Horacio Altuna (Córdoba, Argentina, 24 de noviembre de 1941) es un ilustrador e historietista profesional, reconocido internacionalmente con numerosos premios y publicado en más de 15 países en cientos de libros y álbumes.
Su afición por el dibujo comenzó cuando era muy pequeño, a los ocho o nueve años. Sin embargo, al finalizar la secundaria comenzó la carrera de abogacía porque al dibujo, si bien le gustaba, no le veía futuro. Su amigo y maestro, Gianni Dalfiume, fue quien lo alentó a incursionar seriamente en la historieta.
En 1965 publicó su primer trabajo, Súper Volador. En 1967 ingresa a la Editorial Columba, colaborando en las revistas D’Artagnan, El Tony y Fantasía en las que ilustra guiones de Héctor G. Oesterheld (Kabul de Bengala), Sergio Almendro (Hilario Corvalán), I. Aisemberg y Robin Wood (Big Norman). Colabora en Satiricón donde por primera vez se le reconocen derechos y se le devuelven originales. Colabora en las revistas de la Editorial La Urraca y junto a Trillo, publican “Charlie Moon”,”Merdichesky”, “Las Puertas del Sr. López”. Trabaja como “concept artist” en “Old Gringo”, de Luis Puenzo. Publica “Cuadernos Secretos”, en Editorial Orsai.
En la década de 1970 se une a la Asociación de Dibujantes para sumarse a la lucha por los derechos de autor. Al no lograr lo que reclamaba en cuanto a esos derechos y la consiguiente devolución de sus originales, deja Columba, que nunca se los restituyó, y se dedica a trabajar en publicidad y editoriales del exterior como Fleetway y Thompson (Inglaterra) y Charlton Comics (EEUU). Tampoco allí consigue sus reivindicaciones profesionales.
En 1974, el director de arte de la revista Satiricón, Andrés Cascioli, lo llama para que ilustre un guión de Jorge Guinzburg. Por primera vez se le reconocen sus derechos de autor y en esa editorial conoce a Carlos Trillo, escritor, y a partir de afinidades, comienzan a trabajar como dupla autoral.
En 1975, el diario Clarín anuncia que reemplazará algunas historietas de su contratapa y ambos presentan una tira, EL Loco Chávez, que es elegida. Esta historieta costumbrista que se publica diariamente, lo hará reconocido como dibujante. Chávez, el protagonista, es un periodista que a través de sus aventuras narra el día a día de la realidad argentina. También es el inicio de su prestigio en el dibujo de la figura humana, especialmente de las mujeres. Una de ellas, Pampita, la novia del personaje, se convertiría tan importante como el mismo, para la mitología popular. Por El Loco Chávez recibió el premio Asociación de Dibujantes de la Argentina (1978) y el de la mejor tira diaria argentina en la Cuarta Bienal del Humor y la Historieta de Córdoba (1979). También se hizo una adaptación en forma de serie para la televisión Argentina que fue prohibida por la dictadura.
El protagonista de El Loco Chávez era todo lo que a Altuna le hubiese gustado ser: guapo, divertido, rápido, exitoso, popular. Altuna se describe a sí mismo como un tipo tímido, introvertido y con una vida social relativa. La tira se hizo popular muy rápido y ambos autores se convirtieron en figuras muy reconocidas, apareciendo en reportajes, revistas y televisión. Altuna recuerda que en ese momento sentía una gran vanidad. Sin embargo, la popularidad se vio truncada cuando, cinco semanas después del estreno televisivo de la adaptación de El Loco Chávez, el gobierno de facto censuró la emisión argumentando que el protagonista estaba “en contra del ser nacional”, era “inmoral” y “no tenía sentimiento de autoridad”. La historieta continuó publicándose, pero las advertencias del gobierno militar por los contenidos de la tira se volvieron cada vez más cercanas, y amigos comenzaron a desaparecer.
Con la censura, Altuna se dio cuenta de que la popularidad solo alimentaba la vanidad y que todo eso podía desaparecer de un momento a otro. A partir de entonces, en su casa no tuvo nunca más una autorreferencia, y no guarda ninguna nota que le hayan hecho. En esos años, Altuna comenzó a deprimirse y a barajar la posibilidad de irse del país.

Hacia fines de los setenta Altuna se sentía arrinconado, aunque su carrera como dibujante se mantenía en la cumbre. En dupla con Trillo, además de El Loco Chávez darían vida a tiras célebres como Las puertitas del Sr. López (revista El Péndulo, 1979), Charlie Moon (Revista SuperHumor, 1980), Merdichesky (Revista Fierro, 1981), El último recreo (revistas SuperHumor y Fierro, 1982), obras que con el paso de las décadas tendrían reediciones en las editoriales más importantes del mundo.
A punto de cumplir cuarenta años, Altuna sentía sin embargo que en la Argentina había alcanzado su techo profesional. Entonces decidió emigrar junto a su mujer y sus tres hijos. Desde Sitges, el lugar en el que se instalaron en 1982, continuó con las entregas de El Loco Chávez durante cinco años, y luego desde España encontraría nuevos horizontes: trabajaría para Playboy, en donde sus dibujos de mujeres lo consagrarían como uno de los ilustradores eróticos más reconocidos del mundo, daría a luz nuevas tiras no solo como dibujante sino también como guionista -Ficcionario (Revista Fierro, 1993), Hot L. A. (1993, reeditada por el Fondo de Cultura Económica en 2021), Cuadernos Secretos (Orsai, 2011)-, que lo llevarían a recibir en 1986 y 2004 dos premios Yellow Kid -el más prestigioso del mundo del Comic-, el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona en 2004 y el premio Konex en 2012.
Se convertiría, además, en el dibujante con más presencia en medios masivos argentinos: después de El Loco Chávez volvería a la contratapa de Clarín dos veces, paradójicamente desde el exterior. La primera sería en 1993, con El Nene Montanaro, la tira de un hombre desocupado y mujeriego que se las arregla en medio de la crisis económica de la Argentina, desde la cual Altuna ejerció una especie de crítica al menemismo, que dibujó hasta 2002. La segunda vuelta fue con Es lo que hay (reality), la historieta de una familia tipo -los Volcatti- que comenzó en 2010 y continúa publicándose.

Nacido en Córdoba (Argentina) el 24 de noviembre de 1941, publica sus primeras historietas en 1965 en la revista Supervolador, entrando dos años después en la importante Editorial Columba, para cuyas revistas ilustra series como Big Norman (guión de Robin Wood), Hilario Corvalán (guión de Sergio Almendro) o Kabul de Bengala y Los Cruzados (ambas con guión de Héctor G. Oesterheld); pronto se revela como una de las más firmes promesas del cómic realista en Argentina. En los años 70 alterna sus trabajos para el mercado de su país con encargos para la editorial inglesa Fleetway y la americana Charlton; asimismo ilustra con guiones de Guillermo Saccomano la serie de episodios sin protagonista fijo Serie Negra, para la italiana Lanciostory. En 1975 inicia su larga colaboración con el guionista Carlos Trillo al lanzar ambos la exitosa tira costumbrista El loco Chávez para el diario bonaerense Clarín, que aparecería hasta 1988. Sus siguientes obras con Trillo incluyen Las puertitas del Sr. López (1979), Charlie Moon (1980), Merdichesky (1981) y El último recreo (1982).
En 1982 Altuna se instala en España, colaborando básicamente para las revistas de Toutain Editor y prosiguiendo su colaboración con Trillo con El último recreo; a continuación crea Ficcionario (guión propio, 1983), Tragaperras (guión de Trillo, 1984), Chances y Time Out (ambas de 1985 y con guión propio). En 1987 realiza Imaginario, una especie de secuela de Ficcionario, aparecida originalmente en Francia, el mismo año realiza diseños para la película Gringo Viejo, dirigida por Luis Puenzo y protagonizada por Gregory Peck y Jane Fonda. A partir de 1989 realiza Voyeur, una serie de historias cortas eróticas para Playboy, aparecidas en varias de sus ediciones internacionales, así como en la edición estadounidense de Penthouse, y luego recopiladas en álbumes; también para Playboy produce el thriller erótico Gato. En 1992 lanza Hot L.A. para la revista Co & Co y al año siguiente crea una nueva tira diaria para Clarín, El Nene Montanaro; en el 2000 aparece en El Periódico de Catalunya otra tira diaria suya más, Familia Tipo, que aún se publica con éxito. Como guionista, ha escrito Hard Story, ilustrado por Jorge González.
La fuerza de su grafismo hace a sus personajes seres vivos que transpiran en todas sus viñetas. Cuida con esmero la narración y la diagramación de página y es un maestro de la ambientación. Gracias a todo ello y a la calidad argumental de sus obras, es un referente de la historieta para adultos.
ILUSTRES #27 - HORACIO ALTUNA
En 1986 realiza Chances, nuevamente como autor integral. Por esta historieta recibe el premio Yellow Kid, mayor distinción en el ambiente de la historieta, al mejor autor internacional. Lleva a cabo el guion gráfico de la película estrenada en 1989 Gringo viejo, dirigida por Luis Puenzo e interpretada por Jane Fonda y Gregory Peck. Continúa la serie de historietas eróticas para la revista "Playboy" que en Argentina publicará la revista "SexHumor". Las puertitas del Sr. López, Hot L.A.
Horacio Altuna no pierde el contacto con su país de origen, concibiendo en solitario otra tira para Clarín, El Nene Montanaro (1994-2002), una obra de ambiente cotidiano con toques de humor. El humor está más presente en otra de sus tiras diarias, Familia tipo (El Periódico de Catalunya, 2000-2010).
Como guionista, Altuna ha trabajado con el dibujante argentino Jorge González (Hard Story, 2001 y Hate Jazz, 2006). Altuna se ha hecho acreedor de importantes reconocimientos como dos premios en Lucca (Italia), el Gran Premi del Salón Internacional del Còmic de Barcelona (2004) o el Premio Konex (2012) en el apartado de Humor e Historieta. Horacio Altuna fue presidente de la Associació Professional d’Il·lustradors de Catalunya (APIC) entre los años 2005 y 2011.
Altuna sabe, por oficio e inteligencia, que la historieta es un medio de expresión de ideas. Y es en su condición vital de persona inquieta que cada día se hace preguntas que plasman en su obra el oficio de vivir. El que una historia pertenezca a géneros como el policíaco, la ciencia ficción, el costumbrismo o la fantasía es, sólo, un enclave en el que situar nuestros miedos e inseguridades, nuestras dudas y miserias. Altuna es un gran observador de la entelequia del ser humano y sabe cómo trasladarla a unas viñetas que no tienen nada de inocentes.
En 2010 conoce a Hernán Casciari, fundador y director de Orsai, y comienza a colaborar en la revista del mismo nombre. En esa editorial publica además, Cuadernos Secretos, álbum de bocetos eróticos. En 2016, en dupla con Casciari, trabaja para el suplemento Viva, de Clarín, realizando Doce Cuentos de Verano, que al año siguiente publica la Editorial Orsai.
El autor de las series El loco Chávez y Las puertitas del señor López, que realizó con el guionista Carlos Trillo, afirma que el cómic es un medio de expresión de alta calidad intelectual, literaria y de imagen, dirigido a un público exigente y culto. Menciona que las revistas de historietas han desaparecido en todo el mundo, y el cómic ahora se vende en librerías, lo cual lamenta porque no es lo mismo comprar una revista a un precio bajo que un libro. La gran esperanza de los historietistas son las redes sociales, por un lado. Por otro, el mundo editorial no se ha modificado desde que nació, siendo el autor el que menos gana dentro de la cadena de producción de un libro, una injusticia que los creativos, por falta de conciencia gremial, aceptan.
Desde el 2007 hasta el 31/08/2010, publica la tira Familia Tipo, en El Periódico de Catalunya, y en ese año también asume la Presidencia de la APIC, Asociación Profesional de Ilustradores de Cataluña. Desde septiembre de 2010, hasta el mismo mes de 2023 con la base de Familia Tipo, publica en Clarín una nueva tira llamada Es lo que hay (Reality). En 2010 colabora, con motivo del Bicentenario de Argentina y con guión de Pablo De Santis, en la edición del álbum La Patria Dibujada, editada por la Secretaría de Cultura de la Nación. En 2012 recibió el Premio Konex en la disciplina Humor e Historieta.

A pesar de ser Navidad, Altuna respetó a rajatabla su rutina de trabajo. A las ocho de la mañana sintonizó la radio y se sentó a trabajar frente al tablero de dibujo. Sin esa disciplina dice que no podría cumplir con las entregas de Es lo que hay (reality), la historieta que publica todos los días en la contratapa de Clarín. Él mismo afirma que no sabe quién, de sus colegas, hace quince páginas por mes desde hace cuarenta años.
Horacio Altuna siempre piensa en volver a vivir a la Argentina. Nació en Córdoba en 1941, pero podría haber sido Tostado, Sastre, Necochea, Lobería, Lobos, Chacabuco, General Rodríguez, La Plata o cualquiera de los catorce sitios de la Argentina donde vivió durante su infancia. Las mudanzas ocurrían a menudo porque su padre era gerente del Banco Nación y por su función debía trasladarse de ciudad en ciudad. Esos cambios de residencia forjaron en él un carácter tímido, huraño y con cierta dificultad para vincularse con amigos, y lo llevaron a refugiarse en los libros y las revistas de comics: un pasatiempo que en los años 50 y 60 todavía no había sucumbido frente al reinado de la televisión.
A pesar de que el dibujo le gustaba, no le veía futuro. Fue la época de la política… Era 1958, el gobierno del presidente Arturo Frondizi pretendía modificar una ley para que la educación dejara de ser laica y gratuita. Altuna participó de la toma de su colegio como parte de una serie de luchas educativas históricas. Algo de ese ímpetu, acompañado por la necesidad de cumplir con el mandato familiar de estudiar una carrera universitaria, lo llevó, al terminar el secundario, a inscribirse en Derecho en la Universidad de La Plata. Duraría tres años. En las cursadas se la pasaba dibujando a los profesores. Cuando dejó la carrera sus padres se enojaron mucho, se sintieron defraudados. Pero cree que esos años en La Plata le dieron un background interesante, iba a manifestaciones, la policía los corría, era una aventura estar en contra de la autoridad… algo que sigue teniendo siempre, pero de otra manera. Después de abandonar Derecho tuvo un intento fallido de montar una granja de pollos y, para 1965, sin saber bien qué hacer, siguió el consejo de un amigo dibujante y se presentó en una editorial de cómics de Buenos Aires. Lo primero que le encargaron fue una historieta que era una copia exacta de Superman. Se llamaba Super Volador. Al verlo publicado se desilusionó, le parecía horrible, y después nunca más quiso dibujar superhéroes. Los protagonistas de sus historietas son todos anti héroes. Pero le sirvió para darse cuenta de que esa era su vocación.
Al año siguiente pudo entrar a Hollywood. Hollywood, para Altuna, era Columba, una emblemática editorial de historietas, fundada en 1928, que dejó una marca generacional con revistas que fueron hitos del comic y vendían un millón de ejemplares al mes. Altuna acercó sus dibujos, hizo una prueba, quedó contratado. Era 1967. Trabajaría allí durante nueve años, durante los cuales su figura como dibujante fue creciendo, y con su trazo, con énfasis en lo gestual, su manejo de las luces y las sombras, de la figura humana, comenzaría a ganar prestigio y llegaría incluso a ilustrar la historieta Kabul de Bengala, guionada por Héctor Oesterheld. Hasta que un día hizo un planteo: hasta ese momento cada dibujo quedaba en manos de la editorial. Él quería ser el dueño de los derechos de sus dibujos. Le transmitió su inquietud a los directores de Columba, pero su reclamo no tuvo eco. Entonces renunció. Ese final sería el inicio de una postura reivindicativa sobre los derechos de autor de los dibujantes que mantendría a lo largo de su vida, que lo llevaría a convertirse en secretario de la Asociación de Dibujantes de la Argentina y, años después, radicado en España, a ser el primer extranjero en presidir la Asociación de Ilustradores de Cataluña (APIC).
Horacio es un prócer de los derechos de autor. Nunca tuvo reparo en pegar un portazo el día que alguien se atrevió a discutirle los derechos de su obra. El día de hoy, cada vez que viene a la Argentina da charlas gratuitas para contarles a los colegas los últimos avances, que tengan cuidado con una nueva trampa de los editores, que peleen por acá, por allá.
Para 1973, desempleado pero con un nombre ya instalado como dibujante, comenzó a trabajar para revistas del exterior hasta que recibió el llamado de Andrés Cascioli, creador de revistas como Humor Registrado y Satiricón. Trabajando para él conoció a Carlos Trillo, que para entonces ya había guionado las historietas de Patoruzú y era considerado el heredero de Oesterheld.
Con Carlos fue una simbiosis. Se hicieron amigos al instante, se juntaban a charlar en bares, y así surgió la idea de El Loco Chávez. La anotaron en una servilleta, la mandaron a Clarín y la aceptaron. Fue un punto de inflexión en su vida. El Loco Chávez lo inscribió en una generación dorada de humoristas gráficos que publicaban en la contratapa de Clarín, en los que también estaban Roberto Fontanarrosa, con Inodoro Pereyra, y Caloi, con Clemente. Se publicó durante trece años hasta que, en 1987, tanto él como Trillo sintieron que la historieta estaba agotada. Durante varias semanas el personaje de El Loco Chávez se despidió de sus lectores a través de la tira. En un final que se parecía demasiado a la vida de Altuna, el protagonista migraba de Buenos Aires a España motivado por una oferta profesional.
A pesar de que su mujer, Anita, está con él desde hace cincuenta y nueve años, conoció a los catorce años y él a los veinte, ella no habla mucho de su trabajo. Altuna aclara que no es un maniático sexual y que no reniega del dibujo erótico, pero no se considera un autor de género erótico. Su frustración es no poder dibujar una chica que no sea del canon de belleza pero que sea atractiva, algo que requeriría una construcción a través del tiempo que no tiene. Sin embargo, señala que en sus dibujos, las mujeres, como la novia de El Loco Chávez o la novia de El Nene Montanaro, eran mucho más inteligentes y centradas que los hombres de las tiras.