Anacleto, el agente secreto paródico de Manuel Vázquez

Anacleto, agente secreto es una serie de historietas creada por Manuel Vázquez Gallego en 1964 para las revistas de la Editorial Bruguera, y protagonizada por el personaje homónimo.

La serie nació a rebufo del éxito de las novelas y las películas de espionaje de los años cincuenta y sesenta, especialmente las novelizadas por Ian Fleming con el agente 007 como protagonista, pero también otras muchas, como Charles Vine (Licencia para matar / Licensed to kill, 1965), Harry Palmer (The Ipcress File, 1965) o Derek Flint (Flint, agente secreto, 1966 - con referencia expresa en el DDT nº 78).

En el momento en el que nace Anacleto ya se habían estrenado en España las dos primeras películas de James Bond: Contra el Dr. No y Desde Rusia con amor.

No fue esa la única influencia, claro. Poco después también llegaron series de televisión como Get Smart (el Superagente 86 en España), muy en la línea de Bond, aunque en clave de humor.

De hecho, el propio Vázquez explicó en una ocasión que se había inspirado en Maxwell Smart, el protagonista de dicha serie, con Anacleto.

Entendemos que fue una influencia posterior, ya que la serie debutó en EEUU en septiembre de 1965, casi un año después del nacimiento de Anacleto, y llegaría a España posteriormente.

Hubo más series y películas en tono paródico, pero muy posteriores, como Johnny English (2003) o la saga de Austin Powers.

En el mundo de la historieta también se crearon parodias del género, como Superagente 327 (Martin Lodewjck), Pepe Sánchez (Robin Wood & Carlos Vogt) o Steve Pops (Devos).

En España tuvimos al Agente 0077 de Torá (1966-67), al Agente 7-7-cero-a la izquierda, de Rojas de Cámara (Jaimito, Editorial Valenciana, 1967) y, por supuesto, a la nueva etapa de Mortadelo y Filemón en la que los agentes pasaban a trabajar en la T.I.A. (El sulfato atómico, 1969).

De nuestro país también se emitieron muchas otras series de espionaje, como Cita con la muerte (Danger Man, 1960), Los Vengadores (1961), El agente de la C.I.P.O.L. (1964), El agente secreto Drake (1960), El Santo (The Saint, 1963), Yo soy espía (I Spy, 1965) o Misión imposible (Mission Impossible, 1966).

Series de espionaje de los años 60

De hecho, tanto Anacleto como Mortadelo y Filemón (y muchas otras series del mundo del cómic, como El agente 007, de Torá o El agente 7-7, cero a la izquierda de Rojas de Cámara) utilizaron la fórmula humorística para parodiar el género de espionaje y contraespionaje.

Es normal, pues, que existan paralelismos entre las historietas de Anacleto y las de Mortadelo y Filemón, ya que ambas tenían un referente común, especialmente a partir de 1969, cuando los agentes creados por Francisco Ibáñez empiecen a trabajar en la T.I.A.

Ambas series tienen como protagonistas a agentes secretos, que trabajan al servicio de un superintendente o jefe (el gran jefe o jefe supremo, en el caso de Anacleto, "M", en el caso de Bond), utilizan entradas secretas y contraseñas, mensajes en clave y puntos de encuentro altamente confidenciales, donde coinciden con agentes con nombres también encriptados (009, X-19, X-325-BX...).

Tanto Anacleto como Mortadelo visten de esmoquin, como el agente 007 y, al igual que este, tanto Filemón como Anacleto también usan una pajarita negra en el cuello (hay referencia explícita a 007 en el DDT nº 80).

Todos ellos utilizan inventos, como los que desarrollaba "Q" en las novelas de Ian Fleming.

Bacterio lo hace, sin demasiado éxito, en la serie de Ibáñez, y a Anacleto le vemos en alguna ocasión desarrollando sus propios inventos y gadgets, como un cinto anti-gravitacional (Pulgarcito nº 1861) o un cohete portátil para volar (Din Dan nº 30).

Pero utiliza muchos otros (como el mencionado zapatófodo, además del desintegrador portátil de materia, un maletín con guante de boxeo incorporado, un mini-helicóptero, un mechero multiusos, una loción invisibilizadora, un bolígrafo superdesintegrador de hidrógeno, unos zapatos ventosa para trepar por los muros, una escalera de bolsillo...).

Las historietas del DDT nºs 78, 79 y 108 son un homenaje en sí mismas a todos esos inventos de Anacleto. Bien merecen una relectura.

Gadgets de Anacleto

El leitmotiv de muchas de las misiones de las historietas cortas es también un denominador común en ambas series: robos de planos secretos de alguna organización enemiga, hacerse con microfilms, llegar a algún punto de encuentro altamente confidencial o llevar algún objeto ultrasecreto a algún lugar remoto.

Tanto Ibáñez como Vázquez parecían mirarse de reojo en aquellos años ya que, cuando uno lee las historietas de Anacleto encuentra numerosos paralelismos con Mortadelo y Filemón.

¿Se han fijado en que Anacleto también utiliza el recurso del disfraz en sus primeras historietas?

Se convierte en paraguas o en perchero a voluntad (Pulgarcito nºs 1773 y 1774), también utiliza sendos disfraces de perro en la historietas de los DDT nºs 22 (11/XI/1967), 54 (29/VII/1968) y 185 (1/II/1971), de ancianita en el nº 76 (30/XII/1968) y de gitana y de gato (Gran Pulgarcito Extra Verano 1970), y muchos otros en la historieta del DDT nº 186 (8/II/1971).

Es igualmente evidente el parecido de muchos de los finales de ambas series, que cierran con una escena cómica en la que los protagonistas golpean al Súper o al "jefe supremo" tras producirse alguna situación absurda, mientras un periódico ficticio relata lo sucedido a modo de epílogo.

El periódico como viñeta final es un broche humorístico perfecto con el que parodiar aún más aquellos finales dramáticos.

Al igual que casi todas las series, especialmente las que tienen más éxito y logran prolongarse un tiempo suficiente en el mercado, también Anacleto sufrió una profunda evolución, especialmente a lo largo de sus primeros años.

El protagonista nació sin pelo en su primera página, aunque Vázquez decidió dotarle de cabello a partir de entonces, justo al revés que Mortadelo, que lo perdió por culpa de un invento fallido del profesor Bacterio.

Las tramas iniciales, como hemos comentado, son bastante simples, teniendo en cuenta que el dibujante solo disponía de una página (dos, en el caso escepcional de algunos números, en su mayoría extraordinarios).

Por tanto, Vázquez se valía siempre de argumentos recurrentes, pero con los que preparaba un gag final, hinchado, muy en la línea de las primeras historietas cortas de Mortadelo y Filemón.

Su jefe supremo le envía a los lugares más recónditos y al corazón de organizaciones enemigas para conseguir algo que a menudo termina siendo algo sin importancia para el agente, solo importante para su jefe, o bien Anacleto mete la pata robando el objeto equivocado.

Aquellas historietas también nos hablan de la vida cotidiana de Vázquez, siendo reflejo, en ocasiones, de sus problemas de morosidad (alquileres, sastres...), que también sufre Anacleto en primera persona.

También le vemos echando la quiniela, contratando a un fontanero o a un pintor, recogiendo setas, pagando la factura de la luz, colándose en el Metro, robando manzanas o huyendo de su profesor de matemáticas.

Situaciones comunes y corrientes, muchas de las cuales seguramente se producían en la vida de Vázquez y que le servían como punto de partida a la hora de crear sus historietas.

Es normal que incluso se repitan a lo largo del tiempo, como las historietas oníricas (DDT nºs 39 (15/IV/1968) y 50 (1/VII/1968), Din Dan nº 12 (6/V/1968) y 79 (18/VIII/1969) y Pulgarcitos nºs 1803 (29/XI/1965), 1804 (22-29/XI/1965), 1861 (2/I/1967) y 1864 (23/I/1967), que a veces resultan ser pesadillas (Pulgarcito nº 1842 - 22/VIII/1966).

Quizá Vázquez también experimentó ese cansancio, dada su conocida vida nocturna, al tener que ponerse a dibujar al día siguiente.

Son muchas las historietas en las que Anacleto tiene que huir de su domicilio o de su barrio, perseguido por numerosos matones, muchas veces de aspecto oriental (como Yu-Li-Yin - DDT nº 47 -) o forzudos descomunales (como Joe el Grandote - Din Dan nº 30 -).

Precisamente un gag recurrente es la visita de "Joe", al que todos imaginamos como un auténtico matón, pero que resulta ser un tipo pesado que solo quiere jugar al parchís, repasar matemáticas con Anacleto, pintar su casa o que el agente le afile un cuchillo (mismo recurso y desarrollo, pero con diferente desenlace).

Vázquez reutilizaba viñetas y gags con cierta frecuencia.

La última viñeta de las historietas de los Pulgarcitos nºs 1797 (11/X/1965) y 1854 (14/XI/1968) son muy similares, con Mickey Mouse proyectándose en una pantalla de cine.

También se resuelven de idéntica forma las historietas de los Pulgarcitos nºs 1802 (Almanaque 1966 - 15/XI/1965) y 1865 (30/I/1967): al revelar las fotografías secretas tomadas por Anacleto se descubre que el agente había puesto la máquina al revés y se había retratado en todas las instantáneas.

La repetición de argumentos será una constante en la serie de Anacleto, aunque el dibujante en ocasiones entregaba esas historietas para revistas diferentes.

Otro gag recurrente, que además se produce al final de las historietas y que Vázquez empieza a explotar a partir de 1971, es la muerte del personaje y su posterior resurrección a los cielos, donde el dibujante juega con un gag final que hace que la escena resulte especialmente cómica.

El primer final así se produce en la historieta publicada en la revista Mortadelo nº 8 (18/I/1971), tras sufrir Anacleto en primera persona la explosión de un paquete-bomba que iba destinado a su jefe.

Posteriormente aparecerán gags similares en otras historietas, como "Operación Reloj" (Super Pulgarcito nº 3, II/1971) o "Misión: Guardaespaldas" (Mortadelo Extra Carnaval, II/1971).

Vázquez se divierte con su personaje, imprimiendo un ritmo narrativo fresco y trufando las historietas de gags recurrentes.

El dibujante repite con mucha frecuencia la frase "Anacleto nunca falla", que el agente cacarea para reivindicarse a sí mismo.

También hacen acto de presencia otras expresiones características, como el célebre “¡horreur!”, que Anacleto exclama en los momentos más comprometidos, o la contraseña “Me-dia-copi-ta-deo-jén”, siempre acompañada del inconfundible soniquete que la convirtió en un guiño recurrente de la serie (al menos en el Pulgarcito nº 1836, en el DDT nº 80 y en el Mortadelo Extra Carnaval 1971).

El dibujante también se vale del humor surrealista para reforzar ciertas situaciones cómicas.

Así, podemos ver al protagonista abriendo un tronco de un árbol con una cremallera o dibujando un cañón en una pared para, acto seguido, dispararlo y liquidar a un rival (DDT Almanaque para 1968 - XI/19967).

En 1966 la serie está aún evolucionando.

A partir del Pulgarcito nº 1812 (24/I/1966) Vázquez comienza a dibujar de manera habitual un cigarrillo en la boca de Anacleto, que se convertirá en una de sus señas de identidad.

Su aspecto seguirá evolucionando y en esa época también empieza a ser habitual advertir esos mechones de pelo en su cabeza, que posteriormente evolucionará a una suerte de flequillo, otro rasgo distintivo del personaje.

La evolución se asienta un poco más hacia 1968, etapa en la que aún podemos toparnos con algunas metáforas visuales, tan propias de Vázquez, y que tanto explotó Ibáñez en las primeras historietas de Mortadelo y Filemón (Din Dan nº 1, 19/I/1968).

Y es que Vázquez dominaba la expresividad.

Desde el principio, y a lo largo de los años, el rol de "villano" en las historietas de Anacleto lo ejercieron agentes de las organizaciones enemigas, como en las novelas de espionaje.

Matones como Joe el "Trituralijas", Jack el Gigante, Yu-Li-yin, Julius, Joe el "Elefante", Brutus, el "Lobo" o Mac el "Molécula", espías (como 327BC3), villanos (como el terrible "Negrus") y hasta engendros mecánicos y alienígenas.

Sin embargo, en las primeras historietas, el jefe supremo de Anacleto también le servirá a Vaźquez para crear un contrapunto en la historieta, al chocar una y otra vez jefe y subordinado, casi siempre por malos entendidos y situaciones absurdas, que solo benefician al primero.

Ese recurso del gag entre jefe y agente es explotado con asiduidad por Vázquez.

El responsable de Anacleto representa la antítesis del agente: es bajito, gordo y calvo, además de llevar gafas y bigote.

Y incluso Vázquez destacó gráficamente esa distancia jerárquica entre ambos dibujando al jefe fumando puros, frente a los Celtas que fuma Anacleto, un tabaco barato.

El dibujante supo crear esa química entre los personajes que a menudo termina en situaciones tensas que llegan a rozar el sadismo: con torturas que recuerdan por momentos a las de las historietas de Mortadelo y Filemón, aunque las influencias de Escobar, anteriores, seguro que tuvieron mucho peso.

Además de los rasgos físicos ya comentados sobre el personaje, Vázquez deja alguna pista más a lo largo de las historietas.

En "Operación Heliotropo" se mencionan sus proporciones: 1'73 metros de alto y 0,70 de ancho (a la altura de los hombros).

En cuanto a la personalidad del personaje, podemos definir a Anacleto como una persona muy activa (para nada perezosa).

Es obediente y cumplidor (o al menos lo intenta), con ciertas habilidades criptográficas que le permiten descifrar muchos mensajes en clave (aunque alguno se le resiste).

El agente es bastante despistado y a veces comete errores flagrantes.

Vázquez no nos cuenta mucho sobre su vida personal.

Sabemos que no tiene hermanos, según la historieta publicada en el DDT nº 25 (8/I/1968), y que, al menos temporalmente, vivió en el nº 7 de la calle Cerradura (Din Dan nº 20, 1/VII/1968).

Las aventuras de Anacleto se desarrollan en un país desconocido que bien podría ser el nuestro (o quizá Vazquezlandia, Turulandia...).

La mayoría de las historietas suceden en entornos urbanos, con frecuentes escapadas del agente a lugares remotos, en el campo, la montaña, islas, e incluso el desierto, especialmente el del Gobi.

Para llegar a esos lugares, a menudo tendrá que atravesar mares llenos de tiburones, que Anacleto parece mantener siempre a raya, ya que nunca consiguen devorarlo.

Mapa de localizaciones de Anacleto

Entre abril y mayo de 1968, Bruguera decidió modificar la cabecera de las historietas de Anacleto que aparecía en la revista Din Dan.

Poco después, la editorial también utilizó dicha cabecera en las historietas publicadas en DDT.

Así, se dejó de utilizar el logo clásico, con el lema "Anacleto, Agente Secreto", y se introdujo uno nuevo con el mismo título, pero confinado en un antifaz de color negro.

Dicha cabecera se mantuvo, salvo en contadísimas excepciones, durante varios meses, hasta el verano de ese año, cuando en el Din Dan nº 24 (VII/1968) se incorporó un tercer modelo en el que Anacleto disparaba a una diana que Vázquez había colocado en la "O" de Anacleto.

Durante esos meses llegamos a ver los tres modelos bailando en las dintintas revistas en las que se publicó la serie, y a las que se unió una cuarta cabecera, una de las más icónicas, que empezó a a...

Anacleto nunca falla.

Esa frase que se apropia el agente secreto es, en realidad, la mejor forma de definir lo que consiguió el genial Manuel Vázquez con aquel personaje que creó a mediados de los 60 y que fue configurando poco a poco, tanto en su aspecto definitivo como en el de su tan particular universo.

Vázquez dio con la clave para hacer una parodia del James Bond cinematográfico que tanto éxito empezaba ya a cosechar en la gran pantalla desde un par de años antes, pues James Bond contra el Dr. No llegó a las pantallas en 1962 pero que al mismo tiempo trascendiera esa misma concepción referencial.

Y aunque Mortadelo y Filemón llegaron antes y se han quedado el honor de ser los agentes secretos más famosos de la historieta española, e incluso con algunos elementos comunes entre las creaciones de Francisco Ibáñez y el propio Vázquez, Anacleto no les va a la zaga.

Siempre se ha movido en historias cortas, el formato en el que Vázquez se movía como pez en el agua, estirando el número de páginas de la única que tenía en sus inicios a las doce que tuvieron algunas de las historias más populares como El malvado Vázquez, en la que el mismo autor se reciclaba a sí mismo como uno de los villanos de la serie.

No, Anacleto nunca falla.

¿Y lo mejor? Es verdad que hace falta que un medio más popular que el cómic, el cine, se fije en este tebeo para que recupere la notoriedad que nunca debió perder, pero bienvenida sea Anacleto: Agente secreto (aquí, su crítica), si eso implica un instante para recuperar la obra de Vázquez.

Con un vistazo rápido a la sección de historietas de este volumen, es bastante evidente la evolución de la historieta, por su narrativa, por su diseño e incluso por unos personajes que no estaban del todo perfilados cuando la serie echo a rodar.

Y Vázquez, poco a poco, va creando un universo extraordinario, con un humor muy particular, con un Jefe indispensable para entender al agente protagonista (con un papel mucho más destacado que el del Súper de Mortadelo y Filemón).

Se le puede achacar a Vázquez una querencia a repetir algunos gags que funcionaban, pero eso lo compensa la portentosa imaginación desplegada en cada historieta, que le llevaba a mostrar conceptos tan arriesgados como el del monigote que cobra vida en una de las primeras historias del libro o el tronchante juego de dobles en El sosias.

Salvando esas repeticiones de esquemas, motivadas por una serie de periodicidad corta, el ingenio de Vázquez es increíble.

Si hay una evolución clara en las historias, mucho más en el dibujo.

El mismo Anacleto cambió desde esa primera página que aparece en el volumen, el histórico debut del personaje, pero sobre todo fue mejorando el estilo, el trazo y la misma composición de cada página.

El aspecto más o menos definitivo llega cuando Vázquez abandona la bicromía y apuesta por presentar sus páginas a todo color.

A partir de ahí, su enorme imaginación se dispara, las onomatopeyas alcanzan un papel fascinante en la narrativa, la rejilla clásica de cuatro o cinco tiras en cada página va cambiando de forma sutil y a conveniencia de la historia, la parodia alcanza un grado superlativo cuando incluye un cameo del mismísimo James Bond personificado en Sean Connery o incluso cuando rinde homenaje al cómic con la figura de Popeye.

Si en los chistes apuesta por alguna repetición, en el dibujo no las hay ni por asomo, e incluso cuando quiere provocar la risa con una argucia ya vista con anterioridad, Vázquez inventa a cada paso que da, e incluso con los mismos personajes que conocemos desde la primera de las páginas.

El volumen recopila las mejoras tiras de Vázquez de Anacleto, agente secreto, que comenzaron a publicarse en la revista Pulgarcito en diciembre de 1964.

Portada de Anacleto, Agente Secreto

El Gran Manuel Vázquez es uno de los mayores genios del cómic de humor, considerado por muchos expertos como el mejor historietista español de todos los tiempos.

El genial Manuel Vázquez Gallego (1930-1995) resultó ser su última creación de gran calado tras haber parido con anterioridad otro par de clásicos imprescindibles de la historieta española: Las hermanas Gilda en 1949 y La familia Cebolleta en 1951.

Anacleto debutó en la inevitable revista Pulgarcito en su número 1.753 fechado en diciembre de 1964 y se dejó caer después en todos los tebeos importantes de la época como el Gran y el Super Pulgarcito, Din Dan, DDT, Mortadelo, Tío Vivo…

Sus aventuras fueron recopiladas también en los álbumes Olé y Alegres historietas, publicaciones todas ellas de la editorial Bruguera de la cual Vázquez era máximo exponente de su escuela, parca en decorados de fondo pero brillante en el dinamismo de sus creaciones, junto a Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón, agencia de información).

El cierre de la misma en 1986 supuso también el final de Anacleto, tanto de la obra ideada por su creador como la firmada por autores apócrifos que se hicieron cargo del personaje durante los, digamos que…periodos de esparcimiento del padre de la criatura.

Vázquez dibujaría por última vez al personaje en el número 5 del fanzine erótico granadino Espuma fechado en 1995 en una historia a todas luces pornográfica y cuanto menos curiosa, ya que son las mismísimas hermanas Gilda las que le acompañan en un más que irreverente menage à trois.

La irreverente portada del fanzine espuma num. 5 con Anacleto y las Hermanas Gilda de protagonistas.

El protagonista trabaja para una agencia de espionaje indeterminada, luce flequillo (en sus primeras aventuras aparecía con una calva monda lironda), fuma como un descosido y viste smoking con camisa blanca y pajarita al más puro estilo James Bond, aunque lo cierto es que su creador reconoció haberse visto más influenciado por el televisivo Maxwell Smart/Superagente 86 interpretado por Don Adams que por la creación de Ian Fleming.

La utilización con mayor o menor fortuna por parte de nuestro protagonista de toda suerte de gadgets tecnológicos de última generación, la relación con su tiránico jefe y con villanos clásicos como el profesor Boro, el propio malvado Vázquez, o con el simpático tiburón que termina por perseguirle en muchas de sus aventuras, así como el desarrollo de todos los topicazos propios del género de espionaje, son recurrentes a lo largo de toda la serie.

El ritmo visual y narrativo es fresco y desenfadado, dando lugar a situaciones cada vez más surrealistas e historietas en las que nuestro torpe agente nunca llega a la consecución final de su objetivo.

Aun a pesar del largo periodo de hibernación, la influyente creación del maestro Vázquez se deja notar incluso en nuestros días, y el pasado mes de mayo se anunció el inicio del rodaje de su propia película en marzo de 2014.

El film que adaptaría las desternillantes desventuras del personaje sería dirigido por Javier Ruiz Caldera y contaría con Quim Gutiérrez como Anacleto.

Pero esta semana no estamos tan solo ante una mera creación para un tebeo, ya que la vertiginosa vida, obra y milagros del propio Vázquez superan en mucho a cualquiera de sus creaciones.

Tanto es así que la biografía del autor ya contó con su propio biopic cinematográfico, El Gran Vázquez, dirigido en 2010 por Óscar Aibar y con Santiago Segura en su papel protagonista, algo completamente inusual tanto en este país como en cualquier otro con más cultura de cómic acumulada.

Y es que la ajetreada vida del genial historietista da para eso y mucho más.

Anacleto calvo en su primera aparición

La arrolladora personalidad de Vázquez, situado ideológicamente en el anarquismo, vividor y carente de autodisciplina alguna, fue la que le impidió alcanzar el reconocimiento popular y llegar a ser el más grande entre los grandes, viéndose obligado a padecer prolongados periodos de carestía económica que solventaba a base de meter sablazos (pedir prestado a alguien sin intención de devolverle un duro) a cualquiera que se le pusiera a tiro.

De hecho, la película retrata a la perfección el contraste entre Vázquez y el ordenado y trabajador Francisco Ibáñez, quién a la pregunta de por qué el director no se había decantado por hacerle a él protagonista de la historia contestó que nadie pagaría por ver una película con un tipo sentado ante una mesa de dibujo durante 60 años.

Vázquez se las daba de embaucador y moroso recalcitrante que vivía de hotel en hotel sin hacerse cargo de gasto alguno y que adquiría sus posesiones a plazo sin pagar ni una sola letra por ellas, (¿recordáis al moroso del ático del 13 Rue del Percebe? Pues bien, cuenta la leyenda que el personaje lo creó el propio Vázquez basándose en si mismo, aunque después fuera desarrollado por su compañero Ibáñez, quien siempre le reconociera como el más grande de su época).

Aficionado a las meretrices, también declaró haberse casado con siete mujeres y haber sido juzgado y encarcelado por bigamia y problemas con Hacienda hasta un total de tres veces, una afirmación susceptible de ser cogida con pinzas, ya que entre sus otras virtudes se contaba la de ser un mentiroso de aúpa, aunque sí es cierto que un día salió a por tabaco para no intentar regresar con su primera esposa hasta tres décadas más tarde y que resultó ser padre biológico de once hijos reconocidos con distintas mujeres.

Uno de los timos antológicos a la compañía a la que solía entregar sus encargos fuera de plazo fue cuando dibujó únicamente la portada y la viñeta del margen superior derecho de un enorme taco de papel en blanco para que una vez contabilizado el número total de páginas desde esa misma esquina la editorial le pagara una deuda que tenía contraída con él.

Bruguera llegó a denunciarle por robo y falsificación de recibos.

Pero El Gran Vázquez, poseedor de una calle granadina con su nombre (al igual que su creación Anacleto, agente secreto, localizada en Rivas-Vaciamadrid) aun no había cometido su fechoría más genial.

Según se afirma antes de los créditos finales de la película, pocos días antes de su fallecimiento a la decepcionante edad de 65 años fingió su propio suicidio, consiguiendo así un adelanto de su último editor a cuenta de las ventas realizadas después de muerto, siendo el único junto a Fiodor Dostoievsky en conseguir algo parecido.

Estamos ante una serie de humor que está formada en un primer momento por dos personajes, Anacleto y su jefe, y que recurre a gags contínuos de todo tipo con dibujos repletos de expresividad y que recurre a distintos ambientes que dan variedad a las historietas, como puede ser el bosque o el desierto, concretamente el del Gobi.

Se sabe que estuvo casado al menos una vez pero que fué padre de once hijos y no todos eran de la misma mujer, Aurora Medrano.

Vázquez empezó a trabajar para la editorial Bruguera en el año 1947 al cabo de dos años crea su primera serie de éxito, Las Hermanas Gilda, el cual el mismo definiría en una entrevista como «gilipollas».

Manuel Vázquez vive las dos primeras épocas de Bruguera, y está enmarcado en las dos generaciones, ya que cuando una mayoría de dibujantes deja la editorial para fundar la revista «Tio Vivo», el permanece en esta, pero es denunciado por un presunto robo de recibos.

Anacleto aparece por primera vez en las páginas de la revista Pulgarcito y posteriormente vemos sus historias en revistas como Súper Pulgarcito, en donde suele aparecer en la portada.

Los papeles de Admunsen (Manuel Vázquez Montalbán, Navona)

Anacleto es una serie hilarante y desternillante, y a veces surrealista.

Ante un análisis más profundo del personaje cabe pensar que, de forma indirecta y discreta, ataca las normas de una sociedad inmovilista y reduccionista.

Es uno de los personajes más emblemáticos de Vázquez, llegando en sus mejores momentos a ser una obra maestra del humor.

Aunque la primera aparición del personaje fue en Pulgarcito, su verdadero despegue se produjo en DDT a partir de 1967.

La serie se desarrollaba normally en episodios de una o dos páginas, pero también aparecieron episodios de hasta 12 páginas.

Anacleto también protagonizó un sinfín de portadas, la mayoría en la segunda época de Súper Pulgarcito, aunque muchas de ellas apócrifas.

Con una trayectoria tan amplia, la serie presenta una evolución estilística y argumental muy precisa, pasando de un dibujo esquemático, con fondos efectivos pero reduccionistas, a un desarrollo gráfico más elaborado y con fondos más detallados.

AnacletoAgente secreto de una agencia que, de tan secreta, es absolutamente desconocida.

Entregado a su trabajo, peca en ocasiones de una cierta ingenuidad y torpeza, pero es un agente valiente, audaz y listo.

No es rencoroso en general, pero a su jefe no le perdona ni una.

Serie de historietas de corte humorístico cuyo protagonista es un agente secreto ingenuo y torpe que deberá cumplir las más variopintas misiones para una organización secreta indeterminada.

Creada por Vázquez en diciembre de 1964 y publicada por primera vez en el número 1753 de la revista Pulgarcito, la serie se constituyó en una parodia autóctona del género de espionaje, tan en boga en aquellos momentos con las primeras películas de James Bond.

En efecto, desde la primera entrega, el personaje lucía ya un esmoquin bondiano y ridiculizaba los típicos ingenios para espías utilizando una enorme cámara para fotografiar unos planos ultrasecretos.

El estilo de Vázquez se fue haciendo poco a poco más fresco y desenfadado y esto se pudo apreciar en la evolución del personaje, que a finales de los sesenta tenía ya como referencia la televisiva y paródica serie Super Agente 86, haciendo uso de inauditos gadgets y tornando a un humor cada vez más surrealista, cosa que se podía apreciar en la "no resolución" de las misiones cada vez más inverosímiles del personaje.

Especial mención merece la curiosa relación de sometimiento hacia su tirano jefe, que protagonizó muchas de las historias.

Como tantas otras series de éxito de Bruguera, Anacleto fue deambulando por sus distintas cabeceras, entre 1964 y 1966 en Pulgarcito, para pasar a DDT en 1967 y, un año después, a Din Dan, con historietas siempre de una página, excepto en los extras y almanaques de estas publicaciones y de Tío Vivo.

Luego pasó, con historias más largas y desarrolladas a Gran Pulgarcito (donde se pudo apreciar la tendencia, por entonces, de Bruguera a solicitar historias al estilo francobelga) y Súper Pulgarcito, en 1970.

A partir de 1971 la serie recaló en la exitosa revista Mortadelo, aunque al año siguiente empezaría a escasear la producción de Vázquez y un equipo apócrifo de autores, entre ellos Blas Sanchís, continuaría creando nuevas historias hasta el cierre de Bruguera en 1986.

En todo ese tiempo, siguiendo la política editorial, se continuaron reeditando tanto las historietas originales como apócrifas en todas las cabeceras del editor, y se recopilaron también en libros como los de las colecciones Alegres historietas y Olé.

Cabe mencionar que en el número 5 del fanzine erótico granadino Espuma, publicado en 1995, aparece una historia de Vázquez realmente inusual.

Según algunos, el modelo de Anacleto sería James Bond; el propio Vázquez, sin embargo, aseguró en una ocasión que se había basado en Maxwell Smart, el protagonista de la serie televisiva Superagente 86.

El protagonista es un hombre joven, de pelo negro, con un característico mechón en el flequillo y nariz alargada.

Viste traje negro con camisa blanca y pajarita.

El otro personaje de la serie es el jefe de Anacleto, gordo, con la cabeza absolutamente calva y gafas.

Para marcar iconográficamente la diferencia de status, el jefe fuma gruesos cigarros puros.

Uno de los temas recurrentes de la serie es la relación de Anacleto con su jefe.

Este manda a Anacleto a las misiones más difíciles, de las que sale frecuentemente mal parado, y le niega sistemáticamente los anticipos que su subordinado le solicita una y otra vez; por su parte, Anacleto procura engañar a su jefe siempre que puede.

En varias ocasiones el villano de la historieta es el propio autor, bajo el nombre de el malvado Vázquez.

Los decorados, mayoritariamente urbanos, son minimalistas y esquemáticos, como es frecuente en la Escuela Bruguera.

En la película El gran Vázquez el personaje de Anacleto aparece en varias escenas.

Anacleto es una serie parodia de las series de espías que se hicieron populares durante la época de la Guerra Fría y que dieron pie a exitosas novelas y películas, muy especialmente la saga de James Bond.

De hecho, Anacleto está caracterizado con un smoking como dicho personaje, y muchos de los artilugios que usa nos remiten al mismo.

Sin embargo, el propio Vázquez mencionaba en una entrevista que su punto de referencia era Superagente 086, una serie televisiva de gran éxito.

Algunas situaciones rocambolescas pueden beber de este último personaje, pero el Anacleto de Vázquez va más allá.

Frente al binomio jefe autoritario - empleado sumiso típico de la casa, Anacleto se comporta como un agente insubordinado aunque voluntarioso y con bastante mala pata, que siempre sale con vida de sus aventuras y que soporta las demandas, frecuentemente descabelladas, de su jefe.

Anacleto es uno de los personajes más conocidos de todos cuantos creó el gran Manuel Vázquez Gallego, a la altura de otras series predecesoras como Las hermanas Gilda, Angelito o La familia Cebolleta y otras posteriores, como Los cuentos de Tío Vázquez.

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