En la sesión del club de lectura de cómic correspondiente al mes de febrero nos acercamos al cómic español reciente a través de Yo, asesino (Norma Editorial, 2014), una obra del guionista Antonio Altarriba y el dibujante Keko.
Yo, asesino es una obra muy compleja, porque en ella se mezclan multitud de temas tratados con mayor o menor profundidad. Por un lado está la visión del asesinato desde una perspectiva poco frecuente, totalmente carente de la emotividad que es habitual en los serial killers: el protagonista no está influenciado por un trauma infantil, un deseo de venganza o cualquier otro impulso.
Enrique Rodríguez es profesor de Historia del Arte en la Universidad del País Vasco y a sus 53 años se encuentra en la cima de su carrera. Además de estar a punto de convertirse en una figura destacada en su campo, y tener que lidiar con las consecuentes rivalidades con sus colegas de profesión, cultiva una extraña afición a la que le gustaría dedicarse a tiempo completo: el asesinato como forma de arte.
Enrique aprovecha convenciones y compromisos académicos para cometer asesinatos motivados sólo por fines estéticos. "Matar no es un crimen. Matar es un arte". Esta primera frase con la que empieza el cómic es una declaración de intenciones de lo que viene después.
El protagonista se dedica en estas páginas no solo a mostrarnos su rutina asesina y sus preparativos, sino que profundiza en todo aquello que sus actos suponen: está al tanto de que lo que hace produce dolor, pero el disfrute es mucho mayor. Enrique se considera un artista del asesinato; es un profesional que disfruta de lo que hace y que no le busca ninguna justificación.
De la misma manera, el guión tampoco busca justificar con una moraleja final; los expone y nos deja a nosotros que pensemos sobre ello. Yo, asesino no trata únicamente del asesinato. Altarriba se mete muy de lleno en el papel del protagonista y por eso mismo lo asemeja a su propia situación (recordemos que Altarriba es profesor de literatura francesa en la universidad del País Vasco): al igual que Enrique busca el arte en el asesinato, Altarriba lo busca creando un guión cruel y sincero sobre las posibilidades de matar.
Además, la obra proporciona un contexto a todo lo que rodea al asesino y al asesinato: el nacionalismo vasco, las relaciones familiares y la ambiciosa carrera de ascensión y las luchas intestinas que llevan a cabo todos aquellos que buscan un puesto mayor en su carrera, en este caso la universitaria. No en vano Altarriba fue testigo del coche bomba ardiendo en el campus de Vitoria en el año 2000 que mató a Fernando Buesa, a quien conocía, y a su escolta.
Al contrario, percibe el asesinato como una actividad común, dotada de un marcado carácter artístico y afirma, con frialdad, que todos tenemos dentro un asesino potencial. En la introducción a la novela gráfica ya se plantea esta cuestión, el asesinato y su relación con la proximidad de la víctima: nos sería difícil matar a un ser querido, a un conocido, pero a medida que la víctima se aleje emocionalmente de nosotros, ¿nos importaría en realidad provocar su muerte?
Llega a enfrentar al lector a una situación extrema: imagínate que tienes una campanilla y si la tocas, en el otro extremo del mundo un mandarín tiránico, rico y viejo morirá y tú heredarás su fortuna y no te pasará nada. Pero no es sólo este aspecto de la muerte el que está presente en la novela. En ella se hace también mella en el terrorismo vasco y en el ambiente de opresión política que sufría el personal universitario, obligado a elegir entre uno y otro bando, sabiendo que esa elección determinaría su devenir profesional.
También resulta de interés la interpretación del arte o, más bien, de las diferentes visiones que pueden extraerse de las corrientes artísticas. El último tema que ataca Yo, asesino es el de las relaciones. Enrique se reafirma a lo largo de la novela en su visión de lo artístico y de la muerte y el asesinato, pero al mismo tiempo es incapaz de ver con claridad las relaciones con las mujeres.

El dibujo de Keko, de fuertes claroscuros (matizados por el uso del color rojo para la sangre y ciertos elementos simbólicos) y con una fuerte impronta fotográfica, que hace plenamente reconocibles los escenarios, genera una atmósfera opresiva y barroca, en la que se mueve el profesor Ramírez Rodríguez, un catedrático de Historia del arte que, en su vida privada, es un asesino artístico.
El estilo gráfico de la novela es todo lo que cabría esperar de un exponente del género noir: unos perfiles muy angulosos, un entintado grueso y un uso muy específico del color rojo para salpicar las escenas más sangrientas, además de para llamar la atención sobre algunos elementos de las viñetas, como corazones o manzanas, elementos que también están relacionados con el campo de actividad de la mujer de Enrique: la interpretación de los cuentos de hadas clásicos en clave femenina. No se deja nada por tanto a la casualidad.

El éxito de Yo, asesino, publicado originalmente para el mercado francés, se vio refrendado por las siguientes entregas de lo que oficiosamente se ha denominado «trilogía egoísta»: Yo, loco (2018) y Yo, mentiroso (2020), también con Keko como dibujante. Aunque las tres obras son independientes entre sí, mantienen el tono oscuro y pesimista y exploran diferentes facetas de la psique humana, y contienen diferentes guiños entre sí, en forma de cameos de personajes: de alguna forma, suceden en el mismo «universo».
Con todo sobre la mesa, ¿qué hemos de pensar? ¿Crea Yo, asesino, la necesidad de matar o esto es solo ficción? ¿Es la obra un ejemplo de libertad de expresión absoluta o hay límites en lo que concierne al peligro que tal libertad puede conllevar? Después de lo sucedido en París, es ahora más que nunca cuando debemos hacernos esta pregunta.
Formato: Cartoné. 136 páginas.
Como curiosidad, comentar que, tal y como sucedía hace unos años con la novela gráfica Blackad, Yo, asesino también ha sido editado antes en Francia que en España, lo que puede darnos qué pensar sobre el apoyo que están recibiendo los guionistas y dibujantes españoles en nuestro país.
📚 YO, ASESINO - Antonio Altarriba Y Keko - Cómic ROCK - Reseña#4 🎤🗯️
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