La belleza única, como un Picasso, de Rossy de Palma y su alma creativa y desinhibida la han convertido en la musa más original del arte, la moda y el cine españoles.
Rosa Elena García Echave nació el 16 de septiembre de 1964 en la ciudad española de Palma de Mallorca. Pasó parte de su infancia en la ciudad de Segorbe (Castellón) y en Avilés, Asturias, de donde son oriundos sus padres. La apariencia ambigua de la niña a menudo se convertía en objeto de burla por parte de sus compañeros; la mayoría de las veces los niños ridiculizaban la forma de la nariz de la futura estrella de cine. De adolescente, a Rosa Elena no le gustaba su apariencia hasta tal punto que trataba de no ser fotografiada y de no salir a pasear con sus compañeros. Debido al constante acoso, incluso tuvo que abandonar la escuela. Sin embargo, los ojos de diferentes tamaños y el rostro asimétrico no disminuían el deseo de vivir en la niña. Su padre siempre le decía, en asturiano, ‘fia, yés mundial’, y ella se lo creyó.
A principios de los años 80 formó parte de un grupo musical llamado Peor Impossible, donde hizo sus pinitos en el canto y en el baile. La mujer asegura que el nombre del grupo no apareció por casualidad: “Nos pusimos este nombre para que a quien no le gustase nuestro trabajo no pudiera quejarse de nosotros. ¡Dijimos que éramos lo peor de lo peor!”. Con la banda grabó un minielepé con una discográfica independiente, y el elepé Passión, un año más tarde, con una multinacional. Aunque la banda no logró vender demasiado, sí consiguieron actuar en distintos lugares de España y que su tema Susurrando trascendiera al paso del tiempo. La banda decidió separarse en 1989.

A finales de los ochenta sintió que Mallorca se le quedaba pequeña y decidió mudarse a Madrid, donde se vivía la última etapa de la Movida. Allí empezó a trabajar en un bar para complementar lo poco que ganaba con la música. Hago de vedette del cabaret. y aunque también trabajó durante muchos años de camarera en un pub de ambiente nocturno de la época, fue en uno de los conciertos de Peor Impossible donde conoció a Pedro Almodóvar, el cual iba a ver a este grupo con frecuencia ya que le encantaba y empezaba a ser conocido entre el público de la movida gracias a sus películas Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón o Laberinto de pasiones.
Pedro se quedó prendado del estilo de Rossy, que tenía un cuerpazo y se hacía sus propios vestidos (de reciclajes). “Él vino un día a verme junto al figurinista José María Cossío, porque querían un vestuario como el mío para el personaje de Carmen Maura en La ley del deseo. En esa película, Carmen lleva varios pendientes que están hechos por mí”, confesó a Vanity Fair. Quiso ir a un casting para la película Matador, pero no le fue posible porque tenía un concierto en Alicante con su banda. Así, su pequeño papel (haciendo de periodista) en La ley del deseo supuso la primera colaboración entre Rossy y Pedro. Almodóvar la descubrió en 1987, con La ley del deseo, donde interpretó a una locutora de un magazine de televisión. Era una pequeña participación en la que entrevistaba a un director de cine homosexual interpretado por Eusebio Poncela. Entonces ella era una inexperta de 23 años, maquilladísima y estrafalaria a la usanza de los jóvenes de mediados de los ochenta que vivían con arrebato el posfranquismo. El director había dado la orden antes de rodar su secuencia: -No la pintáis y no la maquilléis, que lo haga ella; no la vistáis, que se vista ella; no la peinéis, que se peine ella. Su personaje hacía preguntas al aire buscando desnudar a su entrevistado, mientras una mosca -que estaba fuera del guion- merodeaba sobre ellos. Era su primera vez delante de una cámara de cine y ella estaba vestida de sí misma. -“¿Qué es lo que más te chifla y lo que más te amuerma del amor?” -preguntaba, peinada con un tupé sobre la frente, y enseguida volteaba a la cámara y revelaba su asimetría “picassa”. Almodóvar la capturó sin poses, seducida por Poncela, con la barbilla sobre su mano mientras remataba su intervención con un mudo: -Fíjate…

Desde entonces realizó varios trabajos con el director manchego, títulos como Mujeres al borde de un ataque de nervios, junto a actores como Carmen Maura, Antonio Banderas y María Barranco, o ¡Átame!, las cuales engordaban su currículo de actriz mientras repartía el tiempo en sus otras aficiones, cantar o posar como modelo para fotógrafos y diseñadores, ya que su peculiar rostro atraía a los vanguardistas del diseño y la moda. De Palma considera Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1989) su primer gran personaje, de ahí su disgusto cuando se enteró de que iba a pasarse la película inconsciente por beber accidentalmente un gazpacho con orfidales. Le insistió tanto a Almodóvar que a este se le ocurrió una trama onírica: tendría un orgasmo en sueños y se despertaría habiendo perdido la virginidad. Cuando la película fue nominada al Oscar, el equipo viajó a Los Ángeles como una troupe de comediantes. A medio camino entre el sainete de pueblo y el glamur de la alfombra roja. Folclórico y chic, español y mundial. -Me hice mi propio vestido. De encaje negro. Y luego un chico que trabajaba con silicona plateada me puso flores en el pelo con una trenza muy larga. Estuvimos muy decepcionados porque nos pusieron en el gallinero, pensábamos que nos íbamos a mezclar con todo el mundo pero estaba todo muy encorsetado. Cuando Loles y Rossy aterrizaron en Los Ángeles rellenaron el formulario y se liaron con la casilla de “Motivo de su visita”. “Ahora sé que hay que poner holiday (vacaciones) siempre, pero nosotras pusimos business (negocios). En plan ‘venimos a que nos contraten’. Y claro, de repente nos preguntan: ‘A ver, ¿cuánto dinero traen ustedes?’. Nos retuvieron en la aduana un rato y nosotras gritando ‘¡Pero que venimos a los Oscar, ¡a los Oscar!’. Pero no nos entendían. ‘¡Ay, la pronunciación!’.
La actriz realizó otras seis películas junto al manchego. Y dos de esas pelis almodovarianas -Kika (1994) y La flor de mi secreto (1996) - le valieron a Rossy la nominación al Premio Goya como mejor actriz femenina de reparto (aunque, finalmente, no pudo llevarse los galardones). En Kika interpretó a Juana, la morena y bigotuda criada de Alex Casanovas y Verónica Forqué. Pensó (puesto que fue idea suya) que, como interpretaba a una criada lesbiana, estaría bien que el personaje tuviera grandes pechos. Y a Pedro le pareció fenomenal que usara un sujetador de relleno para lograr tal efecto. En 1995 recibe su segunda nominación al Goya como Mejor Actriz de Reparto con La flor de mi secreto, también de Almodóvar. Ahí interpreta a Rosa, la hermana de Leo (Marisa Paredes), una peculiar ama de casa que hace lo que puede para salir adelante, como lidiar con su madre, la inolvidable Chus Lampreave -fallecida en 2016- que viene del pueblo y está loca como una cabra. Rosa es, además, la única que sabe el secreto mejor guardado de Leo: que ella en realidad es Amanda Gris, la famosa autora de novelas rosas.

Poco después, protagonizó películas para directores franceses como Karim Dridi y también se dejó ver por la pequeña pantalla, realizando algunos spots o pequeños papeles en series televisivas. Durante años convivió personal y profesionalmente con la prestigiosa actriz Victoria Abril -también chica Almodóvar en la época de Rossy de Palma-, y tuvo la oportunidad de trabajar con ella e introducirse en el cine francés con películas como La mujer del cosmonauta. Su última colaboración con el manchego tuvo lugar en Julieta, donde Rossy dio vida a la arisca Marian, una señora de la limpieza gallega con un poquito de mala leche y un look estrafalario que trabaja en la casa de la protagonista.
Su rostro, inconfundible y lleno de carácter, no sigue los estándares clásicos de belleza, pero eso nunca fue un obstáculo. Para Rossy de Palma esa, precisamente, ha sido su mayor fortaleza. La actriz española ha conquistado no solo al público, sino también a la industria, demostrando que la autenticidad tiene un lugar privilegiado en el arte. Por eso, hoy te contamos su poderosa historia, ya que abrazando sus singularidades, ha conectado con millones de personas. La actriz confesó que sus inicios fueron duros: “Es verdad que algunos les molestaba mi nariz, pero era un problema de ellos”. Sin embargo, en la actualidad, ve un mejor panorama: “Me encanta que se haya abierto a todo tipo de morfologías, no hemos llegado hasta donde queremos, pero hemos evolucionado”.
La actriz y modelo Rossy de Palma.Gorka Postigo (Gorka Postigo)En Kika (Pedro Almodóvar, 1993), la protagonista (Verónica Forqué) le dice a su asistenta, interpretada por Rossy de Palma: “Mírate, Juana, si fueras menos cardo, ahora que se llevan las caras raras, hasta podrías ser modelo”. Dentro de la película era un insulto ingenuo; fuera de ella, un guiño al fenómeno de la actriz: en aquella época no había cumplido ni 30 años y ya había trabajado con históricos de la moda como Jean Paul Gaultier y con fotógrafos imprescindibles como Herb Ritts. Hoy, acercándose a los 60, Rossy de Palma (Palma, 56 años) presenta LOL, si te ríes pierdes (el “no te rías que es peor” de Amazon Prime Vídeo) en el Four Seasons de Madrid. Ayer estuvo grabando una nueva campaña con Jean-Paul Gaultier y mañana se tiene que hacer una PCR para el rodaje de la nueva de Almodóvar, Madres paralelas. No le parece rara esta agenda. Su vida siempre ha sido así. “Mi padre siempre me decía, en asturiano, ‘fia, yés mundial’, recuerda. “Y yo me lo creí”.
Cuando Robert Altman la conoció, le agarró la mano y le dijo “Rossy, me voy a inventar un personaje en mi película solo para que lo hagas tú”. De ahí salió su papel en Prêt-à-porter (1994). Ha trabajado con Mike Figgis, con Lina Wërtmuller y con Terry Gilliam, quien le dio un rol tan pequeño en El hombre que mató a Don Quijote (2018) que la actriz le repetía “Terry, give me a fucking line!” (Terry, dame una puta frase). Sin embargo su proyección internacional no siempre ha sido por gusto. “Me fui a Italia porque me cansé de esperar a que me llamasen aquí”, aclara, “Hice películas muy malas, pero aprendí italiano. Me iba al foro romano a comerme un panini y era la mujer más feliz del mundo. Yo no reniego de ninguna película italiana que he hecho, hubo un par buenas pero las otras muy malas y todo lo que viví gracias a ellas me ha hecho muy feliz. Los productores nos trataban fatal, decían ‘le attrici sono puttane’. En un momento dado nos enteramos de que si el rodaje se detenía porque no había dinero pero ya nos habían maquillado nos tenían que pagar un porcentaje del sueldo, así que llegábamos a las cinco de la mañana y antes de que llegase el maquillador ya nos maquillábamos nosotras como puertas”, recuerda.

En albores del siglo XXI su carrera se volcó casi totalmente en Francia, donde desempeñó papeles en películas como El embolao, La mule, Double zéro... Afincada en París con sus dos hijos tras terminar su relación con el modelo español Santiago Lajusticia, Rossy se ha alejado en los últimos años del cine y de la vida pública para embarcarse en proyectos más privados relacionados con la música. La actriz confiesa que sus inicios fueron duros: “Es verdad que algunos les molestaba mi nariz, pero era un problema de ellos”. Sin embargo, en la actualidad, ve un mejor panorama: “Me encanta que se haya abierto a todo tipo de morfologías, no hemos llegado hasta donde queremos, pero hemos evolucionado”.
La actriz Rossy de Palma ha dado una contundente respuesta a quienes se han metido con ella por su nariz y se está compartiendo de forma masiva en las redes sociales en las últimas horas. En una entrevista en Movistar+, De Palma dice: "No me siento abanderada de nada, pero me encanta que ahora caras un poco peculiares no tengan que pasar por lo que yo pasé". "Me veo de joven y era monísima, no sé por qué me veían fea. Pues es verdad que a algunos les molestaba mi nariz, pero era un problema de ellos. Yo digo: no voy a cambiar algo que les molesta a otros pero a mí no", recuerda. "Pero esa complejidad del ser humano de que me culparan a mí de algo que yo no había elegido, sí me abrió un mundo psicológicamente y sociológicamente muy interesante porque mientras ellos no veían, como yo digo, más allá de mis narices, yo indagaba de cómo es esta persona, cómo pueden culpar a alguien por un color de piel, por una nariz, por un no sé qué", señala. "Esto me pasaba a mí con lo de la nariz y decía: cuando deje el colegio me ahorraré todos estos necios. Pero es que el colegio no lo dejamos jamás, es un colegio eterno en el que vivimos", se lamenta. "Hay gente que me dice: qué guapa estás, qué te has hecho. Digo es que es el ojo tuyo, tu mirada, lo que ha cambiado, no yo. Yo soy la misma. Me encanta que se haya abierto a todo tipo de morfologías.
Sin duda alguna, una de sus señas de identidad es su proveniente nariz, característica de su físico de la que siempre se ha mostrado orgullosa: "Mi nariz nunca me ha molestado, pero me daba mucha rabia que la gente me juzgase por algo que no has elegido", le ha contado al presentador. Además, ha explicado cómo su nariz le ha servido para desarrollarse: "Mi nariz me sirvió de escudo. La gente no veía más allá de mis narices y yo desarrollaba mi complejidad sin que nadie se fijase en otras rarezas". La actriz cree que la clave de su éxito es la inquebrantable confianza en sí misma. De hecho, si Rossy alguna vez hubiera escuchado a los críticos y hubiera pasado por el bisturí del cirujano, el mundo podría no haber sabido acerca de la existencia de esta mujer única. La mujer piensa en forma simple: “El primer paso es aprender a amarse a uno mismo. Este amor interior necesita ser alimentado incluso antes de que conozcas a la persona a la que permitirás que te ame. Si no amas tu ’yo’ real, nadie hará esto. Lo siento, pero esta es la verdad de la vida”.

Su alegría de vivir es ahora capturada en su colección de maquillaje colorido MAC. La actriz lanzó la producción de su propia línea de ropa interior, creó un perfume único y está luchando por los derechos de las mujeres. Bueno, no todas las bellezas reconocidas pueden presumir de tales éxitos. Hoy en día, la actriz reflexiona sobre cómo ha cambiado la industria y la sociedad en su posición frente a las bellezas diversas.
El 20 de junio de 2016, Rossy de Palma comenzó el rodaje de la película El Intercambio, en la que interpreta a Dómina, uno de los personajes principales. Compartió escenas con otros actores como Hugo Silva, Paco Tous, Natalia Roig o Pepón Nieto. La película fue dirigida por el malagueño Ignacio Nacho y producida por Marila Films. Se estrenó a finales de 2016.
Desde el 12 de febrero hasta el 19 de febrero de 2011, Rossy de Palma participó en la primera edición del programa Danse avec les Stars en TF1, la versión francesa de ¡Más que baile!; En la primera gala, con 23 puntos, Rossy fue elegida por el público y pudo seguir en el concurso. Aunque se lo han propuesto en varias ocasiones, nunca se ha terminado de animar a participar en el reality Supervivientes. Pero sí pasó hace poco por la primera edición del programa Bailando con las Estrellas (donde se convirtió en la tercera eliminada del concurso).
En 2024, debutó en el Teatro Real con el monólogo 'Silencio', parte de un tríptico con las óperas de 'La voz humana' y 'La espera'. En sus propias palabras: "Es un papel que muestra una nueva visión femenina al respecto del amor y a que no queremos sufrir tanto. Érase una vez...". Ha participado en importantes montajes teatrales como la obra Pelo de tormenta, de Francisco Nieva (y que representó en el Centro Dramático Nacional) o Le Chanteur de Mexico (que representó en el parisino Teatro del Châtelet ). Rossy fue también chica Almodóvar en el teatro, donde durante un tiempo interpretó a una monja en la obra Entre tinieblas. La función, adaptada y dirigida por Fermín Cabal, se estrenó en 1992 y contaba entre sus protas con actrices como Beatriz Carvajal, Gloria Muñoz, Julia Martínez, Pilar Ruiz o Flavia Zarzo.
Rossy de Palma y su NARIZ 🤯
En 1991 llegó a ser presentadora de televisión, en un efímero magacín llamado Estress y emitido en TVE-2, donde ejercía de entrevistadora y humorista junto a sus amigas Bibiana Fernández y Loles León. Tiene pánico a los platós, tal y como confesó en una entrevista: “Salí llorando de Tocata [en 1985], cuando fui por primera vez con Peor Impossible. Veía los carteles de “aplauso” y pensaba: ¡qué falso es todo en la tele!” (revista Vanity Fair). Aunque ha rodado varias series, la televisión es el medio en el que menos le gusta actuar. En concreto, le cuesta soportar horas en un estudio de grabación y lidiar con rodajes que comienzan por la mañana temprano y terminan de noche.
Uno de sus proyectos más deseados es el libro sobre genitalidad femenina que lleva tiempo escribiendo. Es antitaurina y las dos veces que acudió a ver una corrida de toros se sintió fatal, “como cuando los romanos iban a ver cómo los leones devoraban a los cristianos”. De hecho, y a petición de varias asociaciones antitaurinas francesas, llegó a escribirle a Nicolas Sarkozy para que prohibiese ir a las corridas a los menores.
No es talibán de ningún partido político y solo cree en el taoísmo. Es una gran amante de la música y en su casa nunca faltan las canciones de Marisa Montes, Mina, Chavela Vargas o Dinah Washington. En 2008 lanzó su propio perfume, llamado Eau de Protection y catalogado por The New York Times como una de las mejores creaciones del año.
Le gusta sentirse deseada por los directores y nunca ha hecho un casting para ninguna de las películas en las que ha participado. Siempre fue una gran fan del desaparecido diseñador de moda inglés Alexander McQueen y, finalmente, tuvo la oportunidad de desfilar para él. Rossy aparece por un breve instante (y junto a varias de las ‘top models’ internacionales más famosas de la época) en el videoclip del tema Too funky, del ya desaparecido George Michael. (Minuto 2.51)
Puede presumir de haber recibido la medalla de oficial de la Orden de las Artes y las Letras de Francia de manos de Aurelie Filippetti, la ministra de Cultura de ese país. A la hora de trabajar, no es nada metódica. No se aprende el guion hasta que no pisa el espacio donde va a grabar.
Sabe lo que es ser una mujer maltratada y ha tenido épocas oscuras, donde llegó a pensar, incluso, en desaparecer para siempre. Una vez coqueteó con el suicidio, pero rápidamente se dio cuenta de que no podía hacerle eso ni a su madre ni a sus hijos. Es tan fuerte como sensible: “Lloro fácilmente con cosas tremendas. Con la crisis migratoria. Ver a esas personas sufrir tanto, que todo sea tan absurdo y que no se ponga remedio. O con la posidonia. Ir a la playa y ver cómo la gente deja todas sus guarrerías” (diario La Opinión A Coruña).
Durante tiempo trabajó bastante en Italia, donde hizo películas buenas y malas en una época en la que no le ofrecían prácticamente nada en España. No cree en las fronteras geográficas y siempre ha dicho que solo cree en las gastronómicas. Se siente universal y mundial, y alguna vez ha contado que su padre le dijo ‘eres mundial, hija mía’, y ella le creyó. Sobre lo de trabajar fuera de España, ha comentado que “hubo un momento en que Antonio Banderas me decía que me fuera y estuve a punto de quedarme en Nueva York en esa época, pero me decanté por Francia, conseguí un premio a la mejor interpretación en Locarno y luego tuve a mis hijos y ya no emigré" (agencia Efe).
La directora y guionista francesa Virginie Thévenet la llamó para hacer un personaje en su película Sam suffit en 1992, en una época en la que Rossy dedicaba parte de su tiempo a hacer desfiles de moda. El problema era que la actriz no hablaba nada de francés, y se tuvo que emplear a fondo. De hecho, en ese contrato incluyeron una cláusula que indicaba que si no se le entendía, sería doblada. Considera Francia como su segundo hogar, presume de ser francófona y destaca de los franceses su aprecio por el arte y la cultura.
Aunque ha probado casi todas las sustancias, siempre se ha confesado “muy poco drogadicta”. Eso sí, asegura que le gusta la marihuana, ya que le parece un estupendo relajante muscular.
Su nariz es una de las más famosas del panorama nacional. Pero también le hizo pasarlo muy mal, sobre todo de pequeña (cuando los niños se burlaban de ella). Empezó muy jovencita con los hombres y, durante años, mantuvo una relación complicada (y tóxica) con su expareja y padre de sus dos hijos, Gabriel y Luna (a quienes ha criado como madre soltera).
Uno de sus grandes deseos sería rodar bajo las órdenes de su admirado Clint Eastwood. Sus películas preferidas son Los olvidados (de Luis Buñuel), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (de Pedro Almodóvar) y Noches en la ciudad (Bob Fosse).
Ha logrado ser musa de grandes fotógrafos y también de diseñadores como Andrés Sardá o Thierry Mugler. Eso sí, el primero con el que trabajó fue Antonio Alvarado, que desfiló muchos años en Cibeles.

La aventura por África Oriental de Rossy de Palma con Jesús Calleja arranca en la capital de Ruanda, Kigali, en compañía de sus hijos Gabriel y Luna. Tras encontrarse con Jesús Calleja, visitan el Memorial del genocidio ruandés, un monumento levantado para recordar a las 800.000 víctimas del mayor exterminio de la historia moderna, en el que conocen cómo fueron los acontecimientos ocurridos en 1994 y la manera en que el país saló adelante hasta lograr de nuevo la paz. Durante su aventura en 'Planeta Calleja', Rossy de Palma ha hablado de su vida privada, algo que no está muy acostumbrada a hacer.
“He aprendido a amarme a mí misma después de ser madre, porque eres consciente de lo esencial que eres para ellos. Los hijos nos enseñan más a nosotros que nosotros a ellos. Es la experiencia más bonita, respetando siempre a los que no los tienen.
La actriz cree que la clave de su éxito es la inquebrantable confianza en sí misma. De hecho, si Rossy alguna vez hubiera escuchado a los críticos y hubiera pasado por el bisturí del cirujano, el mundo podría no haber sabido acerca de la existencia de esta mujer única. La mujer piensa en forma simple: “El primer paso es aprender a amarse a uno mismo. Este amor interior necesita ser alimentado incluso antes de que conozcas a la persona a la que permitirás que te ame. Si no amas tu ’yo’ real, nadie hará esto. Lo siento, pero esta es la verdad de la vida”.