En el vasto panorama de la literatura, a veces nos encontramos con obras que, lejos de las grandes epopeyas, exploran las sutilezas del lenguaje y la condición humana. "Todos los principios", del autor Alejandro Narden, se inscribe en esta categoría, invitando a una reflexión profunda sobre el poder de las palabras y la naturaleza de la creación.
El título mismo, "Todos los principios", evoca la idea de comienzos, de orígenes. Sin embargo, la obra se adentra en un territorio inesperado: el análisis lingüístico del relato bíblico de la creación. Lejos de ser un tratado teológico, este libro se presenta como un "juego lingüístico", una exploración de las implicaciones de una aparente ausencia en el texto fundacional.
"Tal vez no sepan evangelistas o creacionistas de todo pelaje que no fue «en el principio» cuando creó Dios -los dos cielos, pues aparecen aquí en número dual, y después la tierra y todo lo demás- sino «en principio» o «en un principio»", nos revela el autor. Esta sutil diferencia gramatical, la ausencia de un artículo determinado, abre una puerta a interpretaciones fascinantes. "el sintagma hebraico con el que comienza el relato de la creación en el Génesis es gramaticalmente indeterminado lo que, en puridad, abriría la puerta a que hubiera habido algo preexistente, algo a lo que Dios, simplemente, hubiera procurado dotar de un cierto orden."
El autor confiesa que este descubrimiento, realizado hace 20 años en una clase de hebreo en la Universidad de Salamanca, le pareció un "chiste fabuloso". La idea de que "en la semilla del creacionismo como teoría, como certeza deseada, pudiera hallarse su mismísima refutación" resuena con la filosofía de Walter Benjamin, quien sostenía que "no nos comunicamos a través del lenguaje, sino dentro de él, con las limitaciones que tal jaula impone". En cada palabra pronunciada, en cada texto escrito, se esconde no solo el mensaje explícito, sino también su reverso, "su reverso, lo que fue imposible expresar, la multitud de imprecisiones o contradicciones que ahí se esconden."
Esta dualidad, esta tensión entre lo dicho y lo no dicho, es un tema recurrente en la obra. El autor, tras una ruptura amorosa, se refugió en Túnez, un lugar que se convirtió en el telón de fondo de su propia reflexión sobre los comienzos y los finales. "Andaba triste, desnortado tras una ruptura amorosa, escuchaba sin parar canciones de Nacho Vegas y, sí, tuve por vecino a un soldado de Gadafi huido de Libia que mataba los días en aquella carretera recta a la orilla del mar, en Tantana, las afueras de Susa."

La narrativa de Narden se entrelaza con otras voces literarias, creando un tapiz de influencias y resonancias. "Si algo hay en Todos los principios es reverencia a la obra Melania Mazzuco, Annie Ernaux, Mathias Enard, Claudio Magris o W. G."
La historia de "Todos los principios" no es una saga épica, sino una exploración íntima y a la vez universal. Se trata de la búsqueda de significado en las palabras, de la comprensión de que cada inicio, cada principio, lleva consigo la semilla de su propio final, y que en la aparente simplicidad del lenguaje se esconden profundas verdades sobre la existencia.
La obra se presenta como un recordatorio de la complejidad inherente a la comunicación humana y a la propia creación, invitando al lector a reflexionar sobre los "principios" que rigen no solo el universo, sino también nuestras propias vidas.
Detalles del libro:
- Autor: Alejandro Narden
- Título: Todos los principios
- Editorial: Plasson & Bartleboom