualquier otro tema, la clave está en el equilibrio.
Lo que más me chirría o me molesta es resucitar aquellos personajes que han tenido una muerte perfecta.
Una vida llena enmarcada con una bonita muerte.
Que me explique Joss Whedon por qué trajo de vuelta a Colossus en Astonishing X-Men.
Y creo que eso es todo.
«La nube (niebla) terrígena es de origen Inhumano, y está comprobado que es virulenta para los mutantes (...) porque tanto como la niebla terrígena significa muerte para nosotros, significa vida para los Inhumanos, sin la niebla, no nacerían más Inhumanos.» - Death of X #1
Death of X (toda la saga) relata la historia que responderá a la incógnita sobre la desaparición de Cyclops, y además, establecerá algunas tragedias que incrementarán la tensión entre inhumanos y mutantes desencadenando la guerra.
Cuando nos referimos a tragedias, hablamos, indefectiblemente, a decesos; es que, últimamente, Marvel ha optado por la vía más rápida (y poco creativa) para llegar a la emoción de su público: eliminar sus personajes más queridos.
En Death of X #4, el equipo de mutantes liderado por Cyclops se embarca en una misión de vida o muerte con el propósito de modificar la niebla terrígena que amenaza la existencia de los mutantes.
Tras el noble sacrificio hecho por Alchemy, el único mutante capaz de llevar a cabo tal tarea, la niebla terrígena es modificada y el plan de Cyclops es un éxito.
Inmediatamente a esto, Medusa y Black Bolt llegan a escena, y luego de una breve discusión, el inhumano vaporiza con su voz a Cyclops ante la mirada impotente de todos los mutantes.
Luego de conmemorado el funeral de Scott, Emma Frost decide hacerle una confesión a Alex, hermano de Scott: Cyclops no murió tras el enfrentamiento con Black Bolt.
Emma cuenta que Cyclops había muerto hace ya bastante tiempo, para ser específicos, inmediatamente después de haber comenzado la misión, sucumbiendo al envenenamiento por M-Pox.
A partir de allí, Emma, motivada por el dolor y la locura, decide transformar a Scott en una idea -ya que "las ideas nunca mueren"- reemplazando a Cyclops con una proyección telepática; en otras palabras, el Cyclops visto desde el issue #1 no era otra cosa más que una proyección hecha por Emma.
De esta forma, queda aclarada una de las muertes más inesperadas en los cómics recientes.
Eras bastante odioso, Scott, pero te extrañaremos... Hasta tu inevitable resurrección editorial, Cyke.
¡Nos vemos pronto!
Pero antes de finalizar, me gustaría destacar esta viñeta...
Que Alchemy modificara la esencia de la niebla terrígena tuvo severas consecuencias.
Intoxicado, el cuerpo de Alchemy comienza a reaccionar y, de a poco, a morir; pero antes de que esto sucediera, Sunfire emite el siguiente comentario:
Creo... creo que el chico está enfermo.
¿En serio, Sunfire?
¿Realmente crees que el muchacho está mal?
Yo pensaba que las miles de ampollas y deformaciones cutáneas eran simplemente por moda...
Tienes madera de doctor, sin dudas.
Bueno, más allá de mi comentario irrelevante (tenía que hacerlo), ¿qué te pareció el issue?
¿Qué opinas sobre Death of X?
El término «novela gráfica» no lo ha inventado ahora «un iluminado, para dar lustre a los tebeos», como más de un detractor de los cómics ha pensado alguna vez.
No ir más lejos, ya se empleó en 1982 en la casa de las ideas para bautizar una serie de cómics con un acabado más pulido, tapa dura, mayores dimensiones y sin publicidad.
El personaje de Mar-Vell (nombre de pila del Capitán Marvel) tal y como lo conocimos en los últimos tiempos nació de rebote tras diversos conflictos por plagio, posesión de derechos o nombres registrados.
Así, en primera instancia era un tipo descaradamente parecido a Superman (un extraterrestre -uno kree, el otro kryptoniano- de apariencia humana con superpoderes); más tarde, surgieron problemas porque su nombre coincidía con el de la casa fundada por el señor Stan Lee.
Incluso se dio la circunstancia de que tanto DC Comics como Marvel Comics publicaron al unísono historias del mismo personaje aunque con diferente nombre y aspecto.
Visto lo visto, no es extraño que en una de las purgas habituales que suelen hacer las editoriales, se decidiese que Mar-Vell pasara a mejor vida.
El encargo de acabar con el guerrero kree recayó en exclusiva en Starlin, el autor que había abanderado su mejor etapa, que se encargó de lápices, tinta, color y guion.
Pero cerrar de manera digna la historia del Capitán Marvel no era una tarea fácil sobre todo con la trayectoria tan irregular que había llevado: tan pronto corría aventuras inspiradas en las del hombre de acero como en las de Flash Gordon.
Starlin se tomó literalmente lo de acabar con él, y le preparó un traje de pino.
Habitualmente, las muertes en los comic-books terminan como el rosario de la aurora porque, escaldado por experiencias anteriores, sospechas que más adelante los guionistas pueden echar mano de clones, de viajes en el tiempo, de realidades paralelas o, en el colmo de los colmos, de que una entidad mística haga un reset de todo el universo y aquí paz y después gloria.
Es decir, como en una máquina recreativa: te matan pero sabes que tienes más vidas (si introduces más monedas).
Pero Starlin narra a la perfección la idea de irreversibilidad, lo que consigue que su historia, la historia del Capitán Marvel, tenga calado, auténtica sensación de pérdida.
Casi tan rápidamente como en Crónica de una muerte anunciada, conocemos la suerte que va a correr Mar-Vell: se nos dice que años atrás estuvo expuesto, durante una de sus aventuras, a gas nervioso, lo que aún a pesar de sus poderes y organismo superior, ha derivado en un cáncer terminal.
A través del relato del protagonista que, conocedor de su inminente final, graba cintas contando toda su vida, esbozando casi una hagiografía, descubrimos que luchó como el que más por su planeta adoptivo, que tuvo enemigos casi omnipotentes como el colosal Thanos (hay quien mide su huella en la historia en función de la talla de sus enemigos), que sufrió y fue herido, pero que también amó y fue querido.
Una de las mejores páginas del cómic relata cómo Mar Vell comunica a su amada su enfermedad mientras son observados desde la ventana.
La composición de las viñetas y el lenguaje corporal transmiten la profunda pena de los personajes sin utilizar ni una línea de texto.
Por cierto, no se lleven a engaño: a pesar de la temática y el ritmo de la historia, también hay ocasión de presenciar viñetas en las que se reparte estopa, ya sea en algún flashback o en alguna lucha contra enemigos o demonios internos.
Starlin, con una calidad gráfica excepcional, humaniza a los superhéroes de la manera más cruda: también pueden morir tras una larga enfermedad.
Y es que, como pone en boca de La Bestia: «Bajo estos trajes de fantasía y estos llamativos poderes se esconden hombres y mujeres mortales».
También vemos el dolor en las lágrimas de Spiderman, la emotividad en los habitualmente circunspectos Skrull al acudir a su lecho de muerte y reconocer la valía de uno de sus mayores enemigos, la frustración de las mentes superdotadas de Reed Richards (Mr.
Si hacemos caso del dicho «bien está lo que bien acaba», la historia del Capitán Marvel ha sido entonces fenomenal.
No creo que exista un personaje con un desarrollo tan errático y un final más apoteósico.
