Hagoromo Ōtsutsuki, más conocido como el Sabio de los Seis Caminos, fue una figura legendaria en el mundo ninja, un monje que anhelaba la paz y se convirtió en el fundador del Ninshū y del mundo shinobi. Nacido con la capacidad de manipular el chakra, era hijo de Kaguya Ōtsutsuki y el primer humano en poseer esta habilidad. Su poder era tal que poseía el Rinnegan, el Dōjutsu más poderoso conocido.
La historia de Hagoromo comienza con su madre, Kaguya Ōtsutsuki, una princesa que consumió el fruto prohibido del Shinju para obtener poder y detener las guerras de su tiempo. Como resultado, Hagoromo nació con la misma habilidad para manipular el chakra que su madre. Sin embargo, el Shinju, furioso por el robo de su chakra, se transformó en la Bestia de Diez Colas. Hagoromo, junto a su hermano, se enfrentó a esta poderosa entidad, logrando sellarla en su interior y convirtiéndose así en el primer Jinchūriki de la historia. Este acto heroico le valió ser elogiado como un dios y el ancestro de los ninjas.

Tras derrotar al Diez Colas, Hagoromo se dio cuenta de su inmenso poder y del potencial destructivo del chakra. Dedicó su vida a guiar al mundo hacia la paz, viajando y enseñando los principios del Ninshū, su propia religión y secta shinobi. A pesar de sus esfuerzos, comprendió que la paz mundial era una meta difícil de alcanzar en una sola vida.
Antes de su muerte, Hagoromo dividió el chakra del Diez Colas en nueve partes, creando las nueve Bestias con Cola. Les dio nombres y les aseguró que, a pesar de estar separadas, siempre estarían juntas y que algún día volverían a unirse. Utilizó el Chibaku Tensei para sellar el cuerpo del Diez Colas en la luna, creando nuestro satélite natural. Dejó atrás una tableta con su historia para sus descendientes, esperando que sirviera de guía.
El legado de Hagoromo continuó a través de sus dos hijos. El mayor, Indra, creía que el poder era la clave de la paz, mientras que el menor, Asura, defendía el amor como el camino hacia la armonía. En su lecho de muerte, Hagoromo eligió a Asura como su sucesor, lo que desencadenó un conflicto entre los hermanos, dando inicio a una enemistad que se transmitiría a través de las generaciones.
El Rinnegan, el Dōjutsu de Hagoromo, resurgió en Madara Uchiha, quien, tras evolucionar su Sharingan, obtuvo los ojos del Sabio. Madara trasplantó estos ojos en Nagato, un descendiente del Clan Uzumaki, quien creía que el Sabio podría renacer en él. Sin embargo, Nagato reconocía que su poder no se comparaba con el de Hagoromo. Otros, como Kakashi Hatake, consideraban al Sabio un mito y el Rinnegan una simple mutación.
El Legado y las Enseñanzas del Sabio
Hagoromo fue un hombre de gran inteligencia y visión. Estableció los principios del chakra, transmitió técnicas y difundió su religión con el objetivo de conectar a las personas. A pesar de que el Ninshū fue creado para la paz, la humanidad lo utilizó para la guerra, lo que condujo a conflictos devastadores.
Su apariencia física era distintiva: un hombre alto de piel gris, con arrugas pronunciadas en la vejez, cabello rojizo y corto, dos cuernos en la cabeza, una larga barba y sin cejas. En sus manos, poseía marcas que representaban el Yin y el Yang, símbolos de su conexión con las energías primordiales.

El chakra de Hagoromo permaneció en el mundo, observando la evolución del Ninshū y siendo invocado en momentos cruciales. Se manifestó al subconsciente de Naruto Uzumaki, revelándole su historia y la importancia de la paz a través del amor y la comprensión. Hagoromo le explicó a Naruto que el Ninshū no fue creado para la guerra, sino para unir a las personas, y advirtió sobre el peligro del Tsukuyomi Infinito.
En la Cuarta Gran Guerra Shinobi, Hagoromo apareció para guiar a Naruto y Sasuke, otorgándoles su poder y ayudándoles a sellar a Kaguya. Su intervención fue crucial para la restauración del orden y la eventual paz.
El Poder y las Herramientas del Sabio
Considerado el shinobi más poderoso de la historia, Hagoromo demostró su fuerza al vencer al Diez Colas, una criatura considerada divina. Su dominio del Rinnegan le permitió manipular los cinco elementos básicos de la naturaleza. Desarrolló el primer jutsu para sellar una Bestia con Cola, convirtiéndose en el primer Jinchūriki y poseedor de un poder inmenso.

Se cree que poseía la habilidad de utilizar una sustancia negra de gran poder ofensivo y defensivo, superior incluso a un Kekkei Tota. Entre sus posesiones se encontraban una katana, un Shakujō (bastón de monje) y la Espada de Nunoboko, una espada de grandes dimensiones utilizada en la creación del mundo.
Además, Hagoromo poseía las Armas Atesoradas del Sabio de los Seis Caminos: el Bashōsen, Benihisago, Kōkinjō, Shichiseiken y el Kohaku no Jōhei. Estas herramientas requerían una gran reserva de chakra, pero para el Jinchūriki del Diez Colas, su uso no representaba ningún problema. Combinadas, estas armas permitían capturar la palabra más usada por una víctima, su alma y sellarla para siempre.
El sueño de Hagoromo de un mundo en paz perduró a través de las generaciones, encarnado finalmente en Naruto Uzumaki, quien heredó su voluntad y su deseo de comprensión mutua.