Secretos y Aventuras del Tío Rico: Un Viaje al Universo de Carl Barks y Don Rosa

En el mercado persa del Biobío, cuando nos reunimos los sobrevivientes de "La Gran Catástrofe", encontré este ejemplar de Tío Rico que hoy comparto aquí.

Se trata de un número especial de 68 páginas de la editorial Pincel, que trae una de las historias que recordaba de niño. Se trata de una historia de Carl Barks que se llama en inglés, "Tralla La" y que, aunque aparece sin título en la traducción en castellano que viene en este número de la revista, sería algo así como "Tralalá". Obviamente, no contaré la historia porque pierde gracia una vez que se lee, pero es de esas historias entretenidas en que los patos visitan lugares exóticos y son protagnistas de muchas aventuras.

¿Ustedes se acuerdan si compraban comics de chiquitos? Digo, cuando tu mamá te daba unas moneditas para que te compraras algo y te llevaba de la mano al kiosco, cuando todavía no ibas solo corriendo, dejando un rastro de baba porque salió la ultima saga de la Crisis de la Crisis de la Crisis Eterna de DC. Cuando uno es chico y lo llevan al kiosco es casi un prisionero. Dependés de cómo estén dispuestas las revistas, de que revista se vendió, cual ni se molestaron en traer o simplemente cuales llegás a ver por tu altura. Por supuesto, a esa tierna edad, te dejás llevar por la tapa y te llevás la que tiene colores más brillantes o la que más te ceba. Todavía faltan años para que aprendas que la tapa es lo de menos. Peor aún es cuando te traen revistas. Porque si vos, que sos el que que lee esas historietas (todavía no las llamás comics, también falta para eso) agarrás cualquier cosa cada vez que vas al kiosco, imaginate tus viejos, tus tías o alguien que te trae una revista. Y darles indicaciones es casi imposible. Una vez lloré y actué delante de mi madre para que me trajera una Billiken que traía unas calcomanías de una fecha patria hechas comic que quería tener ya, ya, YA! Logré que mi madre, recién llegada del trabajo, saliera y caminara las cinco cuadras hasta el kiosco más cercano. Cuando volvió me trajo otra revista, que traía un disfraz de granadero porque creyó que me iba a servir mas. El punto de este divague retro nostálgico con un tufo a viejazo es que leer comics con continuará era imposible.

Juro que compraba todo lo que tenía al Pato Donald, Tío Rico o cualquier plumífero de Disney (en realidad de Carl Barks, mi primer amor de comic) sin dejar pasar ninguno. Pasaba todos los días a ver si había llegado alguna nueva revista… Y un día llego el continuará. Era uno de esos álbumes de Disney que venían de México. Te dabas cuenta del origen por cómo se llamaban los sobrinos de Donald (para mí serán Hugo, Paco y Luís por toda la eternidad). Traía historietas de otros personajes y, obviamente no podíamos evitar a Mickey. No me gustaba Mickey. Trataba de convencerme a mí mismo pensando que a veces tenía historias de misterio y detectives, pero no podía engancharme. Ver a Donald construir una pileta en su patio o administrar un hotel en ruinas por una treta de Tío Rico era más divertido que el mejor de los misterios.

Hasta que este maldito álbum llegó a mis manos y por primera vez me enganchó una historia de Mickey. La cosa era así: Mickey y Goofy terminan como cuidadores en un museo lleno de tesoros, o un cofre, o algo así que está en una bóveda, junto con un policía y algún otro personaje. Temen que sea robado. Al final de la historia, con ellos haciendo guardia toda la noche y la puerta de la bóveda cerrada sin ninguna forma de que fuera violada, el tesoro/cofre o lo que fuera que sea, había desaparecido. Misterio y continuará.

Para rematar, una sombra con forma de hombre siniestro los rodeaba. Me asusté. Ahora uno sabe que todo vale. Si no ves el cadáver, no murió. Si lo vez, quizás sea un clon. Si muere Jean, ya volverá. Seguramente ese robo se realizó con una puerta trampa o alguien se durmió, o pintó la magia o algo así. Pero en ese momento, cuando uno es chiquito, no lo sabe. No piensa en que un guionista avechucho va a usar un recurso trampa y lo va a cagar. Confía en la historia. Es inocente. ¿Cuántos de ustedes veían Robotech en la primaria y se quedaron helados cuando murió Roy Fokker? Porque murió en serio, no es Mazinger que es reconstruído. Es un personaje que nos gustaba y se-mu-rió. Ese fin de la inocencia hace que hoy, ya leamos de otra forma, ya analicemos lo que va a pasar, nos pasemos horas en foros o buscando data, sepamos hasta casi la hora en la que el comic de esta semana llega al país y sabemos que nada es para siempre y los misterios se resuelven con cualquier excusa.

Mark Waid contaba que cuando escribía Impulse, se sentía tan bien que no pensaba en cómo iba a resolver los cliffhangers. Y se nota cuando uno lee esos viejos números. Ahí hay frescura de un tipo que seguro disfrutaba como muchos de nosotros esas “historietas” que todavía no eran ni comics ni tebeos. Ni tepés, ni novelas gráficas, ni prestiges, ni hardcovers, ni Reprints… Eran revistas.

Por último… Si alguno de ustedes leyó esa maldita historieta de Mickey… ¿puede contarme el final?

Ilustración de Tío Rico con su gran cantidad de monedas

Dentro del reducido grupo de obras Disney imprescindibles no podíamos dejar de lado la obra cumbre de Don Rosa: "La Juventud del Tío Gilito" ("The Life and Times of Scrooge McDuck"), una obra dibujada y guionizada por el propio Don Rosa.

Y, por paradójico que parezca, no se publicó por primera vez en el mercado norteamericano, sino en una revista danesa de la editorial Egmont de la que ya hablamos en nuestro artículo dedicado a los Jóvenes Castores: Anders And & Co, entre los años 1992 y 1994. Posteriormente la saga se tradujo al inglés (y se recoloreó de manera diferente) para su publicación en la revista Uncle Scrooge nºs 285-296, entre los años 1994 y 1996.

El éxito de la saga ha sido tan apabullante que, en cierta entrevista, Don Rosa afirmó que posiblemente sea la historieta en cómic más reimpresa internacionalmente de la historia. En aquel momento ya contaba con seis ediciones en EE. UU. y Alemania, otras cinco en Italia, tres en Francia y Polonia, dos en Finlandia, Noruega, Dinamarca, Suecia, Grecia, Brasil, España, Portugal, Países Bajos e incluso Java. Y Rosa también tenía anotadas las ediciones individuales publicadas en la República Checa, Hungría y China. Después llegaron más ediciones, obviamente, y es que el Tío Gilito de Don Rosa siempre ha tenido mucho tirón, con personalidad propia e ideas muy originales que dan una coherencia impresionante al universo de los patos.

La saga narra la biografía del Tío Gilito (Scrooge McDuck); todo lo acontecido desde 1877 hasta el momento en el que Carl Barks nos lo presenta en 1947. Como vimos en el artículo dedicado a Barks, el padre de los patos lo introducía en el verano de dicho año, en la historieta "Christmas on Bear Mountain". Solo cinco años después, en 1952, Gilito ya contaba con su propia serie, disparando las ventas del mercado en aquel entonces.

Lo que hace Don Rosa con su proyecto es empezar a contarnos toda la vida de Gilito desde su más tierna infancia, cuando solo era un muchacho de diez años que crecía en el Glasgow de 1877. Y no solo de Gilito.

¿Qué motivó a Rosa a realizar esta imprescindible saga? Sobra decir que siempre fue un fanático del Tío Gilito; se le nota demasiado. En realidad él nunca había pensado en ser dibujante de cómics. Amaba los tebeos desde niño y se hizo muy popular en Estados Unidos por sus artículos, chistes e historietas cortas. Pero lo hacía en su tiempo libre, como diversión, mientras estudiaba una carrera de ingeniería. Años más tarde, en 1985, decidió enviar uno de sus trabajos ("El hijo del sol") a la editorial Gladstone, que por aquel entonces publicaba tebeos de Disney. La historieta se publica en julio de 1987 (Uncle Scrooge nº 219), y se considera, ipso facto, una obra maestra, en la línea de genios disneyanos como Floyd Gottfredson o Carl Barks. El repentino e inesperado éxito, y su "fanatismo" por la historieta que amaba desde niño, le lleva a deshacerse del negocio de construcción familiar del que era socio (con un siglo de antigüedad) y a empezar a crear nuevas historietas desde ese mismo año (1987).

Cuando Gladstone deja de publicar material Disney, la editorial Egmont decide contratar los servicios de Rosa. En aquel entonces al dibujante tampoco se le había pasado por la cabeza asumir un proyecto titánico como el de La Juventud del Tío Gilito, pero en 1991 descubre que Disney está buscando escritores y artistas para hacer una especie de mini-serie sobre la vida de Gilito, algo que estaba muy de moda en los cómics norteamericanos de aquella época. Rosa avisa entonces a su editor de Egmont, sabedor de que contaban en sus filas con los mejores dibujantes y guionistas en lo que a cómics Disney se refiere, y le sugiere que le asignen dicha tarea solo a algún artista que realmente ame y entienda al personaje de Gilito (como era su caso).

El principal motivo por el que Don Rosa aceptó la tarea fue por pura diversión (aunque tenía claro que había que evitar que cayese en manos de Disney y que echasen a perder un guion tan delicado). Para Rosa suponía todo un reto el poder hacer un revisionado de toda la obra de Barks para recopilar todos los detalles relacionados con Gilito, por pequeños que fueran, de cara al guion final.

Para que entendamos el grado de friquismo de Don Rosa con respecto a Gilito, citemos un comentario suyo: "Si Gilito hizo un comentario sobre su juventud en el tercer globo del quinto panel de la séptima página de la segunda historia en algún cómic en 1957, siempre y cuando fuera una historia escrita por Barks, ese hecho se mencionaba en alguna parte de mi saga, que no pretendía cambiar el Universo de Barks ni romper su estilo, sino reafirmar precisamente todos los elementos de todas las grandes historias de Barks con las que crecieron tantos ciudadanos de este planeta".

A pesar de todo, aunque siguió con fidelidad la obra del padre de los patos, Rosa intentó crear un relato personal sobre la vida del Tío Gilito. Cuando terminó de recopilar toda la información sobre el personaje, envió copias de sus esquemas a los principales fans del planeta (entre ellos, el propio Barks) para recibir comentarios que pudieran ayudarle a hacer una obra mejor.

Aunque el guion es de Rosa, el dibujante queda en un segundo plano como narrador, y deja que sea Gilito quien cuente su historia. El pato narra la historia a sus sobrinos, adaptando su vida a modo de cuento, después de una cena.

El autor demuestra mucho interés, casi obsesión, por los detalles. Detalles que para muchos pasan totalmente desapercibidos, dicho sea de paso. Sirva de ejemplo la primera viñeta en la que tiene lugar la mencionada cena. Junto a la mesa, en la pared, cuelga un cuadro con un retrato. Pues bien, se trata de Hortensia McPato, la madre de Donald y de Della McPato. Es decir, la abuela de Juanito, Jorgito y Jaimito.

Gilito explica a sus sobrinos que su familia era muy humilde (eran "pobres como ratas") y que él decidió entonces ayudar a su familia a salir de esa pobreza. Empezó, con solo diez años, como limpiabotas, utilizando una herramienta creada precisamente por su propio padre para que el joven Gilito pudiera empezar a ganar algún dinero. Su primer cliente, Burt, un cavador de zanjas (que, por cierto, estaba compinchado con el padre de Gilito para animar al muchacho con ese primer trabajo), le pagó con una moneda americana: una moneda de 10 centavos.

Don Rosa juega además con un viaje en el tiempo, como en Regreso al Futuro, en el que la hechicera viaja al pasado para intentar arrebatarle a Gilito ese primer "dime". Pero la bruja modifica el espacio-tiempo con sus acciones y paradójicamente, termina siendo ella quien le entregue a Gilito su primera moneda. Fue precisamente esa moneda la que le llevó hasta América.

Por cierto, en la octava página de esa precuela o historieta "cero", aparece Howard Rockerduck, padre de John Rockerduck, a los que veremos de forma explícita en el cuarto capítulo de la saga. En esta primera aparición, Howard viaja en un carruaje y flirtea, con acento escocés, con una mujer (quien, por cierto, en el boceto original llevaba una gaita). Es bastante frecuente que el dibujante se recree en sus bocetos con ideas que sabe que no van a prosperar, al no ser aprobadas por el editor de Egmont, Byron Erickson. Pero a Rosa le gustaba la idea de colarlas para que este se echase unas risas... (o quizás sufriese un ataque al corazón si se le escapaban y luego las veía publicadas).

Otro dato que muestra el grado de detallismo al que llega Rosa: todas las tiendas que aparecen por las calles de dicha historieta, y los nombres de las mismas calles (Paisley's, Jamaica St., Peachy's, J.C. Boyd,...), son reales. Son calles y tiendas que existieron en el Glasgow de 1877. Don Rosa no pasa nada por alto. Basta con ver con qué mimo dibujó en el primer capítulo la misma calle que ya había dibujado previamente en el capítulo cero, donde vemos a un joven Gilito de limpiabotas.

Casi todos estos hechos y curiosidades tienen lugar, como indicamos, en el capítulo "cero" de la saga, una suerte de precuela, pero el dibujante recomienda leer dicho capítulo a posteriori, después de haber terminado de leer la saga al completo. De hecho, dicha precuela (titulada "Sobre patos, monedas y destinos") se realizó después de la saga principal.

Portada de

Esta saga consta de doce capítulos que indicamos a continuación, junto a información relativa a algunas de sus primeras publicaciones en Dinamarca, EE UU y España. Don Rosa escribió y dibujó los capítulos entre mediados de 1991 y finales de 1993.

  • España: Olé!
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • Dinamarca: Anders And & Co. nº 1994-17
  • Nr.
  • España: Olé!
  • Dinamarca: Anders And & Co.
  • España: Olé!

Estos doce capítulos forman, en palabras del autor, una narración única y completa: "Cada capítulo busca un objetivo determinado, al explicar la importancia de esa aventura en la vida de Gilito. Además, todos ellos coinciden con un método específico de presentación en forma y contenido.

Listamos a continuación todas esas historietas y material de complemento, indicando el país de su primera publicación y la primera en España (si la hubiere). La mayoría se publicaron posteriormente a la saga, pero hay un caso muy especial, "Último trineo para Dawson", que se publico en 1988, antes de que nadie hubiese planteado la idea de hacer una saga sobre la biografía de Gilito.

  • España: "El corazón del Yukón" (Olé!
  • The Vigilante of Pizen Bluff (Anders And & Co.
  • The Cowboy captain of the Cutty Sark (Anders And & Co.
  • Publicada por primera vez en Dinamarca.
  • Of Ducks and Dimes and Destinies (Anders And & Co.
  • España: Olé!
  • The Dream of a Lifetime (Anders And & Co.
  • (Anders And & Co.
  • Scrooge McDuck's Early Life (Donald Duck & Co.
  • (Anders And & Co.

No hay duda de que Rosa quiso homenajear con esta magnífica obra a su admirado Carl Barks, y fruto del mimo que puso en el proyecto es el premio Will Eisner que cosechó en 1995 a la mejor historia serializada.

Al empezar a desarrollarla partía de una idea original un tanto diferente. Pretendía remontarse a la Escocia del año 400 (Caledonia), a un momento en el que los romanos levantaban el muro de Adriano para proteger a las civilizadas gentes del imperio de los ataques de los "salvajes" bárbaros. Su idea era explicar que fue un tal MacDulch, una forma gaélica de McDuck (McPato) quien logró expulsar a los romanos de sus tierras y fundó Escocia. El clan perdería su forma gaélica hacia 1071 d.C.

Demos ahora un repaso a los diferentes capítulos que componen esta magna obra. En el primero de todos Rosa abunda en la idea de mostrarnos esa humilde familia en la que creció Gilito, y en la que su padre, Fergus McPato, le explica la importancia que tuvieron sus ancestros. Le habla también de Sabueso, un perro monstruoso que ahuyentó a sus antepasados en 1675, de Marino McPato, a quien el malvado Ladino McPleito hundió su barco, cargado de plátanos, en 1753, arruinando su economía, menciona también a Sir Graznador McPato (= Sir Recaredo McPato), que recibió un cofre de oro al defender al rey Macbeth en la guerra civil de 1051, aunque terminó enterrado junto a su tesoro, emparedado en el castillo. Desde entonces, el empobrecido clan McPato lleva siglos buscando el tesoro de Sir Graznador.

Don Rosa nos muestra también el enfrentamiento entre los McPato y los Patillaville (Whiskerville). A menudo Gilito se adentraba en las inmediaciones del castillo cercano al cementerio de sus ancestros. Un día sorprende allí a los Patillavilles saqueando el cementerio, intentando dar con el tesoro del clan McPato. Cuando los Patillavilles le descubren huye y busca refugio en el interior del castillo, donde conoce a Sir Recaredo McPato / Sir Graznador, el antepasado que escondió el tesoro en el castillo) quien le habla de los ancestros del clan McPato (del conde Brazo de Hierro McPato, del asedio sajón del 946 d.C., y del duque Bambaluc McPato). También le hace ver a Gilito que esa primera moneda americana es una señal del destino, y que debería seguir esa pista.

El segundo capítulo comienza con la llegada de Gilito a América, en busca de fortuna. Comienza por localizar a su tío Angus "Pozo" McPato (Angus "Pothole" McDuck en su versión original). Lo encuentra en una taberna en la que acaba de ganar un barco de vapor al malvado Cebón. Gilito se presenta y le acompaña a su nuevo barco. Descubre entonces que su tío está interesado en localizar su barco hundido para recuperar así el oro que escondía en su interior. Gilito le habla de un inventor que conoce, Eugenio Tarconi (Ratchet Gearlose), abuelo de Ungenio Tarconi, que ha diseñado unas pastillas capaces de aclarar las aguas turbias. Las cosas no salen especialmente bien cuando andan cerca los Merodeadores Enmascarados (ancestros de los Golfos Apandadores), contratados a sueldo por Cebón. Los maleantes consiguen destrozar el barco en el que viajan Gilito, Tarconi y el tío "Pozo" McPato. Incluso arrojan a este último al pozo de un granjero. En el fondo del pozo advierten una chimenea, que resulta ser del barco perdido del tío "Pozo". Allí encuentran también la caja fuerte con el oro perdido, aunque los Apandadores logran arrebatárselo. Afortunadamente las autoridades terminan recuperando el oro, que en realidad pertenecía al gobierno, y Gilito consigue un trabajo en el barco de su tío "Pozo".

Tras unos años trabajando a su lado, cuando el tío Pozo decide retirarse, Gilito le compra el barco. Sin embargo, las locomotoras de vapor empiezan a ganar popularidad como medio de transporte y el ferrocarril empieza a desarrollarse a lo largo y ancho del país, dejando a los barcos de vapor obsoletos. En su último viaje en barco, en el que transportaba de nuevo oro del gobierno, Gilito divisa en la orilla a una mujer que le ofrece leña gratis. Al acercarse con el barco a la orilla, descubre que en realidad es uno de los Apandadores disfrazado. Estos se quedan con el oro y encierran a Gilito y a Eugenio en la sala de calderas, después de haberla cargado y encendido, con idea de hacerla explotar, para que todo salte por los aires. Pero estos se refugian en una caldera vacía, protegidos entre algodón, y logran salvar la vida. La explosión genera una brecha en el río que inunda una localidad cercana. Con todo, los protagonistas hacen ver a la policía que los responsables del desastre son los M...

PATO AVENTURAS - Mc. Pato da clase de EDUCACIÓN FINANCIERA

El 31 de diciembre de 1983 tenía 9 años de edad, recuerdo que ese día mi padre salió a comprar las cosas para la celebración de fin de año: comida, whisky, gaseosa, en fin, un completo de “arsenal” para organizar la parranda con los vecinos y crear esa especie de atmósfera muy familiar que se experimentaba en la cuadra cada vez que llegaba la navidad. Despuntando la tarde de aquel día, mi padre regresó con sus pertrechos fiesteros, pero traía algo más. _ ¿Qué es eso, qué traes?_ pregunté. Pero el no me respondió, solo me dio dos revistas gruesas.Eran dos comic-books sobre personajes de Disney, era la primera vez que los veía así, ya que sólo tenía conocimiento de ellos en películas y series televisivas. La presentación era en colores ( esos colores planos que tanto me llamaban la atención) y con dibujos que me parecían muy llamativos. Cada comic-books contenía diversas historias, que se prolongaban varias páginas, las cuales trataban sobre un personaje específico. Había tramas del Pato Donald, de Mickey Mouse y otros tantos. Desde el primer momento me gustaron esos comics, tanto, que rogué a mi padre para que me surtiera de ellos cada vez que salieran las ediciones.

Entrando el año 1984, me regalaron otro comic-books, esta vez traía historias de otro personaje, del cual me convertiría el más fiel fanático: “Tío Rico” (Uncle Scrogee en Inglés, Tío Gilito en España o por su nombre de pila: Mc Pato) el Tío archimillonario del Pato Donald, Hugo, Paco y Luis. Siempre me fascinó el entorno donde este pato vivía: una ciudad llamada Patolandia, un enorme depósito de dinero donde el guardaba su enorme fortuna, una familia patuna conformada por sus sobrinos Donald, Hugo Paco y Luis, un inventor llamado Giro sin Tornillos, y una pandilla de ladrones (los “chicos malos”) que acuden a los más ingeniosos ardides para sustraer el dinero del depósito. De esta amalgama de personajes y cosas surgen historias dignas de ser catalogadas como verdaderos clásicos del comic. Dichas historias están basadas en aventuras y situaciones embarazosas que le dan a estos personajes cierta verosimilitud, cosa que nunca tuvieron en las películas. Así, vemos a la familia patuna, a la cabeza de Tío Rico, a bordo de un Batiscafo descubriendo accidentalmente una ciudad en el fondo del océano, a 9000 mts de profundidad. Este episodio, “Perdido en el fondo del Mar”, apareció publicado en Colombia en noviembre de 1984 por la editorial Edicol, en la edición mensual “Super tío Rico Especial”.La trama principal giraba en torno a la búsqueda, por parte de la familia patuna, de la moneda de la suerte de Tío Rico, la cual había caído accidentalmente en el fondo del océano cuando naufragó el barco que la transportaba. Otra historia muy buena, aparecida en la misma edición mensual a mediados de 1984 llamada “El pozo de dinero”, contaba cómo Tío Rico, ante el acoso de los chicos malos, tuvo que vaciar el depósito de dinero a través de un túnel hasta llevarlo a un desierto donde lo escondió en una especie de “bolsa” debajo del suelo. Desafortunadamente, el lote donde estaba la bolsa de dinero era del abuelo de los chicos malos y cuando estos descubrieron ese detalle jurídico, no vacilaron en montar una torre de extracción encima de la bolsa para sacar las monedas como si estuviesen sacando petróleo. El plan había fracasado, pero Tío Rico Mc Pato y sus sobrinos se las ingeniaron finalmente para recuperar la fortuna.

En ese mismo año (1984) en la famosa colección “Dumbo” leí una aventura clásica titulada “Correo interplanetario” donde Tío Rico y sus sobrinos viajaban a Venus y Marte a bordo de un cohete para entregar una carta dirigida a un habitante del planeta venusino . Resulta curioso, y me llamo mucho la atención en ese entonces, la forma como estaban recreados en la historieta los planetas Venus y Marte: el primero, estaba habitado por seres humanos gigantísimos que vivía en ciudades futuristas emplazadas debajo de una gruesa capa de nubes; el segundo, era un desierto árido en el que criaturas de diverso aspecto convivían. También leí uno de los episodios más famosos del Pato archimillonario, que además fue presentado en la serie animada de Disney “Pato Aventuras”: “Robots ladrones” o “Los gigantes Robots ladrones” (según la traducción literal de la versión en inglés). En dicho episodio un científico construye unos robots gigantes, operados desde su interior por personas, que tienen la finalidad filantrópica de ayudar a la gente en los desastres naturales, incendios en edificios, etc. Pero aparecen en escena lo chicos malos, quienes no ven en dichas máquinas otra cosa que un instrumento eficaz para hacer el mal. Cuatro de ellos llegan al parque municipal de Patolandia y se cuelan en medio de la multitud que contempla la presentación de un prototipo. Luego, un chico malo toma el control de este, y empieza a atemorizar al público haciendo alarde del poder que tiene en sus manos. Después de apoderarse de más robots que estaban almacenados en la bodega de la factoria, los cuatro chicos malos se dirigen hacia el sólido depósito de dinero del viejo pato Ultra millonario. Empiezan por darle martillazos (los constructores de esos robots también les dotaron de enormes herramientas de trabajo) para abollar las paredes blindadas y sacar el dinero; pero, como estas no ceden, deciden levantar la enorme estructura de sus cimientos y tirarla contra el piso hasta debilitarla. Cargando su botín, los chicos malos conducen a los robots a un club de golf en las afueras de Patolandia ¿Su fin? Festejar su logro. Me gusta muchísimo la viñeta donde aparecen los robots danzan en medio de la euforia. Al final, Tío Rico, con la ayuda sus ingeniosos sobrinitos Hugo, Paco y Luís recuperan el dinero; pero eso sí, a costa de la destrucción de esas infernales máquinas.

Aunque no parezca para muchos, estas historias, aunque sencillas, tienen realmente calidad argumental, están concebidas de forma inteligente y pueden hacer parte de cualquier antología de historietas fantásticas. Desafortunadamente, si uno lee la literatura sobre la historia del cómic casi nunca hacen referencia explícita a ellas, quitándoles su verdadero rol en el arte secuencial. Esto se debe, pienso yo, a que la gente ha encasillado la importancia de los personajes de Disney al ámbito de las películas y series animadas. Craso error porque fue en los cómics donde se hizo lo mejor con ellos en cuanto a tramas y guiones. (obviamente la serie televisiva “Pato aventuras” es una excepción, pero cabe recordar que no hace otra cosa que adaptar a la TV el ambiente , la parafernalia y los guiones de las historias originales que aparecían en los cómics)

Un Rápido Análisis de los Comics de Mc Pato

Las historias de Rico Mc Pato o Tìo Rico, de las cuales he reseñado unas pocas, combinaban algo de humor, aventura y, a veces, un poco de misterio. Estaban estructuradas de una forma simple pero inteligente, aplicando una narrativa entendible para cualquier tipo de lector.

Los personajes animales tenían características altamente humanas además de parlar: los perros o cerdos caminan en dos patas; los patos usan las alas como verdaderos brazos dotados de manos etc. Es tanta la antropomorfonización, que uno cree inconscientemente que Tìo Ríco es una persona o no un animal. Esto, es mi concepto, le daba más verosimilitud o “seriedad” a las tramas, de tal manera que pudieran mostrar características de verdaderas historias de aventuras.

Otra cosa interesante es el uso de la exageración como ingrediente atractivo, así tenemos el depósito de Tío Rico: un edificio enorme donde esta guardada toda su fortuna en monedas y donde pasa sus ratos libres “nadando” entre ellas. ( ¿Qué tal si Bill Gates cambiara todo su dinero a monedas y lo guardara en un depósito?! Vaya cosa!) o cuatro gigantescos robots danzando al lado de cubetas enormes llenas de dinero.

El dibujo era en esencia simple, pero dotado de gran dinamismo y movilidad. Una sola línea ondulada trazaba el contorno de los personajes y las cosas, los engrosamientos lineales iban en las zonas de sombras y los adelgazamientos en las zonas de luces. De ahí que el relleno para trazar mapas de sombra sobre los personajes era prácticamente inexistente, salvo raras veces. Las sombras proyectadas si eran reprensadas, así vemos que cada objeto, cada personaje tiene la suya. Las nociones sobre perspectiva y teoría de luces son muy cuidadas en estos comics, de ahí que el entorno donde se movía la familia patuna era convincente. Un ejemplo perfecto lo vemos en la aventura donde Tío Rico busca la piedra filosofal y termina metido en el laberinto del Minotauro: la forma como están resueltas las grutas, las paredes de piedra del oscuro túnel es convincente, mostrando un grado de detalle muy bueno, no obstante la simplicidad del estilo.

Ahora, y esto es una opinión como ilustrador que soy, el hecho de que el dibujo sea simple no el quita lo difícil. Se necesita una gran maestría para dibujar correctamente un comic de Tío Rico, sobre todo un pulso extremadamente seguro. Solamente trazar bien los ojos de los patos en tinta, usando plumilla, entraña una gran dificultad técnica.

En cuanto a los colores, cabe decir que siguen el mismo patrón sencillez: colores planos, pocas tonalidades, alto contraste. Sin embargo eso no le quita un ápice de calidad, ya que va de acuerdo con el estilo estético del comic.

Hablando del creador de Mc Pato, la ciudad Patolandia, el inventor Giro Sintornillos (Gyro Gearloose), el primo afortunado Glad Consuerte, los villanos Chicos Malos, el Club de los Cortapalos, en fin todo ese mundillo de personajes que hizo brillar la casa Disney en el mundo del comic, fue creación de un notable dibujante: Carl Barks, quien nació el 27 marzo de 1901 en Oregon (EE.UU.).

Sus primeros años los pasó dentro de la granja de su familia donde desarrolló una fuerte afición por el dibujo e incluso llegó a cursar un taller de cómic por correspondencia. Hacia 1918 parte hacia San Francisco en busca de nuevas oportunidades y recala, como dibujante, en el modesto periódico Calgary Eye-Opener. Barks renunció a su puesto, pero paralelamente le ofreció a Western Publishing la creación de una serie de comic-books basados en los personajes de Disney. La empresa dio el sí y por eso ese mismo año aparece Donald Duck Find a Pirate Gold escrito y dibujado por Carl Barks junto con Jack Hannah. El éxito fue inmediato y Barks dedicó los siguientes 25 años a crear cientos de historias gráficas sobre el Pato Donald y su famila. Esta obra colosal no fue reconocida como se debía, porque todos los comics iban firmados con el nombre “Disney” y no con el del verdadero dibujante. Así, cuando en mi infancia leía una revista de Tío Rico, podía darme cuenta que en todas las historias llevaban la firma de Walt Disney. Entonces me preguntaba ¿Epa, será que Disney dibuja todo esto, o lo hacen otras personas? Podía diferenciar cada estilo y, de mucho experto que se fuera, es imposible que un solo dibujante desarrolle muchos estilos a la vez. La respuesta vino muchos años después cuando me enteré que esos comics que tanto me gustaban eran trazados en realidad por muchos dibujantes y no por el propio Disney.

Sin dudas la creación más importante de Barks fue Uncle Scrooge McDuck más conocido como el Tío Rico McPato (o bien Tio Gilito). Su primera edición data del 22 de abril de 1947. Allí aparece como un personaje realmente avaro y maligno (directamente basado en el Scrooge del Cuento de Navidad de Charles Dickens): Sus primeras palabras fueron "odio a todo el mundo y todo el mundo me odia". Su principal objetivo en la historia era amargarle la Navidad a sus sobrinos llevándolos a una cabaña en un bosque plagado de osos. Con el tiempo McPato ganaría en bondad y en avaricia, convirtiéndose en un personaje tan popular como su sobrino. Incluso llegó a tener su propia publicación (Uncle Scrooge).

Ahora, de todos los dibujantes de comic patunos, Barks fue sin duda alguna el que más sobresalió. Fueron sus viñetas las que me cautivaron, fue estilo el único que preferí. Por esos años no tenía ni idea quien era el, pero podía reconocer fácilmente una historieta suya. Gracias a ellas, aprendí a dibujar caricaturas y, gracias a esas caricaturas, me adentre al mundo de la perspectiva, de la teoría de luces, de la figura humana y el dibujo en general.

En 1965 Carl Barks se retiro de la actividad de dibujante de comic y se dedicó a la pintura. Con su partida dejaba una obra importante en el mundo del comic, rica en creatividad e historias entretenidas. Como era de esperarse, la serie patuna decayó en creatividad al no encontrarse un dibujante del mismo calibre que Barks; esta es la razón por la cual, su trabajo siguió publicándose por muchos años más. En 1984 se suspendió oficialmente la impresión de la serie, aunque siguió publicándose en algunos países hasta 1993. De hecho, el último ejemplar que compré fue editado en ese año. De diez años para acá he buscado afanosamente nuevas ediciones, he ido a todos los puestos de revistas y librerías de la ciudad, pero el resultado es negativo. Lo único que me queda es comprar revistas usadas a alguien que este dispuesto a venderlas. Ante este panorama me pregunto ¿Por qué no reanudan la serie? ¿Si el comic Condorito a sobrevivido muchos años de publicación, por que no Tío Rico?

Retrato de Carl Barks, creador de Tío Rico

Para bajar comics de Tío Rico, les dejo el link de este excelente Blog en el que encontrarán varios títulos clásicos:

Portada de un cómic clásico de Tío Rico

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